El oso polarUrsus maritimus en la nomenclatura científica— se ha convertido en lo que los especialistas denominan especie bandera respecto al problema del calentamiento global y el cambio climático. Es decir, se le presenta como el mejor ejemplo de un animal gravemente amenazado de extinción debido a los cambios en su ambiente y forma de vida por efecto del aumento en la temperatura media de la Tierra. Pero hay otros muchos animales que también corren peligro por la misma causa y a los que no se toma en cuenta. Por ejemplo, los pingüinos.

Por Juan José Morales

De acuerdo con recientes estudios, las poblaciones de 11 de las 18 especies de estas aves existentes en el mundo, están declinando y se considera que corren peligro de extinción. De otras cinco no se tienen datos suficientes para determinar si están disminuyendo o no, y solamente dos se consideran estables.

Espectáculos como este, ahora comunes en el Antártico, podrían ser un recuerdo a fines del siglo si continúa la fusión de los hielos del Antártico como resultado del calentamiento global, lo cual torna la vida más difícil para las colonias de pingüinos.

Y aquí conviene precisar que, contra la idea popular, los pingüinos no viven únicamente en el Antártico. Ahí habita el emperador, Aptenodytes forsteri, el mayor de todos, ampliamente conocido gracias a infinidad de reportajes y documentales. Sin embargo, la mayoría de las especies viven fuera de aquel continente helado; unas en las frías aguas subantárticas y algunas incluso en las zonas templadas de África y Sudamérica. Pero volvamos a las amenazas que penden sobre estos animales, y en particular sobre el emperador.

El problema a que se enfrentan estos pingüinos, explica la doctora Stephanie Jenouvrie, de la Institución Oceanográfica Woods Hole, es que dependen críticamente del hielo para su sobrevivencia. Rutinariamente realizan caminatas de entre 50 y 130 kilómetros sobre el hielo desde sus colonias, en las cuales empollan sus huevos, para llegar al mar en busca de los peces y pequeños crustáceos, denominados colectivamente krill, con los cuales se alimentan. Pero si hay poco hielo, se reducen las poblaciones de krill y por tanto las disponibilidades de alimento. Si, por lo contrario, hay demasiado hielo, los pingüinos tienen que cubrir distancias mucho mayores en sus caminatas, y por lo tanto consumen mucho más energía en la procuración de alimento.

Si bien algunas colonias se han beneficiado con la fusión de los hielos del Antártico al reducir la distancia que deben recorrer, en general ese fenómeno les resulta perjudicial.

El estudio, basado en más de 50 años de observaciones y registros sistemáticos de las colonias de pingüinos emperador en el Antártico, muestra que todas las 45 colonias de estas aves registradas en aquella región, sin excepción, están amenazadas por la fusión de los hielos, y que al menos dos tercios de ellas —o sea 30 en total— han visto reducirse a menos de la mitad el número de sus miembros durante los últimos tiempos. Ciertamente, es una declinación muy severa, que de continuar las pondría en peligro de desaparecer.

Los pronósticos son sombríos. Estima la Dra. Jenouvrie que de mantenerse esta tendencia —y todo indica que así ocurrirá conforme a las previsiones sobre la forma en que cambiará el clima—, antes de finalizar el presente siglo habrá desaparecido la mitad de la población total de pingüinos de esta especie en el Antártico debido a que no encontrarán ambientes adecuados, ni siquiera en las zonas más remotas y frías del continente helado.

Por ello, pide que tanto esta como a otras especies sean declaradas en peligro de extinción y se empiece a tomar medidas para protegerlas y evitar su desaparición.

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