Hace unos días escuché un señalamiento que vale la pena comentar: que en el desarrollo turístico del Caribe Mexicano se ha marginado a los pescadores.

Muy cierto es. Y podría agregarse que no sólo se les ha marginado, sino que también se les ha privado de posibilidades de progreso e incluso se les ha despojado de valiosos recursos.

La experiencia y el conocimiento de los pescadores de Isla Mujeres, Cozumel, Playa del Carmen, Tulum y otros puntos del litoral caribeño, pudieron y debieron haberse aprovechado en las actividades turísticas. Ellos conocen como nadie las mejores zonas de pesca, los sitios más bellos y de fácil acceso en las formaciones coralinas, los recovecos de lagunas litorales y bahías, las épocas en que se concentran animales marinos que pueden ser un atractivo turístico, y otras muchas cuestiones por el estilo. Todo ese conocimiento empírico pero extraordinariamente útil y valioso, acumulado a lo largo de generaciones y transmitido de padres a hijos, fue menospreciado o francamente desdeñado. A los pescadores se les miró como un estorbo o, si acaso, como lugareños incultos que no podrían servir más que como mano de obra barata para tripular yates y embarcaciones de paseo.

Por Juan José Morales

Este pescador parece mirar con tristeza la escasa producción del día. Marginados del desarrollo turístico e incluso dañados por él, los hombres de mar de Quintana Roo, se enfrentan a una pesca cada día más escasa. Mientras tanto, no cesan de aumentar los precios de la gasolina, los motores, los equipos de pesca y otros elementos necesarios para su labor.

Nadie se percató tampoco de que los pescadores son auténticos chefs, que saben guisar de muchas y muy diferentes maneras, a cual más apetitosa y suculenta, el producto de su labor. Y saben hacerlo porque en su mayoría trabajan lejos de su hogar durante varios días, en campamentos donde no hay más cocineros que ellos mismos, y debieron —si querían comer bien— aprender a preparar excelentes platillos. Esa faceta de los pescadores, empero, fue igualmente desaprovechada.

Y, como decíamos, no solamente no se les dio oportunidad de participar digna y eficientemente en el desarrollo turístico, sino que éste significó para ellos un verdadero despojo.

La gran escasez de langosta —el producto pesquero más valioso del litoral de Quintana Roo—, se debe en gran medida al saqueo hormiga que durante décadas practicaron los obreros empleados en la construcción de hoteles a lo largo de la costa, que con sólo calzarse un par de aletas y ponerse un visor y un snorkel, capturaban ilegalmente el crustáceo en las cercanías de la costa. Hoy, para encontrar langosta, hay que bucear largo tiempo a grandes profundidades, con el consiguiente riesgo de invalidez o muerte por accidentes de descompresión.

Se expulsó también a los pescadores de playas donde tradicionalmente trabajaban o establecían sus campamentos y de las que —con buenas o malas artes— se apropiaron poderosos empresarios. Caso hubo, incluso, en que la víctima del despojo, realizado a punta de pistola, fue un viejo pescador que había pasado la vida entera en ese sitio, como la habían pasado su padre y su abuelo.

La pesca deportiva ha sido otro factor adverso para la economía de los pescadores. Ocurre que, para pagar menos a sus tripulantes, los dueños de embarcaciones de pesca deportiva les ofrecen quedarse con todo el pescado que capturen los turistas, que usualmente no se lo llevan. Ese producto pueden luego venderlo muy barato a las pescaderías, ya que prácticamente no les costó nada obtenerlo. Eso deprime el precio que se paga a los pescadores comerciales, que deben invertir en lanchas, motores, gasolina, redes, anzuelos, cordeles y demás aparejos de pesca.

Así, los pescadores, los ancestrales pobladores de la costa caribeña, fueron los menos beneficiados con el desarrollo turístico. E incluso podría decirse que resultaron los más perjudicados.

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Ignoro por qué se le llama El Aerolito, pero ese es el nombre de un cenote de la isla de Cozumel. Es del tipo que los científicos denominan anquihalinos, que se caracterizan porque hay en ellos tanto agua dulce como marina, separadas por una delgada capa llamada haloclina.

Este tipo de cenotes se encuentran tanto en Cozumel como a lo largo de la costa de tierra firme en Quintana Roo. En ellos se han hecho importantes hallazgos científicos —a los que ya nos hemos referido en esta columna—, como ciertos crustáceos que podrían considerarse el eslabón perdido entre los insectos y los demás artrópodos. Y El Aerolito no es la excepción. De hecho, ha resultado un verdadero cofre de tesoros biológicos.

Por Juan José Morales

Este esquema, tomado de la revista Biodiversitas, ilustra el artículo de Fernando Calderón Gutiérrez sobre la gran riqueza biológica del cenote Aerolito y su prolongación tierra adentro. En el recuadro de la esquina inferior izquierda se indican los principales grupos de especies identificados por los investigadores.

Si bien la boca del cenote se encuentra en la zona costera, su interior se extiende en forma de un sistema de cuevas inundadas por18 kilómetros tierra adentro. Pero su porción más interesante desde el punto de vista científico es la más cercana al litoral. Ahí, entre otras cosas, se descubrió la estrella marina Copidaster cavernícola —sobre la cual escribimos hace algún tiempo— que tiene la característica de ser la única estrella marina que habita en cuevas. Los hallazgos biológicos, empero, no se limitan a este equinodermo. En un artículo publicado en el número más reciente de la revista Biodiversitas de la Comisión Nacional para el Estudio de la Biodiversidad (Conabio), el investigador Fernando Calderón Gutiérrez, de la Universidad Autónoma de Baja California, señala que a la fecha se han registrado en ese sitio 82 especies diversas. Para comprender mejor lo que este número significa, basta señalar que en todo el mundo sólo se conocen 477 especies que habitan cuevas anquihalinas. Esto significa que en El Aerolito se encuentra la sexta parte del total mundial, y no pocas de ellas son endémicas del lugar. Es decir, únicamente se les encuentra ahí.

Un detalle interesante, comenta Calderón, es que no obstante que la fauna dominante en la mayoría de las cuevas del mundo —90% del total— consiste en crustáceos, en El Aerolito casi no se encuentra este tipo de animales. Sólo representan el 10%. En cambio, hay muchos otros tipos de fauna, inclusive ciertos animales invertebrados llamados ascidias, de cuerpo blando y gelatinoso, que se alimentan filtrando agua. Es la primera vez en todo el mundo que se encuentran ascidias en una cueva.

Es igualmente notable la abundancia de esponjas, de las cuales se identificaron 22 especies. Hay asimismo numerosas especies de equinodermos, o sea invertebrados del tipo de los erizos y las estrellas de mar. En total se han registrado 15, lo cual resulta extraordinario ya que este tipo de animales son muy raros en cuevas, y cuando se encuentran, por lo general hay una sola especie y en reducida cantidad de ejemplares. Pero, como decíamos, en El Aerolito se encontraron 15, y en general abundantes. Algo sumamente impresionante, a juicio del autor, es la gran cantidad de ciertos ofiuros o estrellas serpiente de la especie Ophionereis reticulata, que en algunos sectores del cenote son tan abundantes que parece que forman un tapete.

Al parecer, la razón por la cual El Aerolito tiene tal abundancia y diversidad de vida, explica Calderón, es porque su entrada principal está rodeada por un manglar, del cual cae gran cantidad de hojas, flores y demás materia orgánica que sirve de alimento a bacterias que representan la base de la cadena alimenticia en la cueva.

En fin, El Aerolito es algo fuera de lo común, y por ello amerita ser protegido y conservado. Pero se encuentra amenazado por la contaminación de una marina ya existente y otra que se está construyendo, así como por los hoteles, condominios y otras construcciones. Por ello, dice Calderón, “a pesar de que el sistema es saludable, es tan frágil como una torre de naipes y cualquier cambio podría resultar en la extinción de las especies endémicas y la pérdida de un ecosistema único.”

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18 de julio de 2012, Cancún Quintana Roo.- Organizaciones de la sociedad civil e instituciones académicas presentaron sus comentarios al Proyecto Parque Eólico Cozumel, en los que advierten sobre una serie de deficiencias y elementos que ponen en riesgo el gran valor ambiental de esta zona.

La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada por México Power Group MPG Cozumel S.A.P.I de C.V.para su autorización por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), establece que el Parque Eólico Cozumel contempla la instalación de 115 aerogeneradores a lo largo de la costa oriental de la isla de Cozumel. El proyecto se realizará en cuatro fases en dos áreas (norte y sur) y la duración de su construcción se estima en siete años de 2013 a 2020. El proyecto tiene serias deficiencias y causaría severos impactos negativos por lo que los expertos consideran que no debe ser autorizado por SEMARNAT.

Las organizaciones de la sociedad civil e instituciones académicas, al analizar el proyecto que el promovente sometió a consideración de la autoridad para obtener la autorización, detectaron una serie de impactos ambientales negativos que el Parque Eólico ocasionaría al medio ambiente y sociedad de Cozumel. Algunos de los impactos más graves serían la severa afectación de poblaciones y hábitat de especies endémicas en crítico peligro de extinción, la destrucción de manglar, además de riesgos para la población humana y la infraestructura urbana de Cozumel en caso de que ocurrieran accidentes ocasionados por eventuales huracanes que golpearan la zona.

Algunos de los riesgos enlistados en el cuestionario de la consulta pública son:

I.- Deforestación, pérdida de humedales y otros tipos de vegetación nativa de la isla (pérdida y fragmentación de hábitat).
II.- Remoción de suelos y/o erosión.
III.- Alteración de drenajes (cambio en el curso de cauces).
IV.- Alteración generalizada de los patrones de infiltración de aguas al manto freático en el área de influencia directa e indirecta del proyecto.
V.- Contaminación importante de suelos y aguas (vertimientos industriales, aguas negras, etc.).
VI.- Contaminación sonora por encima de los niveles permitidos por la Ley.
VII.- Muerte directa o indirecta de animales por encima de niveles peligrosos para la salud de las poblaciones y sus patrones demográficos normales, provocando extinciones globales de especies.
VIII.- Incremento en los efectos negativos antes mencionados, debido a la construcción de nuevos caminos o vías de acceso.
IX.- Reducción y alteración de paisajes silvestres con la que se perderían valores escénicos y potenciales eco-turísticos.

Los participantes en la consulta señalan que “si bien como representantes del sector ambiental y académico estamos a favor de la promoción de las energías renovables, dentro de las cuales la eólica es una de las más factibles y limpias para México, se debe tener mucho cuidado sobre la ubicación de los aerogeneradores de forma que no ocasionen afectaciones ambientales y sociales que superen los beneficios que pueden aportar. Cozumel no es un sitio apropiado para un proyecto de las características que se pretenden”.

En lo que se refiere al cambio de uso de suelo, no se comprueba que el proyecto cuente con la opinión técnica de los miembros del Consejo Estatal Forestal ni con los Estudios Técnico Justificativos, que demuestren que no se comprometerá la biodiversidad ni se provocará la erosión de los suelos, el deterioro de la calidad del agua o la disminución en su captación; ni que los usos alternativos del suelo que se propongan serán más productivos a largo plazo que los actuales.

Por otra parte, el sitio en el que se pretende construir el Parque Eólico Cozumel se encuentra dentro del Área Natural Protegida “Reserva Estatal Selvas y Humedales de Cozumel” lo que el promovente no menciona en la Manifestación de Impacto Ambiental. Asimismo, se encuentra dentro del sitio Ramsar No. 1921 Manglares y Humedales del Norte de Isla Cozumel y a escasos metros del Parque Nacional Arrecifes de Cozumel (sitio RAMSAR No. 1449). Estos sitios son hábitat de numerosas especies en peligro de extinción, como el mapache enano de Cozumel (Procyon pygmaeus), el pizote de Cozumel (Nasua nelsoni), el ratón cosechero de Cozumel (Reithrodontomys spectabilis), el cuitlacoche de Cozumel (Toxostoma guttatum) – todas ellas entre las especies en mayor riesgo de extinción del planeta – así como de la tortuga caguama (Caretta caretta), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), y la tortuga blanca (Chelonia mydas). Además, estas áreas protegen a una de las mayores zonas arrecifales del planeta.

Otro elemento importante sobre el que advirtieron las organizaciones y el sector académico es que la isla está sujeta a la acción de huracanes con una frecuencia de uno cada 6.2 años -según datos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Estos fenómenos constituyen un potencial peligro durante las obras de construcción del Parque Eólico (estimado en nueve años y medio) y posterior a ellas, no sólo para las poblaciones de flora y fauna silvestre sino para la población e infraestructura urbana de Cozumel. Esto constituye un asunto de seguridad y protección civil que hace indispensable contar con un diseño detallado y específico de la ubicación de los aerogeneradores y de su instalación para resistir condiciones extremas climatológicas. Nada de esto está considerado en la MIA.

El proyecto Parque Eólico Cozumel supone un área de 6,132 hectáreas (ha) para la colocación de 115 veletas de generación de energía eléctrica mediante viento, emplazadas sobre un franja de hasta 34.9 km y 12.19 m de ancho a lo largo de la costa oriental de la isla en donde existen ecosistemas de selva baja caducifolia, selva mediana subperennifolia, manglar, tasístal y duna costera.

Incluso, el mismo documento del Parque Eólico Cozumel supone, dentro de las posibles afectaciones, la “desestructuración de los suelos por las actividades de explanación y remoción de tierras, la compactación de suelo y la pérdida de cobertura vegetal y ocupación del hábitat”, haciendo referencia a que la fauna y flora existentes quedarían desplazadas o eliminadas, al igual que el suelo que las sustenta.

El promovente, reconoce que, “según evidencia, la experiencia operativa de una gran cantidad de parques eólicos, las aves y los quirópteros constituyen la fauna que más intensamente se ve afectada, tanto por la existencia de los aerogeneradores como por los tendidos eléctricos anexos.” El proyecto del Parque Eólico Cozumel hace alusión a las 31 especies y subespecies endémicas a la isla (es decir, que viven exclusivamente en Cozumel y no existen en algún otro lugar del planeta) e indica que muchas de ellas están en crítico peligro de extinción. Sin embargo, el documento no menciona que al afectarlas, el Parque Eólico Cozumel haría un daño irreversible a la herencia natural del planeta, que de concretarse, será imposible remediar.[1]

El promovente del proyecto señala que entre las ventajas del proyecto se encuentra la reducción de gases de invernadero. Sin embargo, no presenta evidencias de cuánta es la cantidad de gases de invernadero (particularmente CO2) que se captura actualmente por la vegetación de la isla y que se liberaría a la atmósfera en caso de realizarse el proyecto. También justifican al proyecto con el argumento de “el ahorro de 10 por ciento que el municipio de Cozumel tendrá en sus facturas eléctricas”, lo que hace pensar que el mismo ahorro podría obtenerse con medidas más eficientes en el uso de energía, sin ocasionar todos los impactos ambientales que este proyecto generaría.

Por todo lo anterior, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas que analizaron el proyecto consideran que el Parque Eólico de Cozumel – que se encuentra en Evaluación de Impacto Ambiental – significa un grave e irremediable riesgo para la población y para las especies silvestres y ecosistemas de Cozumel y piden a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) que niegue su autorización.
Organizaciones firmantes
• Bosque Antiguo AC
• Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA)
• Defenders of Wildlife
• Ella Vázquez Domínguez. Instituto de Ecología, UNAM
• Fundación Plan Estratégico Isla Cozumel
• GEMA
• Moce Yax Cuxtal A.C.
• Patricia Escalante. Instituto de Biología, UNAM
• Sociedad para el Estudio y Conservación de las Aves en México, A.C. (CIPAMEX)
• UNAM-Centro de Investigaciones en Ecosistemas
• Universidad de las Américas-Puebla
• Grupo de Ecología y Conservación de Islas, A.C.
• Naturalia
• Servicios Ambientales, Conservación Biológica y Educación
• Rancho El Coyul
• Fundación YANSA

