Hace poco, cierto “ecologista” me sugirió escribir sobre las llamadas quimioestelas o chemtrails, como se les denomina en inglés. Al responderle que aquello es una patraña y ya la había comentado hace más de tres años, casi enfureció y me tildó de ignorante o cómplice de ese atentado contra la humanidad.

Chemtrails

La ampliación de la imagen en el círculo muestra el verdadero origen y naturaleza de las estelas que se ven en el cielo y que según ciertas teorías conspiranoicas, son sustancias que algunos gobiernos dispersan con malévolas intenciones.

Juan José Morales

Para entender su reacción, hay que explicar que, según cierta versión que circula ampliamente por Internet, desde hace alrededor de 10 o 15 años hay una conspiración de ciertos gobiernos —no se aclara cuáles— para dispersar desde aviones unas sustancias de ignorada composición química, cuyo propósito es también un enigma. Unos dicen que contienen bario, aluminio o algún otro elemento que afecta a las cosechas, otros aseguran que lo que se esparce son microbios para provocar epidemias, otros más, que su fin es modificar el clima, o esterilizarnos para reducir el índice de natalidad, y no faltan quienes afirman muy seriamente que esos compuestos químicos no son otra cosa que alucinógenos destinados a controlar la voluntad de los seres humanos y volvernos más dóciles ante los gobiernos.

“Ahí está la prueba”, dicen los conspiracionistas señalando las blancas estelas que dejan los aviones al volar a gran altura. Si se les explica que se trata simplemente de vapor de agua de los gases de es-cape de los motores, que se condensa por las condiciones de intenso frío que reinan a tal altitud, responden que precisamente eso aprovechan los gobiernos para mezclar con los vuelos comerciales los de esas misteriosas aeronaves que diseminan las no menos misteriosas sustancias.

“Si se observa bien —dicen— se verá que algunas estelas se disipan en corto tiempo, mientras otras son persistentes. Estas son las dañinas”.

Todo lo anterior no es más que una sarta de disparates. Las aeroestelas —si así puede llamársele— son un fenómeno conocido desde los años 30, cuando los aviones comenzaron a volar a gran altitud. Se les ve claramente en los documentales sobre las flotillas de bombarderos de la II Guerra Mundial. El tiempo que tardan en disiparse no tiene nada qué ver con su composición química, sino con las condiciones meteorológicas que reinan a esa altitud.

Pensar que hay unos misteriosos aviones mezclados con las naves comerciales que vuelan a 10 u 11 mil metros sobre el terreno para arrojar sustancias nocivas sobre campos agrícolas, embalses de agua o pueblos y ciudades, es totalmente absurdo. En lo que el material tarda en caer, los vientos lo dispersarían tanto que al llegar al suelo sería prácticamente indetectable. Por eso los pilotos fumigadores vuelan a unos pocos metros sobre el suelo.

No aturdiremos a nuestros lectores con un mar de cifras sobre la cantidad de aviones necesarios para realizar esa malévola operación de dispersión de quimioestelas. Basta decir que para cubrir el territorio mexicano harían falta de miles de aviones tipo Boeing 747 con sus respectivas tripulaciones, mecánicos, personal de tierra, controladores de tránsito aéreo, etc. Todos ellos, por lo demás, tendrían que ser cómplices y guardar absoluto secreto, incluso ante su familia, sin contar con que habría que mantener el material oculto en los aeropuertos.

Simplemente, este asunto no tiene pies ni cabeza.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Es probable que en estos días o no mucho después comience a aparecer en revistas sensacionalistas o se difunda por Internet, la noticia de que científicos alemanes han comprobado que existe vida después de la muerte. Incluso se mencionarán la fuente original de esa información y los nombres del científico que encabezó el estudio y de la institución en que trabajan. Es más: podemos adelantárselos.

Juan José Morales

Ackerman

El inexistente Dr. Ackermann, autor de la inexistente investigación sobre la vida después de la muerte.

La noticia fue publicada en la revista electrónica World News Daily Report y cita una investigación realizada en la Technische Universität de Berlín por un equipo encabezado por el Dr. Berthold Ackermann. Pero aunque parezca algo absolutamente serio, no le haga el menor caso. Se trata de una broma.

Según la noticia en cuestión, Un equipo de médicos y sicólogos de dicha universidad, dirigidos por el Dr. Ackermann, “anunció haber comprobado mediante experimentación clínica la existencia de una forma de vida después de la muerte. El sensacional anuncio se basa en las conclusiones de un estudio en el cual se utilizó un nuevo tipo de experiencia próxima a la muerte, médicamente supervisado, que permite al paciente mantenerse clínicamente muerto por unos 20 minutos antes de ser devuelto a la vida.”

Añade la información de World News Daily Report que el proceso se aplicó a lo largo de cuatro años a 944 voluntarios de muy diferentes religiones y algunos de ellos ateos. Para lograr la muerte clínica se utili-za una compleja mezcla de sustancias químicas que incluyen epinefrina y dimetiltriptamina, que permite al organismo humano sobrevivir durante la etapa de muerte clínica y luego ser sometido al proceso de reanimación sin sufrir daño. Tras mantener en ese estado comatoso de muerte clínica al sujeto durante veinte minutos, se le devuelve a la normalidad con ayuda de un nuevo aparato de resucitación cardiopul-monar denominado AutoPulse, que ya ha sido ampliamente probado y permite reanimar a personas que permanecieron muertas clínicamente por lapsos de 40 minutos a una hora.

