Fue una lucha muy larga —se prolongó por años— y desigual, una especie de pelea de David (grupos de campesinos mayas) contra Goliat (la alianza formada por la poderosa transnacional Monsanto, y el gobierno federal). Pero finalmente los pequeños lograron una victoria, aunque no definitiva: la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por unanimidad de votos de todos los ministros, ordenó que se suspendan las siembras de soya transgénica en Yucatán y Campeche.

Juan José Morales

MA OGM, escribió con sus cuerpos un grupo de personas. MA, que significa no en maya, y OGM por Organismos Genéticamente Modificados o transgénicos. Y es que la generalización de tales siembras resultaría catastrófica para la actividad agropecuaria de la península de Yucatán, donde —según datos de la propia Sagarpa— se obtiene el 40% de la producción de miel del país y los apicultores obtuvieron por ese concepto ingresos del orden de mil millones de pesos el año pasado. La miel peninsular es muy apreciada en Europa, su principal mercado, precisamente por estar libre de transgénicos y pesticidas.

MA OGM, escribió con sus cuerpos un grupo de personas. MA, que significa no en maya, y OGM por Organismos Genéticamente Modificados o transgénicos. Y es que la generalización de tales siembras resultaría catastrófica para la actividad agropecuaria de la península de Yucatán, donde —según datos de la propia Sagarpa— se obtiene el 40% de la producción de miel del país y los apicultores obtuvieron por ese concepto ingresos del orden de mil millones de pesos el año pasado. La miel peninsular es muy apreciada en Europa, su principal mercado, precisamente por estar libre de transgénicos y pesticidas.

Tal medida se logró porque grupos organizados de apicultores de ambas entidades iniciaron en 2012 una batalla legal contra la decisión de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural y Pesca (Sagarpa) de autorizar la siembra de ese tipo de soya en más de un cuarto de millón de hectáreas en diversos lugares del país. La oposición campesina —hay que subrayarlo— no se debió, como se pretende hacer creer, a que sean enemigos del progreso o a que sean manipulados por movimientos ecologistas radicales, sino a que los cultivos de soya transgénica afectan gravemente la producción de miel. En muchos países de Europa, que es el principal destino de la miel mexicana, no se permite su venta si contiene trazas de pesticidas o material de plantas modificadas genéticamente.

Ese es justamente el problema con la miel obtenida en zonas donde hay plantíos de soya transgénica, que además exige para su cultivo el uso de grandes cantidades de pesticidas. De ribete, para establecer las plantaciones hay que arrasar grandes extensiones de vegetación natural en la cual pecorean las abejas. Se corre así el peligro de que los apicultores mexicanos vean decaer sus rendimientos y no puedan vender su miel en el extranjero.

Y —cosa que también debe subrayarse— la apicultura es una actividad muy importante, que aporta ingresos de mayor o menor cuantía a unas 50 mil familias campesinas —sobre todo en la península de Yucatán, principal zona apícola del país— y constituye un elemento clave en el tan cacareado aprovechamiento integral, combinado y sustentable de los recursos naturales.

Pese a todo lo anterior, la Sagarpa y el gobierno federal en general estuvieron siempre del lado de Monsanto y nunca apoyaron a los campesinos. Por lo contrario, los estuvieron y siguen presionando de una y mil maneras para que desistan de su lucha contra la soya transgénica. Pero los apicultores no cedieron. Paso a paso fueron ganando la batalla legal en escalones judiciales cada vez más altos, hasta llegar a la Corte.

Pero la victoria es sólo parcial. La prohibición de sembrar soya transgénica decidida por el máximo tribunal se basó en el hecho de que los campesinos que serían afectados no fueron consultados por la Sagarpa antes de extender los permisos de siembra. Ahora deberá realizarse una consulta libre e informada sobre el particular, la cual estará a cargo de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM).

Por otro lado, la prohibición no se aplica a todo el país, sino únicamente a Yucatán y Campeche, donde los campesinos organizados libraron la batalla legal. En Quintana Roo, San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas continúan las siembras. Para detenerlas es necesario que se emprendan acciones jurídicas, que sin duda resultarán más fáciles dado el antecedente del fallo de la Corte.

