Cada año la nación de Panem organiza una competencia entre los doce Distritos bajo su poder para recordarles el aplastante poder absoluto del Capitolio y el castigo a quienes intenten rebelarse en su contra. La cruel sanción consiste en sortear a dos jóvenes por cada Distrito, mujer y hombre, quienes lucharán a muerte en una batalla donde sólo uno de los 24 “tributos” ganará.

Este año, por parte del Distrito 12, competirán Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) y Peeta Mellark (Josh Hutcherson), aconsejados por el alcohólico y deprimido Haymitch Abernathy (Woody Harrelson), ganador de los juegos un par de décadas atrás.
Basada en el libro de Suzanne Collins, quien colaboró en el guión para la versión cinematográfica, Los Juegos del Hambre (2012) es el éxito taquillero del momento y la nueva película de Gary Ross, quien sólo tiene en su haber como director un par de cintas con Tobey Maguire: Pleasantville (1998) y Seabiscuit (2003).
Se ha comparado mucho esta historia con la japonesa Battle Royal (de 1999 la novela y del 2000 la película), debido a las similitudes entre la premisa de ambas (jóvenes que son obligados a pelear a muerte) aunque, para decepción de algunos, en Los Juegos del Hambre no hay tanta sangre y la violencia generalmente ocurre fuera de campo.
Sin embargo, la autora ha negado conocer el otro relato (lo cual podría hacerla parecer un tanto ignorante, pues no es una obra poco conocida) y en cambio se basó en la mitología griega, los reality shows y la guerra en Iraq. Para terminar con esa discusión, comentemos que el autor de Battle Royal ha afirmado al respecto: “Creo que cada novela tiene algo que ofrecer. Si los lectores encuentran algo valioso en cualquier libro, eso es todo lo que un autor puede pedir” (ita, Akiko. 2012. abc News)
Debido a que el filme es la adaptación de un libro homónimo bastante exitoso por sí mismo, para empezar deben dejarse a un lado las comparaciones entre la fuente original y su interpretación, considerando las cualidades propias de cada obra; una postura que quizá podría ser debatible, dado que no puede ignorarse la fuente original de una producción. Sin embargo, ésa será la posición del presente artículo.
Lo primero que destaca de Los Juegos del Hambre son sus efectos especiales y el dinamismo de la acción. La producción del largometraje es prácticamente intachable y aunque podría no dejarnos boquiabiertos, la construcción de los escenarios, el vestuario (ridículo, pero acorde al mundo que se nos presenta), el diseño y el maquillaje cumplieron cabalmente con su deber.
Sobresale ante todo ello el montaje y el diseño de audio, que juegan un papel vital para ayudar a la narrativa, establecer emociones y ayudar al público a entrar y formar parte de la historia, sobre todo en los momentos de mayor acción. De este modo, como debería exigirse siempre a estas millonarias producciones, el mundo que se nos presenta ha sido creado como si en verdad existiera… cuando menos en la superficie.
Por lo general las actuaciones son decentes, incluso la de Wes Bentley (como Seneca Crane en el filme), quien hizo una interpretación lamentable en 12 Horas . Sin embargo el director parece no haber hecho bien su trabajo, principalmente, con Woody Harrelson, no porque éste actúe mal, sino porque nunca se dio profundidad a su papel.
Aunque ello es admisible para personajes secundarios, en el caso de Harrelson ocurre algo extraño: primero se presenta como un hombre alcohólico con problemas emocionales y un posible pasado oscuro. Sin embargo, más tarde, como si se hubiera transformado (o al director se le olvidara), el mismo hombre termina siendo sólo un borrachín simpático que se hace buen amigo de los muchachos.
De hecho, el personaje de Harrelson bien podría representar a la película en sí: tras la promesa de profundidad, se termina ofreciendo únicamente la superficie. Este problema, se sabe, es común en los blockbuster Hollywoodenses: ocupados con una producción espectacular, se prepara una fachada bella y espectacular, pero se olvidan del fondo, las actuaciones y la historia.
Sin embargo, sí se pretende abarcar temas importantes y la historia está repleta de alegorías, mensajes e ideas interesantes. Por ejemplo, en lugar de Battle Royal la autora comenta tener fuentes de inspiración tan variadas como el mito de Teseo y el Minotauro o la guerra en Iraq. Además, se exploran algunas posturas feministas, los reality shows, la deshumanización, el poder, la privación de la libertad, etcétera.
Pese a todo ello, al terminar la película se queda la sensación de que todos esos temas fueron planteados por puro accidente y no como una intención explícita de la autora, dejando las ideas sin una conclusión precisa.
Pero el problema más grave de Los Juegos del Hambre es ser demasiado predecible. Sin importar si esa cuestión es también parte del libro o no (recordemos que Suzanne Collins se encargó también del guión cinematográfico), un poco de imaginación por parte del director o del otro guionista, Billy Ray, pudo haber encontrado soluciones más creativas a los problemas que ellos mismos se plantearon.
Buscar opciones distintas a las que usaron para el desarrollo de la historia no tiene por qué afectar la trama ni alterar el final, mucho menos la esencia de la premisa. Ignorando esto, optaron por soluciones ilógicas y poco creíbles. Ello es aún más evidente en los momentos finales de la competencia. Así, cada giro y situación se puede anticipar con facilidad, por lo que ni si quiera los elementos de sorpresa consiguen hacer creer que las cosas serán diferentes.
Esto rompe incluso con la lógica interna de la historia: está bien si la protagonista corre con suerte un par de veces, pero cuando ello implica que, en una batalla a muerte donde algunos jóvenes han sido entrenados para ser asesinos a sangre fría, se dedican a hablar y tomar decisiones estúpidas cuando se trata de matar a Katniss, el relato pierde toda seriedad o credibilidad.
ALERTA. A continuación se revelará el final de la película, por lo que quienes prefieran no saberlo, salten al último párrafo:

http://www.youtube.com/watch?v=V6qe8BiQYOI

Katniss, la protagonista de Los Juegos del Hambre, gana la competencia. Sorpresa. La verdad es que nadie lo pone en duda, nunca. Y, analizando la trama, esto no ocurre porque ella sea la más ágil y mortífera, sino la más suertuda.

Con todo esto, al final de los juegos uno verdaderamente se queda con hambre, pues tras prometernos una suculenta comida de cuatro tiempos se nos entregó únicamente un churro con relleno.