En cuanto a la existencia de vida después de la muerte, todos los voluntarios, dice el Dr. Ackermann, manifestaron tener clara memoria de su período de muerte clínica, y en su mayoría describieron haber experimentado sensaciones bastante similares, como la sensación de desprenderse de su cuerpo, total serenidad y seguridad, un ambiente tibio, sentir que levitaban, y la presencia de una luz que los bañaba.

Explica Ackermann que si bien tales sensaciones —comunes en personas que han experimentado lapsos de muerte clínica— se atribu-yen a alucinaciones causadas por la deficiente irrigación sanguínea del cerebro, él las considera definitivamente prueba de la existencia de vida después de la muerte, y una clara manifestación de dualismo entre cuerpo y alma.

Como decíamos, todo esto suena bastante convincente. Incluso en la información se muestra una fotografía de quien parece ser el Dr. Ackermann. Pero es una broma. World News Daily Report es sólo una revista humorística especializada en noticias divertidas y falsas pero con apariencia de serias. Por ejemplo, que se ha comprobado que fumar mariguana puede ayudar a combatir el calentamiento global, que en Estados Unidos los gordos piden al gobierno que se les considere “minoría visible”, que los arqueólogos han descubierto que el Monte Kilimanjaro en África, de casi 6000 metros de altura, es la mayor y más vieja pirámide construida por el hombre, con una antigüedad estimada entre 12 mil y 14 mil años, o las viejas historias sobre buques pesqueros que atrapan submarinos en sus redes.

Así pues, que no le digan, que no le cuenten. No se ha probado la existencia de vida después de la muerte.

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Moringa - copiaDe tiempo en tiempo, se pone de moda una planta maravillosa, de la cual se afirma que cura todas las enfermedades conocidas y desconocidas, y si no las cura, las alivia, y si no las alivia, hace olvidarse de ellas. No hace mucho tiempo fue el noni. Ahora es la moringa o marango. Moringa oleífera si se prefiere el nombre científico de la más conocida de las nueve especies de este género de plantas originarias del norte de la India. De ella se dice que “es auxiliar” en el tratamiento de —nada más ni nada menos— que 300 enfermedades, padecimientos o condiciones del más diverso tipo, desde el acné hasta, por supuesto, el cáncer, e incluso se afirma que a quienes padecen alta presión arterial, se las reduce, pero si por el contrario, tienen baja la presión, se las eleva, como si fuera una especie de adivino o prestidigitador.

Juan José Morales

Pero, si bien la moringa ha sido ampliamente utilizada en medicina popular en las naciones asiáticas y africanas, y algunos estudios indican que ciertos compuestos contenidos en sus hojas, frutos o raíces tienen, por ejemplo, acción antibiótica, no hay ninguna investigación científica que respalde las maravillosas propiedades que se le atribuyen.

Moringa2 - copia

Una de tantas ilustraciones de los artículos sobre la moringa que pueden encontrarse en revistas populares (no en publicaciones científicas), en las que se le atribuye un sinnúmero de propiedades curativas. De rápido crecimiento, la moringa es un árbol que alcanza hasta diez o doce metros de altura. Sus hojas y sus vainas, parecidas a los ejotes, son comestibles y pueden servir como alimento humano o forraje para ganado mayor o menor. Su madera es usada como combustible.

Ciertamente, sus hojas y semillas son muy nutritivas debido a su alto contenido de proteínas, hierro, calcio y vitaminas A, B y C, además de ciertos aminoácidos esenciales que a veces no se encuentran en la dieta de la gente pobre. De hecho, las hojas de moringa se han comparado con la espinaca por su valor nutricional, y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación recomienda su consumo para combatir la malnutrición, especialmente en el caso de mujeres lactantes y niños. También se recomienda como forraje para el ganado. Tiene la ventaja, además, de que es muy adaptable a condiciones de suelos pobres y escasez de lluvia y su cultivo no requiere mayores cuidados.

No se debe, sin embargo, abusar de su consumo, pues en exceso produce ciertos trastornos, como insomnio, acidez estomacal y un aumento anormal en la concentración de glóbulos rojos en la sangre.

A la moringa se le comenzó a presentar como remedio para todos los males porque sus diversas partes —hojas, raíces, resina, corteza, etc.— han sido usadas en la medicina ayurvédica tradicional de la India en infusiones, cataplasmas, pomadas, extractos y otras formas. Pero su fama como producto milagro se disparó después de que Fidel Castro habló de ella como un buen alimento. Nunca sin embargo le atribuyó propiedades curativas, ni dijo que a ella se debiera su longevidad. De ahí en adelante adquirió esa injustificada fama de curalotodo, y no faltaron charlatanes que comenzaron a vender tés, cápsulas, jugos y otros productos a base de moringa como remedios para un sinfín de enfermedades y trastornos, aunque nunca los registran como medicamentos sino como “suplementos” o “complementos” alimenticios, con lo cual eluden la obligación legal de comprobar sus efectos curativos.

