El actor, productor y director, Diego Luna fue seleccionado para ser miembro del jurado oficial de la 61 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que entregará el máximo galardón del certamen.

El jurado oficial será presidido por el director Todd Haynes quien ha recibido múltiples premios por sus películas.
Entre los miembros que forman parte del jurado oficial se encuentra la productora uruguaya Mariela Besuievsky, el cantante y compositor David Byrne, la actriz y directora de cine italiana Valeria Bruni Tedeschi, el director y guionista catalán Cesc Gay y la actriz y directora de teatro chilena Paulina García Alfonso.

—Estoy muy feliz por la invitación al festival de san Sebastián como jurado— comentó Diego Luna. —Es un evento muy especial para mi, desde que fuimos con Y tu mama también ha sido un escaparate muy importante para mi trabajo y con Abel tuve la fortuna de recibir un par de premios hace pocos años. Estar presente ahora como jurado me dará la oportunidad de vivirlo desde otra perspectiva. Estoy ilusionado de poder ver y discutir las películas con gente como Todd Haynes a quien admiro y respeto muchísimo, afirmó.

Las películas que participan en la Sección Oficial son: Club Sándwich, del mexicano Fernando Eimbcke; Caníbal, del español Manuel Martín Cuenca; Devil’s Knot, dirigida por Atom Egoyan, Enemy, dirigida por Denis Villeneuve.

También participan, For Those Who Can Tell No Tales, de Jasmila Banic; La Herida, de Fernando Franco; Mon Áme Par Toi Guérie, de Françóis Dupeyron; October, November, dirigida por Götz Spielmann, y Pelo Malo, dirigida por Mariana Rondón.

Además, Quai D’orsay, dirigida por Bertrand Tavernier; The Railway Man, a cargo de Jonathan Teplitzky; Vivir es fácil con los ojos cerrados, dirigida por David Trueba; Le Week-End, dirigida por Roger Michell, Las Brujas de Zugarramurdi, de Alex de la Iglesia.

La sección oficial también incluye dos películas que están fuera de concurso, la película inaugural: Futbolín, de Juan José Campanella y la nueva película de Jean-Pierre Jeunet, The Young and Prodigious T.S. Spivet, que clausurará el festival.
El Festival,  que se realiza desde el 21 de septiembre de 1953, es uno de los más longevos y prestigiosos de Europa.

Entre las figuras que han acudido al festival se encuentran: Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Jean-Luc Godard, Bernardo Bertolucci, Anhony Quinn, Audrey Hepburn, Francis Ford Coppola, Fritz Lang, Robert Altman, Nicholas Ray, Elizabeth Taylor, François Truffaut, Orson Welles, Luis Buñuel, Steven Spielberg, y un sin fin de personalidades de la cinematografía mundial.

Más información sobre el festival en:  http://www.sansebastianfestival.com/index2.html

Considerado el padre del surrealismo cinematográfico, Luis Buñuel convirtió sus polémicas películas en íconos del séptimo arte y se consagró como uno de los genios del siglo XX; con este ciclo, Canal 22 recuerda al aclamado director. Todos los sábados de julio a las 10 pm.

México, D.F., a 12 de julio de 2013. Cinema 22 estrena un ciclo dedicado al innovador cineasta Luis Buñuel, autor de una filmografía de más de 30 películas que abarcan temas controversiales y géneros que van desde la comedia negra, el drama neorrealista y las cintas de carácter crítico.

buncc83uelEl sábado 13 de julio inicia el ciclo con la transmisión de la película Él (1953), una historia que gira alrededor de Francisco Galván de Montemayor, un hombre adinerado y de intachable conducta que se enamora de la prometida de su amigo Raúl, la joven Gloria. El protagonista logra conquistarla y casarse con ella, pero a medida que pasa el tiempo, los celos y la paranoia se apoderan de él, convirtiendo la vida de su esposa en un infierno.

El sábado 20 de julio se presenta Ensayo de un crimen (1955), cinta en la que se cuenta la historia de Archivaldo de la Cruz, un hombre que se ve rodeado por la muerte desde su infancia. Años más tarde, convertido en adulto, se acusa a sí mismo de ser el asesino de varias mujeres, por el hecho de haber deseado y planeado esas muertes en su imaginación.

El ciclo termina el sábado 27 de julio con la cinta El ángel exterminador (1962), donde el director hace una crítica a la sociedad que cada vez se encuentra más confundida y separada. Los instintos de supervivencia y el ponerse de acuerdo serán clave en esta historia.

Luis Buñuel Portolés nació el 22 de febrero de 1900 en Aragón, España. En 1917 ingresó a la Residencia de Estudiantes en Madrid para estudiar ingeniería, donde conoció y simpatizó con la mayoría de los estudiantes que más tarde conformarían la llamada Generación del 27; entre sus grandes amigos estaban Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salvador Dalí y José Ortega, por mencionar algunos. Más tarde, Buñuel abandonó la Ingeniería para estudiar Filosofía.

En esa época los intelectuales consideraban el cine como un burdo pasatiempo, sin embargo, Buñuel estaba cautivado y fue el único de su generación que tomó en serio la cinematografía. Entre 1922 a 1924 creó el primer cine club en España.

En aquel viaje a Francia, Buñuel conoció a diversos intelectuales como Pablo Picasso y se introdujo a una vanguardia artística con la que se identificó: el surrealismo, el cual llevó al cine. Con la ayuda económica de su madre y la colaboración de Salvador Dalí, dirigió y produjo el corto Un perro andaluz (1928), cuyas imágenes surgieron de los sueños de Dalí y Buñuel.

Más por accidente que por gusto, en 1946 llegó a México. Sus primeros años en el país filmó varias películas sin tener mucho éxito. Finalmente en 1950, en sólo 21 días filmó la que ahora es declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2003, Los olvidados.

Luis Buñuel se convirtió en ciudadano mexicano y entre 1946 y 1977 realizó 20 películas en nuestro país, entre las que destacan: Robinson Crusoe (1952), La hija del engaño (1951), Ensayo de un crimen (1955), Nazarín (1958), y La joven (1960). También filmó en Europa Viridiana (1961). En sus últimos años como director, filmó en París: Bella de día (1966), La vía láctea (1969) y El discreto encanto de la burguesía (1972). Su última película fue Ese oscuro objeto del deseo (1977).

A lo largo de su vida, Luis Buñuel recibió diversos reconocimientos por sus filmes siempre polémicos. En 1982 publicó su auto biografía Mi último suspiro. Pasó sus últimos años en su casa de la Colonia del Valle en la Ciudad de México.


La Casa Buñuel en México conmemorará el 30º Aniversario luctuoso del cineasta español Luis Buñuel, gracias al apoyo del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), la UNAM, así como de la Embajada de España en Méxicoy la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)

Organizan los talleres: Curaduría de cine y El cine como espejo; con la Cátedra Ingmar Bergman en Cine y Teatro de la UNAM, sesiones extraordinarias; entre otras actividades

Buñuel, a 30 años de su fallecimiento

Contaba Luis Buñuel en su libro de memorias “Mi último suspiro” que su único deseo tras morir era poder salir de la tumba cada diez años para comprar la prensa y volver a leerla bajo tierra.

Cuando uno visita la casa donde el maestro de Calanda residió en la Ciudad de México durante los últimos 30 años de su vida, -ubicada en la cerrada Félix Cuevas, 27. Colonia del Valle-, no puede evitar pensar que el 29 de julio se cumplen 30 años de su fallecimiento; acaso, la tercera vez que Don Luis se levante de entre los muertos para ir a comprar periódicos en cualquier esquina del Mundo.

El edificio fue diseñado por el arquitecto español Arturo Sáenz de la Calzada, compañero de Buñuel durante sus años en la Residencia de Estudiantes. En esta casa, paralela a la avenida Insurgentes –una de las arterias principales del DF-, y bien comunicada con los Estudios Churubusco -set de muchos de sus filmes mexicanos-, Luis Buñuel residió desde 1952 hasta 1983. Se puede afirmar que fue la residencia permanente más importante que tuvo a lo largo de su errante vida.

Tras su muerte, la casa siguió siendo habitada por su viuda, Jeanne Rucar, hasta mediados de los noventa. En el año 2010 la casa fue adquirida por el Ministerio de Cultura de España y, desde entonces, se ha llevado a cabo una serie de actuaciones destinadas a rescatar sus características y apariencia originales, así como de mejora y acondicionamiento de las instalaciones.

Actualmente se está haciendo un gran esfuerzo por impulsar un centro hispano-mexicano de fomento a la creación cinematográfica, pensado para los artistas e investigadores del cine y las artes audiovisuales. El objetivo es crear un punto de encuentro para el sector profesional (creativo, técnico, investigador, industrial), con el fin de establecer plataformas de intercambio y foros de reflexión que fomenten la producción, así como la investigación y la difusión del cine iberoamericano.

Con motivo del trigésimo aniversario de su fallecimiento, Luis Buñuel será homenajeado a lo largo de los meses de julio y agosto por la Casa Buñuel en México, perteneciente al Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de la Coordinación de Difusión Cultural y la Dirección General de Actividades Cinematográficas, la Embajada de España en México, la Cátedra Ingmar Bergman en Cine y Teatro de la UNAM, la Cineteca Nacional, el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, y la Cineteca Nuevo Le&oacute ;n del Consejo para la Cultura y las Artes (CONARTE), a través del siguiente programa de actividades:

PROGRAMA DE ACTIVIDADES 2013

4 – 14 de julio – Cinema Europa – Cineteca Nacional de México
Presencia de los directores españoles Ventura Pons y Jonás Trueba en el Festival Cineuropa: – Ventura Pons presentará su película “Any de Gràcia” (España, 2012) el miércoles 10 de julio en la sala 1 de la Cineteca Nacional a las 17:00 y a las 19:30 hrs. – Se ofrecerá un vino en el vestíbulo de la Cineteca, el día 10 de julio a las 21:00 horas, en honor al inicio de las actividades conmemorativas del 30º aniversario luctuoso de Luis Buñuel. – Jonás Trueba presentará su película “Los Ilusos” (España, 2013) el domingo 14 de julio en la sala 1 de la Cineteca Nacional a las 18:30 horas y a las 21:00 horas.

16 al 21 de julio – 2ª Semana de Cine Español en la Cineteca Nuevo León

.- La 2ª Semana de Cine Español, que organiza la Consejería Cultural de la Embajada de España junto con la Cineteca de Nuevo León (Monterrey), va a estar dedicada a la memoria de Luis Buñuel. – Se presentará la conferencia magistral “Luis Buñuel: cine de autor”, impartida por el director y guionista Jonás Trueba (España, 1981). – Se programará una función especial de la película “Él” (Buñuel, 1953), por el 60º aniversario de su estreno.

25-27 de julio – Festival Internacional de Cine de Guanajuato (Guanajuato)

.- Función especial de la película “Él” (Buñuel, 1953) -rodada en la ciudad de Guanajuato-, se exhibirá en las escalinatas de la Universidad de Guanajuato. Se hará una presentación previa de la película a cargo de Mario Barro, de Casa Buñuel. – El surrealismo. Charla sobre la filmografía de Luis Buñuel en México; aciertos y fracasos” Imparte: Francisco Gaytán Fernández; curador de la Filmoteca de la UNAM, presentación a cargo de Mario Barro de la Casa Buñuel en México. Para mayores informes consultar www.giff.mx

23 de julio al 25 de agosto – Filmoteca de la UNAM
.- El ciclo “Buñuel mexicano: 30 años de su fallecimiento”, programa elaborado por la Filmoteca de la UNAM, es una retrospectiva de los filmes que dan cuenta de su paso por la industria del cine mexicano en la década de los años 40 y 50 del siglo pasado. En la Casa del Lago inició en mayo y continuará julio y agosto. En el Cinematógrafo del Chopo, se exhibirá del 23 de julio al 25 de agosto.- El ciclo se completará con un homenaje en la Sala José Revueltas, del 31 de julio al 2 de agosto, que consistirá en la exhibición de la película “Él” (Buñuel, 1953) y los documentales “Buñuel” (Rafael Cortés, 1984), y “El último guión” (Javier Espada/Gaizka Urresti, 2008). Programación en www.filmoteca.unam.mx

29 de julio – Cineteca Nacional de México
.- Se programará una función especial de la película “Él” (Buñuel, 1953) en la sala 7 de la Cineteca Nacional a las 18:00 horas. La película será presentada por Nelson Carro (Subdirector de Programación de la Cineteca Nacional, José Manuel García (Jefe de la Unidad de Acceso Interinstitucional de la Filmoteca UNAM) y Mario Barro, representante de Casa Buñuel.