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[1] La Isla Cozumel tiene al menos 31 especies y subespecies endémicas de animales, la mayor cantidad entre las islas mexicanas. Esto incluye a tres especies de crustáceos endémicos a cenotes y sistemas acuáticos subterráneos, una especie de pez y una especie de reptil. Cozumel es el único hábitat para tres especies de mamíferos (el mapache enano de Cozumel Procyon pygmaeus y el pizote de Cozumel Nasua nelsoni – dos de los carnívoros en mayor peligro de extinción del planeta – y el ratón cosechero de Cozumel Reithrodontomys spectabilis) considerados en Peligro Crítico de Extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y 4 subespecies de mamíferos endémicos. Cozumel es de gran importancia para más de 50 aves migratorias, 4 especies endémicas (una de las que es considerada como una de las especies de México en mayor peligro de extinción, el cuitlacoche de Cozumel Toxostoma guttatum) y 15 subespecies endémicas de aves. Además, la Isla Cozumel tiene registradas 206 especies de aves y se encuentra catalogada como Área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICAS) por la CONABIO con categoría G-2 (el sitio mantiene poblaciones significativas de un grupo de especies de distribución restringida (menor a 50,000 km2). Algunas de las especies que viven en la isla se encuentran dentro del listado oficial mexicano de especies en riesgo (NOM-059-SEMARNAT-2010): Egretta rufescens, Mycteria americana, Phoenicopterus ruber, Falco columbarius, Falco rufigularis, Oxyura dominica, Falco peregrinus, Columba leucocephala, Amazona xantholora, Asío stygius, Toxostoma guttatum, Wilsonia citrina, Icterus cucullatus, con estatus de Amenazada; Anas acuta, Anas discors, Buteo magnirostris, Vireo bairdi Sujetas a Protección Especial y Sterna antillarum, Limnothlypis swainsonii y Crax griscomi como En Peligro.

No existe en ningún otro lugar del mundo más que en esta ínsula caribeña, pero tiene la triste distinción de ser el ave mexicana más gravemente amenazada de extinción.

Ciertamente, Cozumel no es una isla cualquiera. Es la mayor de México, la más densamente poblada, la que recibe mayor número de turistas —aunque sea en cruceros y de breve estancia—, la que tiene los más hermosos arrecifes coralinos y la que marcó el inicio del desarrollo turístico en el Caribe mexicano. Pero desde el punto de vista biológico también posee una singularidad que mucha gente ignora: alberga especies únicas en el mundo, entre ellas el cenzontle o cuitlacoche de Cozumel, ave considerada la más gravemente amenazada de extinción en nuestro país. Tan es así, que se ha puesto en marcha un esfuerzo internacional concertado para conocer mejor su situación y garantizar su supervivencia.

Cenzontle o cuitlacoche de Cozumel. Es pariente del bien conocido y abundante cenzontle tropical Mimus gilvus, al cual se parece en forma y tamaño, pero tiene el pico curvado hacia abajo y distinta coloración.

El cuitlacoche cozumeleño —Toxostoma guttatum es su nombre científico— es un ave canora, de trinos melodiosos como todas las del mismo género, y está emparentada con el muy conocido cenzontle tropical Mimus gilvus, que abunda en la península, incluso en las zonas urbanas. Fue identificada como nueva especie en 1885 y únicamente existe en la isla, pero no en tierra firme peninsular, pese a que entre ambas median sólo 20 kilómetros.

El por qué no se ha propa-gado a otros lugares, es tan enigmático como el origen de esta ave, acerca del cual los bió-logos barajan tres hipótesis: la primera es que es una especie relicto. Es decir, que antes tuvo una distribución mucho más amplia pero luego quedó confinada a Cozumel. La otra es que desciende de una especie que también existía en tierra firme peninsular pero los ejemplares que vivían en la isla experimen-taron una transformación evolu-tiva que dio origen a una nueva especie. La tercera, es que la especie procede de Florida, donde ya se extinguió, y que algunos ejemplares llegados accidentalmente a Cozumel en el remoto pasado formaron una nueva población que se ha mantenido hasta ahora.

