CarneRojaAlarma mundial provocó el dictamen que recientemente emitió la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde se advierte que las carnes procesadas (embutidos) estarían dentro del tipo de alimentos “carcinógenos para los humanos”. En el mismo anuncio se dijo  que la carne roja (cerdo, vacuno, cordero, cabra) es “probablemente carcinógena”.

Esta clasificación, elaborada por científicos de diez países de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) señala que este tipo de carnes se asocian con una mayor incidencia de cáncer colorrectal y una asociación positiva con el cáncer de estómago.

Sin embargo, no hay que preocuparse demasiado. Esta resolución no debe interpretarse como la prohibición a las carnes roja y procesada, sino como un llamado a la disminución en cantidades y frecuencia de su consumo, señaló la doctora Graciela Caire Juvera, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

Graciela Caire Juvera

Graciela Caire Juvera

La especialista explica que aunque las carnes procesadas estén en el Grupo 1 de la clasificación de la IARC, donde se encuentran las sustancias más peligrosas para la salud, junto con el humo del tabaco, el alcohol, el plutonio, el aire contaminado, el asbesto y las radiaciones ionizantes, ello no significa que tengan la misma peligrosidad.

Se les ubicó en el Grupo 1 porque su consumo diario y en cantidades elevadas sí puede causar riesgo de cáncer de 18% con respecto a las personas que no los ingieren, un porcentaje menor comparado con riesgo que causa el cigarro, el alcohol o el plutonio.

Más información en (Agencia Informativa Conacyt)

Hoy cumpliremos la promesa que hicimos el pasado 25 de enero, en el sentido de comentar cierto estudio según el cual, incorporar la carne y demás productos animales a su dieta, fue un paso crucial en la evolución del ser humano y le permitió alcanzar el grado de desarrollo físico e intelectual que caracteriza al hombre moderno.

La incorporación de la carne a la dieta de los hombres primitivos, que habían sido casi exclusivamente vegetarianos, les permitió una mejor alimentación que se tradujo en un mejor y mayor desarrollo físico y mental y el rápido crecimiento de los primeros grupos humanos, según indica un reciente estudio científico.

Por Juan José Morales

La investigación de referencia fue realizada por un grupo de científicos de la Universidad de Lund, en Suecia, encabezados por la Dra. Elia Psouni. La conclusión a que llegaron fue que, de no haber sido porque hace unos dos o tres millones de años nuestros lejanos ancestros pasaron de una dieta básica o estrictamente vegetariana a una omnívora que incluye la carne, a estas alturas seguramente no existiría la civilización, la población humana sería mucho menos numerosa, y nos faltaría quizá uno o dos millones de años para alcanzar un nivel de desarrollo físico e intelectual comparable al actual.

En el estudio, publicado en la revista Public Library of Science ONE o PLoS ONE, los autores señalan que el gran tamaño del cerebro, la larga duración de la vida del ser humano y su elevada fertilidad, son tres elementos clave que determinaron el éxito evolutivo de la especie humana. Y los tres están ligados a la dieta. Concretamente, como decíamos, al consumo de carne.

Explican que una alimentación carnívora —en el sentido de que al menos el 20% del alimento consumido consista en carne— es muy rica en proteínas, y por tanto permite un mayor y más rápido desarrollo cerebral. También, añaden, los animales carnívoros son en general más longevos que los herbívoros. Esto es particularmente cierto en el caso de los primates, el grupo de mamíferos que incluye a los grandes simios y el hombre. El ser humano, que es carnívoro, puede vivir hasta 120 años. El chimpancé, herbívoro, uno de nuestros parientes más próximos, llega como máximo a 60 años de edad.

Igualmente, como reveló el estudio, los animales carnívoros —incluido el ser humano— destetan a sus hijos a más temprana edad que los herbívoros. En los chimpancés, el período de lactancia dura entre cuatro y cinco años. En los humanos, en cambio, es apenas de cuatro meses a dos años, un lapso muy breve comparado con los 120 años que pueden alcanzar a vivir. Por lo tanto, el intervalo entre un hijo y el siguiente se reduce, la especie resulta más prolífica y sus poblaciones pueden incrementarse con mayor rapidez. Gracias a ello llegamos en relativamente corto tiempo a ser los animales superiores más abundantes en la Tierra.

Ahora bien: el estudio demostró que el destete no es arbitrario. Ocurre cuando el cerebro del hijo ha llegado a cierto nivel de desarrollo. Por eso el cambio de una dieta principalmente vegetariana a una rica en proteínas animales permitió a los antepasados del hombre un mayor y mejor desarrollo cerebral y aceleró el proceso de evolución.

La cacería, que fue por mucho tiempo el medio para obtener carne, no era fácil para nuestros antepasados, que —al igual que nosotros— carecían de garras o grandes dientes y mandíbulas y ni remotamente podían competir en velocidad y agilidad con un leopardo, un león o un tigre. Pero podían cazar más efectivamente si lo hacían en grupo, y ello exigía comunicación, planeación y el uso de armas, trampas y otros utensilios diversos. Eso facilitó también su desarrollo social. Y, desde luego, todo ello demanda un gran desarrollo cerebral, que fue posible gracias precisamente al consumo de carne, que en una especie de círculo virtuoso contribuyó a aguzar la inteligencia de los hombres primitivos y les permitió cazar cada vez mejor, para finalmente pasar a la etapa del pastoreo, y saltar de la recolección a la agricultura. En suma, alcanzar la civilización.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx