asaltoLa reciente noticia de un asalto doble en la lateral del Anillo Periférico ha aumentado la preocupación y enojo de muchos conductores de la ciudad y de toda la República. De enero a junio del 2015 se registraron 11 mil 856 robos con violencia en la CDMX, según datos de estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Son las horas pico donde se registra mayor peligro para el automovilista, ya que los embotellamientos facilitan a los asaltantes quitarles sus pertenencias a los conductores. Para impedir dichos actos, CarmatchMx te da algunos consejos para evitar ser asaltado, saber cómo actuar ante uno o al presenciarlo:
1.- Trata de no distraerte
Es común que los asaltantes encuentren como objetivo a las personas que están distraídos hablando por teléfono, sobre todo en un semáforo. Por lo que te recomendamos no usar tu celular mientras manejas y menos menos en un embotellamiento, o en su caso utilizar manos libres pero, sobre todo, estar siempre alerta.

2.- No dejes objetos de valor a la vista
Celulares, bolsas, laptops llaman la atención de los delincuentes, no los dejes en los asientos y guárdalos en la maletera o en la cajuela para evitar a los amantes de lo ajeno.

3.- Subir cristales
Si estás en un área de riesgo y no encuentras otra alternativa para llegar a tu destino, es preferible tener los cristales arriba y estar atento en todo momento. También cerciórate de tener aseguradas las puertas.

4.- Cambiar de rutas
Procure transitar en rutas seguras y cambiarlas contantemente; para evitar ser ubicado se recomienda cambiar de horarios. Tener los espejos acomodados le ayuda a controlar la vista lateral y posterior del vehículo.

5.- Mantén la calma
Si eres víctima de un atraco mantén la calma y recuerda que lo más importante es tu vida. No intentes confrontar a la persona de forma agresiva y trata de recordar la fisonomía del asaltante para después levantar una denuncia.

La SESNP, declaró que de enero a junio de 2015 se registraron mil 883 casos de robo con violencia de vehículo. Muchos conductores no levantan denuncias por lo complicado que pueden ser los trámites, sin embargo, es necesario hacerlo para no dejar que tal acto quede impune y así evitar que otros conductores sean víctimas de la delincuencia.

Nuestro lector Fermín Arana, veracruzano, comenta a propósito de mi artículo sobre la novela De Médico a Sicario, del doctor Edgardo Arredondo, que según leyó hace tiempo hay un tipo de arañas a las cuales se llama sicarios, y pregunta de dónde proviene el nombre.

ArañaSicarioEn efecto, tales arañas existen y a veces se les llama con el nombre común de sicarios. Los entomólogos las clasificaron en la familia de las sicáriidae o sicáridos, y hay un género denominado Sicarius, que significa precisamente sicario. No vamos a entrar en detalles biológicos. Lo que ahora nos interesa es el origen del término.

Por Juan José Morales

La palabra sicario proviene del griego sikários, que a su vez deriva del latín sicarii y significa “portador de puñal”, pues en la antigüedad romana se denominaba sica a una daga corta.

En su reportaje “Sicario, un oficio sin futuro”, publicado en la revista MAN, Javier Arcenillas asegura que diariamente mueren en América Latina cerca de 200 personas a manos de los sicarios. Su investigación se centró principalmente en Guatemala, pero explica que tanto en ese país como en El Salvador, Honduras y México las bandas de narcotraficantes y otros criminales están reclutando a incontables jóvenes, incluidos menores de edad, atraídos por el dinero fácil.

En su reportaje “Sicario, un oficio sin futuro”, publicado en la revista MAN, Javier Arcenillas asegura que diariamente mueren en América Latina cerca de 200 personas a manos de los sicarios. Su investigación se centró principalmente en Guatemala, pero explica que tanto en ese país como en El Salvador, Honduras y México las bandas de narcotraficantes y otros criminales están reclutando a incontables jóvenes, incluidos menores de edad, atraídos por el dinero fácil.

Los sicarios originales eran miembros de una secta nacionalista judía que allá por los años 66 a 70 de nuestra era luchó contra el dominio del imperio romano en Palestina. Portaban una sica, que por su reducido tamaño era fácil de esconder. Lo llevaban entre las ropas, se acercaban a la persona que deseaban asesinar y la apuñalaban. Usualmente lo hacían mezclados entre una multitud, para que su acción pasara inadvertida.

Pronto los sicarios se convirtieron en terroristas que mataban no sólo funcionarios y soldados romanos, sino también a judíos que aceptaban de buen grado la dominación romana o no se plegaban a sus ideas. Se les considera responsables de una serie de atrocidades contra la población judía, para obligarla a participar en la revuelta contra los romanos. Finalmente, muchos de ellos terminaron dedicándose a matar gente por encargo, ya no por motivaciones políticas.

Actualmente el término sicario se aplica a aquellos asesinos que no actúan por razones emocionales o para cometer un robo, sino a cambio de un pago. Es decir, asesinos a sueldo. Los criminólogos Manuel Miranda Quiroz y Nallely Huerta González, de la Universidad Autónoma de Puebla, señalan que los sicarios pueden ser contratados por personas particulares, pero principalmente por organizaciones delictivas e incluso por instancias gubernamentales. Algunos son ex militares, ex policías y ex guerrilleros, pero en los últimos tiempos son sobre todo miembros de pandillas que se integran a organizaciones delictivas o cárteles de narcotraficantes.

Según datos de la Secretaría de Gobernación dados a conocer por Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de esa dependencia gubernamental, en las cárceles mexicanas se encontraban recluidos el año pasado unos cinco mil jóvenes a los que se considera sicarios, acusados o sentenciados por delitos tales como homicidio, robo y secuestro.

Este es un problema cada vez mayor. Para cientos de miles de jóvenes sin futuro, carentes de posibilidades de estudio o de trabajo, o que sólo encuentran empleos temporales y mal pagados, resulta especialmente tentador convertirse en sicarios a cambio de cantidades de dinero que, aun siendo reducidas, representan mucho más de lo que pueden aspirar a ganar en el mercado laboral… si es que encuentran empleo.

En tanto no cambie el panorama social y económico, en México seguirán multiplicándose los sicarios, como sucedió hace tiempo en Colombia, donde niños menores de 15 años cometían homicidios a sangre fría por unos pocos miles de pesos. De hecho, ya estamos experimentando esa situación, como lo ilustra el célebre caso del El Ponchis, aquel niño de Cuernavaca que incluso participó en decapitaciones o el de 13 años que fue detenido por la policía de Nuevo León en posesión de armas de grueso calibre y se sospecha que ha participado en varios asesinatos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx



Cada vez es más común en algunos países —especialmente Estados Unidos— dictar sentencias de cadena perpetua, que significan prisión de por vida. Incluso, en el estado norteamericano de California, impera la llamada “regla de los tres strikes”, según la cual todo delincuente que cometa tres delitos, independientemente de su gravedad —incluso el simple robo de una cartera o de un paquete de cigarros— es automáticamente condenado a cadena perpetua.

Por Juan José Morales

Y muchos de esos sentenciados, a los que se considera reos especialmente peligrosos, son mantenidos en condiciones de segregación total, en prisiones o secciones de extrema seguridad, encerrados en celdas individuales —prácticamente enjaulados—, durante 23 de las 24 horas del día, sin permitirles salir más que 60 minutos diariamente para hacer un poco de ejercicio, pero sin tener contacto en absoluto con el resto de la población carcelaria. Viven así enteramente aislados de todo contacto humano, salvo con sus guardianes, que además limitan la comunicación con ellos al mínimo indispensable.

Tales condiciones de confinamiento, calificadas de inhumanas por muchos sicólogos, siquiatras y penalistas, podrían considerarse una especie de pena de muerte en vida. El resultado es por lo general un grave deterioro mental, inclusive franca demencia, y llevan a no pocos desesperados reclusos al suicidio.

A esto se reduce el mundo de muchos sentenciados a cadena perpetua: una verdadera jaula con el mínimo de elementos para cubrir sus necesidades básicas. Es lo único que verán y prácticamente el único espacio en que podrán moverse hora tras hora, día tras día, año tras año, por el resto de su vida. No es de extrañar que muchos sufran graves trastornos mentales y opten por el suicidio para terminar con tan inhumanas condiciones.

Esa problemática ha aflorado en los últimos tiempos en Inglaterra y Bélgica. En la Gran Bretaña, un juez ordenó a las autoridades dejar morir a un recluso que deliberadamente se lesionaba e infectaba sus heridas con excrementos y otros materiales para provocarse una grave infección que le cause la muerte. Lo hace porque, explicó, ya no soporta el aislamiento total en que vive 23 horas diarias, que le ha provocado trastornos mentales. Sin embargo, las autoridades le niegan el tratamiento siquiátrico que requiere su condición. Lo único que hacen, es tratar de curarle las heridas para eliminar la infección. Por ello —declaró a través de su abogado— decidió que era mejor de una vez por todas morir y así poner fin a las bárbaras e inhumanas condiciones que padece día con día.

En Bélgica, un caso similar es el de Frank Van Den Bleeken, un violador que ha pasado más de 30 años en una prisión de máxima seguridad, totalmente aislado. Solicitó, de acuerdo con las leyes sobre la eutanasia que rigen en aquel país europeo, que se le dé muerte asistida para poner fin a sus sufrimientos. Tras examinar su demanda, un panel de expertos médicos la consideró justificada y bien fundamentada y recomendó que le sea concedida.

Estos, como decíamos, son casos extremos que han salido a la luz pública por circunstancias especiales, pero los intentos de suicidio en las prisiones, particularmente entre los condenados a cadena perpetua o largas penas de cárcel, son muy numerosos. Según la Organización Mundial de la Salud, los índices de suicidio entre los reclusos de las prisiones de todo el mundo son seis veces más elevados que entre la población masculina adulta en general. Además, dice el estudio, la tasa de suicidios está en relación directa con la duración de la sentencia. Esto es, mientras mayor sea el número de años de prisión a que está sentenciada una persona, mayores son las probabilidades de que intente suicidarse o que lo logre. Y, desde luego, la más alta tasa de suicidios se observa entre los condenados a prisión de por vida.

Ciertamente, son datos para reflexionar.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx