La cinta de Miguel Bonilla Schnaas, que estrena este viernes 6 de septiembre en 19 ciudades de la República Mexicana, se realizó con un presupuesto que no rebasó los 15 millones de pesos y algunas aportaciones en especie. Bonilla filmó la sórdida historia seis semanas en varias calles del Centro Histórico de la ciudad de México.

Por Víctor M. Aguilera C.

@juanoctambulo

Pablo Kramsky (Alfonso Borbolla) es un periodista de nota roja con ánimos frustrados de ser escritor, quien además es menospreciado y humillado por sus compañeros de oficina. Para colmo, al regresar del trabajo a su casa encuentra que alguien entró para robar su televisión y la computadora donde estaba escribiendo una novela.

Impotente, desesperado por la ineficacia que distingue a nuestro sistema judicial, Kramsky da un giro a su vida y recupera su confianza luego de que un colega, Robert (Darío Ripoll), le ofrece una pistola para defensa personal.
La ópera prima de Miguel Bonilla Schnaas, nos presenta un guión (escrito también por él y ganador como Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara), con el que retoma el humor negro característico de gran parte del cine nacional contemporáneo y, por supuesto, aprovecha para criticar al sistema judicial mexicano y su ineptitud (pese a las pretensiones del agente del Ministerio Público, representado por un divertido y alegre Carlos Cobos).
Sin embargo, la corrupción y las deficiencias de la justicia mexicana no son el tema central de la película; de eso ya se han ocupado bastante otros largometrajes. En cambio, Bonilla opta por señalar algunas “mañas” de muchos medios informativos y cómo sus intereses afectan directamente a nuestra sociedad. En este sentido, Kramsky representa la peor cara de este problema y funciona como una alegoría de los medios más poderosos.
Es por eso que el protagonista, aunque expone la frustración del ciudadano común, es en realidad una persona desagradable y con una moral cuestionable. De hecho, todos los personajes son odiosos en cierta manera y el único que pareciera ofrecer una sincera amistad es un individuo violento e inestable.
Resalta que para esta producción se necesitaron pocos actores y la mayoría hizo un buen trabajo. Fernando Becerril, por ejemplo, consigue que el jefe de Kramsky resulte especialmente irritante. Asimismo, destaca la interpretación de Darío Ripoll como un hombre desquiciado que no parece de fiar, pese a lo que aparentan ser sus mejores intenciones. El propio Alfonso Borbolla expresa con eficacia la personalidad de un sujeto cohibido, nervioso y corruptible.
Finalmente, este largometraje consigue hacer reír gracias a sus personajes patéticos y a la sórdida pero ridícula situación que se desenvuelve debido a la inestabilidad emocional de los personajes y la falta de justicia en nuestro país, donde mucha gente contempla la ley del Talión como la solución más viable a la impunidad en que viven muchos criminales.

Diente por diente
Año: 2012
País: México
Duración: 90 min.
Género: Comedia
Idioma: Español
Dirección: Miguel Bonilla Schnaas
Producción: Miguel Bonilla Schanaas y Jaime Romandía Creel
Guión: Miguel Bonilla Schnaas
Edición: Sebastián Hofmann
Reparto: Alfonso Borbolla, Darío Ripoll, Carlos Cobos, Fernando Becerril, Vanessa Ciangherotti, Ximena Ayala
Casas productoras: Cadereyta Films & Cooperativa Cinematográfica