29 de julio al 2 de agosto – Casa Buñuel en México / Filmoteca de la UNAM

.- Para dar inicio a las actividades académicas, la Filmoteca de la UNAM y la Casa Buñuel ofrecerán del 29 de julio al 2 de agosto dos talleres: “Curaduría de cine”, con Garbiñe Ortega (programadora de cine, España) “El cine como espejo< span style=”font-size:11.5pt;Calibri”,”sans-serif”;”>”, con Jonás Trueba (cineasta, España). Los talleres darán inicio en la Casa Buñuel el 29 de julio, y continuarán a lo largo de toda la semana en las instalaciones de la Filmoteca de la UNAM (Cto. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, cerca estación del metro Universidad, línea 3).

2 de agosto – Filmoteca de la UNAM / Cátedra Bergman UNAM
.- Sesión extraordinaria de Jonás Trueba, con la proyección de la película “Los Ilusos” (España, 2013, 93 min.) a las 18:30 horas en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM. Al finalizar la proyección, en el marco de la Cátedra Bergman UNAM, se realizará la conversación “Cine íntimo y de autorretrato” entre Jonás Trueba (España, cineasta) y Christiane Burkhard (Alemania-México, cineasta); seguido de un brindis. Entrada libre, cupo limitado. Preregistro en www.catedrabergman.unam.mx

8 de agosto – Cátedra Ingmar Bergman en cine y teatro de la UNAM
.- Sesión extraordinaria de Pablo Berger (España, cineasta) con Daniel Giménez Cacho (México, actor y director) en el Auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) a las 17:00 horas; seguida de la proyección de “Blancanieves” (Pablo Berger, España, 2012, 104 min) en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM, a las 19:00 horas. Entrada libre, cupo limitado. Para la charla y la exhibición de la película, deberán de realizar un preregistro por cada actividad en www.catedrabergman.unam.mx

Manuel Michel dice que Marilyn Monroe demostró que se podía desmentir el mito de que una actriz no debe dar la espalda a la cámara; no fue MM la primera en desafiar esa regla no escrita, aunque es de las más célebres. En algunas obras de teatro, o zarzuelas, o comedias ligeras, varias actrices bien dotadas hicieron números que, sin ser acrobáticos ni talentosos, hacían vibrar al auditorio: consistían en (La corte del faraón) empujar, de espaldas al público, una carriola; otro número célebre presentaba a una mujer que no hacía otra cosa que, de rodillas, trapear el piso. Uno puede entender el estremecimiento de Ignacio Manuel Altamirano, no tan seriecito, cuando contemplaba el entonces novedoso acto del más famoso fragmento de Orfeo en los infiernos, en que un grupo de bailarinas, simulando un incendio, levantan las piernas de manera acrobática, o mejor, cuando simulando una carrera, levantaban, dando la espalda al público, sus faldas de amplio vuelo y mostraban unos inusuales pantaloncitos con encajes y holanes. “Pantorrilludas”, las llamaba, sin que el adjetivo fuera despectivo.
El refrán de que hay mayor impulso en los pechos que fuerza en la tracción de una carreta tirada por bueyes es más certero en el caso de España y desde luego en Estados Unidos, porque en México sentimos más atracción por la zona del aguayón, característica destacada por Carlos Fuentes en La región más transparente, y en otras de sus obras. Es memorable también aquel cuento de Cristina Pacheco que relata cómo una mujer recupera la pasión perdida de su matrimonio gracias a unas pantaletas que resaltan, y crean ilusión, de unos glúteos redondos y firmes, y hasta presta la prenda para beneficiar a una amiga. Pero no abundan escenas semejantes en nuestra literatura, parece que los escritores son más timoratos, o incapaces de describir esa porción femenina sin caer en descripciones vulgares, ni tampoco hay originalidad. Vargas Llosa es inofensivo o simplemente descriptivo, y observa más esa parte en las adolescentes que en las maduras; Julio Cortázar prefiere la sutileza de las piernas; en una ocasión resalta el trasero de una tía del narrador de uno de sus relatos brevísimos, pero desdeña o ridiculiza los adjetivos y las metáforas, y prefiere apodar a ese personaje como “la culona”. García Márquez es más gracioso, pero se frena antes de que lo acusen de pervertido.
Nuestro cine ha sido más imaginativo y audaz: a sus cualidades histriónicas y su gracia para lo popular, hay que añadir que las escenas más llamativas que protagonizó María Victoria fueron en Los paquetes (las petacas) de Paquita, cuando conducía una bicicleta, y enloquecía tanto a los proletarios (un tendero, un lechero, un policía, un chofer, un mecánico) como a los ricos (su patrón, el socio cubano de éste) de la película, y desde luego al público masculino que acudía al Margo a verla más que a escucharla.
Aunque ya lo he señalado, no está por demás recordar que en Los hijos de María Morales, cuando el personaje de Infante conoce al que encarna Irma Dorantes, le mira el trasero para dar su visto bueno, y con doble sentido dice que la comida y ella, están buenas. El más elitista Jorge Negrete también da su aprobación, con un gesto afirmativo, al admirar el trasero de una extra, a la que intenta embriagar en Dos tipos de cuidado; cuando Carmelita González le cae de sorpresa en la kermesse Negrete le encarga a Infante que le cuide a la extra, éste acepta después de observarla con deleite, aunque otra lo está esperando; Negrete le advierte: mucho cuidado, porque capta la intención de “Pedro Malo”.
En Dos crímenes, José Carlos Ruiz pone en alerta a Damián Alcázar sobre la conducta de su sobrina Dolores Heredia: te está pasando las nalgas por las narices; en efecto, cada vez que está cerca se empina para que las admire, sin que él pueda hacer nada, pues siempre están acompañados. Sólo lo provoca.
Germán Valdés se detiene, sin importar la situación en la que se encuentre su personaje, a admirar el trasero de prácticamente todas sus alternantes, sean coestrellas, bailarinas o extras; repito el gesto que hace, con la expresión y con las manos, cuando habla de la inmensidad del ancho mar, mirando el trasero de una de las bailarinas en El mariachi desconocido, y está a punto de estropear el asalto a una casa, en silencio que parodia la muy larga escena de Rififí, por admirar el trasero de Sonia Furió que baja por la cuerda, vistiendo falda corta, en Rififí entre las mujeres.
Lilia Prado, de la que se dijo que tenía las mismas medidas que una miss Universo, pero con 20 centímetros menos de estatura, no disimuló el atractivo de sus caderas; ni el sutil Buñuel, que afirmaba que el erotismo estaba en la ropa y no sin ella, pudo resistir la tentación de mostrar muslos y caderas de Prado en dos cintas excitantes por ella, Subida al cielo, y más aún en La ilusión viaja en tranvía, donde hasta su hermano Fernando Soto se queda extasiado al ver su trasero en una falda entalladísima. Pero más admirables son las caderas de Prado en la escena inicial de Isla de lobos, donde el por lo regular ecuánime Roberto Gavaldón la pone, sollozando boca abajo, sobre una cama amplia; los sollozos provocan que el trasero se mueva con un ritmo que resta importancia al resto de la trama; también hay que recordar que esas caderas están a punto de romper la amistad entre Infante y Antonio Badú, cuando el primero la admira bailando rumba en un cabaret, donde se mueve con tanta enjundia que recibe el sobrenombre de “La Gela” (la gelatina, apodo que también recibió María Antonieta Pons, aunque más por lo poco firme que por lo rítmico de sus bailes).
Con la misma incitación al incesto, Isaura Espinoza aparece muy desnuda, mostrando glúteos muy firmes, y deja inmóvil y boquiaberto, paralizado (literalmente), al novio Eulalio González; lo pecaminoso es que su propio padre Eleazar García está a punto de caer en tentación y acariciar, o estrujar, o vapulear esas nalgas en una escena larguísima y con muchas tomas y muy variadas. Es tan larga la escena como la de Buscando a Mr. Goldbarg, en donde Diane Keaton está desnuda, en la cama, recostada de lado, y Richard Gere pone sus mejillas encima de sus nalgas: mira, cachete con cachete, dice; muchos insinúan que se tratan de las de una doble.
El trasero desnudo de Ofelia Medina hace que el espectador se desentienda del drama que vive su personaje, de prostituta barata pero ética, y al final, sus nalgas vestidas se mueven con ritmo para hacer olvidar el drama del novio muerto por la descomprensión en el fondo del mar, en Paraíso.
Esa escena de Medina subiendo unas largas escaleras moviendo las nalgas la recordé (aunque no la tenía muy olvidada) con el nuevo comercial de un perfume en el que Julia Roberts está vestida de blanco mientras todas las demás mujeres que aparecen andan de negro; para llamar la atención de los hombres se limita a subir unas escaleras; su vestido, muy entallado, se concentra en sus caderas, muy célebres; no hay hombre que deje de mirarla, aunque uno no se explica por qué ese bamboleo promueve un perfume.
En Bones, un programa donde las protagonistas son bellas, pero sobre todo inteligentes, recurren, aunque con más elegancia, a mostrar que lo cortés no quita lo caliente (frase usada por Juan Marsé), y ponen, sin que venga al caso, a la muy guapa Tamara Taylor a ver, de pie, de espaldas a la cámara, la pantalla gigantesca de una computadora; flexionada la pierna derecha, el contorno de los glúteos hace recordar que no por ser inteligente el personaje, es menos femenina y reclama su derecho a ser admirada.
Hay otro comercial que, si uno lo piensa, tiene mucho de perverso, no porque sea malo, digamos, admirar el trasero de Ana Serradilla, bastante reproducido en páginas de internet; es perverso porque Serradilla interpretó, en una cinta dizque de denuncia de la explotación sexual en la televisión, a un personaje, “Dianita la de las vueltecitas”, cuya fama (en la cinta) se debe a que da vueltas para que los espectadores se deleiten al observar sus caderas; y en el comercial se da esas mismas vueltecitas; no se sabe si es un cereal, o qué, lo que promueve.
Salma Hayek ha tratado de probar que es actriz, pero aun en sus mejores películas llaman más la atención sus dotes naturales que las de actriz (hasta Penélope Cruz ha caído en la tentación de probar que la carne es más dura que débil, igual que Chelelo con Isaura Espinoza y, como un arzobispo mexicano célebre por varios motivos, entre ellos su humor, y la fotografía indiscreta que lo mostraba en un acto que afirma que no hay quien se libre del pecado de la carne). En Wild Wild West Kelvin Kline y Will Smith se solazan observando que su camisa desabrochada por detrás deja a la vista el “butt ckack”, o sea la rayita, y el prinjcipio de unos glúteos harto duros, durante varios segundos, haciéndose la inocente. Esa misma parte de Lori Singer la observa, pasmado, Tom Hanks en El hombre del zapato rojo. Singer, que se hizo famosa en Fama, aparece desnuda en casi todas las cintas que ha filmado, incluidos varios desnudos frontales, pero ninguno es tan excitante como esa pequeña rayita aquí, y que no pierde el glamur ni siquiera en las situaciones más cómicas.

