Fue hace casi 120 años que los hermanos Lumière realizaron las primeras proyecciones de sus escenas de la vida cotidiana y aproximadamente 90 que Robert J. Flaherty contó al mundo la historia de Nanook del Norte. El documental ha existido desde los inicios del cine para satisfacer la curiosidad humana y acercarnos a mundos que de otro modo jamás conoceríamos.

En el transcurso de ese tiempo los avances tecnológicos han permitido también cambios radicales en la forma de mostrar la realidad al público. Las posibilidades son casi infinitas, delimitadas únicamente por el contenido informativo y la necesidad creativa del director. Esto suele ser influenciado por el contexto cultural de los realizadores y, por ello, en Estados Unidos abundan documentales sobre grandes empresas, política y manipulación de la información. En ellos, la dinámica y ocasionalmente irónica narración suele ir acompañada de gráficos, animaciones, entrevistas, música y otros diversos métodos para entretener además de informar. En México suele optarse por utilizar recursos más sencillos: abundan por ejemplo los documentales apoyados únicamente por imágenes de archivo y testimonios, muchas veces sin otra narración que los mudos y sobrios intertítulos. Otros, por su parte, buscan relatar los hechos a partir de entrevistas, recreaciones, música e imágenes alegóricas que suplementan la documentación.

Por supuesto, cualquier estilo es válido, pues el fin último de un documental es tomar algún aspecto de la realidad (un acontecimiento, una circunstancia, un fenómeno, una biografía) y registrarlo de modo que pueda informar o quizá hasta cambiar la perspectiva del espectador. Sin embargo, la relevancia, intensidad y belleza de un documental pueden ampliarse si se utilizan adecuadamente los recursos cinematográficos que erróneamente se considerarían herramientas de la ficción. Aprovechar el montaje, la musicalización y la fotografía son signos de una preocupación estética. Esto no necesariamente implica una manipulación de la realidad (todo documental e incluso el acto mismo de encuadrar es una alteración), siempre y cuando no sea de manera deliberada, sino la búsqueda de unir la relevancia informativa con la belleza cinematográfica. Claro está, el tema es controvertido y siempre estará abierto a debate: numerosos teóricos y cineastas han opinado sobre la necesidad de que el cine sea lo más real y objetivo posible, lo que restringiría el uso de recursos más allá del encuadre de la cámara.

Sin embargo es indudable que, según el tema que un director aborde, se presentarán diversas posibilidades para plantearlo: un hecho violento que se registre en el momento que ocurre (como una guerra) no dará pie a la búsqueda de un encuadre estético; en cambio, la biografía sobre un destacado cineasta prácticamente implora por aprovechar de la mejor manera posible los recursos cinematográficos.

Aunque hay numerosos documentales sobre la vida de algún músico o actor reconocido, en nuestro país los temas más comunes son la política o las problemáticas sociales (casi siempre ambos tomados de la mano), probablemente debido a nuestra historia nacional. Sin embargo, ello no debería competir con la innovación y la realización de documentales que también sean visualmente atractivos. La intención es, pues, no estancarse en el formato del “testimonio-imagen de archivo” y alcanzar proyectos estéticamente interesantes.

Twitter: @juanoctambulo

Publicado en festivalambulante.blogspot.mx