Como decíamos, nadie duda de que la moringa sea muy nutritiva, como lo son también las espinacas o la chaya. Pero si alguien quiere disfrutar de sus beneficios nutricionales —proteínas, vitaminas y minerales— puede muy bien comerla, de igual manera que comería unos huevos con chaya o con nopales. No necesita comprar cápsulas o sobrecitos con unos cuantos miligramos de moringa deshidratada que se venden a precios exorbitantes. Eso es una verdadera estafa.

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Una lectora de Cancún pregunta si es efectiva o simple charlatanería la cura biomagnética, ya que un amigo le hizo llegar la tarjeta que ilustra este artículo, y añade que tiene dudas al respecto.

Hace bien en dudar. Como ha dicho alguien, si un producto o tratamiento cualquiera dice curar todo, es que no cura nada. Ese es el caso de la llamada magnetoterapia, biomagnética, imánterapia o terapia magnética, que se basa en la aplicación de imanes a diferentes partes del cuerpo y de la cual se afirma que cura una infinidad de enfermedades y padecimientos de todo tipo, desde la diabetes, hasta la impotencia sexual, pasando por el asma, la pulmonía, las úlceras gástricas, el glaucoma, las cataratas y muchas más.

Juan José Morales

No existe la menor prueba científica de que la aplicación de imanes pueda curar tantas y tan variadas enfermedades como las que se menciona en esta tarjeta, las cuales obedecen a causas muy diversas.

No existe la menor prueba científica de que la aplicación de imanes pueda curar tantas y tan variadas enfermedades como las que se menciona en esta tarjeta, las cuales obedecen a causas muy diversas.

Ya varias veces nos hemos referido en esta columna a tal tipo de seudoterapias, pero no está de más repetir algo de lo que publicamos hace ya varios años en la revista Contenido.

Aunque se dice que la el uso de imanes proviene de la milenaria medicina china, en realidad las primeras referencias históricas sobre intentos de usar el magnetismo para curar enfermedades datan apenas del siglo XVI, cuando el médico y alquimista Paracelso pensó que si los imanes atraen el hierro, podrían hacer lo mismo con las enfermedades y sacarlas del cuerpo. También decía algo parecido Anton Mesmer, un pintoresco charlatán que a fines del siglo XV hizo una fortuna a costa de pacientes acaudalados, entre ellos los monarcas María Antonieta y Luis XIV y no pocos miembros de la corte francesa.

Los fundamentos de la magnetoterapia son tan disparatados y reñidos con el conocimiento científico como las ideas de Paracelso. Aseguran los magnetoterapistas, por ejemplo, que a cada polo de un imán “le corresponde una forma de energía eléctrica distinta. El polo norte significa detención, frena, y el polo sur avance, acelera, da vida y energía”, lo cual —agregan— se debe a que en el polo sur “hay un remolino de electrones que gira en el sentido de las agujas del reloj, con una carga positiva”, mientras que en el polo norte hay otro remolino semejante pero que gira en sentido contrario. Aquí cabe aclarar que, como sabe cualquier estudiante de física, los electrones siempre tienen carga negativa, giren como giren.

Otros charlatanes afirman que “la energía del polo Sur constituye un eficaz tratamiento capaz de resucitar células supuestamente agotadas y desvitalizadas, pero hay que complementar inmediatamente dichas aplicaciones con otras de energía del polo Norte.” O sea, a las células hay que darles un buen empujoncito, pero para que no vayan a alocarse y terminen demasiado aceleradas, apenas comiencen a moverse hay que frenarlas.

Sostienen también que mediante el magnetismo se puede mejorar la circulación sanguínea “porque la sangre contiene hierro, que es atraído por un imán”. Ignoran que la concentración y disposición de los átomos de hierro en las moléculas de hemoglobina es tal que los imanes no actúan sobre la sangre.

Otros, para no tener que complicarse la vida con explicaciones ni exponerse a decir tonterías, tranquilamente afirman que “los imanes no curan. Lo que hacen es devolverle la normalidad al cuerpo, para que el proceso de curación pueda iniciarse por sí solo.” A fin de cuentas, esto no es más que la vieja afirmación de Mesmer de que por el cuerpo corre un fluido magnético muy sutil, que las enfermedades se deben a anomalías en su movimiento, y que para curar al paciente basta restablecer el flujo normal.

Desde luego, no hay una sola evidencia científica de que aplicar imanes a la nariz, las orejas, el cóccix (o bobox, como se diría en maya), las uñas, la nuca o cualquier otra parte del cuerpo cure absolutamente nada ni convierta a los ancianos en jovenzuelos. Las terapias magnéticas se sustentan sólo en afirmaciones ridículas y descabelladas, y en las acostumbradas “pruebas” testimoniales de perfectos desconocidos que dicen haber sido curado con imanes después de que ningún médico pudo con sus males.

A mi amiga lectora —a quien agradezco su confianza— sólo puedo recomendarle que no se deje embaucar por esta charlatanería de dos polos.

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Varita alotropizadora

A ciencia y paciencia de las autoridades del sector salud y la Procuraduría Federal del Consumidor, sigue anunciándose y vendiéndose la llamada celda alotropizadora como un “complemento ideal que permite evitar y/o combatir enfermedades crónicas”. Y los ingenuos que lo creen terminan pagando de seis mil a diez mil pesos por un tubito de latón bañado de oro.

