Usted quizá no lo conoce, pero es aproximadamente del tamaño de la Tierra, está a 500 años-luz de distancia en la constelación del Cisne y forma parte de un sistema de cinco planetas que giran alrededor de una estrella del tipo que los astrónomos denominan enanas, de baja luminosidad y reducidas dimensiones, algunas tan pequeñas como la Tierra. Su “año” —o sea, el tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de su “Sol”— dura 130 días, y de la estrella recibe suficiente calor para poder albergar vida. Por eso la noticia de su descubrimiento causó cierto revuelo periodístico y en algunas noticias llegó a decirse que se había encontrado un planeta gemelo del nuestro, con la implicación de que en él había formas de vida.

Juan José Morales

En realidad, tales afirmaciones resultan un tanto exageradas. Más que un gemelo de nuestro planeta, Kepler-186f podría considerarse un primo, parecido pero diferente y no necesariamente habitado, sino en todo caso quizá habitable.

Pero vamos por partes. El nombre de este planeta extrasolar le fue asignado porque es uno de los muchos descubiertos por el telescopio espacial Kepler, lanzado en marzo de 2009, precisamente con la misión de buscar mundos potencialmente habitables. En esos cinco años Kepler ha descubierto más de 770 estrellas con planetas. En la gran mayoría de los casos —alrededor de 600—, sin embargo, se ha detectado sólo un planeta en torno a la estrella. Los sistemas planetarios son la excepción. No porque no existan, sino por la gran dificultad para observarlos.

Tamaños comparativos de la Tierra y Kepler-186f (la imagen de éste es una concepción artística, no una imagen real). A la derecha, también en tamaño comparativo, las órbitas de los cinco planetas del sistema Kepler-185 y de Mercurio, Venus y la Tierra.

Para no hacer una interminable lista de nombres, a todas las estrellas con planetas descubiertas por el telescopio orbital, se asigna el nombre genérico Kepler, seguido de un número. Por eso al sistema en que se encuentra este planeta se le denominó Kepler-186. Y la letra f corresponde a la posición de su órbita en orden alfabético, como se ve en la imagen que ilustra este comentario.

Lo que hace particularmente interesante a Kepler-186f entre los cientos de planetas extrasolares descubiertos hasta ahora, es que tiene una órbita estable y gira alrededor de su estrella a una distancia tal que se encuentra dentro de lo que los astrobiólogos llaman zona de habitabilidad. Esto es, una zona en la cual todo el tiempo se recibe suficiente calor para que exista agua en forma líquida y sin que haya variaciones extremadamente grandes de temperatura, lo cual es una condición indispensable para mantener formas de vida superiores. Este es el primer planeta con tales características encontrado hasta ahora.

Pero ello no significa forzosamente que esté habitado. En primer lugar, porque no es tan cálidamente acogedor como la Tierra. El brillo de su estrella a medio día equivale al de nuestro sol una hora antes del anochecer. Recibe por tanto sólo un tercio del calor que a nuestro planeta llega desde el Sol. Por otro lado, aún no se conocen en detalle otras de sus características, como masa, material de que está constituido —aunque al parecer es rocoso, como la Tierra, Marte y Venus— y composición de su atmósfera. Esa información es necesaria para tener pistas adicionales sobre la posible existencia de vida en él.

De cualquier manera, el hallazgo es muy importante. Nos acerca cada vez más al tan esperado momento en que los astrónomos puedan decir con razonable certidumbre que han encontrado un planeta en que la existencia de vida es casi totalmente segura.

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