Culiacán, Sinaloa. 8 de diciembre de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Cuauhtémoc Reyes Moreno es un investigador de excelencia, nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Sin embargo, sus mayores logros no se encuentran en un título académico o en uno de los cientos de premios que ha obtenido a nivel nacional e internacional, debido a su interés por la creación de alimentos nutracéuticos, que además resultan agradables al paladar. Su mayor logro se encuentra en la formación de nuevos investigadores y en la creación de espacios para la investigación dentro de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Reyes Moreno es originario del poblado Cinco Hermanos, perteneciente a la sindicatura de Bachimeto, en el municipio de Navolato. Es el sexto de 11 hermanos y a los cinco años arribó a la capital sinaloense para estudiar la escuela primaria en la Escuela Manuel Ávila Camacho.

Esa fue la etapa más maravillosa de mi vida, tal vez por la forma en que se impartían las clases”, comentó.

Reyes Moreno recuerda que la formación integral era lo que más destacaba de la educación “de antes”.

“Educación física era obligatoria, ahora no. En secundaria y preparatoria era asignatura obligatoria también. En la primaria había un teatro y talleres para que aprendieras oficios. No te dejaban tarea, permanecías mañana y tarde. En la mañana te enseñaban y en la tarde te ejercitabas”, recordó.

En sus ratos libres, jugaba al beisbol con una pelota de trapo y un palo. Los juegos con los amigos consistían en “los caballazos”, “el bombardeo”, “las cacachilas”; todos requerían actividad física.

Al llegar al nivel secundaria, cursó el taller de auxiliar contable. Aprendió a escribir a máquina, a archivar documentos y llevar la contabilidad, realizar balances; resultaba interesante, pero no sería la carrera que seguiría en el futuro.

En preparatoria, en 1967, obtuvo su primer contacto con la institución que sería su alma mater, la UAS, en la que continuaría casi 50 años después como pieza clave del estudio en ciencias químico biológicas.

“Quería ser médico, pero no había la opción de la carrera de medicina en ese momento. Lo que más se parecía a medicina era ciencias químico biológicas; así que llegué a la Escuela de Ciencias Químico Biológicas. Seleccioné química industrial. Me vi desempeñando un trabajo en la industria química”, comentó.

Más tarde, en 1970, encontró una transformación de la carrera, que se orientó hacia la ciencia y tecnología de alimentos y el procesamiento de alimento por la vocación agrícola de Sinaloa.

“En esa época se pretendían políticas públicas que trajeran como consecuencia la transformación de los alimentos de la agricultura sinaloense: tuvimos molinos de arroz, fábricas de procesamiento de tomate, arroceras”, dijo.

Al egresar de la licenciatura fue invitado a participar como docente de matemáticas en la Preparatoria Central, en la que permanecería algunos años. Más tarde, se sumó a la planta académica de la Facultad de Ciencias Químico Biológicas (FCQB).

“Después me llamaron a hacer una maestría en tecnología de alimentos, en Querétaro, y años después realicé el doctorado en esa misma institución”, comentó.

En la actualidad, Reyes Moreno encabeza un grupo de investigadores y científicos que ha ganado múltiples premios en tecnología de alimentos.

Entre los premios obtenidos, se encuentra el Premio Bimbo Panamericano en Nutrición, Ciencia y Tecnología de Alimentos; también el Premio Coca-Cola, en el área de Ciencia y Tecnología de Bebidas, en 2013. Este último con tres bebidas de amaranto, y en 2014, con una bebida a base de frijol negro y maíz azul fermentados.

La línea de investigación del grupo de científicos de la FCQB de la UAS es bioprocesos y alimentos funcionales. En su área, que tiene que ver con ciencia y tecnología de alimentos, la primera decisión importante a tomar es la materia prima con que se trabajará.

Hasta el momento, la facultad cuenta con seis patentes, y tres años consecutivos con el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos.

Entre los trabajos, destaca el denominado Bebida funcional con valor nutricional y potenciales antihipertensivos y antidiabéticos, elaborada con frijol negro y maíz azul procesado, del grupo de investigadores encabezado por el doctor Cuauhtémoc Reyes Moreno y que es integrado por los doctores Jorge Milán Carrillo, Roberto Gutiérrez Dorado, Ángel Valdez Ortiz, Edith Oliva Cuevas Rodríguez y el maestro Jesús Jaime Rochín Medina.

El Premio Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos es patrocinado por la empresa Industria Mexicana de Coca-Cola y representa un impulso al desarrollo en investigación en el ramo alimentario en el país.

Saltillo, Coahuila. 21 de diciembre de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Investigadoras del Departamento de Ingeniería Química en la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la Universidad Autónoma de Coahuila (Uadec) estudian propiedades de materiales poliméricos mediante simulación molecular, con potencial aplicación en tratamiento de aguas residuales.
Esta investigación es un proyecto de colaboración en redes con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en el que se está trabajando la investigación de materiales poliméricos con nanopartículas de óxido de zinc (ZnO) para posibles aplicaciones ambientales, a través de dos vertientes: una parte dedicada a la simulación molecular y otra experimental.

Felipe Sánchez Banda

“Estamos trabajando la parte de simulación para estudiar la manera en que interaccionan las partículas poliméricas con las nanopartículas de óxido de zinc, ver cómo estas interacciones van a afectar las propiedades del material y que puedan tener una aplicación, en este caso, en el área ambiental con el tratamiento de aguas”, explicó la doctora Lucero Rosales Marines, profesora investigadora del Departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ciencias Químicas de la Uadec.

El objetivo del proyecto es obtener materiales novedosos que cuenten con propiedades específicas para cierto tipo de aplicaciones ambientales, particularmente el tratamiento de aguas residuales contaminadas con metales pesados.

El tratamiento de aguas residuales se puede llevar a cabo utilizando partículas fotocatalíticas. Sin embargo, se requiere de un polímero capaz de conducir electricidad como soporte para facilitar el manejo del material y aumentar las interacciones entre partículas. El polipirrol es un material semiconductor, sus propiedades electrónicas cambian con respecto al tamaño de la molécula, pero es muy difícil determinar la variación de estas propiedades.

“La simulación nos va a ayudar porque puedes hacer cambios sin tener que hacerlo a nivel experimental, nos da una tendencia de hacia dónde va y qué está pasando físicamente con el material. Si conocemos lo que sucede en la superficie, podremos saber qué moléculas van a ser posiblemente atraídas por este material. Podemos entenderlo de forma más sencilla, económica y con menor riesgo en la computadora. Ya cuando voy al laboratorio trabajo de una forma más segura”, puntualizó la doctora Lilia Eugenia Serrato Villegas, profesora investigadora del Departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ciencias Químicas de la Uadec.

Una forma de analizar el efecto que se tiene al aumentar el tamaño de la molécula es a través de métodos computacionales que nos permitan observar la probabilidad de encontrar un electrón en un determinado lugar mediante técnicas DFT (por las siglas en inglés de teoría del funcional de la densidad).

“Estamos tratando de obtener conocimiento acerca de cómo funcionan o interactúan estas partículas. Cómo son las diferentes propiedades y cómo se afectan cuando introducimos, por ejemplo, el óxido de zinc a una matriz polimérica, qué interacciones tienen en sus niveles energéticos, y esto nos ayudará a entender qué puede aplicarse, en ese caso específico, y para esto necesitamos conocer qué está pasando con estas partículas”, agregó la científica Serrato Villegas.

De acuerdo con la doctora Rosales Marines, el proyecto, en términos generales, está en su etapa inicial. Actualmente estudian la manera en que están interaccionando las partículas de polipirrol con el óxido de zinc y buscan determinar cómo estas interacciones afectarán las propiedades fotocatalíticas del material y su posible aplicación.

“En principio, es analizar estas interacciones, la segunda etapa sería ver cómo se están afectando las propiedades del material en función de estas interacciones y del material que nosotros estemos agregando. Es posible hacer esto mediante simulación y podemos variar las cantidades, y esto nos da una perspectiva sobre cómo estas propiedades se verán afectadas”, comentó la investigadora Rosales Marines respecto al futuro del proyecto.

Para finalizar, las investigadoras agregaron que buscarán continuar el proyecto en una segunda etapa y analizar otros materiales a nivel de simulación molecular y experimental para aplicarlos en casos específicos. A partir de este trabajo se contempla el desarrollo de un recurso humano altamente especializado, a través de un estudiante de la maestría en ciencia y tecnología química de la institución y la publicación de un artículo científico referente al tema.

JoseRuizHerreraJosé Ruiz Herrera descubrió que quería estudiar alguna carrera relacionada con microbiología cuando cursaba el último año de secundaria, tras acudir a una charla vocacional.
“Recuerdo que cuando estaba por terminar los estudios de secundaria, vinieron algunos profesores a la Escuela Secundaria número 10 en la Ciudad de México, para darnos unas conferencias sobre diferentes posibilidades de estudio en el nivel profesional”, dijo.
Entre ellos se encontraba un médico veterinario que impartió una serie de conferencias en torno a las carreras de microbiología. “Fue hasta ese momento que supe de la existencia de las carreras de microbiología y de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y me llamaron mucho la atención”, explicó.

Armando Bonilla

Ante ello, tomó la decisión de inscribirse en la Vocacional número 4 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que en ese entonces direccionaba la formación de sus alumnos a las ciencias médico biológicas. “Al terminar los estudios en la Vocacional 4, sentí una fuerte inclinación hacia la microbiología, así que me inscribí a la carrera de químico bacteriólogo parasitólogo”.
Una vez que comenzó la formación de licenciatura, el hoy doctor valoró cuáles serían sus opciones laborales al concluir la carrera y se dio cuenta que mientras muchos compañeros se interesaban en entrar a trabajar a laboratorios, a él le atraía la idea de ir un poco más allá y formarse como investigador.
“Tuve excelentes profesores, maestros que lo estimulaban a uno para acercarse a la investigación. Tuve la fortuna, por ejemplo, de tomar algunas materias con el doctor Carlos Casas Campillo (finado), un microbiólogo notabilísimo que creó toda una escuela alrededor de la microbiología en México, y fue él quien representó una gran influencia para mí”.