Se ha ganado, pues, una batalla, pero no la guerra. Y habrá que estar muy alerta para que la consulta no sea manipulada por las autoridades.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Si de algo puedo preciarme es de mi interés por la protección y conservación del medio ambiente. Por eso puede parecer extraño que hoy hable del cáncer del ecologismo. Pero no hay contradicción entre ambas posturas. Lo que ocurre es que el ecologismo, que —aún sin ser de carácter científico— nació como resultado de una genuina preocupación por los problemas ambientales, se ha visto contaminado en los últimos tiempos por tendencias románticas, espiritualistas, esotéricas, místicas, naturistas y otras muchas de parecida naturaleza, que no sólo se apartan del pensamiento científico —indispensable para conocer y comprender la naturaleza— sino incluso entran en franca y abierta contradicción con él. Se ha visto teñido el ecologismo, también, por actitudes de franco y casi irracional rechazo a la ciencia y la tecnología, a la que algunos despistados atribuyen todos los males de la humanidad.

Por Juan José Morales

Un ejemplo de extremismo ecologista es la oposición total a las semillas transgénicas, todas las cuales se consideran nocivas. El problema, empero, es el monopolio que sobre muchas de ellas ejercen las grandes empresas, pero hay otras, desarrolladas por universidades y centros científicos independientes de los grandes consorcios, que están a libre disposición de los campesinos y les permitirían obtener mayores cosechas.

Más todavía: el ecologismo ha sido prostituido por políticos oportunistas, como la familia propietaria de ese negocio llamado Partido Verde Ecologista de México, que sólo usan el nombre para practicar una politiquería barata del peor jaez.

Es a ese tipo de ecologismo al que se considera un verdadero cáncer, puesto que al distorsionar los objetivos iniciales, dificulta la protección de la naturaleza y se convierte incluso en un obstáculo para el progreso científico y tecnológico.

Es ese tipo de ecologismo, por ejemplo, el que se opone de manera indiscriminada, total y absoluta a la investigación sobre organismos genéticamente modificados, sin ver que el problema no es que los transgénicos sean producto de una manipulación biológica, sino que los monopolicen grandes empresas transnacionales.

Son ecologistas de ese tipo los que vociferan contra las centrales nucleoeléctricas tildándolas de amenaza para la humanidad —aunque en los 60 años en que se han usado sólo hayan tenido un accidente serio— y prefieren que se sigan empleando centrales termoeléctricas que —esas sí— matan a millones de personas al contaminar el aire.

Aquí cabe subrayar que una cosa es el ecologismo y otra la ecología. El primero, como decíamos, es —o pretende ser— un movimiento ciudadano en defensa del medio ambiente y los recursos naturales. La ecología es una ciencia en toda forma, que se nutre de conocimientos obtenidos a través de diversas disciplinas: botánica, zoología, geología, química, meteorología, física, genética, estadística, geofísica, etc.

Lo menos, entonces, que podría esperarse de los dirigentes de las grandes organizaciones ecologistas, es que, si no todos, una buena parte fueran ecólogos o tuvieran una formación científica en aquellas ramas. Pero no es así. En su casi totalidad son abogados, sociólogos, filósofos, poetas, novelistas, políticos, economistas, etc.

Todavía hay más: numerosas organizaciones ecologistas pequeñas y medianas operan inspiradas en el naturismo, las antiguas filosofías orientales, las llamadas medicinas alternativas o complementarias, la meditación trascendental y otras tendencias por el estilo, no sólo carentes de base y contenido científico, sino inspiradas en ideas reñidas con la ciencia y desacreditadas desde hace mucho tiempo. Esto explica por qué algunas de tales organizaciones llegan al grado de oponerse a la vacunación tachándola de simple negocio de los zares de la industria farmacéutica.

Como ha preguntado alguien al señalar esta situación: ¿confiaría usted en un hospital donde no hubiera médicos? ¿O en un bufete jurídico en que casi ningún miembro del personal supiera de abogacía?

Por eso, en materia de protección y conservación del medio ambiente, hay que ser muy cuidadoso con las opiniones de los ecologistas y siempre cotejarlas con las de los ecólogos y los científicos en general.