Cuando se habla de alimentos chatarra con un alto contenido de calorías y carbohidratos y que por tanto propician el sobrepeso y la obesidad, se piensa casi invariablemente en frituras, golosinas, pastelillos y bebidas gaseosas. Pero resulta que no pocos fabricantes que producen alimentos sanos y nutritivos, en realidad están dando a los consumidores gato por liebre.

Tal es el caso, según reveló un estudio de la organización civil El Poder del Consumidor, del yogurt de manzana de la marca Yoplait, que no pocas madres dan en el desayuno a sus hijos en la creencia de que les ayudará a tener una buena alimentación y les proporcionará los nutrientes necesarios para su desarrollo. Pero, señala el estudio, no es recomendable para niños, por su elevado contenido de azúcar y porque contiene colorantes que inducen cambios en su conducta y sucralosa, que es un endulzante artificial.

Por Juan José Morales

Aunque no es el tipo de alimentos que se consideren inadecuados porque propicien el sobrepeso y la obesidad como las frituras y los pastelillos, resulta que este yogurt tiene realmente un mínimo contenido de fruta y una gran cantidad de azúcar, por lo cual no resulta nada recomendable para la alimentación infantil.

Al analizar el contenido de un envase de 150 gramos de dicho yogurt, los expertos de El Poder del Consumidor encontraron que aunque se anuncia como yogurt de manzana, sólo contiene un gramo de esta fruta. Es decir, apenas el 0.66% del total. En cambio, contiene 12.3 gramos de azúcar añadida, equivalentes a dos y medio cucharadas cafeteras. Subraya el informe que tal cantidad de azúcares —más de 12 gramos— cubre del 62 al 82% de la cantidad máxima que, según recomendaciones de médicos y nutriólogos, debe ingerir en el curso de todo el día un niño o niña. A este respecto, la Asociación Norteamericana de Cardiología ha señalado que en la edad infantil no se debe consumir diariamente más de tres o cuatro cucharadas cafeteras de azúcar.

O para decirlo en otras palabras: ese pequeño envase de yogurt que un niño se echa al estómago de una sentada, contiene casi el total del azúcar aceptable en una buena alimentación. Además —y esto es especialmente importante—, señalan los autores del estudio que “los azúcares añadidos… son los tipos de azúcares que provocan serios daños metabólicos a la salud, por su presencia tan elevada en los distintos productos”.

Quizá lo más grave de este asunto es que la presentación del yogurt de marras sugiere hábilmente que se trata de un producto para niños, aunque sin decirlo explícitamente. Las amas de casa lo piensan así y se lo dan a sus hijos en la creencia de que es adecuado para su edad y necesidades nutricionales, cuando en realidad sólo están contribuyendo a que tenga una mala alimentación y a exponerlo al peligro de la diabetes y otros padecimientos por el excesivo consumo de azúcares.

Y todavía hay más: cuando un niño consume regularmente demasiada azúcar, desarrolla un gusto especial por ese producto, y ello lo conduce en la adolescencia y la edad adulta a seguir consumiéndolo en exceso. “Se ha observado —hace notar el estudio de El Poder del Consumidor— que los altos consumos de azúcar provocan adicción, por lo cual una vez que se convierte en hábito es mucho más difícil dejar de consumir este tipo de productos con altas cantidades de azúcar.”

“Por ello —añade— es preocupante que la población, en especial la infancia, cada vez tenga mayor acceso a este tipo de productos y que éstos se hayan convertido en parte de la ingesta cotidiana lo que contribuye a que se generen malos hábitos a largo plazo”.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Lo hemos dicho varias veces pero no está de más repetirlo: la diabetes es uno de los más graves y extendidos problemas de salud pública en México. Ya no sólo afecta a los adultos, sino también a los niños. Y, según encontraron investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, una buena manera de contraer esa enfermedad desde temprana edad, es pasarse horas y horas apoltronado ante el televisor.

Por Juan José Morales

En un estudio que comprendió a más de 870 niños y niñas de 5 a 11 años de edad, comprobaron que aquellos que pasan viendo televisión durante un tiempo prolongado presentan mayor resistencia a la insulina que quienes no tienen tal hábito. Ello independientemente de que es mayor el riesgo de que sufran sobrepeso y obesidad.

Ya desde hace tiempo diversos estudios en varios lugares del mundo habían revelado una correlación entre el tiempo que se pasa frente al televisor y la incidencia de diabetes tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares. Ello se debe no sólo al sedentarismo en sí, sino también a que la inactividad y la publicidad que se contempla en la pantalla propician el consumo de frituras, pastelillos, bebidas gaseosas y otros productos similares con un alto contenido de azúcares, grasas y carbohidratos.

La televisión no sólo afecta la mente de los niños al robarles la imaginación y la creatividad. También afecta su metabolismo y los hace más susceptibles a la diabetes y otros males.

Esa fue, por ejemplo, la conclusión a que se llegó en un metaestudio —o sea una revisión de más de 1,600 investigaciones sobre el particular— realizado por Anders Grøntved y Frank B. Hu, de la Escuela de Salud Pública de la universidad norteamericana de Harvard y publicado hace poco más de dos años en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

En ocho de las investigaciones examinadas, se dio seguimiento a más de 200 mil personas durante un período de siete a diez años, para cotejar el tiempo que pasan frente al televisor con la incidencia de diabetes y males cardiovasculares. Así llegaron a la conclusión de que por cada dos horas diarias que una persona pasa ante al aparato, aumenta 20% la probabilidad de que sufra diabetes y 15% la de que padezca algún problema cardiovascular. Y, en términos generales, pasar dos horas cada día mirando televisión eleva 13% el riesgo de muerte prematura.

Cabe señalar que las personas incluidas en la investigación no padecían al inicio de la misma diabetes, males cardiacos ni enfermedad crónica alguna. Igualmente hay que señalar que los norteamericanos pasan en promedio cinco horas diarias mirando televisión, en tanto que los australianos y los habitantes de la generalidad de las naciones europeas del oeste, de 3.5 a 4.

En el caso de los niños y adolescentes potosinos, se encontró que los niños dedican a la televisión entre una y dos horas diarias, en tanto que las niñas pasan más de tres horas cada día frente a la pantalla. Es decir, los niños permanecen ante la pantalla de siete a 14 horas semanales y las niñas más de 21. Por contraste, la mayoría de ellos, de ambos sexos, sólo dedican dos horas semanales al ejercicio físico.

Las cifras mencionadas, por lo demás, son sólo promedios. Hay quienes pasan muchísimo más tiempo ante el aparato. Es —señalan— muy importante realizar nuevos estudios de este tipo, a fin de determinar con mayor precisión la influencia que el sedentarismo provocado por la televisión tiene sobre la salud de niños y jóvenes, en particular sobre la creciente incidencia de obesidad y diabetes en esos grupos de edad. Igualmente, es necesario tomar medidas para modificar los hábitos que inducen a la falta de actividad física y los hacen más vulnerables a la obesidad y las enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx