En un sitio de Internet acabo de encontrar una advertencia —muy detallada y precisa por lo demás— sobre los peligros que para el ser humano y los animales representa la radiación lumínica, un tipo de emisiones al cual estamos cotidianamente expuestos. Vale la pena transcribir en sus partes medulares esta información, pues contiene datos que mucha gente ignora.

He aquí algunos de los efectos de la radiación lumínica, particularmente la que en grandes cantidades nos llega del espacio exterior y que debido a sus características no puede ser bloqueada por la atmósfera terrestre y deja sentir su acción sobre plantas, animales y seres humanos.

Pero antes de seguir adelante, conviene precisar en qué consiste la radiación en cuestión y cuáles son sus efectos sobre el organismo humano.

Por Juan José Morales

La radiación lumínica es de carácter electromagnético y alta frecuencia, con longitudes de onda mayores que las de los rayos gamma emitidos por materiales radiactivos. En su mayor parte proviene del espacio exterior y la atmósfera terrestre no puede bloquearla, por lo cual llega con gran intensidad al suelo. También, sin embargo, es producida por diversas fuentes locales, incluso utensilios domésticos presentes en prácticamente todos los hogares y en sitios de gran concentración de personas.

El cuerpo humano es muy sensible a este tipo de radiación, la cual influye sobre el ciclo normal sueño-vigilia. Los ojos son la parte del organismo que más fácilmente puede ser afectada por la radiación lumínica, que cuando sobrepasa cierta intensidad por lapsos prolongados, puede ocasionar ceguera temporal o definitiva. En las plantas provoca transformaciones químicas, y en los animales alteraciones en la conducta. Incluso, muchas especies han desarrollado un comportamiento específico para eludirla.

Desde hace mucho, los científicos conocen los efectos de la radiación lumínica sobre los organismos vivos. Pero aunque los han dado a conocer, los gobiernos no toman medidas para proteger de ella a las personas. Por lo contrario, permiten que los fabricantes continúen impunemente produciendo y vendiendo artefactos que la emiten en cantidades cada vez mayores. Incluso, para favorecer a esos empresarios, les hacen millonarias compras de equipos emisores de tal tipo de radiación para instalarlos en las calles con el pretexto de mejorar los servicios públicos.

Todo esto ha llevado a una situación tal que ya la Tierra no solamente recibe enormes e incontenibles torrentes de radiación lumínica desde el espacio, sino que también la genera e irradia en cantidades cada vez mayores, como puede comprobarse en las mediciones hechas desde satélites artificiales.

Todo lo anterior suena bastante truculento, y puede hacer pensar que estamos ante uno de esos peligros sobre los que únicamente nos advierten ecologistas preocupados por la calidad del medio ambiente y unos pocos científicos responsables, pero son silenciados o minimizados por voraces empresarios y gobernantes cómplices.

Pero en realidad se trata de una tomadura de pelo. La tal radiación lumínica no es otra cosa que la luz visible. Esa luz que en grandes torrentes nos llega todos los días desde el espacio exterior, desde el Sol, pero que también puede ser producida por utensilios domésticos —como una lámpara o un televisor— y tiene una longitud de onda próxima a la de los rayos gamma porque es un tipo de radiación electromagnética. Y, efectivamente, tiene todos y cada uno de los efectos que se describen sobre el hombre, las plantas y los animales, y puede resultar peligrosa. Mirar directamente al Sol o a un aparato de soldadura eléctrica durante largo tiempo, por ejemplo, ocasiona ceguera temporal e incluso definitiva.

Cierto es también que muchos animales han desarrollado mecanismos de evasión para no exponerse a la radiación lumínica, pero no porque sea peligrosa. El 60% de los mamíferos son nocturnos. Y cierto es igualmente que los gobiernos compran dispositivos emisores de radiación lumínica —lámparas de alumbrado público— para instalarlos en las calles.

El autor de esta broma, que encontramos en el blog Naukas, quiso demostrar lo fácil que presentar amañadamente datos científicos ciertos para armar una gran mentira. Así es como actúan muchos charlatanes.

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