El fin de semana antepasado hubo un par de celebraciones importantes: el Día Mundial de los Humedales  y una fiesta de XV años en Puerto Morelos, al sur de Cancún.

La quinceañera —o el quinceañero, si así se prefiere decirlo— fue el área natural protegida Parque Marino Nacional Arrecifes de Puerto Morelos, establecido por decreto presidencial el 2 de febrero de 1998. Si se tratara de una adolescente, este año, pues —como se diría en el cursi lenguaje de las crónicas de sociales— habría llegado a la edad de las ilusiones.

Por Juan José Morales

Vista panorámica de la playa de Puerto Morelos. Su gran anchura se debe a la protección que le brinda el arrecife coralino paralelo a ella, el cual actúa como rompeolas natural y evita la erosión causada por la marejada de tormentas y huracanes. Foto gobierno de Q. Roo.

Pero ni el parque marino tiene nada de ilusorio ni realmente cumplió quince años. Es una realidad muy concreta, que los puertomorelenses supieron forjar a base de empeño, esfuerzo y tenacidad, y su gestación comenzó hace 25 años. Fue desde entonces cuando los habitantes del lugar —donde se asientan dos importantes centros de investigación científica—, preocupados al ver cómo al calor del desarrollo turístico se destruían las riquezas naturales en Cancún y otros sitios de la costa mexicana del Caribe, decidieron que no querían que en su comunidad ocurriera lo mismo, y emprendieron la lucha que culminó diez años más tarde con la creación del parque marino.

Y realmente, era necesario —podríamos decir que indispensable— dar carácter de área natural protegida a ese sector del litoral caribeño. El arrecife de Puerto Morelos es el extremo norte del Sistema Arrecifal Mesoamericano o Gran Arrecife Maya, que se extiende desde ese sitio hasta Belice y más allá, y que se considera la segunda cadena arrecifal más grande del mundo después de la Gran Barrera de Australia.

Pero en Puerto Morelos las formaciones arrecifales son muy pe-queñas y muy próximas a la playa, de la cual distan unos pocos cientos de metros. Esos dos factores las hacen muy accesibles y por tanto ex-puestas al deterioro por el exceso de visitantes. De aquí la necesidad de ponerlas bajo protección legal y así poder establecer estrictas normas sobre su utilización con fines recreativos.

La protección, por lo demás —y esto hay que subrayarlo— no se limita a las formaciones de coral. También incluye la playa, las dunas costeras y la laguna arrecifal, o sea la franja de aguas marinas entre el arrecife y la playa. En esa zona el fondo está cubierto por una rica vegetación de pastos marinos que además de proteger a la costa de la erosión por el oleaje de tormentas y huracanes, constituye el hogar y fuente de alimento para una gran cantidad de especies animales.

Y también hay que subrayar que los habitantes de Puerto Morelos no sólo lucharon tenazmente por conseguir la protección de tan valiosos recursos naturales, sino que han sabido organizarse para aprovecharlos racionalmente. Han logrado mantener a raya a las grandes empresas turísticas, y son esencialmente los propios lugareños —sobre todo los pescadores— quienes ofrecen a los visitantes los servicios de buceo y observación de las formaciones de coral.

Finalmente, es necesario destacar asimismo que el ejemplo de Puerto Morelos fue seguido por otra comunidad de pescadores de la costa de Quintana Roo: la de Xcalak, en el extremo sur del estado, ya muy cerca de Belice. Ellos lograron igualmente que, a fines de 2000, el área marina circundante al poblado fuera declarado parque marino.

Ciertamente, hubo muy buenos motivos para que Puerto Morelos estuviera de fiesta este fin de semana.

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