Arriba, un ejemplar disecado de cuitlacoche de Cozumel. Abajo, uno de sus parientes del mismo género, con el cual en un principio se le con-fundía hasta que se estableció que eran especies diferentes.

Cada una de esas tres hipótesis tiene sus pros y sus contras, pero sea cual sea la correcta, el hecho es que los días del cenzontle de Cozumel parecen estar contados si la intervención humana no logra salvarlo. La última vez que se registró con toda certeza un ejemplar, capturado en una red ornitológica y luego liberado, fue en junio de 1995. Desde entonces no ha habido más que avistamientos, muchos de ellos dudosos. De los que puede considerarse confiables, el más reciente fue en abril de 2006. Otro, en diciembre de 2003, se registró con una cámara de video, pero la grabación se perdió posteriormente y no se conservan copias.

Un enemigo reptante

Todo esto hace temer a algunos investigadores que el cuitlacoche de Cozumel ya se haya extinguido como resultado de varios factores, principalmente la alteración de su hábitat —la selva subcaducifolia— por la construcción de asentamientos humanos, los daños causados por los huracanes —en particular Gilberto y Wilma, que pasaron directamente sobre la isla y ocasionaron gran devastación ambiental— y, sobre todo, la depredación de aves y huevos por boas de la especie Boa constrictor.

Una boa. Aunque no es venenosa —mata a sus presas por constricción—resulta temible para las aves, sus huevos y sus polluelos, ya que sube fácilmente a los árboles.

Esta serpiente al parecer no existía en Cozumel hasta tiempos muy recientes. Se dice que fue introducida deliberadamente en 1971 cuando se llevaron a la isla varios ejemplares para utilizarlos en la filmación de una película y luego se les liberó en el lugar. Esto no ha sido plenamente confirmado, y algunos herpetólogos opinan que en realidad ya había boas desde hace mucho. Sea como sea, el hecho es que ahora son muy abundantes y por su gran tamaño —las de la península normalmente miden entre 1.5 y dos metros, aunque en otros lugares las hay hasta de cinco metros— y por sus hábitos arborícolas, son peligrosas depredadoras de aves, huevos y polluelos. Pueden ser también una amenaza para las más de dos docenas de especies y subespecies de vertebrados endémicos de Cozumel. Es decir, que sólo existen en ese sitio y no en otros lugares del mundo. Por ejemplo, el colibrí esmeralda Chlorostilbon forficatus, el vireo de Cozumel Vireo bairdii, el mapache enano Procyon pigmaeus, el tejón o pisote enano Nasua nelsoni, y la lagartija picasombra Aspidoscelis cozumela.

La selva mediana subcaducifolia, el medio ambiente preferido por el cenzontle de Cozumel. Este tipo de vegetación cubre grandes extensiones de la isla pero está siendo arrasada con fines de urbanización.

La gran riqueza avifaunística de Cozumel puede estimarse por el hecho de que, aunque mide sólo 500 kilómetros cuadrados, en la isla se han identificado más de 200 especies de aves —número equivalente a la mitad de las que hay en toda Europa—, incluso algunas que no existen en ningún otro lugar del mundo. Hay también varias especies y subespecies de mamíferos y reptiles únicas de Cozumel.

Para determinar la magnitud de la amenaza que representan las boas para la fauna cozumeleña, se está realizando un estudio dirigido por Cristopher González Baca y Alfredo Cuarón, del Instituto do Ecología de la UNAM. Y en cuanto al cenzontle de Cozumel, como decíamos, hay un esfuerzo internacional coordinado para tratar de establecer si aún existe la especie y, de ser así, qué medidas se pueden tomar para evitar su extinción. En los trabajos participan la organización científica Endémicos Insulares —dedicada a la protección de la fauna de islas en diversos lugares del mundo—, la Universidad Villanova de Estados Unidos y la Fundación de Parques y Museos de Cozumel. Por lo pronto, independientemente de si aún existe o no el cuitlacoche, los estudios están orientados a proponer medidas de mitigación para evitar que se siga destruyendo la vegetación de la isla, que está seriamente amenazada por grandes proyectos inmobiliarios y de campos de golf.

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