Quienes tienen cerca de su hogar una lámpara del alumbrado público, están más expuestos a ciertos problemas de salud. Concretamente a sufrir el mal de Chagas o tripanosomiasis, una enfermedad transmitida por insectos. A esa conclusión llegó un estudio realizado por un grupo de científicos yucatecos y extranjeros en poblaciones cercanas a la ciudad de Mérida.
Lo que ocurre es que las lámparas del alumbrado público atraen numerosos insectos, y entre éstos puede haber transmisores de enfermedades que luego penetran a las viviendas próximas y atacan a sus moradores.

Bella pero mortífera. La chinche hocicona Triatoma dimidiata transmite el mal de Chagas porque al chupar sangre a un ser humano, defeca sobre la piel y en sus excrementos se encuentra el parásito causante del mal, que puede entrar al organismo al rascarse por la comezón que produce la picadura. Foto cortesía del Instituto de Biología de la UNAM.

La investigación fue realizada por Freddy Santiago Pacheco Tucuch, María Jesús Ramírez Sierra, Sébastien Gourbière y Eric Dumonteil1. Los dos primeros del Laboratorio de Parasitología del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, de la Universidad Autónoma de Yucatán, el tercero de la universidad francesa de Perpignan y la británica de Sussex, y el último de la universidad norteamericana de Tulane.

La investigación se refiere al comportamiento de ciertos insectos del tipo llamado popularmente chinche hocicona, picuda o besucona, que al picar al ser humano para chupar sangre, le transmiten el parásito Tripanosoma cruzi, causante del mal de Chagas, una típica enfermedad de pobreza que cada año contraen alrededor de 15 millones de personas en todo el mundo, de las cuales mueren unas 50 mil, especialmente en la zona tropical comprendida entre el sur y sureste de México y el norte de Sudamérica, aunque también se dan casos en Estados Unidos y Europa.

Produce una variedad de trastornos que afectan al corazón, el sistema digestivo, los ojos y otras partes del cuerpo, y aunque no sea mortal, por su carácter crónico debilita considerablemente y puede incapacitar al enfermo.

El estudio a que nos referimos, publicado recientemente en la revista internacional Public Library of Science-Biology, se realizó en las pequeñas poblaciones rurales de Bokobá, Sudzal y Teya, de entre 1 500 y 2 000 habitantes cada una, cercanas a la ciudad de Mérida. Su objetivo fue determinar algo que ya se sospechaba y resulta lógico pero hasta entonces no había sido plenamente comprobado ni cuantificado: que como la luz atrae a los insectos, las viviendas más próximas a las lámparas del alumbrado público están más expuestas a ser invadidas por chinches de la especie Triatoma dimidiata, que es uno de los principales vectores de la enfermedad.

La suposición resultó acertada. Los investigadores encontraron que en las tres poblaciones las casas infestadas con esas chinches se hallaban claramente más cerca de las luces de alumbrado público que las viviendas no infestadas. Además, se comprobó que los insectos eran atraídos por las lámparas callejeras y no por las del alumbrado doméstico del interior de las viviendas. Ello se debe a las diferencias en las características de la luz que emiten. En términos generales, una casa cercana a una lámpara del alumbrado público tiene 1.64 veces más probabilidades de sufrir una infestación con chinches hociconas que una situada más lejos.

Esta es la primera prueba concluyente, obtenida mediante un trabajo de campo, de que las lámparas de las calles pueden influir sobre la infestación de las viviendas próximas por chinches hociconas. Los resultados, por lo demás, fueron ratificados mediante pruebas de laboratorio en las cuales se sometía a los insectos a la atracción de la luz de lámparas domésticas y de alumbrado público.

Este hallazgo puede, dicen sus autores, servir para determinar los riesgos de diseminación del mal de Chagas y para planear mejor el combate a los insectos que lo transmiten.

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