GordoGlobalAlgo que desde hace tiempo me ha llamado la atención al ver fotografías, documentales y películas de hace 40 años o más, es que la generalidad de quienes en ellas aparecen, son delgadas, esbeltas o con una complexión regular. Se ven muy pocas personas obesas o con sobrepeso. Esa percepción se acentuó recientemente, cuando comencé a recibir en mi celular imágenes enviadas por los miembros de un grupo denominado Historia de Cancún, con fotografías y películas de los primeros tiempos de esta ciudad. En ellas encontré lo mismo. Hace alrededor de 35 o 40 años, jóvenes y adultos eran en general notablemente más delgados que ahora.

Juan José Morales

Esto viene a cuento con motivo de un estudio del Programa Mundial de Alimentación de la ONU que acaba de publicarse en la revista científica británica The Lancet, según el cual durante los últimos tiempos el peso promedio de las personas ha estado aumentando 150 gramos por año; es decir, 1.5 kilos por década. O, para decirlo en otros términos: hoy, una persona ordinaria pesa 6 kilos más que hace 40 años.
Como resultado de ello —agrega el estudio— el número de hombres y mujeres obesos en todo el mundo pasó de 105 millones a 641 millones entre 1975 y 2014, sin contar a quienes están excedidos de peso sin llegar todavía al grado de la obesidad. De mantenerse esta tendencia, dentro de sólo nueve años, en 2025, el 18% de los hombres y el 21% de las mujeres serán obesos. Y no sólo gordos, sino en muchos casos excesivamente gordos. Los autores del estudio estiman que más del 6% de los hombres y 9% de las mujeres serán obesos en extremo, al grado de que su salud se verá seriamente amenazada.

Para estimar la celeridad con que se ha ido agravando la situación, los autores señalan que hace 40 años había en general dos veces más personas con menor peso de lo normal que con sobrepeso. Ahora, los términos se han invertido: el número de obesos supera holgadamente a quienes tienen un peso inferior a lo normal.

Ya desde hace algún tiempo la Organización Mundial de la Salud había alertado sobre esta grave situación, advirtiendo que según sus cálculos para 2015 habría en todo el mundo 1 500 millones de personas con un peso por encima de lo normal. Advirtió también que, contra la idea general, ese problema no se limita a los países ricos, donde la gente gasta mucho dinero en alimentos, sino que se ha generalizado a las naciones pobres.

De hecho, el estudio publicado en The Lancet señala lo mismo, que las naciones más pobres son también víctimas de este problema, sin que ello signifique que hayan desaparecido en ellas la desnutrición y el hambre. Por lo contrario, ambas se mantienen. El propio programa de la ONU para la alimentación señala que uno de cada nueve seres humanos no consume los alimentos necesarios para llevar una vida sana y activa, con la agravante de que ahora a la mala alimentación hay que agregar los padecimientos —diabetes y males cardiovasculares sobre todo— derivados del sobrepeso y la obesidad y que obligan a desviar para su atención recursos que debían emplearse en combatir el hambre y la desnutrición.

Lo peor del asunto es que ya no son sólo jóvenes y adultos quienes sufren sobrepeso y obesidad, sino también los niños. Estima la OMS en más de 42 millones la cantidad de niños con sobrepeso en todo el mundo, con el consiguiente riesgo de sufrir diabetes y enfermedades cardiovasculares a edades más tempranas e incluso de morir prematuramente. De hecho, la OMS considera la obesidad infantil uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI.

Vivimos, pues, una auténtica pandemia de obesidad. El nuestro parece ser el siglo de los gordos.

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Como si no hubiera razones suficientes para evitar el sobrepeso y la obesidad —que en México han alcanzado ya proporciones epidémicas en los últimos 20 ó 25 años—, hay una más, que interesa especialmente a las mujeres: tener un peso por encima de lo normal incrementa las posibilidades de padecer artritis reumatoide, una enfermedad extremadamente molesta, dolorosa e incapacitante.

Por Juan José Morales

Gorditas

Cada kilo por encima del peso normal de una persona incrementa el riesgo de padecer artri-tis reumatoide, una enfermedad que afecta especialmente a las mujeres y que puede incapacitar casi por completo al paciente, además de ocasionarle severas molestias y dolores.

Este tipo de artritis —que es diferente a la osteoartritis o artritis degenerativa, que es la más común— produce una fuerte inflamación de las articulaciones, sobre todo en manos y pies, y llega a reducir considerablemente la capacidad de movimientos del paciente. Se presenta en general a partir de los 40 años y se estima que, en Latinoamérica, afecta a cerca del 3% de la población. Pero son las mujeres sus principales víctimas. Por cada paciente del sexo masculino, hay siete u ocho del sexo femenino. Al parecer, esa diferencia es consecuencia de factores hormonales.

La osteoartritis o artritis degenerativa, como decíamos, es principalmente una consecuencia del envejecimiento, que entre otras cosas va deteriorando las articulaciones con el paso del tiempo. Por lo general no es muy severa y se desarrolla lentamente. En cambio, la artritis reumatoide —cuyas causas no se conocen con precisión y puede presentarse a cualquier edad aunque, como decíamos, es más común de los 40 años en adelante — es lo que los médicos denominan una enfermedad autoinmune. Se debe a que el sistema de defensa del cuerpo no funciona bien y, por decir así, reacciona contra sí mismo. A menudo se desarrolla con rapidez, puede ocasionar severas deformaciones y fuertes dolores y a veces afecta los órganos y sistemas internos.

