Desde hace cosa de un año, y por causa todavía desconocidas, ha estado ocurriendo una generalizada mortandad de estrellas de mar a lo largo de las costas de Estados Unidos. El fenómeno —conocido por los biólogos como síndrome de consunción o desgaste (wasting syndrome en inglés)— se caracteriza porque primero aparece una lesión en el cuerpo del animal, los tejidos se van destruyendo a partir de esa lesión, los brazos de la estrella se desprenden, y hay un debilitamiento generalizado hasta que muere y se descompone rápidamente.

Por Juan José Morales

Este síndrome ya había sido observado antes, pero nunca en los casos previos alcanzó tal magnitud. En el brote actual, el mal se extiende con gran rapidez, causa la muerte de los animales en sólo unos días, resulta mortal hasta en un 95% de los casos, y afecta a gran número de especies, aunque principalmente a la estrella púrpura Pisaster ochraceus, y a la estrella girasol o sol de mar Pycnopodia helianthoides, de una veintena de brazos y cambiantes colores, que puede alcanzar hasta un metro de diámetro.

Una estrella sol de la especie Solaster dawsoni afectada por el síndrome de consunción o desgaste. Aunque todavía está viva, ha perdido por completo su fuerza y tiene un aspecto exangüe, como si estuviera desinflándose. El cuerpo ya comenzó a fragmentarse, los brazos están a punto de desprenderse y pronto terminará desintegrándose. Todo ello ocurre en el lapso de unos cuantos días.

Inicialmente, el síndrome se presentó en el litoral del Pacífico, desde Alaska hasta California (no se sabe si lo mismo ocurre más al sur, en la Baja California). Luego, también se observó, aunque con menor intensidad, en la costa del Atlántico, en el noreste de Estados Unidos.

No faltaron quienes, precipitadamente, atribuyeron el fenómeno a escapes de radiactividad del reactor nuclear de Fukushima, destruido por un maremoto en 2011, pero pronto esa explicación fue descartada. Su causa parece ser una bacteria, aunque algunos investigadores se inclinan más bien por un virus.

Sea como sea, la epizootia está diezmando las poblaciones de estrellas de mar, y ello puede tener profundas consecuencias en los ecosistemas marinos, ya que los asteroideos o estrellas de mar —de los cuales hay cerca de dos mil especies en todos los océanos— son importantes depredadores y a la vez sus larvas sirven de alimento a muchos animales. Si sus poblaciones se reducen significativamente, puede haber una proliferación de otras especies a las cuales ahora mantienen bajo control.

En tiempos recientes se presentó un problema semejante, relacionado con un pariente de las estrellas de mar: el erizo negro Diadema antillarum, de largas y puntiagudas espinas, muy común en los arrecifes coralinos del Caribe. Este equinodermo es un gran consumidor de algas y ayudaba a mantener libres de ellas a las formaciones de coral, pero en la década de los 80 del siglo pasado, hubo una gran mortandad de erizos —atribuida al calentamiento global— y como resultado grandes cantidades de algas invadieron los arrecifes y causaron la muerte a numerosos corales.

Como detalle curioso, y para terminar, puede señalarse que las estrellas de mar se alimentan de una manera muy peculiar: sacan el estómago por una abertura a manera de boca rudimentaria situada en la confluencia de sus brazos, lo extienden sobre el animal que van a devorar, lo ablandan y digieren con sus jugos digestivos, lo absorben y finalmente retraen el estómago hacia el interior del cuerpo. Desde luego, con este método sólo pueden atacar animales que viven fijos o son de movimientos excepcionalmente lentos.

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