Del 15 al 23 de noviembre se darán cita programadores, críticos y comunidad teatral, para promover y estimular el teatro mexicano.

En el marco de la celebración de los 450 años de su fundación, un total de 32 puestas en escena se presentarán en el estado de Durango.

Se entregará la Medalla Xavier Villaurrutia a Gerardo Moscoso, Abraham Oceransky y Raúl Zermeño.

Organizada por la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, en colaboración con el gobierno del Estado de Durango y su Instituto de Cultura, del 15 al 23 de noviembre se llevará a cabo la XXXIV edición de la Muestra Nacional de Teatro (MNT), en la ciudad de Durango, en el marco de la celebración de los 450 años de su fundación.

A lo largo de sus 33 ediciones, la MNT se ha convertido en un espacio idóneo para la representación y presencia del teatro mexicano actual, con el propósito de promover su crecimiento y generar una oportunidad de intercambio entre las distintas líneas estéticas y discursos que propician puntos de encuentro entre creadores, críticos, especialistas y programadores nacionales y extranjeros.

Un total de 32 puestas en escena se escenificarán a lo largo de nueve días, provenientes de Baja California, Chihuahua, Distrito Federal, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán y del estado sede; siendo seleccionadas por la dirección artística de la XXXIV edición de la MNT, integrada por Jaime Chabaud, Enrique Mijares, Janet Pinela, Claudia Ríos y Antonio Zúñiga.

Los creadores escénicos fueron convocados desde el pasado mes de marzo a presentar sus propuestas para la programación; recibiéndose un total de 240 proyectos de 26 entidades federativas del país.

De las 32 obras seleccionadas, 25 provienen de la convocatoria, cuatro a través de la Muestra Estatal de Durango, dos por invitación de la Dirección Artística y una por invitación institucional.

Provenientes del Distrito Federal se presentarán: El beso de Antón Chéjov bajo la dirección de Alonso Ruiz Palacios, con la compañía Todas las fiestas de mañana; Todavía…siempre de Conchi León, bajo la dirección de Claudio Valdés Kuri, de la compañía Teatro de Ciertos Habitantes; Baños Roma creación colectiva de TLS bajo la dirección de Jorge Vargas; El sueño de Martina, basada en el texto de Mónica Hoth Martina y los hombres pájaro; y Pacamambo de Wajdi Mouawad, dirigida por Hugo Arrevillaga, de la compañía Tapioca Inn.

También del centro del país se presentarán Nadie quiere ser mi amigo de Javier Malpica, bajo la dirección de Oswaldo Valdovinos, de la compañía Astillero Teatro; El rey se muere, reconstrucción de Eugéne Ionesco, bajo la dirección de Clarissa Malheiros y Juliana Faesler, de la compañía La Máquina de Teatro; El final de Samuel Beckett, dirigida por Ana Graham, de Por Piedad Teatro; y El amor de las luciérnagas, escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, de la compañía Los Guggenheim.

De Jalisco se presentarán Viaje de tres de Jorge Fábregas, bajo la dirección de Luis Manuel Aguilar “Mosco”, de la compañía Grupo Viajero; y Hazme un hijo, falso documental de un suceso imbécil de Enrique Olmos de Ita, bajo la dirección de Fausto Ramírez y Susana Romo, de la compañía A la deriva teatro.

Del estado de Michoacán se presentará la compañía Producciones Niebla del Recreo, Arrullos para Benjamín, escrita y dirigida por Hasam Díaz.

Además, de San Luis Potosí se escenificarán Érase una vez la historia de una herida, creación colectiva bajo la dirección de Marco Vieyra, con la Compañía de Teatro del Instituto Potosino de Bellas Artes; e In/visible, también de creación colectiva bajo la dirección de Martha Aguilar, de la compañía La Carrilla.

De Nuevo León Pequeño fin del mundo, escrita y dirigida por Víctor Hernández; y la compañía La jaula del conejo con Vacas de Adriana Pelusi de Icaza, bajo la dirección de Cristina Alanís y dirección adjunta de Gerardo Dávila.

También se presentarán Kikiricaja de Miguel Garrido, bajo la dirección de Raymundo Garduño, proveniente de Baja California, de la compañía Inmigrantes; de Chihuahua, Night stalker, mi hermano siamés de Selfa Chew, dirigida por Perla de la Rosa, de la compañía Telón de Arena; y de Oaxaca la compañía Idiotas Teatro con Pájaro de Fernando Reyes y Cristian David, bajo la dirección de Karla Ramírez y Lucía Pardo.

Asimismo, presentarán funciones las obras Gritos y susurros de Ingmar Bergman, con la dirección de Agustín Meza, de la compañía El Guetto, proveniente de Querétaro; de Sinaloa se presenta El cruce de Alejandro Román, bajo la dirección de Lázaro Fernando, con la compañía TATUAS; y de Tamaulipas, Lejos volar de Gibrán Portela, bajo la dirección de Isaac Martínez, de la compañía Bruma Creativa Escénica.

Del estado de Veracruz se presentará la puesta en escena Beisbol, escrita y dirigida por David Gaitán con la Compañía Titular de Teatro de la Universidad de Veracruzana; de Yucatán la compañía La Rendija presenta Bacantes, para terminar con el juicio de Dios de Eurípides, adaptación y dirección de Raquel Araujo; y El hijo de mi padre, escrita y dirigida por Adrián Vázquez, una coproducción de Veracruz-Baja California, de la compañía Los Tristes Tigres y Los Guggenheim.

Además, de las obras seleccionadas a través de la Muestra Estatal de Durango, se presentarán La más fuerte de August Strindberg, bajo la dirección de Enrique Longoria, de la compañía Prorsum Artis Deus; ¡Acá las nubes! de Erick Ramírez Farias y dirección de Vianey Rodríguez; Passport de Gustavo Ott, dirigida por Joshi Madrid, de la compañía LABAT Teatro; y Post mortem de José Ángel Soto Favela, dirigida por Ana Laura Herrera Ortega y José Ángel Soto Favela, de la compañía Cuerda Floja.

De las obras por invitación de la Dirección Artística, se presentarán: El mayor monstruo del mundo de Pedro Calderón de la Barca, adaptación y dirección de José Caballero; y Tío Vania de Antón Chéjov, versión y dirección de David Olguín, ambas producciones de la Dirección de Teatro de la UNAM.

Y para finalizar, la Compañía Nacional de Teatro presentará El círculo de cal, basado en Der kaukasische Kreidekreis de Bertolt Brecht, versión libre de Eduardo Weiss y Luis de Tavira, dirigida por este último.

En esta edición, la Medalla Xavier Villaurrutia, distinción que se otorga a destacadas personalidades del teatro mexicano, será entregará a Gerardo Moscoso, Abraham Oceransky y Raúl Zermeño.

También se llevará a cabo la entrega del Premio Internacional de Ensayo Teatral a la mexicana Fernanda del Monte por su ensayo Territorios textuales en el denominado teatro post-dramático, premio convocado por el INBA, la Coordinación Nacional de Teatro y el CITRU, en colaboración con ARTEZ: Revista de las Artes Escénicas (de España) y Paso de Gato: Revista Mexicana de Teatro.

Dentro de la XXXIV MNT, como parte de las actividades académicas se impartirán los talleres: Laboratorio: El gestor en situación, impartido por Gabriela Halac, de Argentina; Texto y representación en la escena Iberoamericana contemporánea, impartido por Guillermo Heras, de España.

De México, los talleres: Coordenadas entre la dirección y modelos de producción, impartido por Fausto Ramírez; Fundamentos para el diseño espacial escénico con un enfoque en el Teatro del Interior, impartido por Luis Manuel Aguilar “Mosco”; De la técnica vocal a la libertad de la palabra, impartido por Luisa Huertas; La presencia en juego en el juego del actor, impartido por Clarissa Malheiros; y Transversalidad y escena, que impartirá Jorge Vargas.

Además, dentro de las actividades académicas se llevarán a cabo mesas de reflexión con la participación de especialistas nacionales y extranjeros, que abordarán temas como: Salas Independientes, Crítica Teatral, Docencia en las licenciaturas de teatro, El teatro para niños y jóvenes en México, Festivales: Gestión y Programación, Apoyos, fondos y subsidios y Ética y disciplina en el quehacer teatral.

Cabe destacar que por segundo año consecutivo se llevará a cabo el Encuentro de programadores nacionales e internacionales, en el que se contará con la participación de programadores y/o directores de importantes festivales escénicos de países como Argentina, España, Chile, Colombia, Uruguay y Reino Unido, así como de importantes festivales de nuestro país.