Hace ya un buen número de años que escribí sobre este asunto, pero con él se sigue estafando a incautos, y una amable lectora acaba de escribirme preguntando qué tan efectiva es y dónde puede conseguirse cierta especie de varita mágica a la cual su publicidad le atribuye las más extraordinarias propiedades.

Juan José Morales

La varita mágica, por supuesto, no se anuncia como tal, sino con pomposos nombres seudocientíficos, como desintoxicante celular, celda alotrópica o barra metálica alotropizante. En cualquier caso, se trata de lo mismo: un tubo de latón del cual se dice que contiene en su interior ciertos reactivos no especificados que “generan un microcampo electromagnético, que al entrar en contacto con el agua, cambia la estructura molecular de ésta.”

La tal varita, que por lo visto causaría la envidia de hadas, brujas, magos y hechiceros, pues sería más poderosa y efectiva que cualquier vara mágica de cualquier tamaño, marca o modelo. Tiene —al decir de los anuncios— la extraordinaria propiedad de que si se remoja en agua, le confiere al líquido maravillosas e inimaginables propiedades, especialmente la de prevenir, curar o aliviar una larga, muy larga lista de enfermedades.

Pero eso no es todo. Si quiere usted reír un poco, aquí transcribimos lo que en aquel entonces publiqué en una revista de circulación internacional sobre otras de las tan asombrosas cuanto imaginarias cualidades de la tal varita.

¿Su marido es un bebedor empedernido y fuma como chimenea, o su hijo le roba para comprar drogas? No se angustie. Cómprese un desintoxicante celular, tóquelos suavemente con él cada noche mientras duermen, y adiós problemas, pues el dorado tubito es “la ayuda ideal para resolver los problemas causados por alcoholismo, drogadicción, fármaco-dependencia y tabaquismo, aún sin consentimiento.”

Para un borrachín, en cambio, la recomendación es exactamente al contrario: remojar el desintoxicante celular en el licor antes de beberlo. Le dará sabor y bouquet de finísimo coñac francés hasta al aguardiente más barato y al día siguiente el parrandero amanecerá fresco y despejado, sin el menor síntoma de “cruda”.

¿Fuma usted y le teme al cáncer pulmonar pero no quiere o no puede dejar el vicio? Solución: en sólo 90 segundos “puede alotropizar hasta 14 cigarrillos”, haciendo pasar el desintoxicante alrededor de cada uno. Con ese pase mágico hará esfumarse como por ensalmo hasta el 80% de la nicotina y el alquitrán del tabaco. Así, el humo no irritará a los demás, no dejará malos olores y, por supuesto, el tabaco le hará a sus pulmones lo que el aire a Juárez.

También se recomienda como efectivísimo remedio contra la impotencia sexual, aunque la publicidad omite pudorosamente explicar dónde, cuándo y cómo hay que aplicarlo o introducirlo para lograr una erección.

¿Está cuajado de barros y espinillas? No gaste en cremas, ungüentos o lociones. Se desvanecerán tras tocarlos con la varita —es mágica, ¿no?— tres o cuatro veces durante 20 minutos. Si tiene los ojos irritados por el aire contaminado, aplique a cada uno cuatro o cinco gotas de agua purificada en la cual introdujo previamente la barra desintoxicante y le quedarán frescos, limpios y brillantes. Más todavía: si padece de cataratas, podrá volver a tener vista de águila con ayuda del prodigioso cilindro.

Y así maravilla tras maravilla. Lástima que todo sea tan cierto como las afirmaciones de los merolicos en los mercados.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

QiApi1En algunos anuncios de Internet y artículos de revistas sobre cuestiones metafísicas, esotéricas, naturistas, de belleza y del más allá, se habla de que los productos denominados QTINIA y QIAPI 1 tienen extraordinarias propiedades curativas gracias a que estimulan la fotosíntesis humana. En esos medios de escasa credibilidad se dice que las malévolas compañías farmacéuticas —que no quieren perder sus jugosos negocios de venta de medicamentos — las sabotean y denigran a su inventor, el mexicano Arturo Solís Herrera, autor también de una supuesta batería eterna a base de melanina.

Juan José Morales

De entrada podemos decir que, de medicamentos, el QTINIA y el QIAPI 1 no tienen nada.

Charlatán-SolísHerrera

Arturo Solís Herrera, candidato al Nobel de la charlatanería

Tan es así que no han sido registrados como tales, pese a que Solís Herrera afirma muy campechanamente que “reúnen los requisitos éticos, legales y médicos para ser utilizados en humanos”, y que “nuestros colegas estadounidenses que ya lo utilizan (pero de los cuales no cita el nombre de uno solo), mencionan que QIAPI 1 sirve para todas las enfermedades y algunas hasta las cura.”

Añade que “los resultados terapéuticos obtenidos superan nuestras expectativas, pues por ejemplo la mejoría observada en los pacientes de Alzheimer, Parkinson, Delirio, Insomnio y muchas otras rayan en lo espectacular.” También, en una entrevista que se le hizo para una de tantas revistas que se oponen a la vacunación y promueven los supuestos tratamientos alternativos, aseguró “que la estimulación farmacológica de la fotosíntesis humana disminuye la mortalidad de los enfermos de la gripe Influenza H1N1”. Pero —ya habrá sospechado el lector— en seguida se lamenta que los fabricantes de fármacos contra la influenza saboteen su uso para no dejar de ganar dinero.

Lo que no dice Solís sin embargo, es que nada de lo que afirma ha sido demostrado científicamente ni avalado por ninguna autoridad médica. Calla igualmente el hecho de que el menjurje en cuestión no ha sido aprobado como medicamento por las autoridades sanitarias de ningún país, y que en España la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios ordenó que el QIAPI 1 fuera retirado del mercado porque se comercializaba como poseedor de propiedades para el tratamiento de enfermedades sin que se hubiera comprobado tal cosa, y además porque se ignora su composición química.

En efecto, del producto de marras, registrado a nombre de Solís y de su empresa Fórmulas Magistrales, SA, no se revela su fórmula. Simplemente se dice que es un “intensificador de la fotosíntesis humana, a los 30 segundos de colocarse debajo de la lengua, el cuerpo inicia la disociación del agua durante unas dos o 3 horas, por lo que se requiere aplicar más o menos con esa temporalidad (dos gotas debajo de la lengua cada 2 o 3 horas) siempre de acuerdo con la respuesta clínica del paciente”. Y agrega que el QIAPI 1 “activa una serie de reacciones bioquímicas que antes se creía solo existían en los vegetales”.

En esa supuesta acción se basan las grandilocuentes afirmaciones de que el QIAPI 1 sirve para todas las enfermedades (suponemos que para aliviarlas o evitarlas) y algunas hasta las cura. Jamás Solís lo ha sometido a las pruebas clínicas y de laboratorio habituales para probar la eficacia de un medicamento. Y por más que se busque en la literatura científica no se encontrará una sola investigación acerca de ese producto, excepto una, del propio Solís, titulado Photoelectrochemical properties of melanin, que apareció en la revista Nature Preceedings. Pero se trata de una revista no arbitrada —es decir, cuyos artículos no se someten previamente a revisión por especialistas—, en la cual se da cabida a trabajos de cualquier tipo y calidad, incluso preliminares y meramente especulativos.

Realmente, no sé por qué Don Arturo no ha sido propuesto para el Premio Nobel de Medicina de haber creado un medicamento eficaz contra todas y cada una de las enfermedades pasadas, presentes y futuras. La famosa panacea universal. Pero por nuestra parte, le otorgaríamos el Nobel de la Charlatanería. Y a nuestro amigo lector, le sugerimos que no tire su dinero a la basura comprando los inútiles productos de marras.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Como cada año, en esta época muchos medios informativos dedican amplios espacios a las predicciones de los llamados videntes, astrólogos, adivinos, tarotistas, cartomancianos, brujos o como quiera llamárseles. Por eso bien vale la pena dar una repasada a lo que pronosticaron para 2015 y ver si se cumplió. Y aquí cabe señalar que usualmente tales profecías son lo bastante vagas, generales e imprecisas para poder acomodarlas a cualquier suceso ligeramente parecido. Pero cuando intentan ser concretos y precisos… ahí es donde la puerca tuerce el rabo, como reza el dicho popular.

Juan José Morales

Doña Mhoni —una guapetona pitonisa estrella de Televisa, a cuyos vaticinios suele dar mucha difusión—, aseguró por ejemplo que 2015 sería “un año de muchos cambios políticos, y los partidos pequeños brillarán y los grandes perderán fuerza, veo que un gran líder de nuestro país morirá de un infarto… las mujeres volverán estar en el poder y ganarán tres estados…habrá dos grandes sismos uno saliendo del Pacífico hacia el centro del país de 6.9 en los primeros meses del año antes de semana santa, y otra (sic) que será muy cerca de la ciudad de México de 7.0 y este también en los meses de otoño los dos sismos serán en el medio día o casi las tres… en cuestiones de ciclones o huracanes veo que llegarán más por el Atlántico para ser más precisos veo tres, dos en el Atlántico uno de categoría 4 y otro de categoría 3…”

No es por ingenuidad que las cadenas de radio y televisión difunden año tras año con tanto entusiasmo las supuestas predicciones de charlatanes como el llamado Brujo Mayor, aunque nunca se cumplan. Es una buena manera de distraer a la gente de los verdaderos problemas nacionales y contribuye a lo que podría llamarse analfabetización de la audiencia.

No es por ingenuidad que las cadenas de radio y televisión difunden año tras año con tanto entusiasmo las supuestas predicciones de charlatanes como el llamado Brujo Mayor, aunque nunca se cumplan. Es una buena manera de distraer a la gente de los verdaderos problemas nacionales y contribuye a lo que podría llamarse analfabetización de la audiencia.

Sobra decir que ni murió ningún gran líder, ni hubo tres gobernadoras, ni ocurrieron los tales sismos, y la temporada de huracanes en el Atlántico fue tan tranquila que no nos llegó ni uno.

Que doña Mhoni no dé una en augurios tan importantes y concretos, no tiene sin embargo la menor importancia para Televisa, que la presenta como “una de las videntes más famosas que tenemos en México y países de habla hispana ya que es de las pocas que han acertado ¡en todo!”. Y al despuntar el año, ya estaba difundiendo sus predicciones para 2016 —tomándole el pelo al público, sería mejor decir— a través de sus televisoras, revistas y servicios informativos. Después de todo, es una buena manera de desviar la atención de los problemas reales.

Otro personaje casi deificado por los medios de información en materia de predicciones y vaticinios, es un tal Antonio Vázquez Alba, quien se colgó a sí mismo el rimbombante título El Brujo Mayor.

