El desastre de Chernobyl —el único de gran magnitud ocurrido en las seis décadas de uso de reactores nucleares para generar electricidad— dejó una amplia zona contaminada con material radiactivo y considerada extremadamente peligrosa para la vida. Sin embargo, de acuerdo con una investigación realizada por científicos españoles, diversas especies de aves se han adaptado a la vida en esas condiciones, e incluso parecen haberse beneficiado de ellas.

Por Juan José Morales

La ciudad de Pripyat, donde se halla la central nucleoeléctrica de Chernobyl, es ahora un pueblo fantasma que —aunque, obviamente, no fue ese el propósito— se convirtió en una especie de gran laboratorio natural donde es posible estudiar los efectos de las radiaciones nucleares sobre poblaciones silvestres de plantas y animales. Esto es muy importante dado el uso cada vez más extenso y generalizado de la energía nuclear.

La catástrofe, como se recordará, ocurrió el 26 de abril de 1986. Un error durante cierta prueba de control, provocó la explosión de un reactor de esa gran central nucleoeléctrica ubicada en Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética. Las nubes de sustancias radiactivas se dispersaron por una amplia región del mundo y en los alrededores de la planta el nivel de radiación resultó tan alto que fue necesario declarar inhabitable un área de 30 kilómetros a la redonda. (Dicho sea de paso, en México Chernobyl se recuerda porque a su sombra se realizó uno de los incontables negocios sucios de los políticos priístas: el inefable Raúl Salinas de Gortari obtuvo permisos para importar —comprada a muy bajo precio, naturalmente y luego vendida con amplio margen de ganancia a la Conasupo— leche en polvo contaminada e impropia para consumo humano.)

Pues bien, como decíamos, un equipo del Consejo Nacional de Investigación Científica de España, encabezado por Ismael Galván, encontró que las aves que habitan la zona muestran buenas condiciones de salud, mejores que las encontradas en estudios anteriores, lo cual puede interpretarse como señal de que se han adaptado a los altos niveles de radiación e incluso que los cambios experimentados en su organismo a consecuencia de ellos, resultaron positivos.

En más de 150 ejemplares de aves de 16 especies diferentes capturadas y examinadas en el área contaminada, se encontraron altos niveles de antioxidantes y reducido daño al ADN causado por procesos oxidativos. Estudios previos habían arrojado resultados opuestos. Se hallaron bajas concentraciones de antioxidantes y daños a nivel celular por oxidación, lo cual resultaba consistente con la idea de que la exposición a la radiación ocasiona una disminución en la concentración de antioxidantes en el organismo de los animales y ciertos daños en su ADN debido a procesos de oxidación. A este respecto, conviene recordar que los antioxidantes son necesarios para el organismo, pues evitan daños a las células, aunque no hay que dejarse llevar por la publicidad de productos que ofrecen retardar el envejecimiento, devolver la juventud o restablecer una piel suave y tersa porque contienen antioxidantes.

Aquellos estudios previos, sin embargo, habían sido limitados. Comprendieron, además de los seres humanos, sólo dos especies de aves y una de peces. Como la susceptibilidad a la radiación varía ampliamente en las diversas especies, de tan limitados datos no se pueden extraer conclusiones generales. Pero en esta ocasión, como decíamos, se examinaron aves de 16 especies diferentes, lo cual ofrece un panorama mucho más amplio y permite mayor grado de generalización.

Ya desde hace tiempo se sabía que los seres humanos y otros animales pueden adaptarse a la radiación, y que la exposición prolongada a bajas dosis de ella incrementa la posterior resistencia del organismo a dosis mayores. Pero todo esto se supo mediante experimentos de laboratorio. Nunca se había estudiado en poblaciones silvestres.

La gran importancia del trabajo de los científicos españoles estriba precisamente en ello. Esto es, en que permite conocer mejor la forma en que los diferentes tipos de animales se adaptan a la radiación en un ambiente natural.

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