Una persona de la cual por obvias razones omito el nombre, me ha hecho llegar una interesante información sobre las condiciones de trabajo en la industria turística, específicamente en las agencias que venden excursiones y paseos a los visitantes. Vale la pena que los lectores las conozcan, pues hay quienes tienen la idea —y así lo hacen creer los voceros del gobierno y de las empresas— que aquel es un trabajo fácil, seguro y bien remunerado.

Por Juan José Morales

Del turismo se dice que es un gran generador de empleos, y efectivamente da ocupación a miles de personas. Lo que no se dice es que esas personas trabajan en condiciones casi feudales, con largas jornadas laborales, prácticamente sin días de descanso, sin seguridad en el empleo y siempre bajo la amenaza de ser despedidos y registrados en una “lista negra” para no ser contratados por otra empresa.

Del turismo se dice que es un gran generador de empleos, y efectivamente da ocupación a miles de personas. Lo que no se dice es que esas personas trabajan en condiciones casi feudales, con largas jornadas laborales, prácticamente sin días de descanso, sin seguridad en el empleo y siempre bajo la amenaza de ser despedidos y registrados en una “lista negra” para no ser contratados por otra empresa.

Por principio de cuentas, la condición indispensable para ser contratados es firmar una renuncia en blanco, que la empresa hará efectiva en el momento que lo desee. Quien se niega a firmarla, simplemente no es aceptado. Más todavía: con el pretexto de que manejarán cupones con cierto valor, se les hace firmar también dos pagarés por 250 mil pesos cada uno, con la promesa de que serán cancelados al terminar la relación laboral, devolver la cuponera y rendir cuentas. Pero —dice nuestro informante— en realidad en ese momento se les amenaza con hacer efectivos los pagarés si no aceptan los términos de la liquidación que se les ofrece y asientan por escrito no tener nada qué reclamar a la empresa.

El horario de trabajo es de sol a sol, de ocho de la mañana a siete u ocho de la noche, y una vez por semana se prolonga hasta las nueve de la noche, pues hay una junta de trabajo. Prácticamente no hay día de descanso semanal, pues está condicionado a que el trabajador logre cierto nivel mínimo de ventas. Casos hay de trabajadores que en mes y medio o dos meses no tienen un solo día libre y deben cumplir.

Por lo que a sus remuneraciones se refiere, si bien en las temporadas altas —bastante breves por lo demás— se llegan a obtener ingresos de entre 20 y 30 mil pesos en un mes, en temporada baja las percepciones se desploman a menos de cinco mil pesos mensuales, y en ocasiones apenas a mil.

En cuanto a seguridad social, a los trabajadores se les registra ante el IMSS con el salario mínimo, de modo que cualquier prestación que reciban de esa institución —como pagos por incapacidad en caso de un accidente de trabajo por ejemplo— se calculan sobre esa base. Además, se les obliga a recibir sus pagos por conducto de una empresa de las llamadas pagadoras, que es con la cual supuestamente existe la relación de trabajo y no con la agencia de viajes. Esas pagadoras les retienen el 16% del importe de lo que ganan, con el pretexto de que se trata del impuesto sobre la renta y será entregado al SAT. Pero cuando el trabajador de esta historia decidió averiguar cuál era su situación fiscal, grande fue su sorpresa al descubrir que aparecía como deudor, pues la pagadora no había pagado un solo centavo de los impuestos que le retuvo. Sobra decir que si se hubiera atrevido a reclamar, habría sido despedido de inmediato sin posibilidad de defenderse, pues para ello existen la renuncia en blanco y los pagarés como armas muy efectivas y suficientes para disuadir a cualquiera. Y ya se sabe que las llamadas pagadoras, que usualmente no consisten más que en una oficina rentada y unos cuantos muebles y computadoras, pueden desaparecer de la noche a la mañana para eludir sus responsabilidades.

Si un empleado víctima de esos abusos se atreve a presentar una queja ante el IMSS o la Secretaría del Trabajo, ya sabe que —dada la corrupción imperante en esas instituciones— no será protegido o apoyado y además de ser despedido de inmediato se le “boletinará” ante las demás agencias para que no sea contratado.

Estas son, en síntesis, las condiciones verdaderamente feudales en que trabajan cientos o miles de empleados de las agencias de viajes en Quintana Roo. Y —hay que recalcarlo— son personas que por tener que tratar con gente de muy diversas nacionalidades y culturas, deben tener un adecuado nivel de escolaridad y conocimientos y hablar dos, tres y hasta cinco idiomas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx