Una característica de la milpa maya tradicional es que los campesinos acostumbran sembrar, entremezcladas, semillas de diferentes variedades de maíz, cada una con diferentes características de crecimiento, tamaño y color de los granos, rendimiento y adaptación a las condiciones meteorológicas. Así, junto con el maíz de ciclo largo y alto rendimiento, se planta maíz precoz, de ciclo corto, que da rendimientos más bajos.

Por Juan José Morales

Esta práctica a primera vista se antoja contradictoria y poco inteligente, pues parece un desperdicio de tierra y esfuerzo sembrar plantas que darán poco grano en vez de dedicar toda la milpa al maíz de más alto rendimiento. Pero en realidad constituye una atinada estrategia, heredada de los mayas prehispánicos, que permite hacer frente exitosamente a los caprichos de la naturaleza, ya que la milpa es un cultivo de temporal y depende de la abundancia y adecuada distribución de las lluvias. Con la mescolanza de variedades, el agricultor asegura que, en caso de que las condiciones naturales sean desfavorables, se salvará por lo menos una parte de la cosecha.

Campesinos en un poblado de Yucatán intercambiando semillas de las variedades que siembran. Esta es una costumbre tradicional, practicada durante siglos, que ha permitido mantener y ampliar una gran riqueza genética, la cual podría perderse si se utilizaran semillas de una sola variedad con el pretexto de que son más resistentes o dan mayores rendimientos.

De acuerdo con una investigación etnobotánica acerca de las plantas de la milpa entre los mayas, que fue realizada por Silvia Terán, Christian H. Rasmussen y Olivio May Cauich, hay por lo menos cuatro variedades de maíz —cada una con variantes— que se cultivan regularmente y que son el producto de siglos de manejo y cuidadosa selección. El de ciclo más corto es el que en maya se denomina nal t’eel o k’aay t’eel, términos que significan respectivamente maíz gallo y canto del gallo, por alusión al hecho de que esta variedad es muy tempranera: en siete semanas ya ha completado su desarrollo y está listo para la operación de doblar las plantas y dejar que las mazorcas se sequen antes de cosecharlas. Su inconveniente sin embargo es que produce sólo dos mazorcas por planta. Lo hay con grano de tres colores, amarillo, blanco y negro, y según los registros arqueológicos es una de las variedades más antiguas. La variante negra tiene poca demanda entre los comerciantes debido a que por su tonalidad no es muy atractivo para los consumidores. Por ello se siembra poco. Los campesinos de todas maneras lo comen y a veces lo emplean para preparar bebidas ceremoniales.

Otro maíz tempranero es el xmejen nal o xt’uup nal. Estos nombres, que significan maíz chico, aluden al tamaño de los granos. De él hay igualmente tres variantes de color: blanco, amarillo y negro o morado.

Un tercer tipo de maíz que se acostumbra sembrar en las milpas es el xchuum yá, que se traduce como “tronco de zapote”. Es de ciclo intermedio y se desarrolla en un lapso de tres a tres y medio meses. Como es bastante vulnerable a los ataques de animales, para protegerlo mejor se acostumbra sembrarlo cerca de la casa cuando ello es posible, o bien intercalarlo con variedades más altas para ocultarlo de los pájaros. Este maíz, del cual hay variantes de color amarillo, blanco, rojo y morado, es resistente a la sequía.

De las variedades de ciclo largo, alto rendimiento y granos de considerable tamaño pero que requieren de una temporada normal de lluvias para poder completar su desarrollo, el que más se siembra en las milpas es el xnuuk nal o maíz grande. Presenta también variantes de color. La amarilla —k’an nal en maya—, que madura en un período de cuatro a cuatro y medio meses, es bastante resistente a la sequía, la cual soporta alargando su período de maduración. La de granos blancos o sak nal, que es la más popular, da mayores rendimientos, pero no soporta tan bien el sol intenso. Si las lluvias son abundantes, puede cosecharse a los tres meses y medio.

Estas variedades, como decíamos, ya se conocían desde los tiempos prehispánicos y a ellos hacen referencia diversos documentos de la época colonial. No se siembran al mismo tiempo, sino en diferentes épocas. El xmejen nal o maíz chico, por ejemplo, se siembra anticipadamente en abril antes de las lluvias, y el grande en mayo o junio, cuando ya se han iniciado. También se acostumbra sembrarlo unas tres semanas después de la siembra,

Todas estas prácticas son el resultado de un largo y minucioso trabajo de selección genética realizado por los antiguos agricultores mayas, que de esta manera lograron desarrollar una eficiente agricultura de temporal, y la mejor prueba de que tuvieron buen éxito es que todavía hoy, a siglos de distancia, sus descendientes continúan sembrando el maíz de igual manera.

Son, ciertamente, conocimientos muy valiosos que deben conservarse y aprovecharse sin dejarse deslumbrar —o cohechar— por las promesas de altos rendimientos de las semillas transgénicas de las semilleras transnacionales.

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