Según este individuo, en 2015 México viviría “las elecciones más sangrientas de su historia” y en Guerrero el clima político sería tal que no podrían realizarse las elecciones. Tajantemente afirmó: “No se van a llevar a cabo elecciones en Guerrero, absolutamente seguro, esto dicen las cartas”. En materia económica, sus predicciones no podrían ser más optimistas. Habrá —aseguró— una mejoría “verdaderamente increíble”, y añadió: “México va a tener un clima extraordinario económicamente, desde luego que va a haber muchos problemas que resolver y los tendrá que resolver el gobierno presente y creo que los va a resolver con total éxito”, pero en 2015 México va a vender más y se va a volver “el mercado más impresionante del planeta”.

“México —sentenció— se va a convertir este año en el centro del comercio internacional”.

Sin embargo, año tras año, las predicciones fallidas se olvidan, y tranquilamente diarios, revistas, televisoras y estaciones de radio vuelven a dar cabida a los vaticinios de esos personajes. Así, al igual que los de doña Mhoni, el 6 de enero, ya estaban siendo ampliamente difundidos los pronósticos del sedicente brujo para 2016, entre ellos que será un buen año para México desde el punto de vista económico, y que El Chapo Guzmán no volvería a prisión, “porque si lo agarran, seguro lo matan… Ya están avisadas las policías y el Ejército de que lo maten. No se van a arriesgar por tercera vez a que se les pierda. No lo van a detener”. Apenas dos días después El Chapo volvió a la cárcel y se desató una crisis económica con el desplome de la cotización del peso y de los precios del petróleo.

De modo, pues, que en vista de los fracasos ajenos, he optado por hacer mis propias predicciones basadas en la posición de los astros respecto al centro galáctico y las metainfluencias arqueocósmicas. Pueden los lectores tener la absoluta certeza de que se cumplirán: 1.- Peña Nieto meterá la pata en algún discurso o entrevista. 2.- Seguirá disminuyendo el poder de compra de los mexicanos. 3.- Mucha gente seguirá creyendo en los vaticinios de astrólogos y adivinos y dejándose estafar por ellos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Desde luego, la música puede tener un efecto relajante y contribuir a aliviar la tensión nerviosa y las preocupaciones. Pero de ahí a afirmar que con ella se logra purificar el agua y el aire, desintoxicar el organismo, proteger a los seres humanos de maléficas radiaciones y hasta prevenir y curar enfermedades, media un abismo. Sin embargo, algún vivales inventó una nueva forma de sacarle dinero a la gente con ese cuento, vendiéndole discos de lo que llamó Bio Música.

Juan José Morales

Estas son algunas de las prodigiosas propiedades que se le atribuyen a la llamada Bio Música. De más está decir que se trata de charlatanería pura. Se requiere ser extremadamente ingenuo para suponer que las ondas musicales podrán purificar el aire. Y por supuesto no pueden revitalizar el agua por la sencilla razón de que el agua no tiene vida.

Estas son algunas de las prodigiosas propiedades que se le atribuyen a la llamada Bio Música. De más está decir que se trata de charlatanería pura. Se requiere ser extremadamente ingenuo para suponer que las ondas musicales podrán purificar el aire. Y por supuesto no pueden revitalizar el agua por la sencilla razón de que el agua no tiene vida.

En un lenguaje grandilocuente, cuajado de términos científicos y lo bastante enredado para impresionar a los ingenuos, la Bio Música se define como “un proceso único e innovador de tratamiento de frecuencias que pone en concordancia campos de frecuencias audibles e inaudibles para crear Campos Unificados de Ondas Sonoras beneficiosas (CUOS). Estos campos ayudan a restaurar y fortalecer el equilibrio natural de las fuerzas vitales en todo organismo vivo (humanos, animales, plantas) así como en la cualidad biótica de todo tipo de ambientes (aire, agua)”.

¿Cómo actúa la Bio Música sobre los seres vivos? Sencillísimo: “Los CUOS se propagan por el agua, transmisor sutil de comunicaciones vitales. El agua se encuentra en todas partes: en el ambiente, en el aire, y así mismo en todo organismo viviente y actúa como conductor de información, a través de la mediación del vacío físico acuoso (sic). Sin embargo, el agua es un vector frágil porque ciertas informaciones pueden alterar su estructura ‘hexamerica’ (resic) y, así, sus propiedades beneficiosas. Consecuentemente, el agua posibilita la transmisión de informaciones en el cuerpo, algunas podían tener una influencia negativa.” Pero con la Bio Música no existe ese peligro, porque “cuando un CD de Bio Música está sonando, las frecuencias de los CUOS, que se transmiten a través del agua en el aire y en el cuerpo, envían información positiva revitalizante al agua, lo que ayuda a que ésta se mantenga en un estado de armonía. Al mismo tiempo, ayuda a neutralizar los efectos negativos de ciertas frecuencias. Eso ayuda para recuperar y mantener un estado general de bienestar.”

Al “revitalizar el agua”, se logra “un mejor drenaje, hidratación y desintoxicación del organismo”. No sólo eso. También, la Bio Música “purifica el aire ambiental revitalizando el agua contenida en el aire, restaurando en él una mejor calidad vibratoria.”

