En la Internet circula —y ya me ha llegado por distintas vías— un mensaje titulado “El fraude del ébola denunciado por un africano” en el cual un desconocido personaje que dice llamarse Nana Kuame asegura que todo este asunto del ébola es un monumental engaño para dominar y en caso necesario matar a los habitantes de ciertos países africanos y adueñarse de sus riquezas naturales.

Por Juan José Morales

“El Ebola como virus NO existe —afirma el mensaje— y NO se está ‘diseminando’. La Cruz Roja ha traído una enfermedad a 4 países específicos por 4 razones específicas y sólo es contraída por aquellos que reciben tratamientos e inyecciones por parte de la Cruz Roja.” Y subraya: “el ébola se está diseminando únicamente por vacunación”, mediante una vacuna que “fue introducida en África Occidental con el objetivo final de traer tropas de tierra a Nigeria, Liberia y Sierra Leona”.

Este es el “inexistente” virus del ébola, fotografiado con el microscopio electrónico. Pertenece al grupo de los filovirus, así denominados por su apariencia filamentosa. Es extremadamente agresivo, con una tasa de mortalidad del 50% y entre sus síntomas destacan las profusas hemorragias generalizadas que motivaron su nombre inicial de fiebre hemorrágica del Ébola.

A este último país, el mayor productor de diamantes del mundo, porque los mineros están en huelga desde hace cuatro meses y las tropas extranjeras los obligarán a trabajar en “horribles condiciones y… mantener a esta pobre gente sobreviviendo a base de sacos de arroz y ayuda extranjera, de manera que permanezcan como una fuente de trabajo esclavo barato indefinidamente.” A Nigeria, “para robar las nuevas reservas de petróleo que se han descubierto”. Y a Liberia… pues quién sabe para qué, porque no se explica en el mensaje.

Van tres países. ¿El cuarto? No lo menciona Kuame. Tampoco la cuarta razón.

Toda esta historia, bastante truculenta, está sin embargo más llena de inconsistencias que un colador de agujeros. Por principio de cuentas, el ébola no es una enfermedad nueva, inventada para reprimir a los mineros sierraleoneses en huelga desde hace unos meses. Los primeros brotes de que se tiene registro ocurrieron hace cerca de 40 años, en 1976; uno en Sudán y otro en la República Democrática del Congo, en una aldea situada cerca del río Ébola. Por ello fue inicialmente denominada fiebre hemorrágica del Ébola. Desde entonces ha habido numerosos brotes en diferentes países africanos, pero ninguno tan extendido y de tal magnitud como el actual. En los anteriores, el número total de enfermos se contó por docenas y acaso unos pocos centenares, pero nunca más de 500. En el presente, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, ya se han registrado más de nueve mil casos, de los cuales la mitad mortales.

En segundo lugar, es falso que no exista el virus del ébola. Fue aislado e identificado desde hace mucho y se conocen muy bien sus características.

En tercer lugar, no hay tales programas de vacunación que estén siendo usados por la Cruz Roja para engañar a los inocentes negritos africanos y en vez de protegerlos, inocularlos con la enfermedad. Y no la hay por la sencilla razón de que no existe ninguna vacuna contra el ébola, salvo tres que se hallan aún en fase experimental. Según las más optimistas previsiones de la OMS, será hasta marzo de 2015 cuando alguna esté lista para su uso generalizado, aunque no masivo. Se aplicará en primer lugar, al personal sanitario que esté en contacto con los enfermos y en segundo lugar a grupos que corran riesgo especial. Debido a dificultades logísticas, no se prevé vacunar a la población en general.

Por lo demás, cabe preguntarse: si no existe el virus del ébola, ¿qué es lo que se inyecta a la gente, a través de una supuesta vacuna, para ocasionarle una enfermedad viral?

Todo esto no tiene pies ni cabeza, y resulta un poco exagerado suponer que todos los epidemiólogos y virólogos de todos los hospitales, todos los centros de investigación y todos los ministerios de salud de todos los países del mundo son lo bastante ignorantes, crédulos o tontos para no haberse percatado de que todo es una farsa y el tal virus no existe. O bien, se han dado cuenta de ello pero callan ante semejante genocidio. Y no sólo eso, sino que se prestan a tan monumental crimen aportando elementos humanos y materiales para seguir engañando a las autoridades sanitarias de los países africanos. Cuba, por ejemplo, en una ejemplar medida de solidaridad internacional, ya envió un primer contingente de médicos, enfermeras y laboratoristas a África —en total serán cerca de medio millar— para apoyar la lucha contra la epidemia.

En pocas palabras: el supuesto engaño del ébola es sólo un engaño.

