El Museo del Palacio de Bellas Artes presenta, desde el 11 de abril y hasta el 20 de julio, Picasso revelado por David Douglas Duncan. La exposición, de 280 piezas, está compuesta por pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, litografías y grabados del pintor español y por una serie de imágenes del fotoperiodista.

Pablo Picasso no necesita presentación pero ¿quién es David Douglas Duncan?

Por Guillermo Velasco Tapia

Duncan nació el 23 de enero de 1916 en Kansas City. Participó en la Segunda Guerra Mundial dentro del cuerpo de marines como fotógrafo de combate tomando parte activa en algunas batallas. En los siguientes años estuvo presente en múltiples enfrentamientos: La Guerra de Corea, el fin de la ocupación británica en la India, conflictos bélicos en Turquía, Europa del Este, África y Medio Oriente. Una de sus primeras experiencias profesionales fue el incendio de un hotel en Tucson. Ahí capturó la imagen de un aferrado y extravagante huésped rescatando un portafolio de entre las llamas. Se trataba del famoso asaltabancos John Dillinger.

Duncan se presentó con Picasso a sugerencia de Roberto Capa, otro corresponsal de guerra. David viajó a Cannes en 1956, a la finca La Californie con una sortija como regalo y consiguió la primera foto del malagueño dentro de su bañera. Este fue el inicio de una amistad que duró hasta la muerte del artista cubista. En 2014 David Douglas Duncan ha celebrado su cumpleaños número 98.

Las fotos de Duncan nos conducen por toda la casa: el cuarto de baño, el estudio de Picasso, el comedor. La obra plástica expuesta en Bellas Artes aparece en muchas de las imágenes en lo que sería su “habitat natural” y, en algunos casos, en el momento mismo de su creación. El fotoperiodista capturó, para la posteridad, la vida íntima y creativa del gran pintor.

La Californie marcó una de las épocas más felices en la vida de Picasso, al lado de su segunda esposa Jaqueline Roque. Paloma y Claude (hijos de Pablo), amigos y fotógrafos como Edward Quinn y André Villers, visitaban habitualmente a la pareja. De las placas de Duncan brota un Picasso de 76 años y, lejos de lo que podría pensarse, desborda alegría, afabilidad, vitalidad y dinamismo.

Es imposible no relacionar esta exposición con la película Sobreviviendo a Picasso (1996) que cuenta la historia de amor entre Pablo y Françoise Gilot (1943 a 1953), madre de Paloma y Claude. En el filme vemos a un Picasso carismático, romántico, cariñoso, de personalidad avasalladora, muy trabajador, un poco mujeriego. En fin, un personaje seductor, casi hechicero, que embelesa a los observadores. La cinta retrata, muy bien, la rutina de trabajo del pintor español que se pasaba horas y horas frente al lienzo, peleando encarnizadamente por conseguir el tono preciso de un color. Apasionado, no se rendía hasta conseguirlo, olvidándose hasta de comer. Picasso revelado por David Douglas Duncan, reafirma los conceptos que nos dejó la película sobre el genio malagueño, narrándonos la siguiente etapa de su vida.
La presencia de Duncan, y de las cámaras en general, nunca inhibieron a Picasso. Al contrario, detonaron lo mejor de él. En su estudio, entre sus cuadros amontonados, Pablo disfrutó siendo el centro de atención, muy extrovertido (medio desnudo, en pantalones cortos) bailó para la cámara, jugó y se disfrazó con los pequeños Claude y Paloma. Incluso, lo vemos comiendo junto con Jaqueline y cargando a Lump, el perrito que Duncan le regaló.

En una serie de fotografías David Douglas Duncan retrató todo el proceso creativo de La cabeza (1957), obra en la que Picasso trabajó por dos días seguidos sin parar. Ratificación de un Pablo trabajador incansable, casi obsesivo. Si observamos detenidamente las imágenes podemos detectar las variaciones que sufrió la pintura durante su elaboración (aparecen y desaparecen algunos elementos decorativos). El cotejo final lo realizamos contra el óleo original presente en la sala misma.

También se expone la serie La Tauromaquia, surgida de una corrida a la que asistió Picasso acompañado de Paul (su hijo mayor), Jacqueline y una numerosa comitiva. Pasados tres días, Pablo desarrolló estos grabados de trazos sueltos, de primera intención, armónicos, muy expresivos y cálidos, donde descargó sus recuerdos de esa tarde taurina. Uno de los bocetos resulta sorprendente, pues logró captar todo el universo de la plaza (incluidos espectadores, toros, toreros y demás parafernalia) con simples rayones.

De entre los óleos de ésta exposición destacan Los pichones y La mujer con sombrero amarillo y moño. Los retratos femeninos de Picasso de esta época muestran toda su maestría, su destreza, el dominio que tiene sobre el estilo que ha cultivado durante tantos años. Los colores son vivaces, los trazos fluidos, continuos, limpios, sintéticos, logrando pinturas naíf muy bellas que atrapan la atención e invitan a la contemplación eterna.
Pasado algún tiempo, muchos pintores buscan incursionar en otros campos y áreas de creación. Leonora Carrington, Juan Soriano, José Luis Cuevas han experimentado con la escultura, igual que Salvador Dalí, quien además diseñaba joyas. Picasso no se quedó atrás, sus esculturas resultan singulares, poco ortodoxas, sencillas en sus conceptos, peculiares pero muy atractivas y hermosas, tal es el caso de La mona y su cría y La cabra.

Nunca un título mejor puesto: Duncan sí que reveló a Picasso en su lado más luminoso, permitiendo a los visitantes hacerse una idea muy clara de la cosmovisión de este genio de la pintura del siglo XX.