Un lector residente en Quintana Roo me pregunta si la inundación con aguas marinas ocurrida la semana pasada en la isla de Holbox es consecuencia del calentamiento global, el cambio climático y el ascenso en el nivel del mar, y si tal fenómeno seguirá ocurriendo con mayor frecuencia.

Por Juan José Morales

En realidad, lo sucedido en Holbox —intrusión de agua de mar por un lado y de la laguna de Yalahau por el otro— no es algo extraordinario, sino que puede considerarse normal, aunque poco frecuente y se debe a una conjunción de factores naturales: las mareas, las corrientes marinas, los vientos y la reducida altura de la isla.
Como se sabe, Holbox es una isla arenosa de barrera larga, estrecha y muy baja, que se eleva apenas un metro sobre el nivel del mar. Por el frente tiene al Golfo de México y por detrás, al sur, la extensa laguna de agua salada de Yalahau, que se comunica con el mar, y frente a la isla corre de este a oeste una gran corriente marina procedente del Caribe que transporta enormes volúmenes de agua. Normalmente, el nivel del mar no varía mucho, pues en el Golfo de México y el Caribe las mareas son de poca amplitud. Finalmente, hay que tomar en cuenta los vientos dominantes, que casi siempre provienen del este y el noreste.

Por ser tan larga —44 kilómetros—, estrecha y baja, y por hallarse entre el Golfo de México y la laguna de Yalahau, la isla de Holbox, que en promedio se levanta apenas un metro sobre el nivel medio del mar, está expuesta a sufrir inundaciones por el frente y la retaguardia cuando se conjugan ciertas condiciones naturales.

Pues bien, a veces se conjuntan varias circunstancias que implican a esos cuatro factores: en vez de los vientos usuales, se tiene el llamado chikinik o viento del oeste, que se presenta usualmente —como ocurrió en esta ocasión— con la llegada de un frente frío y que, al soplar en dirección opuesta a la corriente marina, frena su avance y hace que el agua, en lugar de seguir desplazándose, se acumule. Por otro lado, puede ocurrir que esto coincida con una marea máxima, o marea de Sicigia como se le denomina, la cual se presenta dos veces por mes, tanto en época de luna llena como de luna nueva, cuando el Sol, la Tierra y la Luna se encuentran aproximadamente sobre una línea recta, de modo que la atracción gravitacional del Sol y la Luna se suman e incrementan la altura de la marea. En esas ocasiones la elevación del nivel del mar puede ser mucho mayor que de ordinario y superar la escasa altura de la isla.

Eso fue lo que sucedió el pasado 26 de noviembre en Holbox: como soplaba un fuerte chikinik y era época de luna llena y por tanto de marea máxima, el nivel del mar ascendió por encima de lo habitual y el agua —tanto del mar como de la laguna— empieza a avanzar sobre tierra, especialmente en las zonas más bajas de la isla. Esa fue la causa de la inundación de playas y calles, que resultó tanto más espectacular por haber estado acompañada de fuerte oleaje y vientos de considerable intensidad.

Como decíamos, este no es un fenómeno anómalo o extraordinario, sino que ocurre con relativa frecuencia. De hecho, hace poco más de tres años, a fines de abril de 2010, hubo una inundación semejante y en esa ocasión también un amigo lector nos hizo la misma pregunta, a la cual respondimos en términos similares.

Los viejos habitantes de Holbox están habituados a sufrir ese fenómeno natural. Incluso —como decíamos hace tiempo— ya saben cuáles son los sectores de la población más expuestos a la invasión del mar y de las aguas de la laguna, y los más prudentes han evitado construir sus viviendas en esos sitios.

Para concluir: no estamos ante un efecto del calentamiento global o el cambio climático, sino de algo que puede considerarse normal dadas las características de la costa norte peninsular. Sin embargo, como el nivel del mar está elevándose lenta pero constantemente, es de esperarse que tales episodios se presenten con mayor frecuencia y tal vez con mayor intensidad, de modo que sería conveniente que las autoridades sean previsoras y tomen las medidas necesarias para evitar o paliar los daños.

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