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Germán
Valdés Tin Tan / Emilio
García Riera / Juan
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Alfredo Jiménez / El Piporro
Yolanda
Vargas Dulché y Memín Pinguín / Gabriel
Vargas
y la Familia Burrón
Adiós a El Piporro Por Antonieta Mercado septiembre de 2003 |
El Coloso de Rodas no rodó y el Partenón no se partió, pero Eulalio González “Piporro” ya nos dejó. Estudiante frustrado de Medicina, contador titulado sin ejercer, periodista, cómico y actor, cantante que llegó al alma del pueblo. El Piporro murió el pasado primero de septiembre, a los 81 años, su edad real. Su edad comercial fue 50 años y su edad funcional 30, según él. En estos días se han escrito semblanzas enteras sobre su vida y su obra y muchos que desde niños escuchábamos sus pícaras interpretaciones norteñas, hemos lamentado su deceso. |
Nació
en Los Herreras, Nuevo León y vivió en distintas ciudades fronterizas a lo
largo de su vida. Fue un niño que se crió a la orilla de un río, pero ese río
fue el Río Bravo y alguna vez llegó a pensar que si cruzaba ese río, la vida
se acababa del otro lado, sin embargo cruzó y el resultado fue un gran aporte a
la cultura popular mexicana, al retratar la realidad de los migrantes y su
influencia en el norte de México en su particular estilo.
Uno de los primeros artistas populares, después de
Tin Tan, que incluyó la experiencia migratoria en sus canciones y sus películas,
cuando la cultura centralista mexicana daba la espalda a esta innegable
realidad.
Piporro
nos contó la historia de Natalio Reyes Colás (o Nat King Cole), en una de las
primeras canciones populares con tema migratorio. Natalio cruzó el río bravo,
cambió su nombre y adquirió el gusto por el rock and roll, sin perder sus
tradicionales polkas norteñas. También supimos de la insistente muchacha que
quería “le ayudara en la pasada” al otro lado, en “Chulas Fronteras del
Norte” canción emblemática de su obra musical.
Eulalio
González se inició en el cine en los cincuentas, al lado de Pedro Infante en
la película “Ahí viene Martín Corona” en la que hizo el papel de un
viejito llamado “Piporro” cuando apenas tenía 28 años. De allí se le quedó
el sobrenombre con el cual se hizo famoso.
Su obra consta de más de cuarenta películas, entre ellas El Bracero del
Año, Espaldas Mojadas, El Rey del Tomate, El Mariachi Desconocido o El
Tragabalas, así como un sinnúmero de polkas, redobas, corridos y uno que otro
rock and roll ranchero con su peculiar y jocoso estilo.
Decía
que uno de los propósitos de sus intervenciones al cantar corridos populares
fue la de “desmitificar al héroe que estos presentaban”. El Ojo de Vidrio,
El Corrido de Agustín Jaimes, Rosita Alvírez y otras interpretaciones
recibieron esta forma de enmarcación con sus vibrantes comentarios entre
estrofas. Al final no quedaba otro remedio más que reírse a carcajada limpia,
con la solemnidad de las trágicas letras del corrido y la lúdica presentación
en voz de Piporro, de las posibles razones o consecuencias de la tragedia.
A
mediados de los años noventa, pasada ya la época de sus mayores éxitos, la
obra de El Piporro recobró relevancia en el discurso de la realidad de la
cultura mexicana debido entre otras cosas a que se reconoció la importancia de
la diversidad regional sobre la realidad demográfica y cultural del país. En
esta época es cuando escribe su Autobiogra…júa y su Anecdotaconario (nombre
en honor a la canción de El Taconazo), obra en la que da cuenta de esta
diversidad.
El
grito de Ajúa, fue su marca de presentación desde el día en que no pudo
alcanzar una nota para una canción y en lugar de parar gritó “Ajúa” para
completar el tono. Este grito también
se asocia con la personalidad abierta y sincera del norteño en la expresión
de: ¡Arriba el Norte….Ajúa!
Según
el escritor mexicano Carlos Monsiváis, en la época que describe Piporro en su
Autobiogra…júa, se pensaba que México era una única nación y que nada era
distinto de la cultura del centro, sin embargo las anécdotas, historias y
refranes que contiene esta obra, desmienten este mito de unificación nacional
en torno al centro.
La
realidad es que México es étnica y culturalmente diverso y la figura arquetípica
de El Piporro definió ciertas características de la personalidad y el habla
norteñas, así como el constante intercambio con “el otro lado” de los
habitantes fronterizos y de otros
migrantes del país que pasaban por el norte de México hacia Estados Unidos.
El Estilo verbal de El Piporro, sincero, festivo, plagado de refranes, irónico;
matizó esta experiencia que compartió con nosotros de manera singular, entre
taconazo y taconazo.
Antonieta Mercado es maestra en comunicación por la universidad Estatal de San Diego y en la actualidad es investigadora en la Universidad del Sur de California.