Twitter y la Selección Nacional de México lanzará este sábado un emoji para que todos los mexicanos puedan apoyar a su equipo durante la Copa Confederaciones y Copa Oro con el uso de este ícono y del hashtag #SomosMéxico. La plataforma lanzará este emoji en alianza con la Selección Nacional y se trata de la primera vez que Twitter crea un emoji exclusivo para el seleccionado de un país latinoamericano. El emoji exclusivo para la Selección Nacional podrá ser usado durante la Copa Confederaciones y Copa Oro con el hashtag #SomosMéxico

“La Selección Nacional de México es muy importante, es una prioridad para el equipo de alianzas deportivas de Twitter. El emoji es solo una de muchas cosas que estamos haciendo juntos y que demuestran cómo la Selección Nacional emplea la innovación en sus plataformas digitales para mantener la conversación con sus afición”, dijo Luan Knaya, gerente de las alianzas deportivas para Twitter en Latinoamérica.

El emoji estará disponible a partir de este sábado 24 de junio a las 8 de la mañana y hasta el 27 de julio; de esta manera, todos los mexicanos podrán apoyar a la Selección Nacional durante los partidos que dispute este verano. ¡Utiliza el emoji y apoya a tu Selección! #SomosMéxico.

 

ZTE-PumasDebuta ZTE en la Jornada 1 del Apertura 2016 junto con PUMAS y derrotan 1-0 a Chivas. Durante el partido se confirmó la participación de ZTE en el diseño de los jerseys que utilizará durante la temporada en el torneo de la Liga MX, de esta manera la marca de smartphones, formará parte de la indumentaria felina.

“El convenio entre ZTE y el Club PUMAS, no sólo es un patrocino, a través de esta sociedad, ambas marcas buscan brindar experiencias únicas de usuario, es decir, satisfacer y deleitar a quienes gustan del deporte y la tecnología”, mencionó Alfredo Soto, Director de Mercadotecnia de ZTE.

El fútbol es una competencia que forma fieles seguidores y eso mismo sucede con los equipos de ZTE, gracias a que la marca se ha preocupado por satisfacer las necesidades tecnológicas, de información y llevado las mejores experiencias a nuestros usuarios. De esta manera, en ZTE anunciamos esta nueva iniciativa de marketing deportivo y la marca ZTE se convierte en el Smartphone Oficial del equipo PUMAS.

Para el Club Universidad Nacional A.C., es un orgullo contar con la participación de ZTE como parte de los socios patrocinadores por los siguientes tres años. Sabemos que este tipo de convenios son vitales para los equipos, pero siempre debemos tener la mente en la afición, que ahora podrá capturar cada momento con un smartphone de gran calidad a precios asequibles.

Cabe destacar que la marca estará presente tanto en los uniformes de los jugadores, concretamente en la manga del jersey, como en algunas vallas dentro del estadio. Además, se realizarán algunas activaciones dentro y fuera del estadio, como con los jugadores.

De esta forma, ZTE busca formar parte del estilo de vida de las personas y lo hace a través de uno de los deportes de mayor visibilidad a nivel mundial. Recientemente anunció ser Patrocinador y Socio Oficial del Sevilla FC de la Liga Española de Fútbol. Adicionalmente, continuará llegando a todos los mexicanos involucrándose en diversos deportes.

Inició la 12va edición del Torneo de Fútbol Pro Asociaciones Civiles que Provident, principal proveedor de préstamos personales a domicilio, a través de su programa de Responsabilidad Social Corporativa llamado “Causas”, realiza desde hace 12 años para apoyar a diversas comunidades del país.

Este año paCañedo Priesca Martí Bolaños Oropeza Barbosa 1rticiparán más de 900 colaboradores de Provident que jugarán en 67 equipos y 13 sedes para apoyar a 22 Asociaciones Civiles (ACs) en todo el país. A ellos se sumarán alrededor de otros 100 colegas que donarán a dichas ACs el producto de la venta de comida y bebida no alcohólica durante el evento, mientras que la empresa hará donativos equitativos por el número de goles que se anoten en los partidos.

