Hormigas de dolorosa picadura hay muchas en tierras del Mayab. Desde esas diminutas, casi invisibles por su pequeñez, que pueden encontrarse en cocinas y alacenas y que se escurren por todas partes, hasta las feroces hormigas guerreras del género Eciton, llamadas xuláh en maya, pasando por las arrieras o defoliadoras del género Atta, de grandes y poderosas mandíbulas y capaces de acabar con el follaje de un árbol en una noche, o las del género Azteca, que actúan como guardianas de los árboles de subinché o cornezuelo y de las cuales es mejor mantener una prudente distancia so pena de sufrir un doloroso ataque en masa.

Por Juan José Morales

Pues bien, a Jim Conrad, un naturalista norteamericano que alterna estancias entre Estados Unidos y Yucatán, apasionado estudioso de nuestra flora y fauna, debo el haber sabido de la existencia de la hormiga pantera, o joch, como se le llama en maya. Pachycondyla villosa si se prefiere el nombre científico.

Una hormiga pantera o joch, como se le conoce en maya. Aunque feroz y depredadora, también se alimenta con carroña y néctar. Obsérvense las poderosas mandíbulas serradas, con las que sujeta y destroza a sus presas, y los cortos pelillos que tiene por todo el cuerpo y le han dado su nombre científico, derivado del latín villosus, que significa peluda. En inglés se le conoce como hormiga pantera peluda.

Bastante grande —de hasta centímetro y cuarto o más— y color negro, esta hormiga se caracteriza por su picadura extremadamente dolorosa, comparable a la de una avispa. Además, la inflamación que provoca persiste por largo tiempo. El cronista de la conquista, Diego de Landa, la menciona en su Relación de las Cosas de Yucatán, y no sólo alude a su quemante picadura sino asegura que la herida supura como la de un alacrán.

La hormiga pantera o joch no es exclusiva de la península de Yucatán. Está ampliamente distribuida, desde el suroeste de Estados Unidos hasta Argentina, en casi todo tipo de ambientes, lo mismo pastizales de zonas áridas que manglares, matorrales, selvas altas, pastizales, y otros tipos de vegetación, y desde el nivel del mar hasta 1 500 metros de altitud. Prácticamente no hay lugar donde no habite, inclusive en plantaciones de cacao y de frutales.

Acostumbra establecer sus hormigueros en cualquier cavidad del terreno o en troncos secos de árboles —de hecho es una de las pocas especies de hormigas que se establecen en árboles—, y el nido, que las hormigas defienden con particular fiereza, puede estar a cualquier altura, desde muy cerca del suelo hasta el dosel.

Un aspecto curioso de la vida de estas hormigas es que las colonias pueden tener una sola reina, o dos, e inclusive tres. Y por si quiere usted enriquecer su vocabulario, le diremos que en la terminología de los entomólogos se llama haplometróticas a las colonias con una sola reina, y pleometróticas a aquellas que cuentan con varias.

Al igual que otras hormigas grandes y feroces, la joch es carroñera y depredadora. Se alimenta con toda clase de pequeños animalillos e incluso ataca las colonias de termitas en devastadoras incursiones. También colecta néctar producido en ciertas glándulas especializadas llamadas nectarios extraflorales que poseen algunas plantas, inclusive las de cacao. Las hormigas que colectan gotitas de ese material lo comparten con otras y con las larvas del hormiguero.

La pantera pertenece a un grupo de hormigas consideradas muy primitivas, que aparecieron hace unos 30 millones de años, en la época geológica llamada Oligoceno, y su nombre científico proviene del latín villosus, que significa peludo, y alude a los pelillos que le recubren el cuerpo. Incluso, en inglés se le conoce como hormiga pantera peluda.

Esta es, pues, la joch, la hormiga negra de dolorosa picadura de la cual no deseamos que sufra usted un ataque. Y damos gracias a Jim Conrad por la información básica que nos brindó sobre ella.

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