Culiacán, Sinaloa. 8 de diciembre de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Cuauhtémoc Reyes Moreno es un investigador de excelencia, nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Sin embargo, sus mayores logros no se encuentran en un título académico o en uno de los cientos de premios que ha obtenido a nivel nacional e internacional, debido a su interés por la creación de alimentos nutracéuticos, que además resultan agradables al paladar. Su mayor logro se encuentra en la formación de nuevos investigadores y en la creación de espacios para la investigación dentro de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Reyes Moreno es originario del poblado Cinco Hermanos, perteneciente a la sindicatura de Bachimeto, en el municipio de Navolato. Es el sexto de 11 hermanos y a los cinco años arribó a la capital sinaloense para estudiar la escuela primaria en la Escuela Manuel Ávila Camacho.

Esa fue la etapa más maravillosa de mi vida, tal vez por la forma en que se impartían las clases”, comentó.

Reyes Moreno recuerda que la formación integral era lo que más destacaba de la educación “de antes”.

“Educación física era obligatoria, ahora no. En secundaria y preparatoria era asignatura obligatoria también. En la primaria había un teatro y talleres para que aprendieras oficios. No te dejaban tarea, permanecías mañana y tarde. En la mañana te enseñaban y en la tarde te ejercitabas”, recordó.

En sus ratos libres, jugaba al beisbol con una pelota de trapo y un palo. Los juegos con los amigos consistían en “los caballazos”, “el bombardeo”, “las cacachilas”; todos requerían actividad física.

Al llegar al nivel secundaria, cursó el taller de auxiliar contable. Aprendió a escribir a máquina, a archivar documentos y llevar la contabilidad, realizar balances; resultaba interesante, pero no sería la carrera que seguiría en el futuro.

En preparatoria, en 1967, obtuvo su primer contacto con la institución que sería su alma mater, la UAS, en la que continuaría casi 50 años después como pieza clave del estudio en ciencias químico biológicas.

“Quería ser médico, pero no había la opción de la carrera de medicina en ese momento. Lo que más se parecía a medicina era ciencias químico biológicas; así que llegué a la Escuela de Ciencias Químico Biológicas. Seleccioné química industrial. Me vi desempeñando un trabajo en la industria química”, comentó.

Más tarde, en 1970, encontró una transformación de la carrera, que se orientó hacia la ciencia y tecnología de alimentos y el procesamiento de alimento por la vocación agrícola de Sinaloa.

“En esa época se pretendían políticas públicas que trajeran como consecuencia la transformación de los alimentos de la agricultura sinaloense: tuvimos molinos de arroz, fábricas de procesamiento de tomate, arroceras”, dijo.

Al egresar de la licenciatura fue invitado a participar como docente de matemáticas en la Preparatoria Central, en la que permanecería algunos años. Más tarde, se sumó a la planta académica de la Facultad de Ciencias Químico Biológicas (FCQB).

“Después me llamaron a hacer una maestría en tecnología de alimentos, en Querétaro, y años después realicé el doctorado en esa misma institución”, comentó.

En la actualidad, Reyes Moreno encabeza un grupo de investigadores y científicos que ha ganado múltiples premios en tecnología de alimentos.

Entre los premios obtenidos, se encuentra el Premio Bimbo Panamericano en Nutrición, Ciencia y Tecnología de Alimentos; también el Premio Coca-Cola, en el área de Ciencia y Tecnología de Bebidas, en 2013. Este último con tres bebidas de amaranto, y en 2014, con una bebida a base de frijol negro y maíz azul fermentados.

La línea de investigación del grupo de científicos de la FCQB de la UAS es bioprocesos y alimentos funcionales. En su área, que tiene que ver con ciencia y tecnología de alimentos, la primera decisión importante a tomar es la materia prima con que se trabajará.

Hasta el momento, la facultad cuenta con seis patentes, y tres años consecutivos con el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos.

Entre los trabajos, destaca el denominado Bebida funcional con valor nutricional y potenciales antihipertensivos y antidiabéticos, elaborada con frijol negro y maíz azul procesado, del grupo de investigadores encabezado por el doctor Cuauhtémoc Reyes Moreno y que es integrado por los doctores Jorge Milán Carrillo, Roberto Gutiérrez Dorado, Ángel Valdez Ortiz, Edith Oliva Cuevas Rodríguez y el maestro Jesús Jaime Rochín Medina.

El Premio Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos es patrocinado por la empresa Industria Mexicana de Coca-Cola y representa un impulso al desarrollo en investigación en el ramo alimentario en el país.

oateoatritisUn grupo de investigadores del Laboratorio de Líquido Sinovial del Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra Ibarra (INR) estudia los factores de riesgo que se asocian con una mayor probabilidad de presentar osteoartritis. De ellos, la doctora en ciencias Gabriela Martínez Nava ha identificado dos alteraciones en el gen AKNA en pacientes con osteoartritis de rodilla. La especialista asegura que las personas que portan estas variantes genéticas pueden tener hasta dos veces más posibilidades de tener osteoartritis de rodilla, en comparación con aquellas que no tienen la mutación.

Carmen Báez

“El gen AKNA regula dos moléculas coestimuladoras de la respuesta inmune. En una investigación encontré que dos polimorfismos que codifican en la región están más presentes en los pacientes con osteoartritis que en sujetos sanos”, expresó la especialista en ciencias genómicas.

De acuerdo con la investigadora, la osteoartritis es una enfermedad compleja en la que intervienen diversos factores para su desarrollo como son el peso, hábitos alimenticios, género (más frecuente en mujeres), ocupación, por mencionar algunos. No obstante, la genética juega un papel muy importante. “Hay varios sitios en el genoma humano que están asociados con un mayor riesgo de desarrollar osteoartritis, por ejemplo, el gen que codifica para la colágena tipo dos, el componente principal del cartílago articular”, explicó.

Exploración genética

Una de las perspectivas de la investigadora es extrapolar estos resultados en estudios de osteoartritis de cadera y manos, ya que se cree que las variantes genéticas de AKNA podrían estar involucradas en su desarrollo.
“Queremos estudiar este gen en otras enfermedades musculoesqueléticas, pensamos que tiene un papel en la artritis reumatoide. Creemos que el estudio de AKNA pudiera darnos información importante tanto para el diagnóstico, desarrollo y pronóstico de enfermedades”, comentó.

Con estos estudios de epidemiología genética, el grupo de investigación del INR también pretende describir factores de riesgo en las enfermedades musculoesqueléticas en población mexicana. “Queremos encontrar factores genéticos que predispongan al individuo a una mayor susceptibilidad de desarrollar la enfermedad, y con ello identificar población cuya genética no favorezca su ambiente y, por lo tanto, tiene mayor riesgo a enfermar. Esto nos permitirá brindar mecanismos que pueda adoptar el sistema de salud y así tratar de evitar la aparición de la enfermedad”, comentó.

El gen AKNA, descrito por primera vez por los investigadores mexicanos Vicente Madrid Marina y Héctor Martínez Valdez, está asociado con cuatro patologías: cáncer cervicouterino, resistencia a quimioterapia en leucemia, síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada y osteoartritis.

Un padecimiento cada vez más presente en la población

Gabriela MartinezAlrededor de 10 por ciento de la población mexicana presenta osteoartritis, una enfermedad que afecta principalmente a personas mayores de 70 años. Sin embargo, este padecimiento es cada vez más frecuente en adultos jóvenes, debido al estilo de vida y el sedentarismo, señaló Gabriela Martínez Nava.
“Tenemos personas de 20 o 30 años con un grado moderado de osteoartritis; entre mayor sea el índice de masa corporal más peso soportan las rodillas, diseñadas para soportar cierto peso. Cuando uno sobrepasa este peso, el cartílago se somete a un estrés biomecánico mayor, lo que generará un desgaste mayor y la aparición de osteoartritis a edades más tempranas”, explicó.

La osteoartritis se manifiesta, generalmente, con dolor en alguna articulación. Un simple malestar en la rodilla al hacer ejercicio, al caminar y subir o bajar escalones podría indicar el inicio de esta enfermedad. “Llega un punto en que el dolor es insoportable y cuesta trabajo flexionar, es ahí cuando se busca la atención médica”, indicó.

Este padecimiento en las articulaciones se caracteriza por un desgaste del cartílago articular, un tejido que se compone por 90 por ciento de agua. Solo dos por ciento es constituido por condrocitos. “El cartílago que se mantiene por estos condrocitos se desgasta, el hueso empieza a rozar con otro y esto es lo que causa el dolor. No solo se pierde el cartílago, también se forma hueso donde no debería”, concluyó la investigadora.

Agencia Informativa Conacyt

JoseRuizHerreraJosé Ruiz Herrera descubrió que quería estudiar alguna carrera relacionada con microbiología cuando cursaba el último año de secundaria, tras acudir a una charla vocacional.
“Recuerdo que cuando estaba por terminar los estudios de secundaria, vinieron algunos profesores a la Escuela Secundaria número 10 en la Ciudad de México, para darnos unas conferencias sobre diferentes posibilidades de estudio en el nivel profesional”, dijo.
Entre ellos se encontraba un médico veterinario que impartió una serie de conferencias en torno a las carreras de microbiología. “Fue hasta ese momento que supe de la existencia de las carreras de microbiología y de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y me llamaron mucho la atención”, explicó.

Armando Bonilla

Ante ello, tomó la decisión de inscribirse en la Vocacional número 4 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que en ese entonces direccionaba la formación de sus alumnos a las ciencias médico biológicas. “Al terminar los estudios en la Vocacional 4, sentí una fuerte inclinación hacia la microbiología, así que me inscribí a la carrera de químico bacteriólogo parasitólogo”.
Una vez que comenzó la formación de licenciatura, el hoy doctor valoró cuáles serían sus opciones laborales al concluir la carrera y se dio cuenta que mientras muchos compañeros se interesaban en entrar a trabajar a laboratorios, a él le atraía la idea de ir un poco más allá y formarse como investigador.
“Tuve excelentes profesores, maestros que lo estimulaban a uno para acercarse a la investigación. Tuve la fortuna, por ejemplo, de tomar algunas materias con el doctor Carlos Casas Campillo (finado), un microbiólogo notabilísimo que creó toda una escuela alrededor de la microbiología en México, y fue él quien representó una gran influencia para mí”.

De las relaciones académicas a la actividad profesional
De acuerdo con el testimonio del doctor Ruiz Herrera, fue el propio Casas Campillo quien lo involucró en la investigación profesional. “Cuando realizaba mi tesis, el doctor Casas Campillo trabajaba en un laboratorio en el área de investigación y como mi tesis trataba sobre transformación microbiana de esteroides, se dio la oportunidad de colaborar con él”.
A partir de ese momento, dijo, se fue entusiasmando más con la posibilidad de dedicarse a la investigación y al mismo tiempo identificó la necesidad de estudiar el idioma inglés para formarse y desenvolverse en el plano internacional, así que se dio a la tarea de solicitar una beca. En ese entonces, las becas se tramitaban a través de la embajada de Estados Unidos, así que presentó su solicitud y tras ser valorada fue aceptado. Dicha beca, que entonces era otorgada mediante el Instituto de Educación Internacional, que dependía del Departamento de Estado de Estados Unidos, le permitió cursar el doctorado en el laboratorio del doctor Robert L. Starkey, a quien conoció gracias al doctor Casas Campillo.
“Durante una visita del doctor Robert L. Starkey a México, el doctor Casas Campillo le contó de mi interés por ir a trabajar a Estados Unidos y gracias a esa recomendación pude cursar un doctorado allá”. Mientras cursaba su doctorado en Estados Unidos, en México se crearon los primeros doctorados en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, así como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ante lo cual se trazó el objetivo de regresar en cuanto terminara el doctorado.
“Entonces regresé a trabajar a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y desde ese momento me he dedicado a la investigación científica”, dijo. No obstante, reconoció que el panorama no era aún tan alentador pues la investigación que en México se realizaba en ese momento era todavía muy incipiente.
En esos momentos, contó, “no había apoyo, no había instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), no había centros de investigación consolidados y ante ello uno tenía que trabajar en condiciones realmente precarias, sin acceso a equipos de primer mundo, sustancias, y con salarios realmente bajos, en general era una época difícil”.
Sus líneas de investigación La línea de conducción de todos sus proyectos de investigación nació cuando realizaba su tesis profesional con el doctor Carlos Casas Campillo, con quien trabajaba en la transformación microbiana de esteroides, posteriormente evolucionó el trabajo a la degradación microbiana de aminoácidos en el suelo en su tesis doctoral.
A partir de ese momento, el resto de su trabajo fue primero en torno a la biología celular y segundo a la biología molecular de los hongos. De acuerdo con el propio investigador, posiblemente uno de sus trabajos más significativos fue el que hizo durante una instancia en el extranjero, el primero y único que realizó con bacterias.
“El trabajo fue muy interesante porque descubrimos unos mecanismos de respiración alternativos en bacterias. Se trató de un descubrimiento muy significativo que dio lugar a trabajos que se publicaron en revistas de alto prestigio e impacto científico”.
Un siguiente trabajo de gran relevancia en su carrera fue el desarrollado de manera conjunta con un amigo (doctor Salomón Bartnicki García), durante una estancia doctoral en la Universidad de California, con quien trabajó en torno al mecanismo de síntesis de la pared celular.
“Logramos sintetizar in vitro la pared celular, un compuesto muy importante, y descubrimos unos organelos nuevos que llevaban a cabo la formación de la pared celular, y ese trabajo apareció en la portada de la revista Science y fue muy citado posteriormente”.
Ya como colaborador del Cinvestav, el doctor Ruiz Herrera trabajó en la síntesis de otros polisacáridos de la pared celular de hongos, donde logró trabajos con gran impacto.
Como consecuencia de los resultados que fue cosechando con sus proyectos de investigación y a solicitud del entonces director del Cinvestav, se le encomendó encabezar la creación de un centro de investigación pero en provincia. Debido a ello fundó un centro de investigación en la Universidad de Guanajuato, el cual incluyó el primer doctorado fuera de la Ciudad de México, mismo que se orientó hacia la biología molecular de los hongos.
Luego de fundar y encaminar el centro, regresó al Cinvestav donde continuó su trabajo como investigador, pero ahora en torno a problemas de crecimiento y diferenciación de hongos, en particular trabajó el fenómeno de la diferenciación celular.
Más allá del laboratorio
El doctor Ruiz Herrera considera que la actividad científica ha impactado positivamente en su vida profesional en términos generales y en su vida personal.
Hablando del alcance profesional, considera que además de la posibilidad de hacer investigación, su carrera le ha dado la oportunidad de formar nuevos investigadores. “Es una obligación compartir el conocimiento acumulado, transmitirlo y que este sirva para la generación de los nuevos investigadores”.
Hablando del ámbito personal, dijo que tuvo la fortuna de haberse casado con una mujer que comprendió la importancia que para él tenía su labor como investigador y, en consecuencia, lo apoyó en otras áreas de la vida como la formación de los hijos. “Eso no quiere decir que yo no los viera, por supuesto que sí, incluso le puedo decir que tengo cinco hijos y cuatro de ellos tienen doctorado y uno tiene dos maestrías… No obstante, evidentemente es difícil, muy difícil encontrar un equilibrio porque si verdaderamente uno se considera científico, siente tal pasión por la ciencia que a veces se olvida que tiene unos hijos o una esposa a la que debe atender”.
Finalmente, el doctor Ruiz Herrera aprovechó la oportunidad para aclarar que pese a lo glamoroso que a veces pueda parecer la carrera del científico, él se considera una persona muy normal en todos los aspectos, que lleva una vida normal en la cual sale a trabajar y después de ello regresa a casa con su esposa, pues todos sus hijos ya se encuentran casados.

José Ruiz Herrera
–Químico bacteriólogo parasitólogo por el Instituto Politécnico Nacional –Doctor en microbiología por la Rutgers University de Nueva Jersey, EE. UU –Investigador Emérito del Cinvestav –Investigador Nacional Emérito SNI

(Agencia Informativa Conacyt)

Julia Tagueña Parga

Tagüeña es física por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctora en Ciencias por la Universidad de Oxford en Gran Bretaña; científica investigadora titular C del Instituto de Energías Renovables (IER), campus Morelos de la UNAM; integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Además de ser directora adjunta de Desarrollo Científico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Julia Tagüeña Parga es una investigadora que ha dedicado la mayor parte de su vida al progreso de la ciencia en México.

Nistela Villaseñor /Agencia Informativa Conacyt 

Lleva la ciencia en las venas. Hija de un físico, Julia Tagueña Parga estudió la carrera de Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es doctora en Ciencias por la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, la doctora Julia Tagueña Parga ha estudiado la física del estado sólido y, en particular, sistemas desordenados, sólidos amorfos, materiales vítreos y materiales porosos nanoestructurados.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la investigadora y actual funcionaria habla sobre el camino que la llevó a la ciencia, su gusto por las diversas expresiones del arte y el gran amor por su familia.

La libertad de elegir

Julia Tagüeña es una promotora de la ciencia por convicción y hasta por tradición familiar. “La ciencia era un tema prioritario en la casa. Mi padre era físico, mi madre estudió Filosofía y Letras, pero también tenía mucha afición por la ciencia. Definitivamente mi familia influyó en mi educación y además me permitió la libertad de escoger una vocación. En mi casa había un respeto total por que las mujeres podían estudiar igual que los hombres”.

Para la especialista, cualquier profesión requiere entrega y pasión, no hay una receta sino que se debe tener un método y orden. “Es cinco por ciento de inspiración y el resto de transpiración. Y eso es para todos. Simplemente decidir que eso es lo que quieres hacer, encontrar tu vocación, tener pasión por ella, porque el éxito viene de la pasión por un tema, por una meta”.

La mujer tiene todas las capacidades para desarrollarse, señala Tagüeña Parga, y pese a que hay una discriminación que indica que la mujer no puede desarrollar ciertas actividades, “la ciencia ha demostrado que eso es absurdo. Simplemente hay que buscar que haya igualdad de oportunidades para poder desarrollar el talento de cada persona”.