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De un par de buenos amigos he recibido el mismo video, titulado Salud Prohibida, del cual se dice que fue censurado, y me piden difundirlo. En él, cierta monja española de nombre Teresa Forcades asegura —aunque no exactamente con esas palabras— que existe una maravillosa y efectivísima cura contra el paludismo y el ébola, llamada MMS, pero los malévolos médicos que lucran con la salud humana y los no menos perversos monopolios farmacéuticos bloquean su empleo para poder seguir enriqueciéndose con sus caros tratamientos y productos.

Por Juan José Morales

Teresa Forcades. Esta monja catalana ha ganado cierta notoriedad por sus ruidosas campañas contra la vacunación y las empresas farmacéuticas y en favor de las llamadas medicinas alternativas. Mucha gente le da crédito porque tiene un título de doctora en medicina, pero ignoran es que no es especialista en epidemiología, salud pública, virología o algo semejante, sino que su tesis consistió simplemente en observaciones de la actitud de los estudiantes de medicina ante las terapias alternativas que ella promueve.

Sentí doble pena al recibir el video en cuestión. En primer lugar, por la ingenuidad de mis amigos, que dan crédito a esa vieja patraña de que existe una conspiración universal de todos los médicos, todos los hospitales, todos los gobiernos y todos los científicos del mundo, para impedir que se usen remedios sencillos y gratuitos. En segundo lugar, por su mala memoria, pues no hace mucho, en enero pasado, escribí en esta misma columna —y les envié el artículo correspondiente— acerca de ese criminal engaño que es el MMS o Master Mineral Solution, el cual se vende como un falso medicamento efectivo contra toda clase de enfermedades, desde el cáncer, la diabetes y el sida, hasta el acné y la caspa. Y ahora resulta que, según la monja de marras, también cura el ébola.

El dichoso MMS no es otra cosa que la vulgar lejía, un compuesto a base de cloro que se usa como desinfectante en baños y cocinas y como blanqueador en el lavado de ropa. El cuento de que cura todos los males habidos y por haber lo inventó un charlatán llamado Jim Humble, quien dice ser ingeniero aeroespacial y científico autodidacta y afirma haber descubierto las prodigiosas cualidades contra el paludismo del dióxido de cloro —que tal cosa es la lejía— en sus andanzas en busca de oro por las selvas de Sudamérica.

El negocito de vender MMS, originalmente llamado Solución Mineral Milagrosa, o SMS, marcha viento en popa gracias a gente de buena fe como los amigos que me enviaron el video, y a charlatanes desvergonzados como la monja Forcades, que no actúa de tan buena fe como pudiera parecer.

En efecto, la religiosa en cuestión no solamente se dedica a espantar gente con historias tales como que es mejor no vacunarse porque las vacunas son peligrosas y hasta mortales, o que la vacuna triple contra las paperas, la rubéola y el sarampión sirve para introducir “material genético de células cancerosas en el cuerpo de los niños” —lo cual es por supuesto total y absolutamente falso—, sino que gana buen dinero ofreciendo curas mágicas disfrazadas de “terapias alternativas”, tales como el llamado tratamiento Emotional Freedom Techniques o EFT, según el cual “un malestar emocional es solamente un bloqueo energético”, y puede curarse dando golpecitos con las yemas de los dedos en ciertos puntos del cuerpo para así “equilibrar la energía mientras permanecemos mentalmente enfocados en el asunto a tratar”. Si esto no es charlatanería, no sé cómo podría calificarse.

La monja Forcades acusa a los gobiernos, la comunidad médica y las empresas farmacéuticas de impedir que la gente se cure casi gratuitamente del paludismo, el ébola y otras muchas enfermedades al prohibir la venta del milagroso MMS. ”Me parece muy sospechoso —dice— que se haya prohibido su venta en algunos lugares y que se persiga a las personas que lo comercializan.”

Efectivamente, su venta está prohibida en muchos países, pero por una razón muy simple: las autoridades sanitarias de esos lugares son muy cautelosas y no permiten que se venda un producto que se anuncia como curativo, terapéutico o medicamento si no ha pasado por los controles adecuados y demostrado su eficacia mediante pruebas clínicas y de laboratorio. Eso es elemental para proteger la salud de los ciudadanos y evitar engaños de timadores y charlatanes.

En el caso concreto del MMS, en enero pasado escribimos que es tóxico y puede provocar dolores abdominales, náusea, vómitos, diarrea, intoxicaciones, lesiones intestinales, fallo renal y otros graves problemas, inclusive la muerte. Hay, pues, muy buenas razones para prohibir su venta como falso medicamento y meter a la cárcel a quienes recomiendan beberlo.

Por ahora aquí terminamos. En otra ocasión hablaremos del EFT y de otra patraña que promueve la monja en cuestión: el uso de cierta planta como cura para la diabetes, de la cual también dice que los pérfidos médicos bloquean su difusión.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx