Un reportaje reciente confirma que mucha gente ha sido discriminada por su apariencia, que por ello, por no vestir de mono (como se dice en las novelas de Vargas Llosa) son maltratados, rechazados en bancos, o han sido rechazados al pretender a alguna mujer. Lo he sufrido, como lo han sufrido todos los chaparros. Más de una, en la adolescencia, me dijo “si midieras 15 centímetros más”, y se referían a la estatura.

Menos en broma, relato que por no vestir traje, o por chaparro, o por usar barba, no sé por qué, fui maltratado en varios bancos, concretamente en la sucursal de Banamex en Homero, frente a Liverpool Polanco (que no está en Polanco, sino en Chapultepec Morales, pero así son de pretenciosos los que viven en lugares aledaños a Polanco), a finales de abril. Acudí a ella, acompañado de Nahúm, porque deseaba abrirle una cuenta de ahorros, atraído por sus ofertas: tarjeta para hacer retiros y, en ciertos comercios, realizar compras; no se necesitaba una suma muy alta para abrirla (me niego a decir “aperturar”); cuando fui a preguntar, aceptaron toda la documentación, excepto la copia del acta de nacimiento, pero me dijeron dónde obtenerla con rapidez; no me tardé ni tres cuartos de hora en regresar. No había más que una persona esperando que alguno de los ejecutivos (números 18 y 19) se desocupara (el número 20 estaba desocupado, o mejor dicho, ocupado en ir a quitarle el tiempo a los otros dos); la ficha que me dieron prometía que en cinco minutos sería atendido; sin embargo, sin ficha, el ejecutivo 20 llevaba a clientes o trajeados o ayudantes de potentados, que hacían gala de prepotencia (después, me encontré a uno de ellos en otro banco, enojado porque me atendían y tenía que esperar [cinco minutos] a que terminaran mis trámites), o mujeres que vestían simulando elegancia, y que sin ficha entraban y saludaban de beso a esos ejecutivos; luego de 45 minutos de espera por fin se desocupó uno de ellos, y aunque intenté entrar, me evadió, fue a las cajas y regresó con un hombre al que dio preferencia aunque mi ficha era la siguiente.

Cuando le reclamé, a gritos me dijo “tengo que atender a mis clientes”; por desgracia, yo también soy cliente de ese banco, pero ni saludo de beso a esos cuates ni los adulo, sólo exijo que traten con decencia sin fijarse si mi ahijado es moreno, si soy chaparro, si no uso traje (en los últimos 40 años he usado corbata dos veces, y mando a la chingada a los restauranteros que se niegan a servir a quienes no vayan de corbata). Nos fuimos, pese al hambre, a Banorte, donde en menos de 15 minutos nos abrieron la cuenta de Nahúm.