Hace más de cinco años, en julio de 2010, comentamos la versión que estuvo circulando por Internet en el sentido de que los terremotos de Haití, Chile, Mexicali y China, ocurridos en aquella época, fueron causados por poderosísimas ondas de radio generadas como parte de un proyecto secreto —cuyas instalaciones son bien conocidas y están abiertas al público— del gobierno norteamericano denominado HAARP.

Juan José Morales

Instalaciones del HAARP en Alaska. Si se eligió ese remoto lugar para construirlas, no fue porque se deseara ocultarlas, sino porque en Nueva York, Chicago o Miami no habrían servido para nada. Las auroras polares sólo ocurren, como su nombre indica, en las altas latitudes cercanas a los polos.

Instalaciones del HAARP en Alaska. Si se eligió ese remoto lugar para construirlas, no fue porque se deseara ocultarlas, sino porque en Nueva York, Chicago o Miami no habrían servido para nada. Las auroras polares sólo ocurren, como su nombre indica, en las altas latitudes cercanas a los polos.

Ahora ha vuelto a hablarse del proyecto de marras, pero en relación con el huracán Patricia. Unos dicen que el meteoro fue provocado por las emisiones de HAARP. Otros, en cambio —como la periodista Manú Dornbernier— dicen exactamente lo contrario: que las ondas se usaron para debilitarlo, porque así convenía a Estados Unidos.

Pero, ¿qué es el tal HAARP? Esas letras son el acrónimo en inglés del Programa de Investigación de Auroras Activas de Alta Frecuencia (High-Frequency Active Auroral Research Program), el cual tiene como propósito estudiar las auroras polares, esa especie de ondulantes cortinas de luces que aparecen a gran altura en las altas latitudes cuando los gases de la atmósfera son excitados por torrentes de partículas provenientes del Sol y que son desviados hacia los polos por el campo magnético de la Tierra. Para estudiarlas, los investigadores de HAARP emiten ondas de radio que excitan los gases de un pequeño sector de la ionósfera, la región de la atmósfera situada entre 80 y 350 kilómetros de altitud, que es donde se forman las auroras.

El asunto no tiene nada de misterioso. Pero según los conspiranoicos —los que creen ver conspiraciones por todas partes—, las emisiones de HAARP son tan poderosas —un billón de megavatios, dicen— que pueden no sólo crear auroras polares sino tormentas, huracanes, inundaciones, sequías, terremotos y maremotos, provocar erupciones volcánicas y hasta —agárrese usted— controlar la mente de los seres humanos. Y ese —añaden— es el verdadero propósito del proyecto.

Esta disparatada idea se ha filtrado incluso en Wikipedia, cuyas informaciones, dicho sea de paso, deben tomarse con mucha precaución ya que cualquiera puede meter textos sin que sean sometidos a revisión por expertos. En ella puede leerse que el objetivo de HAARP “es controlar el clima global al antojo del gobierno y provocar catástrofes naturales artificialmente” y que “este proyecto es una prueba más de cómo la élite mundial es capaz de controlar algo tan complicado como el clima para sus propios fines secretos.”

La realidad es que las instalaciones de HAARP, situadas en Gakona, Alaska, formadas por un conjunto de 180 antenas, distan mucho de tener la fenomenal potencia de un billón de megavatios que dicen los conspiranoicos. Ello exigiría canalizar hacia las antenas algo así como el 5% de la energía producida por todas las centrales eléctricas del mundo. Las antenas de HAARP tienen una potencia de apenas 3 600 kilovatios. Por comparación, una emisora de radio comercial puede ser de 100 kilovatios.

Por otro lado, quienes afirman o creen que con emisiones de radio dirigidas hacia la ionósfera se pueden provocar tormentas, huracanes, terremotos, maremotos, erupciones y otros fenómenos por el estilo, demuestran una absoluta ignorancia respecto a la estructura de la Tierra y las causas de tales fenómenos. Las auroras polares, como decíamos, ocurren en la ionósfera, a más de 80 kilómetros de altitud; los huracanes —y las lluvias, tormentas, nevadas y demás fenómenos meteorológicos— en la tropósfera, a menos de diez kilómetros de altitud, sin que haya ninguna relación entre unas y otros. Los terremotos, a su vez, son resultado del movimiento de las placas de la corteza terrestre, en tanto que los maremotos se deben, ya sea a terremotos en el lecho marino, o a deslizamientos de tierra en las laderas de los taludes submarinos. La formación de volcanes y las erupciones, por su parte, son consecuencia del ascenso de magma —que es roca fundida a alta temperatura— desde las profundidades de la Tierra. Y en cuanto a que con unas modestas emisiones de radio desde un remoto rincón de Alaska se podría manipular las mentes de millones de personas en cualquier lugar del mundo, la idea es muy buena para una película del tipo de El Santo y Blue Demon Contra el Malévolo Doctor Cerebro, pero no para que una persona medianamente inteligente y culta la tome en serio.

De modo, pues, que no le digan, que no le cuenten: HAARP no tuvo nada qué ver con Patricia ni es un perverso plan para convertirnos en zombies.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx