A propósito de nuestro reciente artículo sobre el pequeño murciélago de cara arrugada o Centurio senex, un lector de Tizimín nos pregunta cuál es el mayor murciélago que tenemos por estos rumbos del Mayab. Respuesta: el que los científicos denominan Vampyrum spectrum y en el lenguaje popular se conoce como falso vampiro o vampiro espectral. Los adultos miden normalmente 80 ó 90 centímetros de punta a punta de las alas y se han colectado ejemplares hasta de un metro.

Juan José Morales

Pero, pese a su truculento nombre y sus descomunales dimensiones, es totalmente inofensivo para el ser humano, aunque no para otras criaturas de sangre caliente. Se le llamó Vampyrum porque en un principio se creyó que era hematófago —es decir, que se alimentaba con sangre— al igual que el vampiro de patas pelonas Desmodus rotundus o el de patas peludas, Diphylla ecaudata, que también existen en la península.

La foto, cortesía de Cristina Peñaloza, del Instituto de Biología de la UNAM, muestra el descomunal tamaño y el impresionante aspecto del falso vampiro. Es típicamente tropical. Habita desde Veracruz y el sureste de México, hasta Perú y la región central del Brasil. Pero la deforestación y su baja capacidad reproductiva —tiene sólo una cría por año— amenazan su sobrevivencia.

La foto, cortesía de Cristina Peñaloza, del Instituto de Biología de la UNAM, muestra el descomunal tamaño y el impresionante aspecto del falso vampiro. Es típicamente tropical. Habita desde Veracruz y el sureste de México, hasta Perú y la región central del Brasil. Pero la deforestación y su baja capacidad reproductiva —tiene sólo una cría por año— amenazan su sobrevivencia.

Pronto se comprobó que en realidad es carnívoro. Devora todo tipo de pequeños animales, desde insectos de considerable tamaño tales como grillos, cigarras y orugas, hasta ratones, crías de tlacuache, ardillas pequeñas y mamíferos en general —inclusive otros murciélagos menores que él—, pasando por ranas, serpientes, pájaros y otras aves, anfibios y reptiles. Prácticamente no desdeña ningún animal al que pueda darle caza. En YouTube puede verse un interesante video subido por el Dr. Rodrigo Medellín, especialista en murciélagos del Instituto de Biología de la UNAM, que muestra a uno de estos murciélagos devorando a otro más pequeño.

Sin embargo, no obstante su tamaño y sus hábitos carnívoros, no está emparentado con los grandes murciélagos de dieta semejante y también llamados falsos vampiros del Viejo Mundo, que pertenecen a una familia zoológica diferente.

Como decíamos, es notable por su gran tamaño. El largo de su cuerpo oscila entre 12 y 15 centímetros, su peso va de los 150 gramos a cerca de 200 y mide comúnmente unos 80 centímetros de envergadura. Se distingue por su largo hocico y sus grandes orejas redondeadas, de unos cuatro centímetros de largo, que cuando las dobla hacia el frente le llegan hasta el extremo de la nariz. También posee una hoja nasal bastante grande, de más de centímetro y medio.

Como todo buen murciélago, sus correrías las realiza durante la noche, volando ágilmente entre la maraña de troncos, ramas y lianas en competencia con búhos y lechuzas. Puede patrullar entre la arboleda o sus cercanías para detectar posibles presas y lanzarse sorpresivamente sobre ellas, o mantenerse al acecho colgado en alguna rama. Atrapa incluso aves y otros animales que en las horas nocturnas permanecen dormidos o descansando, sin que hasta ahora se haya podido saber cómo logra detectarlos en esas condiciones.

Para sujetar a sus presas utiliza las robustas patas, rematadas por garras largas y curvadas. Y para devorarlas, se vale de los dientes, también grandes y fuertes.

Pero si bien es un temible depredador, también le toca el papel de víctima. Ocasionalmente los adultos son presa de búhos y lechuzas que los atrapan al vuelo durante sus andanzas, y a las crías las capturan serpientes y otros murciélagos.

El día lo pasa normalmente entre los árboles, pero no es raro verlo en cuevas, troncos huecos e incluso en construcciones humanas. Se le encuentra casi en todo tipo de vegetación, desde las selvas altas hasta los humedales, a condición de que haya alguna fuente de agua próxima y forma pequeños grupos familiares de hasta cinco individuos integrados por un macho y una hembra y dos o tres crías jóvenes.

Es más bien escaso, y en la llamada Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en la cual se registra a las especies amenazadas o en peligro, el falso vampiro aparece en la categoría de casi amenazado. En México se le considera en peligro de extinción. Por falta de estudios suficientes, no se sabe, sin embargo, si sus poblaciones están disminuyendo, pero es muy probable que así sea debido a la deforestación.

Este es, pues, el falso vampiro, el mayor murciélago de la península y del continente americano en general.

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Para empezar 2016 —que según los pesimistas será peor que 2015 y según los optimistas mejor que 2017—, hoy hablaremos de un miembro poco conocido de la fauna de la península de Yucatán, pero notable por dos características: su aspecto y su mordida.

Juan José Morales

A mucha gente el aspecto del Centurio senex quizá podría resultarle repulsivo o aterrador. Sin embargo, es totalmente inofensivo. Si bien puede morder para defenderse, no ataca a seres humanos ni animales. Su dieta consiste única y exclusivamente en frutas, de preferencia muy suaves y jugosas, como plátanos y mangos. Foto cortesía del biólogo Jesús Antonio Iglesias.

A mucha gente el aspecto del Centurio senex quizá podría resultarle repulsivo o aterrador. Sin embargo, es totalmente inofensivo. Si bien puede morder para defenderse, no ataca a seres humanos ni animales. Su dieta consiste única y exclusivamente en frutas, de preferencia muy suaves y jugosas, como plátanos y mangos. Foto cortesía del biólogo Jesús Antonio Iglesias.

Se trata del murciélago de cara arrugada, o Centurio senex en la terminología científica, al cual basta verlo para entender la razón de su nombre común, pues tiene la piel del rostro llena de pliegues y arrugas que le dan una apariencia muy extraña y grotesca, como la de un anciano de muy avanzada edad. A esta característica obedece también su nombre científico, pues en latín Centurio significa cien, y senex anciano o persona de muy avanzada edad. Es decir, su nombre científico equivale a anciano centenario.

No resulta fácil verlo, sin embargo, salvo en fotografía. Aunque está ampliamente distribuido desde el sureste de México hasta Venezuela así como en las islas de Trinidad y Tobago en el Caribe, es muy escaso en toda el área. En las colectas realizadas por los biólogos generalmente el número de ejemplares de esta especie representa sólo entre uno y dos por ciento del total de murciélagos capturados. Durante un estudio realizado en Campeche, por ejemplo, entre los casi dos mil que cayeron en las redes, únicamente 37 —o sea menos del 2%— eran Centurio senex.

El hecho de ser tan escaso en todas partes, hace que sus poblaciones resulten vulnerables a cambios en el hábitat, aunque no se le considera una especie amenazada o en peligro. También, como resultado del reducido número de ejemplares que se capturan durante los estudios, hay todavía muchas lagunas en el conocimiento de su anatomía, hábitos reproductivos, proporción de sexos, detalles de su alimentación y otros aspectos de su vida.

Se sabe, sin embargo, que acostumbra pasar las horas diurnas entre el follaje de los árboles y que es frugívoro. Prefiere frutos tiernos y jugosos, y aparentemente la gran cantidad de arrugas y pliegues de su cara ayuda a que el líquido de las frutas escurra hacia su boca. Un detalle peculiar de esos pliegues, es que cuando está en reposo la piel del cuello se extiende para cubrirle por entero el rostro como una máscara, salvo por dos agujeros que le permiten respirar. No se sabe a qué se debe esta singularidad. Un detalle notable es que la piel, en la parte que queda sobre los ojos, posee unos sectores translúcidos que le permiten percibir la luz, y por tanto poder advertir algún posible peligro. Como complemento de ello, las alas, con las que se envuelve mientras permanece colgado reposando, tienen también sectores translúcidos. Los machos, además, poseen unos pliegues adicionales que alojan glándulas odoríferas, cuyo olor presumiblemente tiene funciones de atrayente sexual durante el cortejo y el apareamiento.

Es un animal de selva. Se le encuentra tanto en las selvas altas y medianas, como en las bajas y semisecas —ocasionalmente también en zonas de escasa vegetación arbórea— y desde el nivel del mar hasta 1 400 metros de altitud, aunque usualmente a menos de mil.

Aunque pertenece a la extensa familia de los filostómidos —un grupo de murciélagos que se caracterizan por tener en la punta del hocico una protuberancia en forma de hoja que les sirve para modular y orientar las ondas ultrasónicas con que localizan obstáculos y presas—, carece de esa hoja nasal. También, la nariz es muy pequeña y en cambio los ojos son bastante grandes.

Como decíamos, es mucho lo que se ignora acerca de su comportamiento, pero al parecer es polígamo y forma grupos de varias hembras con un macho dominante.

Y si bien hay otros murciélagos que podrían disputarle al de cara arrugada, el Centurio senex, la distinción de ser el más feo de todos, no cabe la menor duda de que, tomando en cuenta su pequeño tamaño —pesa sólo 22.5 gramos en promedio— supera a cualquier otro por la tremenda fuerza de su mordida. Sus poderosas mandíbulas pueden ejercer una increíble presión de once kilos, mucho más fuerte que la de murciélagos considerablemente mayores. Esto le permite morder y trozar frutos verdes, muy duros, que otros murciélagos frugívoros de similar tamaño no podrían comer. Durofagia llaman los biólogos a esta capacidad para alimentarse con frutos particularmente duros, y por supuesto le resulta muy ventajosa a nuestro murcielaguito en la búsqueda de comida.

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De acuerdo con el más reciente listado zoológico, en Yucatán hay en total 128 especies de mamíferos registrados por la ciencia. Así se señala en un estudio realizado por investigadores de Yucatán y Veracruz, recientemente publicado en la Revista Mexicana de Mastozoología.

No es de extrañar que de tales especies, el mayor número, 43, o sea la tercera parte, corresponda a quirópteros. Es decir, a murciélagos. Después de todo, de estos caballeros de las tinieblas hay en todo el mundo una gran cantidad de especies —sobre todo en las zonas tropicales—, pero precisamente porque son nocturnos y el día lo pasan recluidos en lo profundo de cuevas o en otros sitios similares, la gente usualmente tiene de ellos sólo fugaces visiones y no se percata de su diversidad ni su número.

Por Juan José Morales

Tampoco sorprenderá a nadie enterarse de que —aunque muchos son pequeños ratones que únicamente los campesinos conocen— tenemos en tierras del Mayab un gran número de especies de roedores: 19, que representan el 15% del total de mamíferos.

Pero lo que sí seguramente resultará una sorpresa para muchos, es que el segundo lugar en número de especies de mamíferos de Yucatán después de los murciélagos, lo ocupan los cetáceos. Es decir, esos animales marinos que la gente popularmente conoce como delfines, toninas, bufeos y ballenas. Son en total 27, o sea la quinta parte.

Lo que ocurre es que la gente casi nunca los ve, pues usualmente rondan más o menos lejos de la costa y acostumbran sumergirse por períodos relativamente largos en busca de alimento o cuando se sienten amenazados,

A mucha gente podrá parecer extraño que esta sea una ballena adulta, pues usualmente se piensa que todos esos animales son de enormes dimensiones. Pero se trata del llamado cachalote enano, Kogia sima. Su peso anda por los 250 kilos y su longitud apenas rebasa los dos metros. Es uno de los cetáceos que tenemos en aguas de la península, pero es raro verlo, pues usualmente se mantiene lejos de la costa. Lo que se sabe sobre él proviene principalmente del estudio de ejemplares varados en la playa.

En nuestras aguas pueden observarse incluso el enorme cachalote, la famosa orca —truculentamente llamada ballena asesina—, el gigantesco rorcual —que por su tamaño descomunal resulta comparable con la ballena azul—, el diminuto cachalote enano y el clásico delfín del cine y la televisión, conocido localmente como bufeo o soplador.

Y es que por lo general se piensa que las ballenas sólo viven en las regiones polares y todas son gigantescas. Pero muchas son cosmopolitas y pueden encontrarse en aguas tropicales y subtropicales. Algunas incluso eluden los mares muy fríos, como es el caso de la ballena picuda o de Cuvier Ziphius cavirostris, también llamada sifio.

En cuanto a tamaño, las hay bastante pequeñas. Por ejemplo, el cachalote enano Kogia sima, que puede verse en aguas peninsulares y mide apenas 2.7 metros de talla máxima y 270 kilos. Un manatí, que puede medir 4.5 metros y pesar más de tonelada y media, resulta bastante mayor que esta ballena.

Desde luego, también hay en las aguas peninsulares cetáceos de gran tamaño. Por ejemplo, el cachalote o ballena de esperma Physeter macrocephalus, que también ha sido observado en las proximidades de la península. Puede superar los 18 metros, aunque usualmente mide unos 15, con peso de 43 toneladas.

Otro cetáceo de enormes dimensiones que se puede ver en los alrededores de la península —aunque tampoco muy cerca de la costa— es el rorcual común o ballena de aleta Balaenoptera physalus. Esta, por cierto, es la más común de todas las ballenas. Llega a medir más de 24 metros y sólo la supera en tamaño la gran ballena azul, con la que frecuentemente se le confunde. Y no sólo es de las más grandes, sino también una de las más veloces. Puede desarrollar más de 30 kilómetros por hora en trechos cortos y se le ha visto cubrir casi 300 kilómetros en un día.

Como se ve, la zoología peninsular ofrece algunas interesantes sorpresas.

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Poco más de cien kilómetros al poniente de Chetumal, cerca de la carretera que conduce a Escárcega, se abre la boca de la cueva de Ba-lam Kú. A primera vista, parece tan sólo una más entre las incontables oquedades de los más diversos tamaños que por miles salpican el territorio peninsular, tan lleno de grutas, cuevas, cenotes, hondonadas y cavernas, que más parece queso Gruyere que roca sólida.

Al acercarse el crepúsculo, comienzan a surgir de la cueva verdaderos torrentes de murciélagos que se dispersan por una amplia zona de los alrededores en busca de alimento. Foto cortesía del Grupo Espeleológico de Investigación Ajau de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Pero ese es un lugar muy especial, una de las grandes maravillas naturales de México. Cada día, al llegar el crepúsculo, como ha venido ocurriendo invariable y puntualmente desde hace cientos de siglos, de esa abertura empiezan a brotar murciélagos. Miles y miles, en un verdadero río que pronto se convierte en nube y finalmente se dispersa por los alrededores.

Aquel torrente de alas batientes no cesa durante más de una hora; a veces se prolonga por más de hora y media, y visto de lejos parece una columna de humo. Por ello a Balam Kú se le ha llamado también El Volcán de los Murciélagos. Y es que, según la época del año, esa cueva es el hogar de entre uno y 2.3 millones de murciélagos —o quirópteros, si así se prefiere llamarlos— de siete especies diferentes.

Entrada al Volcán de los Murciélagos. Su tamaño puede apreciarse por comparación con el espeleólogo que desciende hacia ella. En la época de apareamiento, tras el nacimiento de las crías, el número de ejemplares que ahí se refugian puede llegar a 2.3 millones. Foto cortesía del Grupo Espeleológico de Investigación Ajau de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Para tener una idea de lo que estas cifras significan, basta decir que la famosa colonia de murciélagos que habita la caverna de Carlsbad, en Nuevo México, Estados Unidos —considerada excepcionalmente grande—, es de un millón de individuos.

Dos habitantes de la cueva. El murciélago orejón Nyctinomops laticaudatus. Es insectívoro y se mueve con gran velocidad y agilidad entre la espesura de la selva. Foto cortesía de Brock Fenton.

El murciélago bigotón Pteronotus parnellii. A pesar del aterrador aspecto que le da su dentadura, es totalmente inofensivo para el hombre, pero temible para los insectos, de los cuales es un activo depredador. Foto cortesía de Brock Fenton.

Pero no es sólo cuestión de números. Si bien estos animales nocturnos acostumbran refugiarse durante el día en grandes cantidades en cuevas, grutas y cavernas, ello ocurre sobre todo en regiones de clima templado. En zonas tropicales, como la península de Yucatán, son más bien escasas las cuevas donde se congreguen más de 50 mil individuos. En ese sentido, el Volcán de los Murciélagos resulta realmente extraordinario.

Por otro lado, es también muy raro que en una misma cueva se refugien más de dos especies de quirópteros. Los de Carlsbad, por ejemplo, son casi todos de la especie Tadarida brasiliensis, popularmente conocido como murciélago guanero o cola de ratón, que es uno de los más abundantes y ampliamente distribuidos en el continente americano. En cambio, Balam Kú es, como decíamos, el hogar de siete especies.

Bigotudos, barbudos y fantasmales

El más abundante —30% del total de individuos, según han determinado los biólogos— es el que popularmente se conoce como murciélago bigotudo, o Pteronotus parnellii en la clasificación científica. Más bien pequeño —entre 5.8 y 7 centímetros de largo— y de color café oscuro, a veces anaranjado, recibe su nombre común por los prominentes pelos rígidos que ostenta a los lados de la boca, bajo la cual hay también un curioso pliegue de la piel. Es insectívoro y se le encuentra en una vasta región del continente americano, desde Sonora hasta Brasil.

Los murciélagos acostumbran descansar y dormir colgados boca abajo porque de ese modo, con sólo dejarse caer, pueden emprender el vuelo. Hacerlo desde el suelo les resulta casi imposible por lo estorbosas que les resultan, para correr, sus larguísimos dedos, entre los cuales se extiende la membrana alar. En la foto, ejemplares de murciélago fantasma Mormoops megalophyllam. Foto cortesía de Ariany García.

El segundo lugar por abundancia entre los caballeros de las tinieblas que se hospedan en Balam Kú, con el 27% del total, lo ocupa el Mormoops megalophyllam, comúnmente llamado murciélago fantasma y murciélago barbudo. Ambos nombres se deben a que posee unos pliegues de piel colgantes en la barbilla y los cachetes, semejantes a una barba, y grandes orejas redondas unidas en la frente, así como una nariz extremadamente chata, todo lo cual le da una extraña y fantasmagórica apariencia. Es también insectívoro, pero se alimenta casi exclusivamente con grandes mariposas nocturnas.

Casi en la misma proporción —24% del total de inquilinos— se encuentra el murciélago orejón Nyctinomops laticaudatus, relativamente grande —poco más de 10 centímetros de largo—, que se caracteriza porque sus “alas” son casi transparentes. Es un voraz depredador de escarabajos.

Las otras cuatro especies que se hospedan en El Volcán de los Murciélagos son el Pteronotus davyi, llamado murciélago de espalda desnuda porque carece de pelaje en el dorso, el pequeño y delicado Natalus stramineus —que pesa entre 3 y 5 gramos y no llega a cinco centímetros de largo—, el murcielaguito de patas peludas Myotis keaysi —insectívoros todos ellos— y el murciélago siricotero o mielero Glossophaga soricina, que se alimenta con néctar, frutos e insectos.

El Volcán de los Murciélagos sin duda fue conocido por los antiguos mayas, pues muy cerca se encuentran zonas arqueológicas como la de Calakmul, que fue una gran metrópoli. Pero la cueva fue redescubierta en tiempos recientes, y desde entonces ha sido estudiada por investigadores de la Unidad Chetumal de El Colegio de la Frontera Sur, el Grupo Espeleológico de Investigación Ajau de la Universidad Autónoma de Yucatán con participación de espeleólogos de la UNAM, la Universidad Autónoma de Campeche y otros grupos e instituciones, la Universidad Veracruzana y la Comisión Federal de Electricidad. Estas últimas realizaron una amplia investigación, no sólo de la cueva sino de toda el área circundante, durante los trabajos previos al tendido de una nueva línea de alto voltaje que cruza la zona.

El peligro de la histoplasmosis

El lugar no es un atractivo turístico, ni se recomienda visitarlo, por los riesgos que implica entrar a él. Aún para espeleólogos experimentados, el recorrido resulta difícil y exige el máximo de precauciones, una cuidadosa planeación y el uso de equipo de protección especializado. El mayor peligro al que se exponen los visitantes, es el de contraer histoplasmosis, una enfermedad infecciosa que ataca a los pulmones y es causada al aspirar las esporas de cierto hongo microscópico denominado Histoplasma capsulatum, muy abundante en las cuevas donde hay grandes concentraciones de murciélagos, ya que prospera en un ambiente cálido, húmedo y rico en materia orgánica, como lo es la acumulación de excrementos de esos animales. El padecimiento puede llegar a ser bastante serio y difícil de tratar, y por ello se recomienda abstenerse de entrar sin adecuada protección a cuevas donde haya colonias de ellos.

Espeleólogos del grupo de investigación Ajau preparándose para ingresar a la cueva. Botas, overol de cuerpo entero, anteojos, guantes, casco y máscara respiratoria, amén de linternas, cuerdas y otros implementos, son indispensables para afrontar los peligros que encontrarán en el interior, especialmente el de la histoplasmosis. Foto cortesía del mismo grupo.

Igualmente, en El Volcán de los Murciélagos los científicos han encontrado sectores con altas concentraciones de dióxido de carbono y de metano, resultantes de la descomposición de los excrementos. Ambos gases pueden causar asfixia a una persona.

Finalmente, según informan los exploradores de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán, en algunos tramos de la cueva hay tal cantidad de garrapatas que literalmente se camina sobre ellas como si fueran una alfombra, sin pisar el suelo.

Lo recomendable respecto de la cueva de Balam Kú es mantenerla en su estado original, pues tiene una extraordinaria importancia científica. De hecho, como señalan los investigadores de la Universidad Veracruzana, está considerada una de las diez cuevas cuya conservación resulta prioritaria en México. Incluso, el trazo de la línea de transmisión eléctrica fue modificado para no afectar las poblaciones de murciélagos de ese sitio.

Es conveniente señalar, por lo demás, que en la región de Calakmul se ha registrado mayor cantidad de especies de murciélagos que en cualquier otra de la península de Yucatán. Por ello, los científicos han propuesto crear ahí una zona especial para la conservación de estos mamíferos voladores. El Volcán de los Murciélagos resulta un sitio clave en esos esfuerzos.

Auxiliándose con una lupa de relojero para observar los pequeños detalles del animal, un investigador de la UADY examina un murciélago siricotero o mielero Glossophaga soricina. Los murciélagos de esta especie son importantes polinizadores de las plantas de la selva. Foto cortesía del Grupo Espeleológico de Investigación Ajau.

Y, ciertamente, vale la pena proteger y conservar tal maravilla natural, sobre todo porque a la vez sus habitantes ayudarían a proteger y conservar las selvas del sur de la península, que se encuentran en excelente estado. Los murciélagos insectívoros —hay que recordarlo— combaten plagas de los árboles, como los escarabajos descortezadores y los gusanos barrenadores. Por su parte, los frugívoros contribuyen a propagar semillas al dejarlas caer después de comer la pulpa de los frutos, en tanto que los nectarívoros cumplen un papel similar al de las abejas al transportar polen de una flor a otra y así fecundar las plantas. De hecho, puede decirse que si en el sur de la península tenemos selvas tan exuberantes, ello se debe en buena parte al trabajo de esos injustamente mal afamados y temidos animales.

La mayoría de los murciélagos son bastante pequeños, aunque en vuelo parecen mayores al tener las alas desplegadas. Un ejemplar de murciélago de espalda desnuda Pteronotus davyi.

Al Volcán de los Murciélagos, en fin, hay que dejarlo como está. Si acaso, se podría establecer en sus cercanías algunos miradores para quienes deseen contemplar el espectáculo de la cotidiana salida de sus moradores, pero de ningún modo acondicionar el interior para visitas turísticas, pues ello afectaría seriamente a sus huéspedes ancestrales y pondría en peligro a los visitantes.

      Los murciélagos y los mayas
    El murciélago, llamado zotz o zoodz en maya, fue un animal muy importante en la mitología de los mayas prehispánicos, como lo demuestran las abundantes piezas de cerámica en las cuales aparece una diversidad de representaciones de estos animales, bastante realistas en el dibujo de sus rasgos distintivos, como la cola, las orejas o la llamada hoja nasal. Ejemplos de ello —se dice en el libro Los Murciélagos de Calakmul, editado por la CFE y la Universidad Veracruzana— son un silbato hallado en la Isla de Jaina en Campeche, que muestra una figura antropozoomorfa, combinación de cabeza de murciélago con tocado y cuerpo de humano, o el plato de Balam Kú, con cuatro murciélagos pintados. También —agregan los autores— en el Chilam Balam, el libro sagrado de los mayas, se mencionan dos grandes demonios murciélagos, Chac uayab zoodz, que descendieron y “chuparon la miel de la flor”.

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