El asunto data de hace ya más de un tercio de siglo, y ha sido desmentido una y mil veces, pero sigue siendo explotado por vividores y charlatanes que sacan provecho de la credulidad de la gente.

Nos referimos al trillado asunto del llamado rostro marciano, una supuesta escultura gigante que —se dice— muestra una cara humana en el desolado paisaje de Marte y que, naturalmente, sólo puede haber sido obra de unos inteligentes y laboriosos marcianos, aunque no hombrecillos verdes y de grotesco aspecto, sino igualitos a nosotros, como lo demuestra la imagen que ahí plantaron en el remoto pasado.

Por Juan José Morales

En esta fotografía de alta resolución, que muestra detalladamente el supuesto rostro marciano, puede apreciarse que la formación geológica bautizada como el rostro marciano no presenta rasgos humanos como parecía en la imagen que se muestra en el inserto, tomada en 1971 con una cámara menos poderosa y en la cual la falta de detalles y la disposición de las sombras hacían pensar en una cara. Así surgió el mito, explotado hasta la náusea por toda clase de embusteros, de que Marte albergó o recibió la visita de seres inteligentes que con esa escultura colosal dejaron huella de su existencia.

El rostro de marras es de esos engaños que llegaron para quedarse, y que hábilmente manejado por charlatanes sigue apareciendo y reapareciendo en los medios de comunicación. Hace poco, me lo encontré como tema central de un programa de televisión en una de esas cadenas norteamericanas que simulan difundir información científica, con las inevitables especulaciones sobre una civilización marciana ya desaparecida, que alcanzó sin embargo a dejarnos esa irrefutable prueba de su existencia.

A decir verdad, los marcianos de esta historia no parecen haber sido ni muy laboriosos ni muy inteligentes si todo —absolutamente todo— lo que hicieron fue esculpir ese monumento colosal de tres kilómetros de largo por uno y medio de ancho. Porque en la vastedad de la superficie marciana —que ha sido sobrevolada y fotografiada minuciosamente por distintas naves exploradoras— no se encontró absolutamente ninguna otra obra de esa hipotética civilización.

El asunto, como decíamos, comenzó hace más de un tercio de siglo, en 1971, cuando la nave Vikingo I de la NASA sobrevolaba cierta región de Marte denominada Cidonia, en busca de un sitio apropiado para el descenso de su gemela, la Vikingo 2. En una de las fotografías que tomó, las sombras estaban dispuestas de tal manera que daban la impresión de que se trataba de la cara de un hombre.

Aquello era sólo una ilusión óptica, y ningún científico supuso que se trataba de otra cosa. Pero, desgraciadamente, cuando la imagen fue difundida por la NASA —junto con otras muchas—, fue acompañada de una nota en la cual se decía que se trataba de una “enorme formación rocosa… que se asemeja a una cabeza humana… formada por sombras que crean en el observador la ilusión de estar viendo ojos, nariz y boca.”

Así nació el mito, que embaucadores de todo tipo han mantenido vivito y coleando hasta la fecha, de que aquello era realmente la escultura de una cabeza humana. Se le ha sacado jugo en revistas, libros, programas de radio, documentales, conferencias, series de televisión y hasta en alguna película. De nada sirve que la NASA haya repetido hasta la saciedad que se trata de una formación geológica totalmente natural, de una pequeña meseta similar a las muchas que se encuentran en las zonas desérticas de la Tierra. De nada ha servido tampoco que en las imágenes de mucho más alta resolución de la supuesta cara tomadas por las naves exploradoras que siguieron al Vikingo I, como la Mars Global Surveyor y la Mars Odyssey, ya no se vieran aquellas sombras que creaban la impresión de ser ojos y boca.

Las nuevas y más detalladas imágenes simplemente no son tomadas en cuenta. Es más: comenzó a circular la disparatada versión, de corte conspiracionista, de que en realidad mostraban con todo detalle que ahí había una enorme cara humana, pero los científicos las habían alterado para que no se supiera. Y la vieja fotografía siguió circulando como la única, verdadera, real, auténtica, indiscutible, genuina y legítima, como la irrefutable prueba de que en Marte hubo no sólo escultores sino también —agárrese usted— constructores de pirámides

“Si nos fijamos bien en la parte inferior de la imagen —escribió alguien— podremos ver pirámides como las de Egipto. La región parece estar llena de extrañas estructuras anómalas… con sus caras relativamente lisas, triangulares, que tienen un parecido sorprendente desde el aire a las pirámides de Giza, Egipto.”

Así pues, no le extrañe que un día de estos algún charlatán salga con la novedad de que los antiguos egipcios eran en realidad marcianos que se vieron obligados a abandonar su planeta y emigrar a la Tierra para salvarse de una implacable sequía.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

El presidente de Estados Unidos Barack Obama, presentó el presupuesto de la NASA (National Aeronautics and Space Administration) para el 2013, el cual representa el fin a un acuerdo entre las agencias espaciales estadounidense y europea para cooperar en las misiones de exploración robótica a Marte. Dichas misiones estaban previstas para realizarse entre 2016 y 2018.
El administrador de la Agencia, Charles Bolden, admitió que tendrán que tomarse “duras decisiones” al recortar el acuerdo europeo, pero prometió reestructurar el programa de Marte de forma que se puedan replantear futuras misiones robóticas en 2018-2020.
“Esto quiere decir que no podremos seguir adelante con la misión Exomars, planeada para llevarse a cabo entre 2016 y 2018, que habíamos estado explorando con la Agencia Espacial Europea”, dijo Bolden.
El presupuesto fiscal del gobierno de Obama para 2013 propuso una reducción de casi un 39 % menos en el programa de exploración al planeta rojo, el cual pasaría de 587 a 361 millones de dólares.
A pesar de ello, la NASA sigue financiando otros proyectos, como el telescopio James Webb Space y un nuevo cohete capaz de propulsar naves pesadas para eventuales misiones a un asteroide en el espacio lejano.