Respetuosa de sus congéneres, la investigadora les recomienda no tener miedo y hacer lo que realmente quieren y saben que pueden realizar. “Ahí tienes que tener un acto también más de valor porque hay un prejuicio de lo que son carreras femeninas y lo que son carreras masculinas; hay que saltar ese prejuicio”.

Ese prejuicio también afecta a hombres, asegura la doctora. Por ejemplo, una familia puede esperar de su hijo una elección más convencional como abogado, médico o ingeniero y no carreras como ser físico o filósofo, por mencionar algunas.

“Se han hecho estudios de lo que piensa la sociedad respecto de la ciencia y es muy común que sí hay un respeto por la ciencia, pero no les gustaría que sus hijos fueran científicos; lo ven como una carrera poco útil en el mercado laboral”, expresa.

Le pasa exactamente lo mismo al arte, afirma la especialista, y sugiere a aquellos que quieran hacerlo que no se dejen presionar por la creencia de que “de arte no se va a poder vivir”. La experta enfatiza en la importancia de no caer en esos prejuicios y estudiar lo que realmente se desea, porque es donde se va a ser exitoso.

Satisfacciones de la ciencia

Julia Tagüeña Parga encuentra en la investigación científica una de la profesiones más enriquecedoras, porque la sensación de comprender una pregunta o un fenómeno implica una satisfacción personal enorme. “Más allá de las satisfacciones profesionales está la interna que da el conocimiento. Yo estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de dedicarme a la ciencia y apoyar el desarrollo científico de nuestro país”.

La investigadora recomienda a la gente acercarse a la ciencia aunque no sea como profesión sino simplemente como un complemento al conocimiento. A su juicio, esta abre posibilidades infinitas, hace ver las cosas de una manera profunda y permite una visión más completa del mundo.

La directora adjunta ha disfrutado todas las formas de hacer ciencia: investigación combinada con docencia, comunicar la ciencia a la sociedad y apoyar a la comunidad académica para que realice investigación. “Depende de tu edad, del momento en que estás tomando una decisión de trabajo”.

Comenta que no solo le parecen notables los grandes investigadores eméritos o los miembros del Sistema Nacional de Investigadores con el nivel III, sino que hay muchos jóvenes admirables. “Es un placer trabajar con esta comunidad, es gente capaz, responsable, con compromiso social. Admiro lo que se ha hecho en este país en materia de ciencia en los últimos años”.

Vínculo entre ciencia y arte

La doctora es asidua lectora de narrativa: novela histórica, latinoamericana —especialmente escrita por mexicanos—, de autores japoneses, y le gusta leer a los premios Nobel de literatura de cada año. “Estoy muy ‘clavada’ en las novelas. No tengo mucho tiempo, pero aprovecho por ejemplo los viajes, en el avión, para leer diferentes novelas”.

Según Tagüeña Parga, hay muchas mujeres que están escribiendo y eso le interesa porque el texto escrito desde la visión femenina tiene una riqueza especial.

Y si bien la literatura japonesa le parece complicada, admite que brinda otra forma de ver la realidad, y “eso me gusta porque refleja algo que sucede en ciencia: buscar diferentes visiones y diferentes patrones ocultos”.

Para la doctora es claro el vínculo existente entre ciencia y arte, aunque tal vez no está suficientemente analizado. “Toda expresión artística está basada en ciencia: los pigmentos de una pintura o las ondas sonoras de una audición, por ejemplo. Pero va más allá, hay una relación estrecha por el proceso creativo. La creación en ciencia es muy parecida a la creación en arte y están unidas profundamente”.

Además de la lectura, la pintura, la música, el teatro, tomar fotografías, guardar archivos fotográficos familiares y disfrutar la relación con sus alumnos, Tagüeña Parga comparte una particular debilidad: sus nietos. “Es la culminación de haberte dedicado a criar una familia. Dedicarme a ellos es una cosa absolutamente divertida, y ahí me doy cuenta de las prioridades, porque si me encargan a los nietos, dejo todo y nada más me ocupo de ellos”.

La doctora destaca la importancia de no frenar la curiosidad natural de un niño y su interés por aprender. “Nos preguntan tanto que hay un momento en que podrías decir: ‘ya no me preguntes más’, ahí es donde tienes que buscar, si tú no sabes, la fuente para que les puedas contestar. En general, con los niños, hay que tener una actitud muy abierta hacia sus preguntas y acercarlos a la ciencia sin ninguna duda”, expresa.