Hoy hablaremos nuevamente de la oposición a que los niños sean vacunados, fomentada por algunos grupos naturistas, religiosos, ecologistas y políticos con varios y muy diversos argumentos, pero todos ellos basados en mitos, mentiras y verdades a medias acerca de la vacunación y sus efectos.

Hay grupos religiosos, por ejemplo, que se oponen a la inmunización porque —dicen— el cuerpo humano es el templo de Dios y no debe ser profanado con ninguna sustancia extraña. Del lado de los grupos naturistas hay toda una gama de afirmaciones a cual más infundada. Hay quienes aseguran que el organismo humano tiene suficientes defensas para no requerir de vacunas, y que todo lo que hace falta es fortalecer esa protección natural con alguna dieta especial o cierto tipo de vida.

Por Juan José Morales

Hay igualmente naturistas que sostienen la peregrina tesis de que las enfermedades son un elemento inherente a la vida y necesarias para ella, y que al impedir que puedan contraerse a la larga se afecta la buena salud.


Circulan también rumores en el sentido de que las vacunas contienen peligrosas toxinas capaces de causar la muerte o graves problemas de salud. Hay, incluso, quienes afirman que los niños pueden sufrir autismo si son vacunados. Esta afirmación ha venido circulando desde hace muchos años, y tuvo como origen un artículo publicado en la revista médica británica Lancet, el cual asociaba la vacuna triple contra sarampión, paperas y rubéola con el autismo. El escrito fue retirado tiempo después por la propia revista al comprobarse que era un fraude científico y se basaba en datos falsos.

No faltan los conspiracionistas, según los cuales tras las campañas de vacunación se ocultan siniestros propósitos. Hace cosa de diez años, en México la Iglesia y el grupo ultraderechista católico Provida echaron a correr el rumor de que la vacuna antitetánica contenía una sustancia anticonceptiva y que su aplicación era sólo una pantalla para esterilizar masivamente a las mujeres. Aquello era una absoluta falsedad y tanto Provida como la Iglesia tuvieron que retractarse.

Circulan asimismo versiones de que las campañas de vacunación son sólo un gran negocio de las empresas farmacéuticas transnacionales, que en su afán de lucro no dudan en exponer a niños y adultos al peligro de reacciones molestas y hasta peligrosas. Esta idea es totalmente descabellada. Significaría que todos los médicos del mundo y todas las autoridades sanitarias de todos los países son cómplices de esa gigantesca maniobra. Y en cuanto a que las vacunas provocan reacciones, ciertamente algunas personas las sufren, pero son mínimas en comparación con la gravedad de los daños que ocasionan las enfermedades que con ellas se evitan.

Así por el estilo podríamos seguir citando mitos, falsedades y rumores sin fundamento sobre las vacunas, pero sería extendernos demasiado. Sólo resta decir que no hay que darles el menor crédito. El hecho real y concreto es que gracias a ellas se ha salvado de la muerte y la invalidez física y mental a cientos de millones de personas, que enfermedades como la viruela o el sarampión —hasta tiempos no muy lejanos un verdadero azote de la humanidad— son un recuerdo, y el famoso pulmón de acero en que estaban condenadas a pasar el resto de su vida las víctimas de la poliomielitis o parálisis infantil —aquellas que tenían dinero suficiente para pagárselo—, son ya sólo piezas de museo.

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