Hasta donde sé, en la península de Yucatán nunca se había registrado la presencia de la famosa araña viuda negra, Latrodectus mactans para quien prefiera el apelativo científico. Pero en los últimos tiempos se han encontrado tanto en Quintana Roo como en Yucatán ejemplares de este artrópodo, famoso por la potencia de su veneno neurotóxico.

Así se informa en un reciente artículo publicado en la Revista Biomédica por los investigadores Jorge Castañeda Gómez, Miguel Pinkus Rendón2, Carlos Arisqueta Chablé, Mario Barrera Pérez, Daly Ortiz Martínez y Pablo Manrique Saide, de la Universidad Autónoma de Yucatán y el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM.

Por Juan José Morales

Viuda negra. Se le reconoce por la mancha roja en forma de reloj de arena que posee en el vientre y resulta muy visible cuando cuelga boca arriba en su tela. Posee un veneno neurotóxico, que bloquea la transmisión de los impulsos nerviosos. No es agresiva, pero ataca al sentirse hostigada. Sobre todo las hembras, cuando están protegiendo el ovisaco, o sea el saco de seda en que guardan sus huevos.

Esta pequeña araña, de sólo unos 3.5 centímetros, llamada capulina en muchos lugares de México, recibe el nombre de viuda negra porque usualmente —aunque no siempre— después de aparearse la hembra devora al macho, que es tres veces más pequeño y 30 veces menos pesado que ella. De distribución cosmopolita —o sea que existe en todos los continentes—, en América se le encuentra desde Estados Unidos hasta el extremo sur de Sudamérica. En México está ampliamente distribuida en todo tipo de climas y desde el nivel del mar hasta 3,500 metros de altitud o más, sobre todo en zonas tropicales y templadas. Sin embargo, en la península de Yucatán sólo se le había reportado en Campeche. En tiempos recientes se le encontró también en Quintana Roo. Y ahora, según se señala en el informe, se han identificado ejemplares en un Yucatán. Concretamente en Tzucacab, en el sur de la entidad.

El hecho de que no se tuviera registros de la presencia de la viuda negra en Yucatán y Quintana Roo —hasta donde sabemos, no tiene nombre en maya— se explica, señalan los autores del estudio, porque las arañas se dispersan principalmente con ayuda del viento: cuando son aún pequeñas, sueltan un fino hilo de seda y esperan a que el viento las levante y arrastre. Pero en la península, las corrientes aéreas dominantes son del norte, este y noreste, o sea desde el mar. Así, es difícil que lleguen arañas desde el resto del país. Por ello —añaden— puede suponerse que ha habido un proceso paulatino de colonización desde el sur de la península, o bien la introducción accidental de ejemplares que viajaron como polizones en cargamentos diversos.

Sea como sea, ya nos llegó la viuda negra. Pero ello no debe causar pánico. Aunque, como decíamos, tiene un potente veneno, y según datos del IMSS en México se dan alrededor de tres mil casos anuales de mordedura de viuda negra, no son muchos si se toma en cuenta la amplia distribución de la especie y el número de habitantes. Por lo demás, son pocos aquellos que provocan la muerte de la víctima.

Es importante, sin embargo —dicen los investigadores en su informe— que los servicios médicos de la región estén preparados para la eventualidad de que ocurran casos de latrodectismo, como se denomina al envenenamiento provocado por la mordedura de esta araña. Tal riesgo no ha sido considerado hasta ahora, precisamente porque no se había registrado la presencia de la especie, y en general se piensa que las arañas de la península son inocuas, sin más motivo de preocupación que la irritación provocada por los pelillos urticantes de las tarántulas, o chiwós, como se les llama en maya. Los servicios de salud están preparados más bien para atender mordeduras de serpientes, contra las cuales se cuenta con antídotos apropiados. Pero —por las razones antes citadas— el personal de las clínicas no cuenta con entrenamiento para tratar mordeduras de viuda negra ni disponen del Aracmyn, un antiveneno específico desarrollado hace años por el Instituto de Biotecnología de la UNAM en Morelos y que ha sido aprobado para su uso en Estados Unidos y otros muchos países.
Conviene, entonces, tomar las precauciones necesarias ante la llegada de este malvenido nuevo huésped del Mayab.

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