Pero por ahora lo que nos interesa no son tanto los síntomas o la causa de este padecimiento sino su relación con la obesidad. La Dra. Virginia Pascual Ramos, investigadora del Servicio de Inmunología y Reumatología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), destacó en una reciente reunión en la UNAM, que existe una relación entre obesidad y artritis reumatoide en cuanto a que entre las personas pasadas de peso es más frecuente ese padecimiento. Al parecer, tal conexión se debe a que el tejido adiposo —las “llantitas”, la grasa acumulada en el cuerpo— actúa como un órgano aberrante que propicia la inflamación de las articulaciones y una disminución en la efectividad del sistema inmune. Asimismo, desde hace tiempo se sabe que el tabaquismo parece incrementar la posibilidad de sufrir artritis. Y sobra decir que el sedentarismo y la falta de ejercicio afectan las articulaciones.

Por otro lado, para quienes padecen artritis —de cualquier tipo— el sobrepeso y la obesidad empeoran su condición, ya que las articulaciones se ven sometidas a mayor esfuerzo y por tanto los dolores resultan más acentuados.

De modo, pues, que si se quiere evitar esa temible enfermedad, una buena forma de lograrlo es mantenerse en los límites recomendados de peso y masa corporal y, desde luego, hacer ejercicio moderado.

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La Organización Mundial de la Salud ha lanzado la voz de alarma: la obesidad se está convirtiendo en una verdadera pandemia que afecta casi a uno de cada tres habitantes de este planeta. Y ello puede ocasionar graves problemas económicos, sociales y desde luego médicos en un futuro inmediato.

Según las estadísticas más recientes, hay en el mundo 2 mil 100 millones de personas cuyo peso está por encima de lo recomendable y de ellas mil millones o más francamente pueden considerarse obesas. Esto significa que casi el 30% de la población mundial padece sobrepeso u obesidad. Aunque, desde luego, hay naciones donde este problema es mínimo. En China, por ejemplo, sólo el 4.4% de las mujeres y el 3.8% de los hombres estaban en tal condición.

Por Juan José Morales
Pero, sobre todo, el informe señala que la obesidad ha ido en incesante aumento durante más de tres décadas, y que afecta cada vez más a las mujeres. Los países en los que ha sido mayor el incremento en el número de mujeres obesas son Egipto, Arabia Saudita, Omán y Bahrein en el mundo árabe, y Honduras en América Latina. Y en el caso de los hombres, el aumento en el número de gordos se ha registrado sobre todo en Bahrein, Kuwait y Arabia Saudita en las naciones árabes, así como en Nueva Zelanda y —como era de suponerse— en los Estados Unidos. Pero México no se salva de esta verdadera plaga. Según datos de 2012, el 37.5% de las mujeres y el 26.8% de los hombres son obesos.

Productos de la comida chatarra. El cambio en los hábitos alimenticios, con un fuerte incremento en el consumo de grasas, carbohidratos y bebidas gaseosas, es una de las causas más importantes de sobrepeso y obesidad, que ya se presentan no sólo en los países más ricos sino también en los más pobres, donde, paradójicamente, muchos de sus habitantes sufren graves problemas de desnutrición.

Para entender mejor las cosas, hay que recordar que el sobrepeso y la obesidad se determinan de acuerdo con el llamado Índice de Masa Corporal —IMC para abreviar—, el cual es una relación entre peso y estatura. Se calcula dividiendo el peso en kilogramos de la persona entre el cuadrado de su estatura en metros. Por ejemplo, si una persona mide 1.60 y pesa 60 kilos, se divide 60 entre 2.56, que es el cuadrado de 1.60, y se obtiene 2.34. Ese es su IMC. Un individuo de igual estatura que pese 80 kilos, tendría un IMC de 31.25.

Ahora bien: conforme a los parámetros establecidos por la OMS, si una persona tiene un índice de masa corporal o IMC superior a 25 se considera sobrepeso. Y si rebasa los 30, ya cae en la definición de obesidad. En los ejemplos anteriores, el primer individuo —1.60 y 60 kilos— tendría un peso normal, pero el segundo ya caería en la clasificación de obeso.

Pero el sobrepeso y la obesidad no son sólo cuestión de apariencia física, sino que tienen serias y profundas implicaciones médicas. Quien se halla excedido de peso está más expuesto a una serie de enfermedades y trastornos, como diabetes, hipertensión, osteoartritis, crecimiento anómalo del corazón, embolias y ciertos tipos de cáncer. Igualmente, es más propenso a sufrir acumulación de colesterol y triglicéridos en la sangre —lo cual conlleva el riesgo de infarto— y resistencia a la insulina, que a su vez dificulta el tratamiento de la diabetes en caso de padecerla.

Las enfermedades y trastornos derivados de la obesidad y el sobrepeso significan para los sistemas de salud una carga adicional que puede llegar a ser excesiva. En México, tanto el IMSS como el ISSSTE se ven cada día más agobiados con la atención a enfermos de diabetes y de padecimientos cardiovasculares ocasionados por la obesidad.

Si no se logra detener la expansión de esta verdadera pandemia, los sistemas de salud sencillamente colapsarán ante el número de enfermos.

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