Ya un par de veces en años recientes escribimos sobre ese timo que es el llamado hongo michoacano o ganoderma, como también se le denomina. Pero hoy nuevamente debemos ocuparnos de él para responder a la pregunta de un buen amigo y poner sobre alerta a los lectores que pudieran ser engañados por la publicidad que circula en Internet.

Por Juan José Morales

Se trata de un hongo denominado científicamente Ganoderma lucidum, originario de Asia. No sabemos si el nombrecito de hongo michoacano con que se anunciaba en una época le fue puesto para picar la vena patriótica de los posibles compradores, o porque sus cuasi mágicas propiedades supuestamente estaban respaldadas por el llamado Centro de Investigación Genética de Morelia, Michoacán, que a pesar de su grandilocuente nombre no era una institución científica sino un vulgar laboratorio de análisis clínicos como los que se encuentran en cualquier esquina de cualquier colonia de cualquier ciudad.

Uno de los anuncios que pregonan las imaginarias virtudes curativas del hongo michoacano, reishi, Ganoderma o como quiera llamársele. Lo transcribimos con sus faltas de sintaxis y ortografía, como lo de eses en vez de heces. De creer en estas y otras afirmaciones sobre sus prodigiosas propiedades, estaríamos ante la mítica panacea universal, el medicamento para curar todas las enfermedades.

La primera vez que escribimos sobre él fue en abril de 2010, cuando el supuesto hongo michoacano se anunciaba profusamente en televisión como un remedio sin igual para las más disímbolas enfermedades: mal de Alzheimer, artritis, reumatismo, cáncer, asma, padecimientos cardíacos, diabetes, trastornos hepáticos, hipertensión, problemas respiratorios y hasta contra el sida.

Cuando —por fin— se frenó la escandalosa publicidad de productos milagro en televisión, el hongo dejó de anunciarse por ese medio, cesó de ser michoacano y empezó a venderse —mediante el sistema de ventas piramidales— mezclado con café y con una diversidad de nombres, como Ganocafé, Organo Gold, Gano Excel Latino y GanoExpress. Pero siempre atribuyéndole toda clase de maravillosas propiedades curativas, regenerativas y rejuvenecedoras.

Sobra decir que ni el hongo michoacano ni el ganocafé y demás brebajes similares fueron registrados como medicamentos, pese a que —entre otras cosas— se afirma que son efectivos contra una diversidad de enfermedades, incluido el cáncer. Sólo están registrados como suplementos alimenticios. Es un viejo y sobado truco de los vendedores de productos milagro, que mediante este subterfugio se libran de la obligación de probar los efectos que les atribuyen.

La pregunta de mi amigo sobre el Ganoderma me hizo llegar a los anuncios del bebistrajo de marras, el café con Ganoderma. Lo distribuye cierto negocio que nada tiene qué ver con hospitales, medicinas o cosa que se le parezca, sino simplemente con capacitación empresarial y sistemas de ventas. Pero, eso sí, suelta ditirámbicas afirmaciones sobre las prodigiosas propiedades del hongo en cuestión, al que ahora ya no llaman michoacano, sino reishi. “El Ganoderma o reishi —dicen los boletines que envía por Internet—, es el rey de los hongos, ‘el hongo de la inmortalidad’, según los chinos. Es un tónico para la longevidad; coadyuva para contrarrestar el cáncer, fortalecer el sistema inmunológico, tratar virus y bacterias, atender tumores, combatir problemas del hígado y los pulmones, relajar los nervios, moderar el nivel de azúcar en la sangre, reducir el colesterol y el estrés…”. Bueno, suficientes maravillas como para hacer quebrar a todas las empresas farmacéuticas y funerarias del mundo. Lástima que sean tan falsas como un billete de cuatro pesos.

La publicidad busca incorporar nuevos vendedores al esquema de ventas multinivel o piramidal, en el cual se arman cadenas o redes de vendedores. Pero no como empleados o comisionistas, sino como “vendedores independientes”, que deben comprar previamente —pagándola por adelantado, y a un costo de hasta 20 mil pesos, para luego tratar de venderla— una dotación del producto. Pero esto ya es harina de otro costal y no entraremos en detalles. Lo haremos en otra ocasión. Por lo pronto, basta decir que el Ganoderma es sólo un producto milagro más, un falso medicamento.

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