Serpientes hay muchas en la península de Yucatán. Peligrosas por su veneno, pocas. Por ejemplo las coralillo, la cascabel, la wolpoch y las nauyacas o cuatro narices. Y de estas últimas, hay una que merece especial atención porque es endémica, o sea exclusiva de esta tierra nuestra. Es, sin embargo, poco conocida, tanto por el común de la gente como por los herpetólogos, los biólogos especializados en el estudio de anfibios y reptiles.

Por Juan José Morales

Me interesé por esta serpiente después de leer la mención que de ella hace el biólogo Arturo Bayona en su libro De Chichankanab a Kantemó, dedicado a las serpientes colgantes —de otra especie— que habitan la cueva de Kantemó en Quintana Roo, y que han sido llamadas así por haber desarrollado una singular forma de cacería para atrapar murciélagos manteniéndose colgadas y balanceándose en la boca de la cueva a fin de capturarlos al vuelo cuando salen al anochecer.

NauyacaYucaAl referirse a la fauna de la zona, Bayona habla en especial de la que en la nomenclatura zoológica se denomina Porthidium yucatanicum y popularmente se conoce como nauyaca yucateca y —en algunas publicaciones— como nauyaca nariz de cerdo, por traducción literal de su nombre en inglés, Yucatan hognose vitpiper. En maya su nombre es chac can.

A las nauyacas, como decíamos, se les llama también cuatro narices, debido a que cerca de las fosas nasales tienen dos agujeros o fosetas que parecen otro par de aberturas nasales pero en realidad les sirven para detectar el calor de posibles presas y localizarlas en la oscuridad. La que ahora nos ocupa posee también ese rasgo característico y por ello se le incluyó entre las nauyacas, aunque no pertenece al mismo género que la común, la Bothrops asper, sino al género Porthidium.

Es más bien pequeña: apenas de 35 a 45 centímetros. Sólo excepcionalmente llega a 55 centímetros y las hembras son mayores que los machos. Es de color gris claro u oscuro, a veces con tonalidades rosadas, y en los costados presenta unas manchas más oscuras y forma aproximadamente rectangular con los bordes negros. Como rasgo distintivo que permite identificarla a primera vista, lo largo de la espalda tiene una delgada franja amarilla de suave color anaranjado o amarillo que corre de la cabeza hasta la cola.

Resulta peligrosa y es muy temida por la potencia de su veneno y la rapidez con que ataca, igual que las demás nauyacas en general. Es de hábitos nocturnos. Las horas del día las pasa enroscada entre la hojarasca o bajo las piedras, aunque siempre atenta a lo que ocurre a su alrededor y lista para defenderse si se siente acosada o en peligro. Es usualmente por la noche cuando sale en busca de alimento, que consiste sobre todo en lagartijas y roedores muy pequeños, aves y hasta otras serpientes.

Su área de distribución se limita a la mitad norte de la península de Yucatán. Esa es la razón principal por la cual se sabe poco acerca de ella. “Se tiene poca información sobre este ofidio —escribe Bayona en su libro sobre Kantemó— debido a las restringidas zonas donde se localiza su hábitat, a la dificultad para observarlo en vivo por su actividad nocturna y mimetismo, sumado a la inexistencia de estudios continuos que nos lleven a conocer más sobre sus hábitos, alimentación y reproducción”.

Esta es, pues, la nauyaca yucateca, nuestra nauyaca exclusiva del Mayab.

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Quizá de los habitantes del mar, los que se encuentran más amenazados por el cambio climático son los reptiles. Concretamente, las siete especies de tortugas marinas, de las cuales tenemos seis en México.

Por Juan José Morales

Las amenazas provienen de dos direcciones: por un lado, la elevación del nivel del mar; por el otro, el aumento de temperatura. Así se señala en un estudio presentado en un taller que se realizó en la Universidad Autónoma de Sinaloa en octubre de 2011 con miras a la elaboración del proyecto de la ley de costas, o si se prefiere su largo y completo nombre, la Ley General para la Gestión Integral y Sustentable de las Costas Mexicanas.

Tortuguillas recién nacidas dirigiéndose al mar. Para su reproducción requieren de playas arenosas en las cuales depositar sus huevos, y adecuadas condiciones de temperatura de la arena para que sean incubados y nazca una adecuada proporción de machos y hembras. El cambio climático está alterando ambos factores.

Aunque las tortugas marinas pasan prácticamente toda su vida en el océano, desovan y nacen en tierra. Tras aparearse en las cercanías de la costa, las hembras —y sólo ellas, no los machos— salen a alguna playa arenosa, excavan una especie de nido que es una cavidad en forma de cántaro, depositan sus huevos, los entierran y los dejan para que se incuben con el calor del sol. Al cabo de cierto tiempo, nacen las tortuguillas, que de inmediato se dirigen al mar para ahí pasar el resto de su vida, salvo los breves lapsos en que las hembras adultas salen a desovar.

Pues bien, además de que muchas de sus playas de anidación están siendo invadidas por el hombre —como es el caso de las del Caribe mexicano y gran parte de las de Yucatán y Campeche—, el ascenso en el nivel del mar reducirá cada vez más su anchura, privando así a las tortugas de sitios para la reproducción.

El otro factor, el aumento de temperatura, no es menos importante. Algo que mucha gente desconoce, es que los huevos de las tortugas marinas sólo pueden desarrollarse dentro de un rango muy específico de temperatura: entre 25 y 35 grados. Si la arena del nido está por encima de los 35 grados, o por debajo de 25, los embriones mueren. Además, la temperatura determina el sexo del embrión. Si la temperatura es alta, las crías resultan hembras. Si, por lo contrario, es baja, nacen machos. Para que haya una adecuada proporción de sexos —o sea mitad hembras y mitad machos— es necesario que los huevos sean incubados en un nivel óptimo de temperatura, entre 28 y 31 grados.

Esto último significa que si —como prevén los científicos— continúa el calentamiento global y la Tierra se hace más cálida, en las playas de anidación reinarán altas temperaturas que harán nacer más hembras que machos. Y aunque a primera vista esto quizá se antoje favorable dado que habría más huevos y por ende más crías, no se sabe qué resultados podría tener esa desigualdad de sexos. Incluso, no puede descartarse la posibilidad de que, en condiciones extremas de temperatura, nazcan casi exclusivamente hembras, lo cual significaría escasez de machos para fecundarlas. Más aún: si el calentamiento global llega a niveles muy altos, podría ocurrir una mortandad generalizada de huevos y por ende una declinación de las poblaciones de las siete especies, que ya actualmente se encuentran amenazadas de extinción.

En fin, el calentamiento global y el cambio climático auguran un futuro bastante sombrío para las tortugas marinas, y habrá que tomar medidas para protegerlas.

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