Terminó la temporada de huracanes 2014 en el Atlántico, y quienes vivimos en la península de Yucatán gozamos de una excepcional tranquilidad meteorológica durante estos seis meses. De hecho, a lo largo de casi un mes, desde finales de octubre, no hemos tenido el menor motivo de preocupación por ese motivo, pues en ese lapso no se registró ni siquiera una depresión tropical en la zona. La última perturbación que afectó a la península fue la tormenta tropical Hanna, formada en la Sonda de Campeche y que tuvo un desplazamiento inusual hacia el este y no hacia el oeste o el noroeste como es lo normal, y después de cruzar sobre tierra entre el 23 y el 24 de octubre, debilitándose considerablemente en el trayecto, terminó disipándose sin pena ni gloria en el Caribe.

Por Juan José Morales

Esta fue la inusual trayectoria de la tormenta tropical Hanna, el último evento ciclónico que hemos tenido en la península durante la actual temporada de huracanes. En vez de desplazarse de este a oeste como es lo normal en tales fenómenos, lo hizo en sentido opuesto, del Golfo de México —donde se gestó— hacia el Caribe, donde se disolvió.

En total, hasta ahora hemos tenido en el Atlántico —incluidos el Golfo de México y el Caribe— únicamente una depresión tropical, dos tormentas y seis huracanes. En total, nueve eventos ciclónicos. Y puede decirse que con estas cifras terminará cerrada la contabilidad de la temporada, pues las condiciones que reinan en toda la zona del Atlántico tropical son muy poco propicias para la gestación de ciclones en los próximos días. Sobre todo ahora que han comenzado los nortes, cuyas masas de aire frío procedente de las altas latitudes hacen bajar la temperatura del océano y la atmósfera y por tanto entorpecen la formación de zonas de baja presión precursoras de huracanes.

Se han cumplido, pues, los pronósticos de la mayoría de los especialistas en estas cuestiones que comentábamos hace mes y medio en esta misma columna, en el sentido de que en la temporada ciclónica que está por fenecer habría en el Atlántico entre nueve y 12 tormentas tropicales. Ello, como decíamos entonces, parece ser un efecto del fenómeno de El Niño, que si bien ocurre en el Pacífico frente a las costas de Sudamérica, deja sentir su influencia sobre una vasta región del mundo y entre otras cosas parece atenuar la formación de huracanes en el Atlántico.

En cambio, en el Pacífico oriental, frente a las costas mexicanas, las cosas han sido muy diferentes. La matriz generadora de huracanes del Golfo de Tehuantepec —donde en términos generales se forma cada año mayor cantidad de esos fenómenos que en las cuatro zonas ciclogenéticas del Atlántico— estuvo excepcionalmente activa. Ahí han ocurrido hasta la fecha una depresión tropical, seis tormentas tropicales y 15 huracanes. O sea, un total de 22 fenómenos ciclónicos, cifra muy superior a los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional, que eran en el sentido de 15 tormentas, de las cuales siete alcanzarían la categoría de huracán.

De esa quincena de huracanes, el peor fue Odile, que devastó la zona de Los Cabos en el extremo sur de la península de Baja California. Pero otras tormentas y huracanes también causaron graves daños en Guatemala y en los estados mexicanos a lo largo de la costa del Pacífico, desde Chiapas hasta Sonora. Puede decirse que no hubo entidad que no resultara afectada en mayor o menor grado por lluvias torrenciales, deslizamientos de tierra, inundaciones y otros problemas, que dejaron como saldo buen número de muertos. Odile, incluso, afectó los estados norteamericanos de California, Arizona, Nuevo México y Texas.

Este es pues, en líneas generales, el balance de la temporada de huracanes 2014 en nuestro país.

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