Hay diferencias entre Singer y Hayek; la mexicana mide 1.57 y Singer 1.79 (¿para qué?). Dos de las actrices más famosas por su trasero descomunal son Eva Mendez y Jennifer Lopez, apenas más altas que Salma, lo cual favorece el volumen de su nalgatorio, además de que, como no son muy competentes en lo histriónico, recurren a mostrarse generosas con su exhibición, para que no nos fijemos en sus defectos; en una de sus últimas cintas, Parker, Lopez debe desnudarse para que vean que no trae armas; la cámara se detiene en sus nalgas, donde no podría esconder nada, aunque si lo ocultara, no lo advertirían. En días pasados públicos timoratos reclaman a Lopez que use un vestuario que resalta forma y volumen de sus nalgas; pero si no lo usa, se darán cuenta de lo mal que canta.
Mendez, en otra cinta de la que nunca me enteré de su título, es llevada dentro de la cajuela de un auto, y cuando lo abren, lo primero que se ve es su amplio trasero, que parece demasiado grande pero no deforme.
Pudiera parecer que, en el cine, la exhibición de traseros es similar a la muestra de pantaletas; hay sus diferencias, cada una con sus atractivos especiales; en Los cazadores del arca perdida Karen Black enseña calzones blancos, fugazmente, en dos escenas: cuando recoge, en cuclillas, unas armas para Indiana Jones; la otra es cuando la descuelgan al foso donde Jones está atrapado, asustado por las serpientes; tanto, que no se fija en Black, aunque sí lo disfruta el público; Black muestra el trasero desnudo, en movimiento, varios segundos, en Animal House, más para deleite del espectador que de los demás protagonistas.
Otras diferencias: en Jasón y los argonautas, también durante pocos segundos, se ven fugazmente las entonces inexistentes pantaletas de Jane Seymour; siempre se muestra elegante y refinada, incluso reputada como pintora; aun así, ha sido víctima de las cacerías de los paparazzi, y la han sorprendido al bajar de un automóvil (que es a lo que se dedican, profanando el honor de la realeza, pues la nueva princesa inglesa –así como su hermana pizpireta– son tan descuidadas como las actrices de Hollywood, aunque no tanto como las de Bollywood, que no sólo son más bellas, también más atrevidas pues no gustan de hacer publicidad a marcas de tarzaneras. Pero regresando a Seymour, gran parte de Lassiter la pasa en cama, y en una de esas escenas está boca abajo, desnuda, mostrando el trasero; en tanto, Tom Selleck, más en el papel de Magnum que en el de Pete Malloy, debe aplicarle un masaje en la espalda, pero no resiste la tentación de hacerlo más abajo, y hasta simula que le da un beso atrevido.
En una cinta divertida y semisubversiva (El primer robo a un tren), Leslie-Ann Down se queda en pantaletas y muestra un trasero amplio y atractivo, de espaldas al público aunque con un anacrnismo casi inadvertido; la trama sucede en 1885, cuando no existían esas prendas.
También hubo diferencias entre las muchas escenas en que Brigitte Bardot aparecía en bikini, para darle popularidad a esa prenda, que en El amor es mi oficio, donde aparece tapada con una sábana, pero atrás de ella se refleja en un espejo su trasero, en todo su esplendor.
El cine italiano también se detuvo en los glúteos de algunas actrices; en Matrimonio a la italiana, Marcello Mastroiani descubre a la antes tímida y ahora desenvuelta Sophia Loren, en un autobús; la convence de que se quede, y se baja del camión por la ventanilla, armando un alboroto por lo prominente de su trasero, y en Un día especial debe cambiarse de ropa constantemente, y en una de ésas muestra las pantaletas muy bien llenas.
En las nuevas series policiales de la televisión estadounidense ya es común ver más la espalda de las actrices que observarlas de frente, y hacen caso omiso de las recomendaciones de tratar a las mujeres más por su talento que por su físico, y que tantas actrices y modelos se presten a ello, con un muy evidente orgullo por la admiración que provocan. Pero hay que tener cuidado: la misma Lopez, la misma Mendez, así como las hermanas Kardasian (que no ocultan su oficio, más bien lo muestran en público) usan prendas que, si se les observa, son antiestéticas: unas fajas que detienen lo que la edad tiende a expandir.
Aunque desde diferentes perspectivas, los críticos del cine mexicano valoraban algunas de las cintas de Carlos Enrique Taboada, por su buen manejo del misterio y lo sobrenatural; en Hasta el viento tiene miedo, y en Más negro que la noche, descuidando la trama, tiene escenas en las que enfoca la cámara más hacia los traseros de sus actrices (bien dotadas: buen gusto sí que tenía) que en los detalles terroríficos.

Y a propósito del respeto con que hay que tratar a quienes disienten de las mayorías, ¿serán castigados los que califiquen de manera explícitamente peyorativa a los nacidos en México, de sexo evidentemente masculino, y les espeten “macho mexicano”, más con enojo que con descripción?
Y hablando de quienes nos quieren gobernar, y les seguimos, les seguimos la corriente, ¿van a obligar a los restauranteros a que quiten las azucareras de sus mesas, porque el azúcar engorda y produce malos hábitos además de caries? Capaces son de decir que producen diabetes.

Al terminar la temporada 2012, el short stop de los Dodgers, Hanley Ramírez, sufrió una lesión que lo mantuvo inactivo la pretemporada, y regresó apenas hace poco al line-up, pero en su cuarto partido tuvo una nueva lesión que lo mandó a la lista de lesionados por 15 días; lo asombroso es que los cronistas, que repitieron la jugada en que se lastimó el tendón de la corva, no se fijaran que Ramírez, al dar la vuelta al cuadro, pisó la segunda base con el pie derecho; cualquiera que juegue o haya jugado beisbol sabe que al caer en ese error, se va a lesionar; o cuando menos se va a caer antes de llegar a la siguiente base.
Pero son demasiados los que se lesionan; tienen cerca de 15 centímetros más de estatura que sus antecesores en las Ligas Mayores, pero los cuidan como a nenitas (frase de “el doctor”); apenas pasan de los 100 o 110 lanzamientos, y los mandan a descansar. Cuando no ganaban tan bien, cuando tenían que agarrar chamba después de la serie mundial (vendiendo seguros, casi todos), aguantaban partidos de 15 entradas, o lanzaban dos juegos completos en un solo día, o relevaban tres días seguidos. En una temporada reciente algunos jugadores fueron colocados en las listas de lesionados por estornudar tan fuerte que se lesionaron la espalda, porque se pegaron con la puerta del autobús, o cargando un bebé.

En el blog anterior dediqué muchas flores a Carlos Fuentes: ahora vienen las macetas: desconocía el paisaje mexicano, nunca suceden sus tramas en el Metro o en sus alrededores, y a veces se le pierde algún personaje; algunos de sus cuentos están colocados en un sitio y una fecha tan determinada que el lector no puede colocarlos en otra época. Su peor defecto: como lector de literatura mexicana fue poco riguroso: fuera de su esplendorosa interpretación de la poesía de Octavio Paz, de su examen minucioso de la poesía mexicana hasta los años ochenta, y de su aguda percepción de la literatura juvenil de los años sesenta y setenta, parece haber leído sólo fragmentos, y en ellos había más buena fe que crítica. Si quienes recibieron sus elogios se dieran cuenta de lo mala, de lo superficial de su lectura, se pondrían a llorar, pero no de la emoción, sino del desengaño.

En 1883 los fanáticos de las Ligas Mayores recibían el apodo de “kranks”; el más famoso de ellos, un hombre llamado Arthur Dixley, era apodado “Hi Hi Dixley” porque cuando bateaban los de su equipo favorito, los animaba gritándole “Hi, Hi”. El dueño de los Cafés de San Luis (por causalidad tengo su nombre: Chris Von Der Ahe), llamó “fanáticos” a los seguidores de su equipo; pero fanático tiene una connotación peyorativa; en el DRAE lo menos fuerte que se les dice es que alguien está entusiasmado ciegamente por algo, y sus opiniones están sustentadas por la pasión y no por el raciocinio. El manager Ted Sullivan de los Cafés acuñó uno menos agresivo: fan; pero los fans nada tienen de pacíficos, aunque sea menor su furia que la del fanático. Por ello prefiero “forofo” (al margen, una historia conocida: el partidario más entusiasta de un equipo argentino tomo su nombre de Wikipedia; Manuel Reyes era quien inflaba los balones en el estadio donde jugaba el Boca Juniors, y se desbocaba con gritos entusiastas animando a su equipo; el público lo llamaba “el hincha”; cuando el entusiasmo se desbordaba, las tribunas, o quienes las ocupaban, fueron bautizadas con el nombre generalizado de “hinchas”, al principio sólo del Boca Junior; después, de cualquiera. Una deformación similar a la del señor Patiño que servía de comparsa al payaso estrella del circo de los Hermanos Bells; el nombre se generalizó para Marcelo Chávez, Viruta, Schillinsky, Susana Cabrera, Nacho Contla, “patiños” de Germán Valdés, Gaspar Henaine, y de Pompín Iglesias los dos últimos). Prefiero forofo, aunque ya fui amenazado si sigo usando el término.

El recuerdo de una anécdota contada por varios asistentes: cuando la Secretaría del Trabajo reconoció al Sindicato de Actores Independientes, el líder de la asociación, y quien había peleado como pocos por la dignidad de los actores, pidió silencio a la asamblea, jubilosa por el triunfo (que finalmente se perdió, aunque hayan ganado), que festejaba con grandes vivas: Silencio, decía en voz alta; silencio, gritaba; sólo se hizo el silencio cuando exclamó: lo he dicho en todos los tonos posibles: pero al silencio siguió una carcajada general y más estruendosa.

Intuyo que en Mil estudiantes y una muchacha (1941), como Marina Tamayo vive en una casa enfrente de la Universidad (bueno, de la Escuela de Derecho), cantan “Ana”, una canción de Alberto Domínguez que no está ni en Wikipedia ni en el exhaustivo cancionero que preparó Ramón Córdoba, pero que la escuché muchas veces en mi infancia. Encontré el DVD y, en efecto, la cantan estudiantes tan inverosímiles como Emilio Tuero, Julián Soler, Enrique Herrera y Manolo Fábregas, en una versión sin la picardía de la pieza original, en que un sacerdote le recrimina a Ana que pase toda la facultad por su ventana, y Ana contesta que no tiene la culpa de que la ventana esté tan baja: “pase usted y lo verá”. Lo importante es que, de manera imprevista, se exclama la frase: “Ahora lo comprendo todo”; esa misma frase la pronuncia, muy encanijado, David Silva en Campeón sin corona; más asombroso aún: la dice Darya Aleksandrovna en Anna Karenina (pág. 386, Alianza Editorial, traducción de Juan López- Morillas). ¿Quién será el forofo del cine mexicano: Tolstoi o López Morillas?

(La fotografía de Loren, y su comentario gráfico, están tomados de Vampiresas, Paul Flora, Hispano American Book Store, 1960, obsequio de mi muy recordado Edmundo Gabilondo; los fanáticos del cine mexicano, si lo son, saben quién fue.)

Por Juan José Morales

Algo que me gusta de mi labor como divulgador científico, es que cada día aprendo algo nuevo. Así, hace poco pude saber como se forman esas curiosas hileras paralelas de nubes del tipo cúmulo que a veces aparecen en el cielo de la península, y creo que a los lectores también les interesará saberlo.

Esas singulares formaciones, a las que se conoce con el descriptivo nombre de “calles de nubes”, no son sin embargo exclusivas de esta tierra nuestra. Se les observa, cuando se dan las circunstancias atmosféricas apropiadas, en cualquier lugar del mundo sobre el mar o sobre una gran planicie.

Así se observan desde tierra las peculiares formaciones llamadas “calles de nubes”. Las nubes son del tipo cúmulo, las más comunes en la península de Yucatán, que se encuentran cerca del suelo, son como grandes masas de algodón y no producen lluvia.

Las condiciones necesarias para ello son que haya una masa de aire frío que sopla sobre agua o terreno cálido y ocurra el fenómeno llamado inversión térmica. Es decir, el propio flujo de aire frío hace que se eleve una masa de aire cálido que se mantiene sobre el frío. A esta situación se le llama inversión térmica porque se invierten las condiciones naturales, en las que el aire es más frío en la altura que cerca del suelo.

Pues bien, esa capa alta de aire cálido actúa como una especie de tapón que bloquea el ascenso del aire cálido y húmedo que se levanta desde el mar o el terreno. Las columnas de aire ascendente, al topar con la inversión, comienzan a moverse hacia los lados. Pero como no pueden descender, giran, formando así largos cilindros de aire en rotación. Al mismo tiempo, el vapor de agua que contienen se condensa y forma nubes, que adquieren esa peculiar apariencia de cilindros paralelos, enfilados en la dirección del viento, entre los cuales el cielo se mantiene despejado.

Esas calles de nubes pueden extenderse por decenas y aún por centenares de kilómetros, siempre y cuando la temperatura en la superficie del mar o del terreno sea uniforme sobre grandes extensiones y cuando menos 21 grados mayor que la de la masa de aire frío.

Por supuesto, en verano, cuando sobre la península predomina el flujo de masas de aire cálido provenientes del océano, es extremadamente difícil que ocurra el fenómeno de formación de calles de nubes. Pero en invierno, cuando nos llegan los frentes fríos, tras los cuales avanzan masas de aire polar seco que hacen descender rápidamente la temperatura, es más probable que ello ocurra. En su avance, la masa de aire frío —denso y pesado— actúa como una cuña que levanta el aire cálido, más ligero, y propicia la inversión térmica. Por otro lado, el suelo —y sobre todo el mar— conserva una buena cantidad de calor. Se dan entonces las condiciones de “tapón” en las alturas, una marcada diferencia de temperatura entre el suelo y el aire frío, y calentamiento de masas de aire próximo a la superficie, que ascienden y al ser detenidas por el tapón comienzan a girar en largos vórtices paralelos a la vez que se forman nubes por condensación del vapor de agua que contienen.

De modo, pues, que si en estos meses invernales observa usted en el cielo largas filas de nubes paralelas, las “calles de nubes”, ya sabrá cómo se formaron.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Jorge Ayala Blanco, en La aventura del cine mexicano, declaraba que le gustaría encontrar en nuestra cinematografía algo que, Buñuel aparte, valiera la pena; cuando Emilio García Riera comenzó a publicar la Historia documental del cine mexicano (la de Ediciones Era), se dijo que estaba haciendo la historia de un cine que no tenía historia.

Eso parece injusto; los ocho tomos en que María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco recopilan todos los estrenos en México desde los años diez hasta 1989 dan buena cuenta de las muchas películas mexicanas que arrasaban en taquilla, más otras muchas que duraban apenas la semana de estreno, pero que con el tiempo fueron ganando en todo y las fuimos revalorando. Hay listas que enumeran las cien mejores de todos los tiempos (pasados), aunque los críticos se empeñen, o se hayan empeñado, en exigir que fueran mejores; en los años cincuenta y sesenta un grupo de fanáticos del cine, reunidos alrededor de una publicación mítica, Nuevo Cine (que el Fondo de Cultura Económica iba a reeditar en los años noventa, proyecto que quedó trunco), emprendieron una fiera batalla contra una industria anquilosada, que impedía el ingreso de nuevos directores, guionistas, productores, actores, para la renovación de ese cine. Batalla gracias a la cual, en palabras de García Riera, el cine mexicano siguió siendo igual de malo que antes.
Hubo logros: la colección Cuadernos de Cine, dirigida por Manuel Barbachano Ponce, editada por la UNAM, y donde Emilio García Riera habló del cine checoslovaco; Jorge Ayala Blanco del norteamericano, Salvador Elizondo, de Luchino Visconti, Juan Manuel Torres, de las divas; Francisco Pina, del cine japonés; Manuel Michel, del cine francés, más algunas de sus críticas, y Manuel Durán, de Marilyn Monroe; José de la Colina, del cine italiano; Nancy Cárdenas del cine polaco; Eduardo Lizalde un raro tomo sobre Luis Buñuel, además del clásico libro de José Revueltas sobre los problemas del cine. Casi al mismo tiempo, la benemérita Era publicaba guiones de Bergman, de Buñuel, de Truffaut, y hasta los guiones de Rulfo.
Muchos escritores han hecho crítica o reseña cinematográfica: además de De la Colina, lo hicieron Alfonso Reyes, Xavier Villaurrutia, Martín Luis Guzmán, Jaime Torres Bodet, Carlos Fuentes; Carlos Monsiváis tuvo un programa radiofónico memorable, El cine y la crítica (que merecería la recuperación en discos compactos, o los guiones, que deben andar en algunos archivos), y otros más colaboraron haciendo guiones; los concursos de los años sesenta dieron como resultado Los Caifanes, Un alma pura, Tajimara, con intervenciones de Inés Arredondo, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, el propio Fuentes, y algunos más, entre ellos Salvador Novo, quien hizo guiones rescatables, entre los que se cuentan las primeras cintas propiamente de Cantinflas, y José Revueltas, Mauricio Magdaleno y otros, con buenos y malos filmes.

¿Cuál ha sido el resultado? Con cierto humor, García Riera pone bajas calificaciones a la mayoría de las películas que reseñó en las dos ediciones de la Historia documental del cine mexicano; para él, y con razón, muchas sólo valen por el humor involuntario, por las fallas, los equívocos (no las llamadas comedias, desde luego, que muchas veces resultan patéticas y aburridas). Los galanes no lo son, las bellas sólo son bellas, la música es inadecuada, los directores echan a perder buenos guiones y los guionistas desperdician buenos argumentos, nadie sabe usar smoking, pocos actores son elegantes. Sobresalen algunos actores, y algunos directores, más con buenas etapas que con buenas carreras.
García Riera, sin embargo, atenuó sus críticas en libros dedicados a cineastas en particular: Fernando Méndez, Julio Bracho, Miguel Zacarías, Emilio Fernández, los hermanos Soler, y dedicó un libro a Silvia Pinal, más por su simpatía, belleza y espontaneidad que por eficacia dramática, aunque tiene muchas buenas actuaciones. Otro, a Tin Tan, bastante menor porque no actualizó ni aumentó sus comentarios, y pareciera que no volvió a ver las cintas, porque repite, en el mejor de los casos, lo que incluyó en las dos ediciones de su Historia documental… Algunos de sus seguidores y discípulos dedicaron otros volúmenes a directores, actores o géneros.
García Riera hace recuentos, y en la llamada Época de Oro se filmaban más de 150 películas al año, y poco a poco fue decayendo la industria, hasta casi desaparecer; en el más reciente de sus libros, La justeza del cine mexicano, Ayala Blanco da cuenta de una buena cantidad de películas que quién sabe dónde vio, porque salas cinematográficas ya no hay, ni proliferan los cineclubes como los que fundaban José Luis González, Barbachano Ponce, Isaac Arriaga y otros mártires; las que se estrenan duran unos días y hay que esperar años para que las transmitan por televisión; han cerrado los cines, los convierten en templos o devienen en basureros; en 1967 pude ver TAMI Show en el recorrido que seguían las películas entonces: del cine Orfeón pasaban al Cosmos luego al Sonora y luego al Tepeyac, a la vuelta de mi casa. Casi el mismo orden, pero comenzando en el Roble, seguí Nevada Smith. Nunca fui al cine De la Villa, a donde sí iba Isaac Arriaga (por motivos no cinematográficos), pero muchas veces fui al Lindavista, que era donde terminaban las películas que se estrenaban en el Alameda; en el Variedades se estrenaban las mexicanas, donde Alejandro del Valle y yo vimos , el domingo 16 de noviembre, Dile que la quiero, dos días después de su estreno, y silbé con todos cuando César Costa duda en entrar al billar a enfrentar a su hermano Héctor Gómez.

Durante mucho tiempo coincidí con la opinión de muchos, de que a Jorge Ayala Banco no le gustaba el cine mexicano; la opinión es, como se sabe, producto de las sensaciones, de las impresiones, de la ignorancia, no del juicio; disfruté sus reseñas y sus críticas, y me hizo ver con más cuidado cintas que me gustaban, pero que eran producto sólo de un argumento atractivo, la presencia de alguna actriz bella, detalles de la dirección que me pasaban de noche; hubo cosas que no le aguanté, y otras en las que no coincidí, pero casi siempre le di la razón; disfruté mucho más cuando sus críticas pasaban, reescritas, a los libros; me acostumbré a su adjetivación, que muchas veces derivaba de juegos de palabras casi siempre de mala leche, y me hizo sentir mal cuando despedazó alguna cinta que me había gustado; no supe qué le vio a muchas que él aprobaba, como Todo por nada, o Hasta el viento tiene miedo (Norma Lazareno, y ya; bueno, casi todas las demás actrices); en su libro sobre cine estadounidense me sentí reconfortado por la coincidencia de muchas cintas que otros ignoraban y le agradecí sus palabras acerca de Un tiro en la noche, una de mis favoritas de todos los tiempos y que no me canso de ver cuando menos una vez al año.
Por eso me entusiasmó que reaparecieran sus libros, La justeza del cine mexicano en especial, donde, sin perder su habitual nivel de exigencia, hace ver que el cine mexicano todavía tiene vida, pese a que los mejores artesanos se han ido a Estados Unidos a hacer talacha, a que los actores están más estereotipados que nunca, a que los productores cada vez se interesan menos en el cine y más en la ya también inexistente taquilla, a que las televisoras filman para aprovechar la popularidad de actores de sus cadenas, sin importar si saben o no actuar, y al poco cuidado que ponen en la edición, el sonido pésimo (en muy pocas cintas coinciden el movimiento de los labios con el sonido cuando hay canciones; particularmente grave, cómo salen algunas escenas de Los Caifanes, de Ya sé quién eres, de San Simón de los Magueyes, pero hay muchas más, y en las recientes, ni se diga), las historias incoherentes.