El Torneo de Fútbol Pro ACs es un evento deportivo-familiar, que en 2016 se realizará del 10 de julio al 21 de agosto y que también busca fomentar el deporte, la convivencia familiar y aportar a las comunidades donde la empresa tiene presencia comercial.

A través de su torneo anual, Provident ha logrado crear vínculos de solidaridad e integración entre colaboradores, fortaleciendo al mismo tiempo una relación sólida con las Asociaciones Civiles involucradas y creando beneficios concretos que sólo en 2015 fueron los siguientes:

Ø 21 instituciones beneficiadas en Aguascalientes, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Veracruz a través de 11 proyectos de salud, 9: proyectos de educación y un proyecto de atención integral.

Ø Al menos 2,000 beneficiarios directos y 3,500 indirectos

Ø Medicamentos de uso frecuente para 25 niños que atiende Alianza Anticáncer Infantil, A.B.P. en Monterrey.

Ø Una sala de hidroterapia para brindar atención a personas con discapacidad motora y multi discapacidad de MiSol A.C. en Irapuato, Guanajuato.

Ø Medicamentos oncológicos para 19 pacientes beneficiados por Una Nueva Esperanza A.C. en Puebla.

Ø Impermeabilizante y pintura para dar mantenimiento a las instalaciones de Amanc de Michoacán A.C.

Ø Un nuevo sistema de videocámaras para el cuidado de los niños de Amigo Daniel A.C. en Léon, Guanajuato.

Ø Nuevos colchones y ropa de cama para los niños que atiende la Fundación Juconi A.C.

Ø Nuevo equipo de cómputo para Casa Down de Guadalajara.

Ø Nuevo equipo de cómputo y proyector Para Canica de Oaxaca.

“Nos entusiasma anunciar el inicio de nuestro torneo de fútbol 2016, donde cada gol anotado por nuestros colaboradores representa un donativo para la AC que representa” afirmó Alejandro Martí Bolaños Cacho, Director de Asuntos Corporativos de Provident. “Nuestros esfuerzos están enfocados en construir relaciones cercanas y de largo plazo con las comunidades que nos favorecen con su preferencia, además de fomentar la integración de nuestros colegas y sus familias”.

Alejandro Cañedo Priesca, titular del Instituto Municipal de Turismo de Puebla, destacó que “el Torneo Provident es una muestra de cómo las empresas con presencia en Puebla se comprometen con sus comunidades, pues tienen un impacto positivo a nivel social y en la economía de la región”.

El 12º Torneo Provident se jugará en las ciudades de Puebla, Morelia, Monterrey, Cuernavaca, Guadalajara, Oaxaca, Villahermosa, León, Ciudad de México, Córdoba, Pachuca, Mérida y Querétaro.

Las organizaciones del estado de Puebla que serán beneficiadas por el Torneo de Fútbol Pro ACs 2016 son: Fundación ¿Sabías Qué?, Una Nueva Esperanza, A.C., Fundación JUCONI, Fundación Down de Puebla, IPODERAC y Villas Juan Pablo A.C. Los donativos se destinarán a proyectos sustentables de alto impacto para cada una de las instituciones de acuerdo a sus prioridades.

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Circularon por poco tiempo los comentarios más tontos o incoherentes o absurdos de algunos futbolistas; algunos dijeron que no importa perder todos los juegos si al final ganan el campeonato, o que perdieron porque no metieron un gol, o cosas por el estilo, que no asombran aunque sí divierten; los emiten jugadores que cobran millones de pesos, dólares o euros, que tienen los favores sexuales de actrices, modelos o niñas bien que, es de suponer, los superan con mucho en elegancia, atractivo físico y seguramente en inteligencia y en preparación, y que sólo precipitan el fin de sus carreras y la ruina moral de sus vidas, por andar recordando lo que pudo haber sido y no fue. Pero casi al final de esas compilaciones, casi como remate, pusieron una frase monumental de Franz Beckenbauer, quien tuvo la fama de haber sido uno de los jugadores más finos y elegantes, y sobre todo, de los inteligentes: explicó las finalidades de su deporte: sólo hay una opción: ganar, perder o empatar.
Si Beckenbauer dijo eso, el futbol está perdido; qué puede esperarse de los demás; lo triste es que tienen admiradores y forofos mucho más inteligentes que ellos.

Franz Beckenbauer. Sólo hay una opción: ganar, perder o empatar.

Tal parece que el país escoge el peor de todos los deportes para hacerlo el más popular, al menos entre los televidentes: los clavadistas mexicanos se llevan un buen número de preseas en justas internacionales; los arqueros destacan también (por estos días se llevaron dos medallas de oro y una de plata), el Checo Pérez está entre los mejores en cada carrera de Fórmula 1, a menos que lo choquen y le pongan trampas; cada vez hay más atletas que se cuelan en los primeros lugares, en volibol tanto varonil como femenil compiten en las finales de competencias mundiales, el equipo de basquetbol llegó ya también a las finales, y hay buenos pitchers y buenos fildeadores en Ligas Mayores y en Triple A; y las televisoras consumen gran parte de su tiempo al transmitir futbol, que es donde menos se destaca, y donde más culpan a los árbitros por los malos resultados, que es como culpar a Dios por nuestros errores.

En el torneo de futbol supuestamente mundial afloraron muchas cosas que suenan igual de absurdas que las declaraciones de esos jugadores: el deporte no es tal, es un negocio y para que siga siéndolo, hay que acabar con la ética que debe regir toda competencia; si para que un equipo conserve a sus admiradores es necesario golpear a la mala, cometer faltas al reglamento y luego alegar que no fueron faltas, los directivos premian esa conducta, que la avalan los árbitros, cometen los jugadores y toleran y perdonan sus seguidores, que en vista de lo cual se ganan el mote de fanáticos que son capaces de insultar a sus amigos si se atreven a sostener un punto de vista diferente; además, en el balompié no caben los criterios, sino las opiniones; los comentaristas en vez de aclarar y descifrar y explicar una táctica, una estrategia y un plan de juego, sólo opinan, y encima hay que soportarlos; faltan al profesionalismo y cuando un árbitro aplicó el reglamento, en vez de aclarar que las reglas sancionan una falta, así sea leve, si se trata de estorbar de manera ilícita las acciones de un equipo en busca de una anotación; los comentaristas opinaron que no era falta, y mantuvieron la esperanza de que fallara el jugador que cobraría la falta, para que el equipo al que le iban ganara. (Por más que intento explicarme la frase, no entiendo qué quiere decir “le voy”, “¿a quién le vas?”; si quiero decodificarla, como decía Gustavo Sainz, lo más que puedo imaginarme es que el aficionado puede apostar por el triunfo de algún equipo –o boxeador, o competidor en cualquier justa deportiva. Y allí es donde menos me explico esa actitud: ¿por qué alguien apuesta –dinero, subordinación por unos días, sometimiento a una tarea degradante [como las apuestas entre Sergio Corona y Manuel Valdés, sólo que ellos lo hacían con gusto y sentido del humor], y a veces las consecuencias son drásticas– cuando carecen de influencia en el resultado, cuando no está en sus manos ganar o perder?

(No moralizo: aposté con Manuel Arellano, primo del Cuate Arellano –medio defensivo del Necaxa, suplente de Jaime Salazar, el mejor amigo de Fu Man Chu Reinoso a quien antes de que apodaran Fu Man Chu [por aquel mago a quien ya recuerdan muy pocos, a menos que se exhiban sus muy disfrutables cintas] – lo conocían como El Cuate Reinoso] y perdí, porque mi favorito era América que perdía con Guadalajara y con Necaxa; curado de ese fanatismo que muy pronto conjuré, perdí una apuesta con Cuauhtémoc Valdés por no hacer bien las cuentas en el balance de triunfos y derrotas entre Tigres de México y Diablos Rojos del México; apuesta que no pagué porque Cuauhtémoc aceptó que había abusado de mis malos cálculos; aposté varias veces, pero en algo en lo que tenía más control: la baraja, hasta que en una ocasión perdí casi toda la quincena y me quedé con lo justo para los pasajes, pero no para las comidas; me recuperé, gané lo doble la siguiente quincena, y no volví a apostar en casa de mi tío Enrique, experto en el juego; aposté y gané y perdí en algo donde tenía más control, el dominó, en casa de Mario Magallón; pero el producto de esas apuestas se pagaba en la taquería de don Rafa, así que daba lo mismo ganar o perder. Es más, el que ganaba era el que pagaba.)

Algo curioso con las faltas al reglamento del futbol: en 1962, en uno de sus mejores partidos, la selección mexicana estaba a un par de minutos de empatar con el seleccionado español cuando Sol, uno de los componentes legendarios del Real Madrid (junto con Gento, D’stefano y Puskas) se le escapaba a Raúl Cárdenas, medio del Zacatepec y antes del Necaxa, y compañero de Pedro Nájera en el seleccionado mexicano; pudo haberlo detenido, si lo hubiera zancadilleado; no lo hizo, siempre fue un jugador muy correcto, y de allí a que terminó su carrera como jugador, le reprocharon no haber fauleado al español; en el torneo más reciente, Rafael Márquez trastabilló, sacó de balance a un jugador holandés; si no lo hubiera hecho probablemente se hubiera creado una situación de anotación pero que, a como estaba jugando el portero del equipo mexicano, tenía muchas posibilidades de anularlo; fauleó, y en vez de que los forofos mexicanos le reprocharan su actitud artera, le reprochan al árbitro haber marcado la falta. Que no fue, dicen, sin conocer el reglamento, que sanciona ya no la falta, simplemente la intención de cometerla.

Sigo con deportes: en una variante de las carreras de autos, hubo un choque, producto del cual uno de los competidores quedó con su vehículo arruinado (para esa competencia: esos autos los hacen y deshacen con facilidad; entre otras cosas, por ello las colisiones son aparatosas pero casi nunca graves para los corredores); se enojó, y en plena carrera, que no la habían suspendido (porque su auto no estorbaba en la pista), se metió en medio del tráfico para retar a golpes a quien lo chocó; en esas carreras la velocidad es alta, aunque en las filmaciones no lo parezca; lo evitaron cuatro vehículos, pero para desgracia de todos, quien lo chocó se lo topó de frente y lo atropelló; quien piensa con el corazón está perdido; y un comentarista se atrevió a exclamar: y le echan la culpa al muerto.

Para evitar contaminación los sábados, día en que mucha gente descansa en sus trabajos y comparte con la familia (los domingos los desperdicia frente al televisor), decidieron prohibir la circulación de los autos con más de 15 años de antigüedad, más de 60 por ciento, dicen los que saben de estadísticas, de los vehículos de la ciudad de México y la zona metropolitana y estados circunvecinos; según estudios recientes, que dejen de circular seis de cada diez autos ha traído la reducción del cinco por ciento de consumo de gasolina, lo que significa un desequilibrio en las cuentas del gobierno que se encaprichó en imponer esa medida; además, el ocho por ciento de los vehículos de transporte público aportan más del 80 por ciento de la contaminación total de los vehículos y sólo el 20 por ciento está a cargo de los autos particulares, nuevos o no, que emiten menos pero contaminan más; y no se dieron cuenta que quienes no circulamos los sábados tenemos que hacerlo en domingo, con el agravante de que nos topamos con miles de ciclistas que, por ellos mismos, no contaminan, pero provocan que los automovilistas, al frenar y frenar, y consumir media hora en un trayecto que no debería hacerse en más de cinco minutos, contaminen más. O sea, no saben hacer cuentas. Y tanto y tanto, como diría la nana, que los de su propio partido ya advirtieron que esa medida provocará derrotas electorales de las que no podrán reponerse en mucho tiempo y ya le retiraron su apoyo. De no ser un asunto tan enojoso, resultaría divertido.

