En realidad, dejó de ser Negrito para llamarse Nito, nombre del que la publicidad dice que es corto y “con más onda”. Pero no por ello ha dejado de ser nocivo este pastelillo producido por Bimbo —la mayor empresa fabricante de golosinas del país— y dirigido especialmente al público infantil. Por su alto contenido de azúcar y grasas, puede contribuir de manera importante a crear niños gordos. Sobre todo porque su composición está planeada para, en cierto sentido, crear adicción y hacer que los niños lo apetezcan y sigan consumiéndolo.

De todo esto informa la nutrióloga Xaviera Cabada, coordinadora de Salud Alimentaria de la asociación civil El Poder del Consumidor. Al analizar el pastelillo en cuestión —que se vende en presentación de 62 gramos—, encontró que básicamente es una masa de azúcar con gran cantidad de grasa y un sinfín de compuestos químicos diversos.

Entre las triquiñuelas a que recurre este producto para burlar las normas sobre etiquetado, está el hecho de que la información nutrimental se presenta con es sumamente pequeña y en tal forma que resulta ilegible, pues el fondo es transparente dejando ver el color del panecillo, que se confunde con el de las propias letras, color café.

Por principio de cuentas, su contenido de calorías es altísimo: 252. Si se recuerda que la ingesta diaria de calorías recomendada para un adulto —no para la infancia— es de dos mil calorías, esto significa que un niño que coma dos Nitos, estará consumiendo más de la cuarta parte de las calorías de un adulto.

Desde el punto de vista nutricional, este producto es pésimo, ya que la cantidad de azúcar que contiene —más de 21 gramos en cada pastelillo— representa en promedio la totalidad de ese alimento que debe consumir diariamente un niño. Esto significa que si come un Nito, todo el azúcar que reciba de otras fuentes representará un exceso que contribuirá a causarle sobrepeso y obesidad.

Y eso sólo por lo que se refiere al azúcar. Hay que considerar además la harina refinada con que se elabora, la cual se absorbe de manera similar al azúcar, y el alto contenido de grasa del producto. Por otro lado, contiene ciertos colorantes artificiales, como rojo 40 y amarillo 5 o tartrazina, que según algunos estudios están asociados a cambios de conducta y problemas de déficit de atención en los niños, porque actúan sobre el sistema nervioso. Y para remate, es un producto ultraprocesado, elaborado con 50 ingredientes diversos, entre los cuales pueden mencionarse fosfato monocálcico, cloruro de amonio, propionato de calcio, ésteres de ácido diacetil tartárico de mono y diglicéridos, goma algadorrobo, grenetina, almidón de maíz, canela molida, carbonato de calcio, saborizante artificial, hierro triglicinado aminoquelado, zinc aminoquelado, maltodextrina, sulfato y fosfato de aluminio y sodio, sulfato de calcio y bicarbonato de sodio.

Lo que lo vuelve particularmente inadecuado para consumo infantil, empero, es su alto contenido de harina y azúcar. “Alguien que consume diaria o frecuentemente este tipo de productos excesivamente ricos en carbohidratos —dice el estudio— tiene mucho mayor riesgo de padecer obesidad. Además, se ha observado que los altos consumos de azúcar provocan adicción, por lo cual una vez que se convierte en hábito es mucho más difícil dejar de consumir.”

Dice la nutrióloga Cabada que “este tipo de productos ni siquiera se recomienda ofrecerlo como postre a un niño o una niña, ya que es elevada la cantidad de colorantes, derivados del petróleo y con impactos neurológicos en los niños y niñas, y otros aditivos”.

Por desgracia, lo que le falta de calidad nutritiva a este producto —y a otros muchos de su tipo— le sobra en manipulación mercadotécnica, con un empaque colorido y con llamativas figuras para conquistar al público infantil.

Hay, pues, que cuidarse del peligroso Negrito, cuyo nombre —dicho sea de paso— al parecer fue cambiado porque hubo quejas en el sentido de que resultaba discriminatorio.

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