De las relaciones académicas a la actividad profesional
De acuerdo con el testimonio del doctor Ruiz Herrera, fue el propio Casas Campillo quien lo involucró en la investigación profesional. “Cuando realizaba mi tesis, el doctor Casas Campillo trabajaba en un laboratorio en el área de investigación y como mi tesis trataba sobre transformación microbiana de esteroides, se dio la oportunidad de colaborar con él”.
A partir de ese momento, dijo, se fue entusiasmando más con la posibilidad de dedicarse a la investigación y al mismo tiempo identificó la necesidad de estudiar el idioma inglés para formarse y desenvolverse en el plano internacional, así que se dio a la tarea de solicitar una beca. En ese entonces, las becas se tramitaban a través de la embajada de Estados Unidos, así que presentó su solicitud y tras ser valorada fue aceptado. Dicha beca, que entonces era otorgada mediante el Instituto de Educación Internacional, que dependía del Departamento de Estado de Estados Unidos, le permitió cursar el doctorado en el laboratorio del doctor Robert L. Starkey, a quien conoció gracias al doctor Casas Campillo.
“Durante una visita del doctor Robert L. Starkey a México, el doctor Casas Campillo le contó de mi interés por ir a trabajar a Estados Unidos y gracias a esa recomendación pude cursar un doctorado allá”. Mientras cursaba su doctorado en Estados Unidos, en México se crearon los primeros doctorados en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, así como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ante lo cual se trazó el objetivo de regresar en cuanto terminara el doctorado.
“Entonces regresé a trabajar a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y desde ese momento me he dedicado a la investigación científica”, dijo. No obstante, reconoció que el panorama no era aún tan alentador pues la investigación que en México se realizaba en ese momento era todavía muy incipiente.
En esos momentos, contó, “no había apoyo, no había instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), no había centros de investigación consolidados y ante ello uno tenía que trabajar en condiciones realmente precarias, sin acceso a equipos de primer mundo, sustancias, y con salarios realmente bajos, en general era una época difícil”.
Sus líneas de investigación La línea de conducción de todos sus proyectos de investigación nació cuando realizaba su tesis profesional con el doctor Carlos Casas Campillo, con quien trabajaba en la transformación microbiana de esteroides, posteriormente evolucionó el trabajo a la degradación microbiana de aminoácidos en el suelo en su tesis doctoral.
A partir de ese momento, el resto de su trabajo fue primero en torno a la biología celular y segundo a la biología molecular de los hongos. De acuerdo con el propio investigador, posiblemente uno de sus trabajos más significativos fue el que hizo durante una instancia en el extranjero, el primero y único que realizó con bacterias.
“El trabajo fue muy interesante porque descubrimos unos mecanismos de respiración alternativos en bacterias. Se trató de un descubrimiento muy significativo que dio lugar a trabajos que se publicaron en revistas de alto prestigio e impacto científico”.
Un siguiente trabajo de gran relevancia en su carrera fue el desarrollado de manera conjunta con un amigo (doctor Salomón Bartnicki García), durante una estancia doctoral en la Universidad de California, con quien trabajó en torno al mecanismo de síntesis de la pared celular.
“Logramos sintetizar in vitro la pared celular, un compuesto muy importante, y descubrimos unos organelos nuevos que llevaban a cabo la formación de la pared celular, y ese trabajo apareció en la portada de la revista Science y fue muy citado posteriormente”.
Ya como colaborador del Cinvestav, el doctor Ruiz Herrera trabajó en la síntesis de otros polisacáridos de la pared celular de hongos, donde logró trabajos con gran impacto.
Como consecuencia de los resultados que fue cosechando con sus proyectos de investigación y a solicitud del entonces director del Cinvestav, se le encomendó encabezar la creación de un centro de investigación pero en provincia. Debido a ello fundó un centro de investigación en la Universidad de Guanajuato, el cual incluyó el primer doctorado fuera de la Ciudad de México, mismo que se orientó hacia la biología molecular de los hongos.
Luego de fundar y encaminar el centro, regresó al Cinvestav donde continuó su trabajo como investigador, pero ahora en torno a problemas de crecimiento y diferenciación de hongos, en particular trabajó el fenómeno de la diferenciación celular.
Más allá del laboratorio
El doctor Ruiz Herrera considera que la actividad científica ha impactado positivamente en su vida profesional en términos generales y en su vida personal.
Hablando del alcance profesional, considera que además de la posibilidad de hacer investigación, su carrera le ha dado la oportunidad de formar nuevos investigadores. “Es una obligación compartir el conocimiento acumulado, transmitirlo y que este sirva para la generación de los nuevos investigadores”.
Hablando del ámbito personal, dijo que tuvo la fortuna de haberse casado con una mujer que comprendió la importancia que para él tenía su labor como investigador y, en consecuencia, lo apoyó en otras áreas de la vida como la formación de los hijos. “Eso no quiere decir que yo no los viera, por supuesto que sí, incluso le puedo decir que tengo cinco hijos y cuatro de ellos tienen doctorado y uno tiene dos maestrías… No obstante, evidentemente es difícil, muy difícil encontrar un equilibrio porque si verdaderamente uno se considera científico, siente tal pasión por la ciencia que a veces se olvida que tiene unos hijos o una esposa a la que debe atender”.
Finalmente, el doctor Ruiz Herrera aprovechó la oportunidad para aclarar que pese a lo glamoroso que a veces pueda parecer la carrera del científico, él se considera una persona muy normal en todos los aspectos, que lleva una vida normal en la cual sale a trabajar y después de ello regresa a casa con su esposa, pues todos sus hijos ya se encuentran casados.

José Ruiz Herrera
–Químico bacteriólogo parasitólogo por el Instituto Politécnico Nacional –Doctor en microbiología por la Rutgers University de Nueva Jersey, EE. UU –Investigador Emérito del Cinvestav –Investigador Nacional Emérito SNI

(Agencia Informativa Conacyt)

UniversoLa historia aquí contada es, por supuesto, nuestra propia historia, una que empieza hace 13,800 millones de años con un fugaz destello y termina con un espejo —la conciencia humana—, en el cual el universo se observa a sí mismo y se descubre como un misterio espectacular.

El recorrido está guiado por un diagrama cronológico en el que se marcan las fechas más notables, pero en un fascinante relato que va en reversa, pues tiene un hilo conductor que nos lleva de cada etapa a la inmediatamente anterior, buscando en cada una las causas que la determinaron.

El autor, quien desde 1994 colabora en el experimento ALICE, del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, cuyo objetivo es recrear la materia que surgió instantes después del Big Bang, nos propone en este viaje, recorrer un camino de causas y efectos que se detiene en momentos importantes del desarrollo cósmico, y avanza hacia el pasado, buscando el germen de cada estación en la siguiente. Así, iremos de la conciencia a la vida; de ahí al carbono y su generosa geometría; luego al corazón de las estrellas, que deben morir para que lo demás exista; después visitaremos el plasma primordial del que surgieron los átomos ligeros y sus componentes elementales y, antes de nuestra última parada —la Gran Explosión—, nos detendremos en la inflación cósmica, el momento decisivo entre el ser y la nada.

Índice general

El universo hoy: 13,800 millones de años después del Big Bang
El universo a los 10,000 millones de años y la vida
El universo a los 1,000 millones de años y el cielo estrellado
El universo bebé: cuando tenía 300,000 años de edad
El universo nuclear: los primeros tres minutos
El universo líquido: un microsegundo después del Big Bang
El universo inflacionario: a tan sólo un instante del Big Bang
El Big Bang: momento cero
Reflexiones finales

En palabras de su autor:

“… a aquellos que no son científicos, el conocimiento de los avances de la ciencia les proporciona mayor riqueza a sus vidas, dándole valor y sentido a lo que de otra manera pasaría inadvertido. Les brinda, además, la oportunidad de colocarse ante lo desconocido y percibir de esa manera el sentimiento más profundo que puede experimentar el ser humano: esa sensación de misterio ante lo que se nos aparece como inasible, profundo y cautivador. Ahí en lo impenetrable, se manifiesta la belleza insondable, la eternidad indiferente y la culminación de la conciencia.”

Gerardo Herrera CorralGerardo Herrera Corral.- (Chihuahua, 1963) es doctor por la Universidad Técnica de Dortmund, Alemania, y ha realizado estancias posdoctorales en el Fermi National Accelerator Laboratory (Chicago, Estados Unidos), así como en el Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas (Río de Janeiro, Brasil). Ha sido investigador en el Sincrotrón Alemán de Electrones (Deutsches Elektronen Synchrotron, DESY) en Hamburgo, Alemania, y en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés) en Ginebra, Suiza. Actualmente es profesor titular del Departamento de Física del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV). Ha publicado más de 320 artículos en revistas internacionales especializadas en el área de física de partículas y es autor de los libros Entre quarks y glutones. México en el CERN (2011), El Gran Colisionador de Hadrones (2013) y Higgs, el universo líquido y el Gran Colisionador de Hadrones (2014).

Desde 1994 trabaja en la colaboración ALICE del Gran Colisionador de Hadrones en el CERN, y desde 1997 es miembro del Instrumentation, Innovation and Development Panel del International Committee for Future Accelerators (ICFA). Fue Presidente de la División de Partículas y Campos, así como de la División de Física Médica de la Sociedad Mexicana de Física. También fungió como coordinador de uno de los cuatro proyectos aprobados en México de la Iniciativa Científica del Milenio apoyado por el Banco Mundial. Fue Secretario de la Academia Mexicana de Ciencias y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel III).

Julia Tagueña Parga

Tagüeña es física por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctora en Ciencias por la Universidad de Oxford en Gran Bretaña; científica investigadora titular C del Instituto de Energías Renovables (IER), campus Morelos de la UNAM; integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Además de ser directora adjunta de Desarrollo Científico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Julia Tagüeña Parga es una investigadora que ha dedicado la mayor parte de su vida al progreso de la ciencia en México.

Nistela Villaseñor /Agencia Informativa Conacyt 

Lleva la ciencia en las venas. Hija de un físico, Julia Tagueña Parga estudió la carrera de Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es doctora en Ciencias por la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, la doctora Julia Tagueña Parga ha estudiado la física del estado sólido y, en particular, sistemas desordenados, sólidos amorfos, materiales vítreos y materiales porosos nanoestructurados.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la investigadora y actual funcionaria habla sobre el camino que la llevó a la ciencia, su gusto por las diversas expresiones del arte y el gran amor por su familia.

La libertad de elegir

Julia Tagüeña es una promotora de la ciencia por convicción y hasta por tradición familiar. “La ciencia era un tema prioritario en la casa. Mi padre era físico, mi madre estudió Filosofía y Letras, pero también tenía mucha afición por la ciencia. Definitivamente mi familia influyó en mi educación y además me permitió la libertad de escoger una vocación. En mi casa había un respeto total por que las mujeres podían estudiar igual que los hombres”.

Para la especialista, cualquier profesión requiere entrega y pasión, no hay una receta sino que se debe tener un método y orden. “Es cinco por ciento de inspiración y el resto de transpiración. Y eso es para todos. Simplemente decidir que eso es lo que quieres hacer, encontrar tu vocación, tener pasión por ella, porque el éxito viene de la pasión por un tema, por una meta”.

La mujer tiene todas las capacidades para desarrollarse, señala Tagüeña Parga, y pese a que hay una discriminación que indica que la mujer no puede desarrollar ciertas actividades, “la ciencia ha demostrado que eso es absurdo. Simplemente hay que buscar que haya igualdad de oportunidades para poder desarrollar el talento de cada persona”.

Respetuosa de sus congéneres, la investigadora les recomienda no tener miedo y hacer lo que realmente quieren y saben que pueden realizar. “Ahí tienes que tener un acto también más de valor porque hay un prejuicio de lo que son carreras femeninas y lo que son carreras masculinas; hay que saltar ese prejuicio”.

Ese prejuicio también afecta a hombres, asegura la doctora. Por ejemplo, una familia puede esperar de su hijo una elección más convencional como abogado, médico o ingeniero y no carreras como ser físico o filósofo, por mencionar algunas.

“Se han hecho estudios de lo que piensa la sociedad respecto de la ciencia y es muy común que sí hay un respeto por la ciencia, pero no les gustaría que sus hijos fueran científicos; lo ven como una carrera poco útil en el mercado laboral”, expresa.

Le pasa exactamente lo mismo al arte, afirma la especialista, y sugiere a aquellos que quieran hacerlo que no se dejen presionar por la creencia de que “de arte no se va a poder vivir”. La experta enfatiza en la importancia de no caer en esos prejuicios y estudiar lo que realmente se desea, porque es donde se va a ser exitoso.

Satisfacciones de la ciencia

Julia Tagüeña Parga encuentra en la investigación científica una de la profesiones más enriquecedoras, porque la sensación de comprender una pregunta o un fenómeno implica una satisfacción personal enorme. “Más allá de las satisfacciones profesionales está la interna que da el conocimiento. Yo estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de dedicarme a la ciencia y apoyar el desarrollo científico de nuestro país”.

La investigadora recomienda a la gente acercarse a la ciencia aunque no sea como profesión sino simplemente como un complemento al conocimiento. A su juicio, esta abre posibilidades infinitas, hace ver las cosas de una manera profunda y permite una visión más completa del mundo.

La directora adjunta ha disfrutado todas las formas de hacer ciencia: investigación combinada con docencia, comunicar la ciencia a la sociedad y apoyar a la comunidad académica para que realice investigación. “Depende de tu edad, del momento en que estás tomando una decisión de trabajo”.

Comenta que no solo le parecen notables los grandes investigadores eméritos o los miembros del Sistema Nacional de Investigadores con el nivel III, sino que hay muchos jóvenes admirables. “Es un placer trabajar con esta comunidad, es gente capaz, responsable, con compromiso social. Admiro lo que se ha hecho en este país en materia de ciencia en los últimos años”.

Vínculo entre ciencia y arte

La doctora es asidua lectora de narrativa: novela histórica, latinoamericana —especialmente escrita por mexicanos—, de autores japoneses, y le gusta leer a los premios Nobel de literatura de cada año. “Estoy muy ‘clavada’ en las novelas. No tengo mucho tiempo, pero aprovecho por ejemplo los viajes, en el avión, para leer diferentes novelas”.

Según Tagüeña Parga, hay muchas mujeres que están escribiendo y eso le interesa porque el texto escrito desde la visión femenina tiene una riqueza especial.

Y si bien la literatura japonesa le parece complicada, admite que brinda otra forma de ver la realidad, y “eso me gusta porque refleja algo que sucede en ciencia: buscar diferentes visiones y diferentes patrones ocultos”.

Para la doctora es claro el vínculo existente entre ciencia y arte, aunque tal vez no está suficientemente analizado. “Toda expresión artística está basada en ciencia: los pigmentos de una pintura o las ondas sonoras de una audición, por ejemplo. Pero va más allá, hay una relación estrecha por el proceso creativo. La creación en ciencia es muy parecida a la creación en arte y están unidas profundamente”.

Además de la lectura, la pintura, la música, el teatro, tomar fotografías, guardar archivos fotográficos familiares y disfrutar la relación con sus alumnos, Tagüeña Parga comparte una particular debilidad: sus nietos. “Es la culminación de haberte dedicado a criar una familia. Dedicarme a ellos es una cosa absolutamente divertida, y ahí me doy cuenta de las prioridades, porque si me encargan a los nietos, dejo todo y nada más me ocupo de ellos”.

La doctora destaca la importancia de no frenar la curiosidad natural de un niño y su interés por aprender. “Nos preguntan tanto que hay un momento en que podrías decir: ‘ya no me preguntes más’, ahí es donde tienes que buscar, si tú no sabes, la fuente para que les puedas contestar. En general, con los niños, hay que tener una actitud muy abierta hacia sus preguntas y acercarlos a la ciencia sin ninguna duda”, expresa.

JA Worldwide (JA – Junior Achievement) anunció su nueva asociación con Alcoa Foundation para crear un programa educativo global que introducirá a estudiantes de secundaria y bachillerato a las carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Educación y Matemáticas, por sus siglas en inglés). JA Worldwide recibió una inversión de $750,000 dólares de la Fundación Alcoa para crear JA Assembling Your Career, un programa que comprende tres sesiones sobre carreras STEM en mercados locales de Junior Achievement en el mundo, incluyendo México. IMPULSA (JA en México) busca llegar a más de dos mil estudiantes con este programa en los próximos dos años.

JA Assembling Your Career alienta a los estudiantes para que piensen cómo sus habilidades e intereses actuales les servirán en futuras carreras de alto crecimiento y alta demanda. JA Assembling Your Career contiene tres actividades interactivas enfocadas en carreras STEM que pueden ser utilizadas por voluntarios o maestros en el salón de clases como actividades independientes o como complemento a otros programas de bachillerato de JA (IMPULSA).

“El mercado laboral internacional se está volviendo cada vez más dependiente de aspirantes cualificados con una educación formal en carreras STEM. Predicciones recientes muestran que del 85 al 95 por ciento de los trabajos requerirán habilidades STEM para el año 2020,” mencionó Jaime Santibáñez, director general de IMPULSA (JA México). “Junior Achievement es un creyente del potencial sin límites de la juventud, y esta oportunidad de trabajar con ALCOA en México nos entusiasma por las oportunidades que traerá a los jóvenes de México, pero en especial a la comunidad en Ciudad Acuña, Coahuila, ciudad donde se impartirá este programa durante su primer año de operación, con el apoyo de voluntarios de ALCOA.”

El programa piloto internacional nació en el 2013; la primera implementación de JA Assembling Your Career incluirá a Brasil, Francia, México, España, el Reino Unido y los Estados Unidos, planeando expandirlo a otros países en los próximos años. Además el programa de JA Assembling Your Career estará disponible para otros socios tales como Skills USA, una organización de estudiantes de carreras técnicas y profesionales, y Project Leap, un programa de desarrollo de liderazgo para profesionales de la industria no lucrativa, para expandir su alcance.

Alcoa Foundation trabaja con socios para inspirar a futuros innovadores en el mundo STEM e introducir estudiantes a la manufactura, demostrando la creatividad y movilidad de las carreras que la industria ofrece. JA Assembling Your Career promueve la importancia de las habilidades STEM en una escala internacional y ayuda a estudiantes de secundaria y bachillerato a entender las oportunidades de carreras globales disponibles para ellos en el área de manufactura.

“La asociación de la Fundación Alcoa con Junior Achievement está ayudando a jóvenes alrededor del mundo a imaginar un nuevo camino para su futuro,” dijo Esra Ozer, presidente de la Fundación Alcoa. “Juntos creemos que al exponer a más estudiantes a programas STEM, ellos pueden aprender las habilidades necesarias para lograr el éxito en sus futuras carreras.”

 

Hace poco publiqué en la revista Gaceta del Pensamiento un artículo sobre las mujeres en la ciencia y la forma en que a lo largo del tiempo fueron discriminadas y marginadas de una u otra manera. Hoy tenemos otra historia de ese tipo. Apareció recientemente en la revista británica New Scientist y relata la forma en que una brillante y talentosa científica francesa, Marthe Gautier, fue despojada del mérito de haber descubierto la causa del síndrome de Down y cómo un investigador, Jérome Lejeune, se apropió de su trabajo y asumió la paternidad del hallazgo, considerado uno de los más importantes de la medicina en el siglo XX.

Por Juan José Morales

De humilde origen, nacida en el seno de una familia de campesinos, Marthe Gauthier pudo sin embargo estudiar medicina y, gracias a su talento y dedicación, ganar becas en difícil competencia con sus colegas masculinos. Pero, como era usual en aquellos tiempos en que a las mujeres se les menospreciaba, tuvo que conformarse con un puesto técnico en un hospital parisino.

Marthe Gautier en la actualidad. La Federación Francesa de Genética Humana le confirió una medalla y le otorgó un reconocimiento por sus trabajos en la determinación de la causa del Síndrome de Down, pero se le impidió asistir a la ceremonia en que se haría y hablar de sus trabajos, amenazándola con un juicio por difamación ya que el mérito por ese gran hallazgo científico se atribuye a una persona muy influyente.

Ello, sin embargo, no frenó sus ímpetus de investigadora. A fin de apoyar los estudios sobre el síndrome de Down del Dr. Raymond Turpin, director de la unidad pediátrica del hospital en que trabajaba, ella comenzó a utilizar técnicas, muy avanzadas y novedosas en esa época, para observar los cromosomas humanos al microscopio. Lo hacía sin pago adicional alguno, y si bien se le proporcionó un laboratorio con dos ayudantes, los recursos eran tan limitados y las condiciones tan precarias, que debió pedir un préstamo personal para adquirir equipo y material de laboratorio, y utilizaba el suero de su propia sangre como nutriente de los cultivos de células. Pero pudo comprobar primero que las células humanas tenían 46 cromosomas y no 48 como se creía. Finalmente, encontró que las células de los afectados por el síndrome de Down, o mongolismo, como antes se le llamaba, tenían 47, y que ese cromosoma adicional era la causa del padecimiento.

Fue entonces cuando intervino el ahora acusado de plagiar su descubrimiento, Jérome Lejeune, quien trabajaba en el mismo hospital y precisamente sobre el síndrome de Down. Enterado de sus hallazgos, la visitó y le pidió datos al respecto. Entre otras cosas, ella le dijo que no contaba con equipo para fotografiar sus cultivos de células y confirmar la presencia de ese cromosoma adicional. Lejeune se ofreció a hacerlo, le pidió las placas con los cultivos… y jamás se las devolvió.

Al poco tiempo apareció una publicación en la que Lejeune se atribuía el descubrimiento, y aunque mencionaba a Marthe, la ponía como simple miembro de su equipo, y para colmo con su nombre mal escrito. Como ella no protestó ni reclamó reconocimiento alguno, desde entonces Lejeune fue considerado el descubridor de la causa del síndrome de Down y por ello recibió numerosos premios y reconocimientos. Incluso se creó una fundación que lleva su nombre.

Fue sólo ahora, ya al final de su vida, con 88 años de edad, cuando Marthe Gautier pidió ser reconocida como la verdadera autora del descubrimiento. Y hay sólidas evidencias —dice New Scientist— de que realmente lo fue. No pide dinero ni honores. Sólo que se haga justicia. Pero resulta que Lejeune era un hombre muy poderoso e influyente, miembro del Opus Dei y gran amigo del papa Juan Pablo II, con muchas e importantes conexiones en los altos círculos gubernamentales y las grandes organizaciones científicas. Así, a Marthe se le impidió hace poco presentar un trabajo sobre sus estudios en una reunión de la Federación Francesa de Genética Humana, amenazándola con que se le seguiría un juicio por difamación. Y se ha intentado restar importancia al asunto diciendo que si bien realizó parte del trabajo, fue Lejeune quien analizó, interpretó correctamente los resultados y determinó el papel del cromosoma adicional, y que ella trata de aprovecharse de la actual tendencia a revalorar el trabajo de las mujeres en la ciencia, para hacerse pasar por autora del descubrimiento.

En fin, esta es la historia. Una historia más de mujeres científicas marginadas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

La iniciativa, de AMC y FUMEC,  busca fortalecer los lazos de colaboración entre investigadores de México y de los Estados Unidos. Los intercambios permiten que investigadores y profesores accedan a nuevos ámbitos académicos, lo que enriquece su trabajo y su trayectoria profesional.

La Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC) convocan a los investigadores jóvenes de México a realizar Estancias de Verano en instituciones educativas de los Estados Unidos de América, así como a profesores distinguidos de los Estados Unidos a realizar estancias cortas en México.

Las convocatorias se abren cada año y van dirigidas a investigadores jóvenes mexicanos de las áreas de Astronomía, Biología, Computación, Física, Ingeniería, Investigación Educativa (enseñanza de las ciencias), Matemáticas, Medicina y Química, para realizar estancias cortas en instituciones educativas y laboratorios norteamericanos, entre julio de 2014 y marzo de 2015.

El programa Profesores Distinguidos invita a destacados profesores de instituciones de Estados Unidos a México para realizar visitas de 10 días. Este programa lo presenta una universidad mexicana y consiste en realizar un Programa de Trabajo en el cual el Profesor visitante realice seminarios, cursos, asesorías, conferencias, foros de discusión con estudiantes y colaboraciones para intercambios.

Ambos programas fortalecen los lazos de colaboración entre investigadores de México y de los Estados Unidos, permitiéndoles acceder a nuevos ámbitos académicos, lo que enriquece su trabajo y su trayectoria profesional.

En los últimos 20 años la AMC y FUMEC han apoyado a 116 investigadores mexicanos para realizar estancias en instituciones educativas de los Estados Unidos como el MIT, Harvard, Berkeley y Yale, por mencionar algunas; y le han permitido a 300 profesores norteamericanos realizar estancias en diversas instituciones educativas de México.

Vale la pena mencionar que esta iniciativa ha apoyado la trayectoria de investigadoras como Citlali Trueta y Erika Bustos, quienes han logrado reconocimientos posteriores como la Beca de Mujeres en la Ciencia de L’Oreal-UNESCO.

Actualmente ambas convocatorias están abiertas y disponibles en las siguientes ligas:

Estancias de Verano para jóvenes investigadores Mexicanos
(Cierra el viernes 21 de marzo de 2014).
Visitas de profesores estadounidenses distinguidos
(Cierra el viernes 4 de abril de 2014).

El pasado 7 de enero, la Suprema Corte de Estados Unidos tomó una decisión trascendental para la ciencia: rechazó una petición en el sentido de prohibir al gobierno de aquel país financiar investigaciones sobre células madre embrionarias de origen humano.

Pero antes de seguir adelante conviene precisar que tales células son aquellas presentes en los primeros cinco días de vida de un embrión. Son todavía células indiferenciadas y —como dicen los científicos— pluripotenciales. Es decir, tienen la capacidad de convertirse en cualquiera de los 200 tipos diferentes de tejidos que tiene el organismo humano, y por lo tanto en principio a partir de ellas se podría reparar cualquier órgano dañado, e incluso formar uno nuevo.

Por Juan José Morales

Las células madre embrionarias o pluripotenciales se obtienen de los llamados blastómeros o blastocitos, que son embriones de no más de cinco días. En esa etapa son sólo una masa amorfa constituida por entre 50 y 150 células indiferenciadas, como se muestra en la imagen.

No se necesita mucha imaginación para darse cuenta de las inmensas posibilidades que ofrece la manipulación de células madre embrionarias para tratar un sinfín de enfermedades. Lo mismo trastornos cardiovasculares que cáncer, mal de Parkinson, diabetes, enfermedad de Alzheimer y otros muchos padecimientos. Se podría asimismo tratar casos graves de quemaduras haciendo crecer nueva piel, o regenerar nervios destruidos, con lo cual personas paralíticas por esa razón podrían volver a caminar o utilizar miembros inmovilizados. Se podría igualmente olvidarse de los trasplantes de órganos, ya que en lugar de ello se haría crecer uno nuevo.

Sin embargo, ciertos grupos religiosos se oponen al uso de dichas células con el argumento de que un embrión “tiene alma” y por lo tanto debe ser respetado. Aunque aquí cabe precisar que los embriones de los cuales se obtienen las células madre no son producto de abortos deliberados sino espontáneos o sobrantes de prácticas de fecundación artificial. Y aquí conviene precisar también que en esa etapa inicial de su desarrollo, en la cual se conoce como blastómero o blastocisto, el embrión es sólo una masa amorfa de 50 a 150 células, todas iguales, sin la menor apariencia de un ser humano, y ni siquiera con esbozos de nervios o cerebro.

Por presiones de esos grupos, en 1996 un par de congresistas norteamericanos, Roger Wicker y Jay Dickey —este último famoso por asegurar que en su distrito no había homosexuales— introdujeron una enmienda al presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud en la cual se especificaba que no podrían destinarse fondos a actividades que comprendan “la creación de embriones humanos con fines de investigación, ni a investigaciones en las cuales un embrión humano sea destruido, descartado o expuesto a sufrir daño o morir.” La prohibición se había venido manteniendo año tras año sin que los demás congresistas se atrevieran a eliminarla por miedo a los grupos religiosos fundamentalistas.

Eso significó un gran atraso, sobre todo porque la medida estimuló a otros gobernantes en Europa para hacer lo propio. Pero el actual presidente Obama, durante su primer mandato, revirtió la decisión de Bush y volvieron a fluir los fondos gubernamentales para tales estudios.

Los conservadores contratacaron con una demanda ante la Su-prema Corte pidiendo que se reimplantara la prohibición de financiar las investigaciones, argumentando que se violaba lo que se ha dado en llamar Ley Dickey-Wicker, aunque en realidad no es una ley puesto que nunca fue discutida y aprobada como tal, sino un simple añadido al presupuesto. Fue al parecer con base en ello que, como decíamos, el pasado 7 de enero el alto tribunal decidió no aceptar la demanda. Así, el gobierno federal podrá seguir destinando fondos a las investigaciones.

A no dudarlo, ello contribuirá de manera muy importante a lograr grandes avances en materia médica. En una declaración sobre el fallo de la corte, la Asociación de Colegios Médicos de Estados Unidos subrayó que “esta es una muy buena noticia para los pacientes”, pues “la investigación con células madre embrionarias, realizada bajo rigurosas normas y principios éticos, es muy prometedora en la búsqueda de curas y tratamientos para una diversidad de enfermedades que ahora son incurables o intratables. Una vez eliminadas las barreras legislativas, regulatorias y legales para tales investigaciones, podrán materializarse sus grandes posibilidades.”

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