El mayor reproche de Borges hacia el futbol era por el encarnizado patriotismo, el nacionalismo más barato, por la incapacidad para disfrutar lo que tenga de disfrutable el juego, y que los espectadores sientan como suya la victoria, y se depriman con una derrota. Hace unos días un periodista, creo, se burló (como si con burlarse criticara) de un seleccionado mexicano que al querer lesionar a un contrincante se lesionó él mismo; el aludido contestó con una frase inadmisible: “creí que eras mexicano”, con lo que quiere obligar a todo el nacido en este país a “irle” a ese equipo, a considerar que el equipo representa al país, y que si gana el país gana y si pierde el país pierde, y que de esa pasión hay que excluir la crítica.

Pior (superlativo de peor): los aficionados se erigieron en jueces; muy su derecho, pero usurpan una función sin entender cuáles son los requerimientos de esa profesión; la primera, la imparcialidad, característica de la que carecen (sólo los salva el humor, con las exageraciones de “No era penal”, algunos geniales como los que sube a las redes Vanessa Fuentes); otra, delegar funciones; el árbitro, por lógica, debe ver varios aspectos del partido, y por ello, deja de ver otras, por lo que debe confiar, sindudamente, en sus auxiliares, que cumplen otra función indispensable; ni los asistentes al estadio, ni los locutores ni los camarógrafos, ni mucho menos los televidentes, saben si lo que marcan árbitro y abanderados es correcto; así, los descalifican sin saber si las jugadas “fuera de lugar” fueron bien marcadas; pior, afirmaron que no fue falta la que marcaron contra el equipo que se dice mexicano (aunque varios de sus integrantes juegan en otros países); ignoran que los árbitros van a marcar falta siempre si el que la comete, o se sospecha que la cometió, levanta las manitas como diciendo “¡ay, yo no fui!”; es como el que en el Metro esconde el celular con que ha estado fotografiando a una viajera que muestra, sobre todo de manera involuntaria, las piernas o el escote; lo primero que dice una regla es no si golpeó, trastabilló, sacó de equilibrio al contrincante; basta con que haya tenido la intención, y sobre todo, si en la jugada el atacante tenía posibilidades de crear peligro; y si lo tropieza (aun sin desear lastimarlo) y levanta las manitas, sea como sea, es falta; hay que ser ingenuo para creer que no las van a marcar.

Hace un par de semanas intentaron atropellarnos; Lourdes, como las mujeres del pasado, está en casa con la pierna fracturada; pero inquieta como es, me acompañó a una compra; la mayoría de los automovilistas, cuando la veían enyesada en el camellón, o en una banqueta, se detenían y cedían el paso, cuantimás las patrullas. Pero al regresar, al cruzar Mariano Escobedo, aunque un automovilista de detuvo, no lo hizo el conductor de un Ruta 100; pero estaba en alto, y llegamos hasta donde podíamos pasar; se puso el semáforo en verde cuando estábamos por terminar de cruzar la calle, cuando arrancó; alcanzó a darle un golpe a Lourdes, quien no podía correr; cuando iba a darle otro golpe alcancé a aventarla, y ella dio dos pasos rápidos, con riesgo de lastimarse más el pie fracturado; al chofer no le bastó, y me embistió; no fuerte, pero alcanzó a darme dos golpes entre el brazo derecho y la espalda; una camioneta se le puso enfrente y sólo así se detuvo, aunque ya me había puesto lejos de su alcance; le reclamaron varios conductores, automovilistas, peatones, testigos del acto; Lourdes golpeaba con el bastón las ventanas, enfurecida; la bestia humana abrió la puerta y dijo que sí se había detenido. No pretendía atropellarnos; ignoro si me identificó: critico las decisiones de su jefe; o a lo mejor era lector de alguno de los autores (o editores) a los que denuesto con argumentos, verifico su mala escritura, sus desaciertos, sus descuidos, sus erratas. Pero ni así nos callaremos.

Por cierto, ¿el jefe de esa bestia sabrá la diferencia entre “alarma” y “alerta”? Otra pregunta, sin respuesta: ¿los santos y los sabios comparten cualidades y defectos? Una más: ¿los que dicen defender a los animales en circos, zoológicos, ya leyeron a Gerald Durrell y lo que dice al respecto? La última y me voy: ¿qué significa “irle” a un equipo?

Hubo una vez un escritor que alardeaba de no leer más que lo que entendía, y que por ello nunca leería a Rimbaud; ahora da conferencias sobre los mejores autores mexicanos. Y hay quien le cree. Y quien cree que escribe.

Marco Antonio Pulido me hace ver que Scarlett Johansson y Penélope Cruz pelean, amigablemente, por un actor (no importa cuál) en una cinta de Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona); conocía y recordaba las escenas, pero al momento de escribir se me escapó; sobre todo, porque la impresión que tengo es que la cinta cobra vida cuando aparece Cruz, y se apaga cuando se va.

Pero en busca de más escenas vuelvo a ver Damn Yankees, una obra maestra de las muchas que hizo Stanley Donen, y no puedo dejar de pensar que Televisa hizo un pacto con el Diablo similar al del protagonista de la cinta: hacer creer que un equipo de futbol tiene posibilidades de ganar un torneo en el que participan otros que creen que representan el deporte de su país (y creen que es mundial), y que cuando acontezca la desilusión, porque su calidad es mucho menor que la de la mayoría de otros participantes, habrá tragedias de las que se aprovechará el Diablo para repoblar el infierno, ahora que el papa Francisco dice que es sólo una imagen y una metáfora (¿no será una argucia para que nos confiemos?).

En la cinta, Ray Walston (nadie mejor que él) regresa su juventud a Robert Shafer, lo convierte en Tab Hunter, con facultades para batear, fildear, y encabeza a los Senadores de Washington para hacer creer a los forofos que pueden ganar el campeonato de la Liga Americana (hace un siglo se decía “Washington: primero en la paz, primero en la guerra, último en la Liga Americana” –frase que aludía a la reticencia de Estados Unidos para entrar a la Primera Guerra Mundial, a la creencia de que cuando se decidiera a hacerlo sería decisivo para la derrota alemana, y a que el equipo de beisbol terminaba en los últimos lugares), y al perder en el último juego contra los malditos Yanquis, que entonces ganaban todos los campeonatos (diez en 12 años, en los años cincuenta y sesenta), habría más suicidios que durante las crisis económicas de 1929 y 1932 (se insinúa que las provocó el Diablo); éste, interpretado por un Walston que, como Andrés Soler, nunca tuvo una actuación mala, es tan pícaro que se gana la simpatía del espectador, pero la historia de amor que hay detrás –Shafer, al rejuvenecer, debe abandonar a su esposa Shanon Bolin–; como está por ceder y romper el contrato (un momento de debilidad de Walston al incluir una cláusula que le permite a Shafer renunciar antes del último juego del campeonato), llama a la mujer más fea de Rohde Island, Gween Verdon, convertida en seductora, aunque no tan bella, y que le sirve para convencer a los rejegos, para que seduzca a Hunter, y así conquistar miles de almas que se irán al infierno, porque, excepto los amparados por San Juan Diego, el suicidio es lo único que la iglesia no perdona.

Aunque Walston hace berrinche y regresa a Shafer su vejez feliz, éste atrapa un batazo largo de Mickey Mantle, tan torpemente como Willie Mays en la última jugada en que intervino, como jardinero de Mets, en la Serie Mundial de 1973; Shafer oye a su esposa Bolin cantar y con eso vence la tentación, para berrinche de Walston y satisfacción de Verdon; Walston todavía hace un intento: no basta con el campeonato: van los Senadores por la Serie Mundial. El chiste es que los forofos se emocionen y ante la derrota del equipo, se suiciden y se vayan al infierno.

Al leer las declaraciones de forofos, jugadores, directivos, locutores, conductores de programas televisivos y radiofónicos, periodistas, conocedores, pareciera que tienen fe en que el equipo de Televisa (creer que es el representante del deporte mexicano es otro de los trucos del Diablo) tiene alguna oportunidad; difícilmente habrá suicidios, pero sí muchos descreídos y hasta alguien que pierda la fe.

No es la misma época en que la fe movía el mundo, y que al perder esa fe, muchos preferían abandonar la vida; hubo suicidios de jovencitas hasta en Suramérica a la muerte de Jorge Negrete y también con la de Pedro Infante; lo peor, ni siquiera eran sus conocidas, a lo mejor los vieron de lejos en alguna gira.

Afirmo que Walston no tuvo ninguna actuación mala; no es que me retracte, pero su participación en The Sting es discreta, como la de todos los que aparecen en esa cinta que el tiempo ha borrado sus errores y disminuido la importancia de lo que obtienen al defraudar al tahúr engañado, y se pierden los cálculos de cuánta lana le toca a cada cómplice.

Es injusto que se le recuerde más por Mi marciano favorito que por Kiss me, Stupid, indudable obra maestra, una más de Billy Wilder; también, bajo Wilder, interpreta a un lujurioso jefe que se aprovecha de Jack Lemmon en The Apartment; trabajó también para Josh Logan y para Frank Tashlin, y siempre con eficacia.

(Otra argucia del Diablo: que dice el entrenador del equipo de Televisa y otras compañías privadas, que durante lo que dure el torneo no va a dejar que los jugadores cojan. Se le olvida a Herrera que las mejores actuaciones de los equipos en esos torneos, en los últimos 40 años, han sido de equipos a los que dejan llevar a sus novias, esposas, secretarias, asistentas, masajistas; y si no hay, sus mañas se darán.)

Prólogo de sir Alex Ferguson. Una auténtica joya para los amantes del fútbol.

Otra manera de ganar, la primera biografía internacional de Pep Guardiola y un éxito de ventas en el mundo anglosajón, explica cómo el ex entrenador del Barcelona consiguió un número extraordinario de títulos, cómo cambió el fútbol a la vez que obtenía éxitos y cuál era su verdadera relación con los futbolistas clave durante los maravillosos cuatro años en que estuvo a cargo del mejor equipo del mundo (quizá de la historia). Pero es mucho más. El autor, la cara del fútbol español en el Reino Unido, consiguió conversar con Guardiola cuando Pep no concedía entrevistas y charló con las personas más influyentes de su entorno y con los principales futbolistas del Barcelona, además de entrenadores y jugadores rivales que sufrieron el talento blaugrana. Entre ellos, sir Alex Ferguson que, pese a perder dos finales de la liga de campeones contra el Barcelona, admira a Guardiola. Pero para Pep, el triunfo iba acompañado de cierto drama personal: cada partido era uno menos en la élite, nunca sintió ser lo suficientemente bueno en su trabajo, sus disputas con Mourinho le hicieron daño y padecía enormemente tomando decisiones. Por eso es también otra manera de ganar.