Quise verificar cuántas de las películas mexicanas consideradas, en la página Películas del cine mexicano en internet, que su vez las tomó de la revista Somos, que hizo una encuesta con varios cinéfilos, están incluidas en Clasic Movie Guide, donde Leonard Maltin hace una síntesis mínima, y califica más de diez mil películas, desde los días del cine mudo hasta 1965, muchas de ellas excluidas de su guía anual, pero consideradas clásicas (tiene otro libro, que se antoja mucho, dedicado a las matinés, y otro al cine animado); el resultado es terrible: para coraje de muchos, no está La vida no vale nada (bueno, tampoco en la de la página mexicana), ni El compadre Mendoza ni, horror, ¡Vámonos con Pancho Villa!, considerada la mejor película mexicana de la historia; para molestia de quienes la consideran una película perfecta, Escuela de vagabundos no merece la atención de Maltin, ni Nosotros los pobres, Ustedes los ricos, Los tres García o Los tres huastecos; mucho menos Tizoc, para berrinche del Idolito. No están El rey del barrio ni Calabacitas tiernas, las dos mejores de Germán Valdés según Somos, ni ¡Ay amor, cómo me has puesto! o El revoltoso, tan buenas como las otras.
Están varias de Buñuel, no todas bien calificadas, por cierto: a Ensayo de un crimen (“muy dialogada”) la califica de obra menor; está de acuerdo con el director en que Una mujer sin amor es su peor película, pero califica más bajo aún a La joven; están casi todas sus cintas, menos Gran casino ni La hija del engaño; con ello confirmaría el temor de Ayala Blanco de que, fuera de Buñuel, casi nada queda del cine mexicano.
¿Casi nada? Hay algunas que sí menciona: por ejemplo, La perla, de Emilio Fernández, pero no Los hermanos Del Hierro; no está La mujer del puerto (sí, en cambio, La mujer de la playa, lástima que no sea mexicana); también The Torch (¿La antorcha? ¿Qué tiene que ver?), la versión en inglés de Enamorada, las dos de Emilio Fernández, pero la segunda sólo está referida, no incluida; El vampiro, de Fernando Méndez, y su secuela, El ataúd del vampiro; pese a su prestigio internacional, Maltin no es tan elogioso como muchos críticos mexicanos; resalta la comicidad involuntaria aunque reconoce que tienen buena atmósfera y elogia la fotografía, pero es inmisericorde: a la primera le da estrella y media, y dos a la secuela.
En cambio, incluye con más entusiasmo Face of the Screaming Werewolf, que al parecer no se exhibió en México; chance sea la peor película de Gilberto Martínez Solares, y también parece que es una alteración de La casa del terror, también de Martínez Solares; es despectivo con Rosita Arenas, a la que sólo le dice Rosa, no menciona a Yolanda Varela ni a Tin Tan, los estrellas de la original; resalta que como a Lon Chaney no pueden resucitarlo como momia, lo hacen como hombre lobo; la calificación (Bomb) no basta: le aplica el adjetivo “a total stinker” (“una verdadera mamada”).
A Rosita Arenas le dice Rosita en La maldición de la momia azteca, mejor calificada (una estrella y media), pero con un despectivo “cheap and droning” (¿chafa, podríamos decir?).
Lástima que no haya incluido Dos criados malcriados, Limosneros con garrote, Huevos rancheros o Santo en la invasión de los marcianos; sería divertido ver su calificación. ¿Se atrevería a hacer un tomo dedicado sólo al cine mexicano?

¿En qué se parecen Emilio Tuero y Humphrey Bogart?

Cuando alguien diga “di lo que pienses, sin temor”, no hay que creerle, lo dicen para que uno los apapache; y cuando se les corrige, se enojan y nos borran de su lista de amigos, aunque hayan pedido la corrección (y aunque la lista de amistades sólo sea de facebook), sólo porque uno les explica la diferencia entre veniste y viniste. (Bueno, hay académicos que tampoco la saben.)

Ya viene la pretemporada; no sé cómo hemos podido aguantar tres meses sin beisbol.

http://errataspuntocom.blogspot.com/

La actriz y productora mexicana Salma Hayec ha sido distinguida con el Premio Luis Buñuel 2011 que se entrega anualmente en el marco de la Muestra de Cine Español e Iberoamericano. Este año lo recibió nuestra hermosa veracruzana como reconocimiento a su trayectoria artística en México, Estados Unidos y España, donde ha realizado varias producciones en las que enaltece los valores y la cultura latinoamericana.

“Es para nosotros un gran honor el poder entregar a la actriz más importante de nuestro país como es Salma Hayek, premio que representa el reconocimiento a una trayectoria artística no solo en México y España sino a Nivel Mundial; Salma es la cara más reconocida de México y ella ha llevado a nuestro país a cada rincón del mundo, cabe destacar que este premio es muy significativo por que simboliza la hermandad entre dos culturas como es la Mexicana y la Española” dijo Enrique Rubio Dosamantes, director general de la Muestra de cine Español en México ES.CINE.

Dicho premio le fue entregado a Hayek por Enrique Rubio, director general de ES.CINE y de Ignacio Martínez del Barrio, director de la Oficina Cultural de España en México, el día de ayer martes 15 de noviembre.

La Muestra de Cine Español en México ES. CINE se celebró por primera vez en el 2008; ES.CINE es una iniciativa ideada por LUCCMEDIA y la empresa Cinépolis con el apoyo de la Oficina Cultural de Embajada de España en México. Su propósito es ofrecer un panorama sobre las nuevas tendencias del cine español, el cual, durante los últimos años, ha experimentado un afortunado renacimiento.

Este evento tiene como fin rescatar la esencia de los festivales cinematográficos llevados a cabo en otras latitudes, mediante la exhibición de producciones españolas con un alto estándar de calidad, las cuales sorprenderán gratamente a los admiradores del séptimo arte en nuestro país.

La inauguración de ES.CINE se llevará a cabo el jueves 24 de noviembre 2011 en Cinépolis Diana a las 19:45 hrs. y se exhibirán cuatro cintas diferentes dentro del complejo, donde invitamos a asistir a todo el público interesado, la entrada será libre.

ES.CINE 2011
CUARTA EDICION DE LA MUESTRA DE CINE ESPAÑOL EN MEXICO
del 24 de noviembre al 1ro. de diciembre 2011
Sede Cinépolis Diana