Por otro lado, se presentarán cuatro exposiciones dentro de la MNT: Seis Luminosas Décadas, exposición fotográfica por parte de la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana que celebra 60 años de consolidación como proyecto de creación y formación teatral que conjuga y vincula el entorno local, el prestigio a nivel nacional e internacional y la identidad universitaria.

Exposición fotográfica Seña y Verbo 20 Aniversario, esta exposición da testimonio del referente cultural para la comunidad sorda en México y muestra el desarrollo y presencia de esta compañía tanto nacional como internacional.

Se contará con la exposición CITRU presente, acerca el trabajo de investigación del Centro Nacional de Investigación y Documentación e Información Teatral.

Y por último la Exposición Fotográfica del Teatro de Durango; una mirada a la historia del teatro del estado.

Los recintos donde se llevarán a cabo las diferentes puestas en escena y actividades académicas en Durango son: Teatro Ricardo Castro, Teatro Victoria, Teatro del IMSS, Espacio Alternativo Metrópoli (MET), Auditorio Universitario de la UJED, Museo de Historia y Artes Palacio de los Gurza, Casa de la Cultura y Museo Francisco Villa.

Así, la XXXIV MNT es una gran oportunidad para dar a conocer el quehacer teatral nacional, a través de las funciones y talleres que contribuyen a la permanencia y crecimiento de este.

“Había vuelto la paz al Llano Grande”, “Venía de muy lejos, por el rumbo del Llano”, “Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande…”, “Era la época en que el maíz ya estaba por pizcarse y las milpas se veían secas y dobladas por los ventarrones que soplan por este tiempo sobre el Llano”, “Era bonito ver aquello. Salir de pronto de la maraña de los tepemezquistes cuando ya los soldados se iban con sus ganas de pelear, y verlos atravesar el Llano vacío, sin enemigo al frente, como si se zambulleran en el agua honda y sin fondo que era aquella gran herradura del Llano encerrada entre montañas“, “Algunos ganamos para el Cerro Grande, y arrastrándonos como víboras pasábamos el tiempo mirando hacia el Llano…”

Éstos son algunos párrafos de uno de los más conocidos cuentos de Juan Rulfo, “El Llano en Llamas”, que da título al primer libro del jalisciense. Aunque es uno de los libros más vendidos en la historia de la industria editorial mexicana, publicado en ediciones críticas, en varios países de habla hispana, en diversas colecciones en varias editoriales, y con más de 500 mil ejemplares vendidos en la Colección Popular, en un reciente homenaje por los 60 años de su publicación, el Instituto Nacional de Bellas Artes, en el cartel que anunciaba los actos conmemorativos, puso El llano en llamas; es curioso que en muchos boletines informativos a lo largo de la historia, en los folletos donde anunciaban paquetes de libros en oferta en ocasiones de aniversarios, ventas especiales, o en ocasiones de Navidad, ponen El llano en llamas.
Tres de los lectores más cultos confesaron que no habían reparado en el error; ya lo raro es que se escriba de manera correcta; lo malo es que cuando se me ocurre llamar la atención recibo regaños y reconvenciones, y me recuerdan que “los títulos se escriben en bajas”. Me parece inútil remitirlos al texto para que vean que Llano es un nombre propio, no se trata de un llano cualquiera.

Tampoco puedo reclamar mucho: el Pequeño Larousse Ilustrado, el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado, el Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana, y sobre todo, el Diccionario de Escritores Mexicanos, tanto en la primera edición (1967) como en la segunda, en doce tomos, incluyen El llano en llamas, más preocupados por incluir que por leer los libros.

Desde hace algunos años la Real Academia de la Lengua convino en que lo mejor, y lo más elegante, era suprimir las mayúsculas inútiles, tanto en títulos como en accidentes geográficos; no pudieron hacerlo en el lenguaje burocrático, donde ponen en altas los títulos profesionales (Licenciado, Doctor, Ingeniero), los cargos (Ministro, Secretario, Presidente –éste, decía Bernardo Giner de los Ríos, sólo va en mayúsculas cuando es el nombre del brandy).

La RAE no autorizó poner en minúsculas los nombres propios, pero dio pie a que la gente creyera nombres comunes cuando no lo son; ponen “río” en bajas aun cuando sea parte del nombre, como el Río Bravo y otros seis, de los que da cuenta el Diccionario de Historia, Geografía y Política de Porrúa (y algunas otras enciclopedias); tampoco están autorizadas esas personas a creer que los nombres son títulos: El Universal es nombre, La ciudad más transparente es título; lo tedioso es corregir a los correctores que no entienden esa diferencia. Hace unas semanas Gabriel Zaid apuntó la escasa costumbre de la gente para consultar diccionarios y verificar si lo que escribe o lee tiene fallas o está correcto.

No se sabe, entonces, si el valle de México es un valle cualquiera o se llama Valle de México; la Academia no es autoridad, por su desconocimiento de lo que sucede fuera de su ámbito, en lo que siguen considerando sus colonias.

Pero en sus propias obras son descuidados; las solapas y la contraportada de los libros de Mario Vargas Llosa, sobre todo el más reciente, El héroe discreto, ponen el nombre de sus novelas, y a la segunda le dicen La casa verde, aunque en el texto uno de sus personajes principales, el sargento Lituma, habla de lo que vivió en su juventud en La Casa Verde, como se llamaba el prostíbulo donde se emborrachaban Los Inconquistables. Si quienes hicieron los textos de contraportada y cuartas hubieran leído el libro, hubieran escrito bien ese título.

Hay otros casos, que también hacen dudar de que quienes los reseñan o los incluyen en bibliografías, sepan de qué se tratan; por ejemplo, a dos de las principales novelas de Martín Luis Guzmán las nombran en bajas, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo, aunque en la primera son símbolos, no animales comunes y corrientes ni mucho menos objetos; como símbolos, debe titularse El Águila y la Serpiente; el caudillo de la otra novela no es uno más de los muchos caudillos militares y políticos que pululaban en el México de los años veinte; es el Caudillo que unificó al ejército, que maniobró para unificar todos los partidos en uno solo, el que consiguió que todos los caudillos aprobaran a un solo candidato; el que manipula entre los precandidatos para elegir al “bueno”, y suprime por las buenas o las malas a los rejegos; en la novela es “el Caudillo”, por no decir el Jefe Máximo; su sombra pesa sobre los demás protagonistas, civiles y militares; el título es La sombra del Caudillo; de hecho, así se llaman en la edición del Fondo de Cultura Económica de 1984, y en las ediciones de la Colección de Escritores Mexicanos de Porrúa, y en las ediciones de Compañía General de Ediciones, pero no en el Diccionario de Escritores Mexicanos, ni en etcétera etcétera.
La Silla del Águila es el símbolo de la silla presidencial, y así lo maneja Carlos Fuentes en una de sus novelas menos apreciadas, y muy mal leída, por lo que sus críticos y comentaristas la titulan en bajas.

Menos graves son otros casos, pero que en lo personal no dejan de inquietarme; en la Guía Roji de 1927, la más antigua que he conseguido, una de las colonias alejadas entonces de la ciudad de México, en pleno sur poco habitado, se llamaba la Colonia del Valle; así, hasta los años setenta; ahora la llaman colonia del Valle; en las Guías no ponen colonia Polanco o colonia Anzures, sólo Polanco o Anzures; no es colonia Narvarte, sólo Narvarte (y antes, Nalvarte); ponen colonia del Valle en la creencia de que colonia no es parte del nombre; en todo caso, si colonia fuera genérico, sería colonia Del Valle; y así con otros nombres propios que la costumbre ha hecho que se nombren al aventón.

Entre los participantes del primer tomo de Los narradores ante el público, y que conocí o que sigo conociendo, sigue Juan García Ponce; hablamos Paco Alvarado y yo en una exposición en Bellas Artes; ya había leído todos todos sus libros de narrativa publicados hasta entonces: Imagen primera, La noche, Figura de paja, La casa en la playa; su autobiografía, y sus reuniones de ensayos Cruce de caminos y Entrada en materia; Paco nunca me acompañó a su casa, entonces a media cuadra de Río Magdalena, y cuadra y media de Avenida Revolución; lo visitaba primero con frecuencia, después cada que aparecía algunos de sus libros; me incitaba a leer: Lezama Lima, Nabokov, Borges; desentrañaba sus historias, alguna vez le reclamé que no utilizara mujeres mexicanas en sus ediciones recientes; “las mujeres de mis libros no existen”, me dijo; por teléfono me preguntaba, antes de citarme: “¿ya lo leíste?, ¿qué te pareció? ¿Cuánto te tardaste en leerlo? ¿Te molestó tal personaje?” Platicamos de “La gaviota” en tres sesiones, y en su casa conocí a Juan José Gurrola, a Manuel Felguérez; me enteré de alguna intimidad; le llevé algún libro suyo que no le había llegado más que un ejemplar (La presencia lejana, publicado por Arca, y que había traído Gerardo López Gallo desde Argentina antes que el embarque de la editorial; se lo llevé para que me lo firmara, y un par de amistades lo vieron con inquietud: al día siguiente le llevé los otros pocos que estaban en la Librería del Sótano); así, con todos sus libros hasta Unión, le caí hasta que sucedió lo que narro en El juego de las sensaciones elementales. Gustavo Sainz me objetaba mi placer por leer a García Ponce, y me hacía análisis para tratar de demostrarme por qué a él no le gustaba; mi gusto lo compartía con Anamari Gomis; a su casa llevé a Rubén Maní, a Patricia Proal; fui con Lourdes antes de casarnos, pero no me acompañó cuando fui a llevarle Trazos. Allí viene una reseña que ya había leído antes, contra un número monográfico de Artes de México, dedicado a la plástica mexicana, de Alfonso de Neuvillate, al que despedazaba con argumentos contundentes, que se me ocurrió utilizar, sin su agresividad pero con la misma estructura, para comentar De Anima, lo cual le molestó; enmendó el principal error que señalé en mi reseña, pero cometió, otro, que ya no quise recalcar, cuando apareció la reimpresión de esa novela. Después, renegó de mí con algunas amistades, como Salvador Mendiola y con Héctor de Mauleón, pero cuando alguna comentarista quiso defenderlo de mis reseñas, él se molestó con ella. Lo peor que le hice le causó mucha gracia: le llevé mi ejemplar de El canto de los grillos; amenazó con decomisarlo para quemarlo. Finalmente, muerto de la risa, me lo dedicó.

Tuvo que darme, sin embargo, la razón, cuando una protegida suya quiso escribir que Lennon, con Double Fantasy, había traicionado sus posturas iniciales, que debía mejor aprender de Dylan Thomas, ése sí un jazzista incorruptible; la corregí y le llamé la atención, y esa tarde, en casa de Juan, tratando de que no la oyera, confesó su error y mi reprimenda; Juan alcanzó a oír, y al pedirle explicaciones ella sólo acertó a decir que le habían soplado mal. Juan sólo tuvo que darme la razón… “Pobre Eduardo”, exclamó. Cuando lo visitaba, me preguntaba si había visto a Salvador Elizondo y yo, sin saber aún de sus diferencias tan enormes, le contaba de mis pláticas con Elizondo, cosa que recordé cuando éste ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua, y fueron violentamente criticados, ambos, por García Ponce, en declaraciones a Proceso. Una entrevista a él, con un grave error, tuvo la consecuencia de que detuvieran en seco una campaña contra mí que ya habían emprendido, je.

A Juan Vicente Melo me lo presentaron en la redacción de La Cultura en México (nombre del suplemento, no título); en su casa, ya no en La Condesa sino en Mariano Escobedo, me habló extensamente de literatura francesa, de sus gustos musicales, se confesó cursi según él porque le gustaba Chopin sobre cualquier otro compositor, y su pieza favorita en música popular era “You’ve got up my head”, con Judy Garland. En su casa, donde me daba a beber como si mi capacidad fuera similar a la suya, conocí a Isabel Fraire, quien me confesó que había leído tres veces Figura de paja de García Ponce, sin entenderle, y sin que fuera reprendida por Melo. Cada vez que salía de su casa me invitaba a que regresara la siguiente semana; un día no llegué solo, sino acompañado de Jaime Gallegos y Arturo Magallón; le llevábamos el primer número de Creación, la revista que comencé pero no pude emprender, y de la que Jaime publicó diez números, uno de ellos doble. Melo se molestó por la compañía y no volví a verlo, sino hasta que, en 1987, Alberto Paredes lo llevó al Fondo de Cultura Económica: extremadamente delgado, demacrado, desprotegido, tambaleante. Me saludó con afecto; Sergio Galindo me contaba que habían encontrado a Melo en Xalapa casi inconsciente, que se desprendía de quienes lo vigilaban, y emprendía parrandas que duraban días, alguna vez casi una semana; Isabel Fraire desmintió a Sergio, y afirmó que estaba sano. Yo no bebí nunca tanto como en su casa, cuando aún no me dañaba beber, ni me afectaba el aire, cuando salía al atardecer y abordaba el trolebús que me llevaba, sin marearme, hasta la colonia Industrial. Aunque tuve todos sus libros, sólo me puso una dedicatoria en su conferencia de Los narradores ante el público: “me dices gracias, y no sé qué responder; lo bueno, para mí, es que un día nos conocimos en Siempre! Y nos dijimos gracias…”

 

Me dicen intolerante porque ya no quiero ver tenis masculino; no sólo me molesta que ganen puntos a base de saques violentos y no de dominio y de buenas jugadas; me molesta que se turnen las victorias, una para uno, la siguiente para el otro; me divierten, mucho más que los juegos, las imitaciones que hace Djokovich, quien ridiculiza a todos sus rivales al remedar cada gesto, cada tic, cada movimiento; son mejores sus imitaciones de Anna Ivánovic y de Maria Sharapova (no se ha atrevido con Tsvetana Pironkova, la 99 mejor del mundo); con Sharapova se lleva tan bien, se ríen juntos tanto y de manera tan desenfrenada, que el novio de ella debería estar tan celoso como seguramente lo está la novia de él. Hay una gran cantidad de videos con las imitaciones y con las bromas que se hacen mutuamente.

Me gustan más los juegos femeniles; la mayoría de las tenistas son muy guapas, más cuando están vestidas, y casi todas muy simpáticas, muy desenvueltas, muy alegres. Los cronistas se quejan de que ninguna tiene buen saque, y que si fallan con el primero, seguramente les irá mal con el segundo, por imprecisas; eso les pasa por no leer a James Thurber, quien se fijó antes que nadie que una de las razones por las que la mujer será, en ese aspecto, inferior a los hombres, es que lanzan cualquier objeto, y más aún una pelota de cualquier deporte, adelantando la pierna equivocada; mientras no lo corrijan, su saque será malo.

Lo dije yo primero, como se decía a finales de los años sesenta: Yasiel Puig será buen bateador, con sus asegunes, porque se cayó estrepitosamente el último mes y medio de la temporada (la postemporada es extra, y no siempre buena, aunque ahora, en algunos juegos, ha habido buen pitcheo, aunque para cuidar a los brazos de los pitchers delicaditos, son capaces de sacarlos del juego aunque estén tirando sin hit ni carrera). Puig no ha dejado de ser amateur, piensa en su lucimiento y no en el bien de su equipo; cuando acierta a cortar un hit trata de poner out a los corredores en home, y descuida a los otros corredores que siempre le sacan una base extra; pero no siempre acierta a fildear, y pone en peligro a los Dodgers; cuando lo ponchan, aunque sea evidente que dejó pasar una buena pitcheada, se queda viendo a los umpires, con gesto de María Félix molesta por el desprecio de los galanes en turno, y cuando se poncha tirándole (y se poncha mucho: casi cien veces en 107 juegos, algunos de ellos incompletos), hace berrinche, y hasta el tolerante Don Mattingly debe regañarlo, y a veces hasta sacarlo del juego.

Cuando se filmaba Rojo amanecer, muchos actores, muchísimos, se acercaron a Héctor Bonilla, a Roberto Sosa y a Marcela Mejía para ofrecerles su ayuda: algunos llegaron con las escrituras de sus casas para que la hipotecaran, la vendieran, lo que fuera necesario para obtener fondos y terminar una cinta que hicieron con sus propios medios, sin financiamiento estatal; María Rojo quiso actuar sin cobrar, y tuvo que aceptar salario por presiones de la ANDA, pero exigió que fuera el más bajo, el mínimo autorizado, y no fue la única. Por esos días me acerqué mucho a ellos, y llegué a la conclusión, con esos y otros ejemplos, que aunque se critiquen de forma brutal, que hagan excelentes imitaciones burlonas, con cierta crueldad, incluso de los más notorios, el de los actores es un medio mucho más generoso y desprendido que el de los escritores, muchos de ellos envidiosos, vanidosos, egoístas, ególatras. Me dolió reconocerlo cuando presionaron al jefe de gobierno del Distrito Federal para que cerrara o cuando menos disminuyera el centro de acopio para la ayuda a los damnificados por un ciclón y un huracán, simultáneos, que golpearon gran parte del país, en especial, como sucede siempre, en las zonas más pobres. Y sí, lograron que lo cerraran o disminuyeran, con tal de tener una feria del libro que pudieron haber celebrado en cualquier lugar. Y todo para cederla a quienes se creen dueños del Zócalo. ¡Qué vergüenza!

Más textos de Lalo Mejía en http://errataspuntocom.blogspot.mx

Sabina Berman

Como parte del ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) anuncia la realización de la sesión dedicada a la escritora Sabina Berman, quien estará acompañada por José Gordon, Cristina Rivera Garza, Héctor de Mauleón y Lucina Jiménez.

La cita para esta actividad, organizada por la Coordinación Nacional de Literatura del INBA, es  el martes 12 de febrero, a las 19:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Más de 25 años de trayectoria en las letras han colocado a Sabina Berman como una de las figuras más prolíficas de la dramaturgia mexicana actual. Su talento la ha llevado a obtener el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón, así como el Premio Nacional de Periodismo, por mencionar algunas distinciones.

La vasta obra de Sabina Berman, que comprende dramaturgia, narración, poesía, periodismo y guiones para cine, permite apreciar espacios inesperados de gracia, belleza y compasión, según ha escrito José Gordon: “Reconocida por la belleza de imágenes que literalmente nos abren los ojos por su inteligencia y valentía”.

Si para Sabina Berman “el artista siempre está buscando el territorio no expresado”, entonces su obra  —apunta Gordon—  es un ejemplo de esta búsqueda: “Podemos ver los muros invisibles que construimos en las relaciones interpersonales, en las convenciones sociales, en los juegos de poder político, en la comedia de la hipocresía, mismos que la mirada de Berman pone sobre el escenario.

Sabina Berman (Ciudad de México, 1956), dramaturga, narradora, poeta y guionista, estudió psicología y letras mexicanas en la UIA; dirección teatral en el CADAC y en el Teatro T. Codirigió la película Entre Villa y una mujer desnuda. Colaboradora de Comunidad, El Financiero, El Zaguán, La Semana de Bellas Artes, Letras Libres, Punto de Partida, Siempre! y Unomásuno.

Galardonada con diversos premios y reconocimientos, entre su obra se encuentran trabajos como el cuento Un grano de arroz (1994); la novela La bobe (1990)Amante de lo ajeno (1997),  y La mujer que buceó dentro del corazón del mundo(2011). En el ámbito de la crítica y reflexión es autora de Volar la tecnología Maharishi del campo unificado (en colaboración con José Gordon, 1987),Mujeres y poder (coautora con Denise Maerker, 1999), Gritos y susurros(colectivo de 38 autoras, 2004), Democracia cultural. Una conversación a cuatro manos (junto con Lucina Jiménez, 2006), Un soplo en el corazón de la Patria. Instantáneas de la crisis (2006). En poesía, Poemas de agua (1986),Lunas (1988).

Algunas de sus aportaciones escénicas son El jardín de las delicias (1976); Teatro de Sabina Berman: Yankee, Rompecabezas, Herejía, Águila o Sol, El suplicio del placer, Ésta no es una obra de teatro y Un actor se repara (1985); Muerte súbita(1988); Entre Villa y una mujer desnuda (1993); La grieta (1999); Molière(2000); Feliz nuevo siglo Doktor Freud (2011); Puro teatro (2004). En teatro para niños es creadora de: Jardín con animales (1985), El árbol de humo (1994) y Caracol y Colibrí (1996).

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En una iniciativa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA) presenta a sus visitantes nacionales y extranjeros, el nuevo folleto Murales para un museo, el cual se suma a las publicaciones que la institución edita en torno a las exposiciones temporales y permanentes de este recinto.

Desde 2011 los departamentos de Coordinación Editorial, Mediación y Programas Académicos y de Diseño del MPBA trabajan en conjunto para poner al alcance de los visitantes material gratuito que tiene como fin fortalecer los contenidos de las exposiciones y lograr experiencias significativas en el público.

Para ello, cada proyecto cuenta con un folleto y una guía infantil con textos explicativos sobre los núcleos temáticos de la muestra, y ofrece a niños y jóvenes un recorrido didáctico y reflexivo.

La revista digital www.mpbaeditorial.com es otra herramienta con lecturas plurales relacionadas al programa de exhibiciones del museo y temas generales del arte.

A diferencia del folleto de murales que incluye datos biográficos de los artistas y una explicación temática o compositiva de las obras que conforman la colección permanente de este recinto, Murales para un museo también permite conocer la historia de la conformación de este acervo y de las distintas intenciones y momentos que hicieron posible reunir este conjunto único, que ilustra todas las etapas del muralismo mexicano.

El texto es autoría de Mary Coffey, reconocida experta en historia del arte del México moderno, principalmente en muralismo mexicano y políticas de exhibición.

Murales para un museo se reparte en el módulo de informes del museo junto con el folleto de Murales, la Guía Infantil y el folleto de la Exposiciones Temporales. Es una publicación bilingüe y cuenta con un tiraje de diez mil ejemplares.

Bellas Artes- Foto Guillermo Aguilera L.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) inició su XX “Gran venta de Bodega. Este evento se lleva a cabo del  7 al 16 de diciembre de 2012. Así, el INBA cumple 20 años acercando a los libros a los amantes del arte. En esta Venta de bodega se comercializa toda la oferta editorial del Instituto.

El Instituto informa que en el año 2011 se ofertaron 8,371 ejemplares, con 401 títulos de las distintas áreas del INBA, como artes plásticas, arquitectura, danza, literatura, música y teatro. Se vendieron 3,684.

Este 2012 se ofrecerá al público un total de 9,260 ejemplares, con 463 títulos de los cuales 49 son novedades editoriales editadas en este año.

Se espera la asistencia del público en general y sobre todo de la gente interesada en las distintas ramas de las bellas artes.

La cita es en el Túnel del Palacio de Bellas Artes: Av. Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas. Centro; de 9:00 a 20:00 horas.

 

La obra Prueba de fuego se presentará en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque. En la obra se abordan temas como la injusticia, la impunidad, la denuncia y la descomposición de la estructura social, política y económica. La temporada, organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), se llevará a cabo a partir de este jueves 18 de octubre y hasta el domingo 9 de diciembre (excepto 1 y 2 de noviembre), con funciones los jueves y viernes a las 20:00 horas, sábado a las 19:00 horas y domingo a las 18:00.

Se trata de una puesta en escena que cuenta con dramaturgia y dirección de Mauricio Jiménez, en la que se plantea la historia de un fotógrafo que está en busca de una imagen poderosa: “El pretexto del personaje de que haga una foto es la misma que acontece cuando uno está creando”, comentó Mauricio Jiménez.

Destacó que a través de la obra Prueba de fuego se intenta denunciar la injusticia que existe en la actualidad, “esa herida abierta con la que vivimos”, a través de la participación de un gran equipo de trabajo: los actores Diana Fidelia y Tomás Rojas, además de la presencia de Teresa Alvarado en el vestuario y el diseño sonoro de Ari Bickman.

“Cada uno de los personajes son muy contundentes, y el vestuario y la música son símbolos que dan las cuestiones de poder tratando de retratar una semejanza poética”, expuso en conferencia el actor y director de escena.

Explicó que en la obra la sugerencia es más que lo convulsivo y se busca lo sugerente en la actoralidad y el vestuario, lo cual hace una obra abierta y no cerrada “La imagen es lo atractivo que tenemos, el detener las formas es cautivador, es un discurso muy contemporáneo y qué mejor que presentar en la obra a un fotógrafo que quiere captar una imagen, y por eso la obra es una imagen de lo que está sucediendo en México; es un documental subjetivo”, aseguró Jiménez.

Por su parte, el actor Fernando Flores destacó que el fotógrafo que aparece en la historia busca desentrañar el origen del dolor a través de la imagen que encuentra que está en él; mientras la actriz Diana Fidelia comentó que representa dos personajes: la esposa del fotógrafo y la mujer luchadora con un ideal de generar una nueva moral; “ambas hablan de lo que nos rodea, y de lo que hará el individuo por su parte”, dijo la actriz.

Sobre la música, Ari Bickman destacó que dentro de la obra existen momentos puntuales que tienen que ver con la sonoralidad, y que la canción que se escucha en la radio muestra el contraste de lo que se presenta en la obra remarcando la felicidad, el alivio y la belleza que existió en algún momento.