“Si eres fan del Barca o sólo un gran fan de Guardiola, éste es un libro que debes leer”
S.B. Nation

Guillem Balagué
Trabaja en Sky Sports donde cubre toda la información del fútbol de España. Es el corresponsal del diario As y de El Larguero de la Cadena Ser. Escribe habitualmente en The Times.
Ha trabajado para The Observer, la BBC y Onda Cero.
Título: PEP GUARDIOLA
Autor: Guillem Balagué
Sello: rocaeditorial

La última sesión será el miércoles 28 de agosto con la participación de Enrique Krauze

A pesar de que uno se realiza con los pies y otro con la cabeza, el futbol y el teatro tienen muchos puntos en común: ambos requieren de una buena estrategia, el trabajo en equipo es fundamental y los éxitos o frutos de cada uno no se hacen esperar, entre otros.

Al menos eso es lo que piensan algunos de los teatreros como Noé Morales, Manuel Parra, Luis Mario Moncada, Israel Franco, Bárbara Colio, Antonio Castro, Raúl Adalid y Gerardo Trejouna, quienes la noche del miércoles anterior sostuvieron una cascarita en el Teatro Julio Castillo para exhibir su pasión por el llamado “deporte del hombre”.

Durante el Coloquio de Teatro y Futbol, organizado por el Noé Morales, Manuel Parra, Luis Mario Moncada, Israel Franco, Bárbara Colio, Antonio Castro, Raúl Adalid y Gerardo Trejouna, del Instituto Nacional de Bellas Artes, el primero en sacar el pase fue el dramaturgo mexicano Noé Morales, quien reveló su “pudor” por ser fanático del futbol, casi al mismo nivel que el teatro, al admitir su admiración por los Pumas de la UNAM, el Barcelona de Guardiola y la selección argentina de Menotti.

Luego de declararse “enfermo de futbol”, señaló que le dedica mucho más tiempo “del que debiera”, a pesar de que el teatro es, para él, la representación de lo social y de lo público.

Posteriormente le lanzó el balón a su colega Manuel Parra (Guadalajara, 1981), quien comentó que su padre, que era futbolista profesional de segunda división, además de escritor y médico, fue el que le inculcó el amor por las artes y la cultura.

Declaró el dramaturgo, actor, director, poeta y abogado que, como delantero y defensa central “le pegaba duro al balón”. Sin embargo, admitió que “lo único en común entre el futbol y el teatro es que ambos son oficios para disfrutar, por eso escribo para ser un poco más felices”.

Al fondo, los demás dramaturgos y actores esperaban el toque de balón. A unos les gusta actuar de defensa y a otros de delantero, pero otros prefieren guardar la portería e impedir el gol del equipo contrario.

En ese momento, Luis Mario Moncada hace una finta y aclaró que era un “aficionado inevitable” de ese deporte, en una época en que fue mal visto por sus compañeros de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Para mí, sostuvo el actor, director teatral e investigador, el teatro y el futbol son dos caminos divergentes, experiencias absolutamente contrarias, porque uno representa la más encarnizada competencia y el otro la cofradía más íntima. Ambos son como el agua y el aceite.

Moncada, quien está lesionado de una rodilla por practicar durante muchos años el futbol, aseguró que lo verdaderamente preocupante de todo esto es que el futbol “le está ganando la partida” al teatro.

Tras arrebatarle el balón al actor de la obra Súper héroe de la aldea global, la dramaturga Bárbara Colio compartió la visión de Moncada. Los goles teatrales suceden pocas veces en el escenario.

Apuntó que las obras de teatro deberían estar escritas como si las hubieran hecho los comentaristas deportivos, es decir, con mucha pasión. Luego dijo que su único contacto con el futbol fue en una final de América contra Guadalajara.

El director y periodista Antonio Castro recordó su pasión por las Chivas del Guadalajara, evocó también al Willy Gómez, Víctor Rangel y las dos chilenas que le hizo Hugo Sánchez a La Volpe, y su colega Raúl Adalid reconoció ser hincha del Santos Laguna, de Argentina 78, Brasil 70, Pumas de los ochenta, la selección española, Pelé, Maradona y Platini, entre muchos otros.

Al final de la segunda mesa redonda del coloquio, el público opinó que en este también deberían invitarse a los futbolistas profesionales a hablar sobre su experiencia con el teatro.