Antes de su rápida y radical transformación, cuando Cancún era prácticamente una isla desierta, a sus solitarias y desiertas playas llegaban a desovar en grandes números tortugas marinas, sobre todo de las especies blanca y caguama, o Chelonia mydas y Caretta caretta si se prefieren sus nombres científicos. También, aunque en cantidades mucho más reducidas, arribaban ejemplares de tortuga de carey Eretmochelys imbricata y de la gigantesca tortuga laúd o de cuero, Dermochelys coriacea.

Pero al llenarse aquellas playas de hoteles, condominios, restaurantes, bares y demás edificaciones, verse atiborradas de sillas, camastros y sombrillas, y ser iluminadas durante la noche, las tortugas comenzaron a rehuirlas, hasta que finalmente casi dejaron de usarlas como zona de anidación. Sólo unas pocas se aventuraban a hacerlo.

Por Juan José Morales

Lo menos que podía hacer la bióloga Ana Erosa, era esbozar una amplia sonrisa de satisfacción frente a la cámara. Las tortuguillas que corren sobre la arena rumbo al mar provienen de una de las muchas nidadas por ella protegidas dentro de los exitosos programas que permitieron crear condiciones adecuadas para que las tortugas marinas volvieran a desovar en las playas de Cancún y la Riviera Maya.

No entraremos en detalles sobre cómo se pudo. En esencia, lo que hicieron fue convencer a los hoteleros para que tomaran medidas que facilitaran la salida de las tortugas a las playas y desovar sin ser molestadas, y luego proteger adecuadamente los huevos depositados.

Así, no sólo se vieron nuevamente por las noches caguamas y otras tortugas —incluso al menos en una ocasión una colosal laúd— excavando afanosamente sus nidos y depositando sus huevos, sino que el espectáculo y, sobre todo, la liberación de las crías ahí nacidas se convirtió en un atractivo más para los turistas.

Ciertamente, después el programa original se ha debilitado, burocratizado y no pocas veces distorsionado, pero de una u otra manera sigue dando buenos resultados. Y, además, se ha repetido en otros sitios de la Riviera Maya, donde esta infatigable bióloga ha logrado también convencer a los empresarios hoteleros de que proteger y conservar el medio ambiente no está reñido con la buena operación de sus establecimientos, sino todo lo contrario, y que las tortugas pueden muy bien convivir con sus huéspedes si se toman las medidas adecuadas.

Ana Erosa —hidrobióloga egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana— es una de las personas que más saben acerca de las tortugas marinas en Quintana Roo, gracias a los conocimientos y la experiencia que ha acumulado durante muchos años en diversos programas de protección tanto en las costas del Pacífico como en las del Golfo de México y el Caribe, y su participación en reuniones científicas acerca de estos quelonios.

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La tortuga caguama, o Caretta caretta como se le denomina en la clasificación zoológica, es una de las especies marinas más seriamente amenazadas de extinción, aunque antes fue tan abundante que constituyó un alimento básico para piratas, corsarios y bucaneros, que la mantenían viva a bordo de sus buques como fuente de carne fresca.

En el caso particular del Golfo de México, sus poblaciones se encuentran muy por debajo de los niveles históricos y en ciertas zonas han declinado considerablemente durante los últimos tiempos.

Por ello resulta muy importante el hallazgo hecho por científicos del Servicio Geológico de los Estados Unidos, de dos áreas en las cuales estos grandes reptiles se concentran para alimentarse. Una de ellas se encuentra frente a la península de la Florida, y la otra frente al norte de la península de Yucatán.

La caguama es una de las tortugas más abundantes en aguas de la península de Yucatán. Puede rebasar el metro de longitud y los cien kilos de peso. Su nombre científico, Caretta caretta, alude al gran tamaño de su cabeza y significa cabezona cabezona.

Seguirles la pista a las tortugas marinas resulta extraordinariamente difícil, pues estos animales pasan prácticamente toda su vida en mar abierto y su contacto con el ser humano es casi nulo. Apenas nacen, se dirigen rápidamente al agua y ahí permanecen hasta su muerte, desplazándose sin cesar por la vastedad del océano. Solamente las hembras salen a tierra, por períodos de unas pocas horas, cuando ya son maduras y deben desovar, lo cual hacen en playas arenosas. La técnica usual de marcar a las tortugas recién nacidas, sólo permite —si son capturadas en mar abierto o vistas en alguna playa— saber dónde nacieron y, si acaso, hasta dónde llegaron, pero no por dónde las llevaron mientras tanto sus vagabundeos.

Los investigadores del servicio geológico, sin embargo, emplearon una nueva técnica que consiste en implantar a las tortugas marcadores electrónicos que emiten una señal, la cual es captada por satélites artificiales y retransmitida a tierra. De ese modo se pueden rastrearlas todo el tiempo, y así fue como se estableció que se concentran en esas zonas de alimentación, donde permanecen por bastante tiempo.

Esos que podrían llamarse terrenos de forrajeo son áreas de menos de 50 metros de profundidad. No se sabe aún por qué las prefieren. Se supone que es porque en ellas hay abundancia de cangrejos, langostas, almejas, caracoles y otros crustáceos y moluscos con los cuales se alimentan, pero ello habrá de confirmarse con investigaciones ulteriores.

El hallazgo de las zonas de alimentación de la caguama permitirá planear mejor su protección y conservación. De hecho, esta es la primera vez que se tiene un conocimiento preciso —aunque sea parcial y limitado— de cómo transcurre su vida en el mar. Hasta ahora —dada la falta de información sobre sus movimientos—, los esfuerzos conservacionistas se han centrado en las playas de desove y en el uso de dispositivos especialmente diseñados para evitar que sean atrapadas en las redes de los buques pesqueros y mueran ahogadas, ya que por ser reptiles necesitan salir a la superficie a respirar aire.

Una vez que se conozcan major las características de esas áreas de alimentación y el tipo de animales que las habitan, así como el tiempo que las tortugas permanecen en ellas y la forma en que se mueven en el área, se podrá elaborar otras medidas especiales de conservación.

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