Y no hay que esperar por los resultados. La Bio Música “actúa instantáneamente y simultáneamente, revitalizando el agua potable, el agua contenida en las personas, animales, plantas, comida y bebida y en el aire ambiental… y protegiendo de toda forma de contaminación electromagnética de las antenas, los teléfonos móviles, ordenadores, WIFI, las televisiones…”

En suma, una chulada de música. Lástima que las maravillas que se le atribuyen no sean más que palabrería hueca y disparatada, sin sustento alguno, aunque no falta la acostumbrada afirmación de que todo ello ha sido comprobado científicamente: “Los efectos beneficiosos de Bio Música —dice su publicidad— han sido demostrados por varios experimentos científicos por expertos independientes reconocidos. También, se pueden demostrar mediante pruebas específicas que han sido llevadas a cabo por los creadores del proceso ante cientos de personas, con un porcentaje de resultados positivos de prácticamente el 100%. Estas pruebas muestran, a veces de manera espectacular, un aumento en el nivel vibratorio y una mejora de las cualidades vitales de una persona, el lugar y el agua.”

¿En qué consistieron los tales experimentos? ¿Dónde y cuándo fueron realizados? ¿En qué revistas científicas se publicaron los resultados? ¿Quiénes son esos “expertos independientes reconocidos”? ¿Dónde, cómo y cuándo fueron las pruebas? ¿Qué cualidades vitales mejoraron? ¿Cómo se midió esa mejoría? No se dice una palabra sobre ello.

En síntesis: escuchar Bio Música quizá resulte placentero. Pero afirmar que con ella se puede purificar el agua y el aire, fortalecer las defensas del organismo, protegerse de radiaciones de cualquier tipo y mejorar la salud de las plantas, es tan sólo una superchería, un timo más para estafar incautos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Mucha gente prefiere usar los llamados medicamentos tradicionales porque —se dice— son naturales y por lo tanto más sanos y seguros que las medicinas de patente. Pero la realidad es muy diferente. En un reciente estudio hecho en Australia, se sometió a análisis cierta cantidad de productos tradicionales chinos comprados en diferentes tiendas naturistas para determinar si contenían metales pesados, sustancias tóxicas de otro tipo o productos animales diferentes a los que dice el fabricante. Resultado: el 92% de ellos contenía al menos algún contaminante.

Juan José Morales

Medicamentos tradicionales chinos. Los análisis químicos han mostrado que no son tan naturales como se dice. Hace algunos años, otro estudio similar, realizado en Canadá, arrojó resultados semejantes para los productos de la medicina ayurvédica importados de la India, el 20% de los cuales resultaron contaminados con metales pesados, en algunos casos con cantidades que los volvían peligrosos.

Medicamentos tradicionales chinos. Los análisis químicos han mostrado que no son tan naturales como se dice. Hace algunos años, otro estudio similar, realizado en Canadá, arrojó resultados semejantes para los productos de la medicina ayurvédica importados de la India, el 20% de los cuales resultaron contaminados con metales pesados, en algunos casos con cantidades que los volvían peligrosos.

Antes de continuar, conviene precisar que los medicamentos tradicionales chinos contienen sustancias tanto de origen vegetal como de origen animal —incluso de especies amenazadas de extinción— tales como polvo de cuerno de rinoceronte, huesos de tigre o vesícula de oso. De hecho más que medicamentos se les puede calificar de pociones mágicas, puesto que se basan en las creencias precientíficas de la existencia de una fuerza vital que puede transmitirse al hombre si se ingieren productos elaborados con plantas o partes de animales que presenten alguna semejanza con el cuerpo o con órganos humanos, o que realicen ciertas funciones.

Señala el informe sobre el estudio, que aunque no en todos los casos se logró identificar plenamente los compuestos extraños encontrados en el producto, resultó evidente que no correspondían a lo indicado en la etiqueta. De 44 productos analizados —dice el informe— en 30 se hallaron sustancias distintas a lo marcado en los envases, y la mayoría contenía materiales que sólo servían para dar más volumen al producto.

A juicio de los investigadores, la contaminación con metales pesados tales como arsénico, cadmio y plomo, puede haber sido accidental debido a deficientes métodos de producción, o deliberada, para producir un efecto supuestamente curativo. Pero, sea cual sea el origen de la contaminación, las cantidades encontradas en algunos casos fueron lo bastante altas como para provocar efectos nocivos en el paciente.

Todavía hay más: se encontraron medicamentos de patente que habían sido añadidos a los supuestos medicamentos tradicionales. Esta adulteración dicen los autores del estudio, sin duda tiene el propósito de lograr verdaderos efectos curativos o lograr que el paciente experimente una sensación de bienestar que atribuiría al medicamento tradicional.

La mitad de los productos de la medicina tradicional china que fueron analizados contenían warfarina, dexametasona, diclofenaco, ciproheptadina y paracetamol. Ninguno de estos compuestos aparecía en la etiqueta, y su inclusión podría causar serios problemas de salud a los pacientes. La warfarina, por ejemplo, sirve para adelgazar la sangre. Se emplea, bajo prescripción médica y en dosis cuidadosamente controladas, para disolver coágulos o evitar su formación. Si alguien la ingiere sin control, puede sufrir graves hemorragias. La dexametasona, a su vez, es un esteroide que tiene muchos efectos colaterales. El diclofenaco, aunque de uso relativamente común como analgésico y antiinflamatorio, también causa reacciones serias en algunas personas, como fiebre, dificultades respiratorias, trastornos cardíacos e incluso sangrado gastrointestinal. No se recomienda para mujeres embarazadas. Y así por el estilo con las demás sustancias.

Los investigadores que realizaron este estudio señalan que a menudo a los suplementos alimenticios destinados —según sus fabricantes— a mejorar la salud, se les añaden estimulantes del tipo de la efedrina para que su efecto haga que el consumidor se sienta más sano y vigoroso.

De modo, pues, que no le digan, que no le cuenten. Los supuestos medicamentos tradicionales chinos no siempre son tan naturales como se dice, y al parecer sus fabricantes tienen tan poca fe en las propiedades que se les atribuyen, que para tratar de hacerlos efectivos, les añaden medicinas de patente.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

En México y otros países, se venden actualmente por Internet las llamadas —así, en inglés— Herbal Womb Detox Pearls, o perlas vaginales herbales Detox, las cuales se introducen en la vagina y supuestamente sirven para “limpiar el útero y devolverle su equilibrio”. Pero ni son perlas, ni limpian el útero ni le devuelven equilibrio alguno. Por lo contrario, pueden poner en grave riesgo la salud de quienes las usen.

Juan José Morales

Estas llamadas perlas, en realidad son pequeñas bolas de hierbas aromáticas envueltas en una malla o redecilla. Según su publicidad, son desintoxicantes. Si se introducen tres de ellas en la vagina y se dejan ahí por uno, dos o un máximo de tres días, como recomiendan sus fabricantes, ayudarán a eliminar las toxinas que pudieran haberse acumulado en esa parte del organismo.

Estas son las llamadas perlas vaginales desintoxicantes, que de perlas sólo tienen el nombre. Son pequeños paquetes de hierbas aromáticas cuya composición, por lo demás, se desconoce ya que, por no ser medicamentos, no están sujetas a los rigurosos escrutinios de las autoridades sanitarias. Es más: se venden sin control alguno y nunca se han hecho estudios médicos para determinar sus efectos.

Estas son las llamadas perlas vaginales desintoxicantes, que de perlas sólo tienen el nombre. Son pequeños paquetes de hierbas aromáticas cuya composición, por lo demás, se desconoce ya que, por no ser medicamentos, no están sujetas a los rigurosos escrutinios de las autoridades sanitarias. Es más: se venden sin control alguno y nunca se han hecho estudios médicos para determinar sus efectos.

Igualmente, se dice que “ayudan a corregir” problemas tales como quistes de los ovarios y la endometriosis, que es un crecimiento anormal de tejido fuera del útero. Un tipo especial sirve, al decir de la publicidad, para vigorizar o reforzar la vagina, volviéndola más apretada, con lo cual el canal vaginal se estrecha y durante la penetración aumenta el placer sexual, tanto del hombre como de la mujer. Y hay incluso unas que, dicen los anuncios, han sido especialmente proyectadas para ayudar a combatir la vaginosis bacteriana.

Los fabricantes, sin embargo, tienen buen cuidado —para eludir cualquier responsabilidad— de decir que no son medicamentos sino un “tratamiento holístico” y una “alternativa herbal naturista sobre cuyo uso las mujeres pueden decidir de manera conciente e informada”. Dicen asimismo que ellos —los fabricantes de las falsas perlas— no son profesionales de la medicina y que las mujeres que deseen usarlas deberían buscar consejo de su médico. En otras palabras: quien las use lo hará bajo su propio riesgo, y si le ocasionan algún problema, es asunto suyo, no del fabricante.

Pero difícilmente un médico recomendaría a ninguna mujer meterse en la vagina semejante amasijo de hierbas, pues como sabe cualquier ginecólogo, la vagina se limpia por sí sola. No necesita productos “desintoxicantes”. Contiene además bacterias inofensivas que le sirven de protección —al igual que las hay en otros muchos lugares del organismo— y las llamadas perlas pueden convertirse en focos de infección al acumular bacterias de otro tipo, realmente dañinas, capaces de provocar serios trastornos.

Por ejemplo, vaginosis bacteriana, que como su nombre indica, es una infección causada por bacterias, o la candidiasis, la cual se debe a la proliferación de hongos de la especie Candida albicans. En casos extremos, si la infección es muy severa, puede presentarse el llamado choque tóxico, muy difícil de tratar y a menudo mortal. Este problema, dicho sea de paso, se ha observado en mujeres que se dejan insertado por mucho tiempo un tampón.

En condiciones normales, repetimos, la vagina no necesita limpieza alguna. Es como esos hornos que eliminan la cochambre por sí mismos. Cualquier anomalía, como sangrado, enrojecimiento de la vulva o parte exterior de la vagina, mal olor, secreciones abundantes y espesas, ardor, irritación o comezón, no es señal de la presencia de toxinas, sino de una infección, y hay que acudir de inmediato al médico.

En cuanto a las afirmaciones sobre el estrechamiento de la vagina, tal efecto sólo podría lograrse con sustancias cáusticas o que provoquen deshidratación, que por supuesto resultan peligrosas.

De modo, pues, amigas lectoras, que no les digan, que no les cuenten. Meterse perlas herbales en la vagina puede acarrearles una grave y quizá mortal infección.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx