Existe preocupación a nivel mundial por la acentuada declinación de las poblaciones de tiburones, lo cual está afectando gravemente los ecosistemas marinos. Pero no sólo ellos se encuentran en peligro. También sus primas hermanas, las rayas y las quimeras, que junto con los tiburones constituyen el grupo de peces que los biólogos denominan cartilaginosos porque tienen el esqueleto formado por cartílago y no por huesos.

Por Juan José Morales

Hay, en total más de mil especies de tiburones, rayas y quimeras. Y, de acuerdo con un reciente informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la UICN, las tres cuartas partes de ellas están bajo amenaza, principalmente por la sobrepesca. Hay también una considerable mortandad accidental de ejemplares que caen en artes de pesca destinadas a capturar otros animales y que a menudo ni siquiera se aprovechan sino que se tiran al mar ya muertos para dejar lugar a productos más valiosos —camarón o atún por ejemplo— en las bodegas del buque.

Las quimeras, como la de la imagen, son parientes poco conocidos de los tiburones y las rayas. Se les llamó así por referencia a la quimera de la mitología griega, ya que tienen una apariencia muy extraña, con una larga cola en vez de aleta caudal. Al igual que algunas rayas, poseen una espina venenosa, pero no en la base de la cola sino en la aleta dorsal, sobre el lomo. Hay sólo medio centenar de especies en todo el mundo.

Uno de los factores que más han contribuido a diezmar las poblaciones de tiburones y sus parientes es la creciente demanda de aletas, usadas para elaborar un tipo de sopa que en Oriente se considera una delicadeza gastronómica y que —dado el desarrollo económico de China— cada vez más gente puede darse el lujo de pagar. Como resultado del gran aumento en el consumo, ahora también se pescan ciertas especies de rayas cuyas aletas, una vez secas, pueden venderse como si fueran de tiburón.

Por su parte, los entusiastas de la medicina tradicional china están ayudando a empeorar las cosas al consumir productos, como cierto tónico, elaborado con branquias y otras partes del cuerpo de rayas y mantarrayas. Y en algunos casos a los tiburones se les mata deliberadamente por juzgarlos un peligro para los bañistas, o bien porque los pescadores consideran que pueden dañar sus aparejos de pesca.

Los efectos de la sobrepesca se acentúan por el hecho de que tiburones, rayas y quimeras son animales de limitada capacidad reproductiva. En su casi totalidad, tienen muy lento crecimiento —lo cual significa que tardan mucho en llegar a la madurez sexual y comenzar a reproducirse— y por lo general tienen pocas crías. El resultado de ello es que cuando se les pesca en grandes cantidades, sus poblaciones no pueden recuperarse y van disminuyendo inexorablemente.

Pero, contra lo que podría pensarse, el mayor peligro no lo corren los tiburones, sino las rayas. A ellas —dice el informe de la UICN— pertenecen cinco de las siete familias de peces cartilaginosos más gravemente amenazadas de extinción. Sin embargo, mientras la atención se centra en el gran tiburón blanco y en otros escualos famosos, poca o ninguna atención se presta a las rayas.

Ciertamente, desde hace algún tiempo se ha estado llamando la atención sobre este problema y ya se han tomado algunas medidas para tratar de resolverlo o al menos paliarlo un poco. Pero la situación es tan grave, y la capacidad de recuperación de las poblaciones de esos animales tan limitada, que habrán de pasar años antes de que empiecen a surtir efectos.

Por cierto, y como detalle anecdótico, puede señalarse que el informe de la UICN sobre la dramática situación de las poblaciones de tiburones, rayas y quimeras —realizado con la colaboración de más de 300 expertos de 54 países— se publicó a principios de este año, en el cual se celebra el quincuagésimo aniversario de la aparición de la ahora famosa Lista Roja de especies en peligro o amenazadas.

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