Un amigo lector pregunta acerca de ciertas criaturas marinas, como las de la imagen que ilustra estos comentarios, que ha observado sobre los corales en los arrecifes de Quintana Roo. Tienen —dice— la apariencia de arbolillos de navidad y supone que son animales porque cuando se les acerca se retraen casi instantáneamente.

En efecto, son animales. Concretamente, gusanos poliquetos. Lo que se ve sobre los corales es sólo parte del animal. Su cuerpo se encuentra dentro de un tubo en el interior del propio coral y hacia el exterior proyecta una especie de corona o penacho de plumas que cumplen la doble función de atrapar partículas alimenticias y actuar como órganos respiratorios.

Por Juan José Morales

Popularmente, a estos gusanos se les conoce como árboles de navidad, y su nombre científico, Spirobranchus giganteus, alude a la forma espiral de su “penacho”. Son muy comunes en los arrecifes coralinos del Caribe y del Atlántico occidental en general. Habitan a profundidades de tres a 30 metros y aunque pequeños —la corona mide unos cuatro centímetros de diámetro y la parte del cuerpo no visible situada dentro del tubo unos diez centímetros— resultan muy notorios tanto por su forma tan peculiar como por la rapidez con que reaccionan ante la proximidad de una posible amenaza. Pero, sobre todo, son muy llamativos por sus colores, que varían considerablemente de un individuo a otro y pueden ser amarillo, azul, café, blanco, anaranjado o combinaciones de esos colores.

Un “arbolillo de navidad” con su corona de branquias desplegada. Se trata de un gusano tubícola que habita las formaciones coralinas. Aunque pueden parecer animales muy primitivos debido a su forma, estos gusanos poseen complejos y muy desarrollados sistemas digestivo, circulatorio y nervioso, que incluye un cerebro central. Hay numerosas especies en todas las zonas tropicales del mundo. Aquí se muestra la más común en el Caribe, la Spirobranchus giganteus.

Los apéndices con apariencia de plumas que el poliqueto proyecta hacia el exterior se denominan radiolas. Están dispuestas en espiral en dos capas y le sirven, como señalamos, para atrapar organismos del plancton y otros materiales nutritivos que flotan en el agua.

Una vez atrapados, son conducidos hacia el sistema digestivo mediante movimientos de unos pelillos o cilios. Los materiales nutritivos se digieren, en tanto que los granos de arena mezclados con ellos son separados y dirigidos hacia unos sacos de almacenamiento para ser utilizados posteriormente en la elaboración del tubo en que está alojado parte del cuerpo del animal. Igualmente, las plumas funcionan como órganos respiratorios para obtener oxígeno disuelto en el agua. Por eso se les denomina también branquias.

Las plumas son extremadamente sensibles. Ante cualquier agitación del agua causada por la aproximación de un animal o una persona, se retraen rápidamente hacia el interior del tubo, el cual se cierra con una tapa llamada opérculo. Así permanecen por lo menos durante un minuto antes de que comiencen a emerger de nuevo, muy cautelosamente, como si exploraran los alrededores antes de extenderse del todo.

Hay machos y hembras, pero dado que viven fijos, no pueden buscar pareja activamente para reproducirse. Para ello, simplemente arrojan al agua grandes cantidades de óvulos y espermatozoides. Si casualmente se encuentran, se fertilizan y se transforman en larvas que flotan libremente. Muchas mueren o son devoradas por los depredadores, pero las pocas que llegan a depositarse sobre algún coral comienzan a perforar el tubo que, una vez barrenado, recubrirán con una secreción calcárea y granos de arena para consolidarlo y lograr que sea un refugio seguro, ya que ahí pasarán el resto de su vida, que puede prolongarse por décadas.

Estos son, pues, los poliquetos, los gusanos tubícolas que despertaron el interés de nuestro amigo lector, al igual que llaman la atención a todo aquel que se sumerge en las formaciones coralinas del Caribe mexicano.

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