El Centro Cultural Helénico presenta El misántropo o el violento enamorado de Jean-Baptiste Poquelin Molière. Silvia Navarro y David Hevia encabezan el reparto, la dirección es de David Olguín y la adaptación de Carmina Narro. Esta es una singular comedia con un protagonista muy particular, el antihéroe Alceste, de psique abstrusa y temperamento pesado, perturbador.

Por Guillermo Velasco Tapia

Molière está catalogado como un moralista. Con sus obras intentó corregir las pasiones humanas para liberar a los jóvenes de prejuicios sociales y falsas concepciones sobre la decencia, el decoro y la honestidad. Su fin último fue “hacer reír a la gente honrada”. Su teatro se caracteriza por hacer una crítica encarnizada a la clase dominante (la corte francesa) de su tiempo.

 

Los personajes marginales arrastrados por sus obsesiones, condenados, de antemano, al infortunio y la desgracia, fascinaron a Jean-Baptiste (Las preciosas ridículasEl burgués gentilhombreEl enfermo imaginarioDon JuanTartufoMédico a palos, El avaro). Aristóteles dijo en su Ética nicomáquea: El camino a la felicidad está en encontrar “el justo medio”. Lo mejor es ser liberal, mientras la prodigalidad y la avaricia nos desvían de la meta idílica.

 

El destino de un misántropo es el aislamiento o el exilio. El personaje nació perdido por representar un extremo de la pasión (el odio al hombre), su opuesto es la filantropía. El justo medio está en no amar ni repudiar a nuestros semejantes de manera rotunda. Dostoyevski captó bien este sentimiento en Los hermanos Karamázov…un médico… …Me decía: «…cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular…» Otro ejemplo lo da José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera: …divididas, ellas, entre el deber clásico de humana solidaridad y la observancia… …de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

 

Alceste se engaña, se percibe a sí mismo como un ser humano de valores encumbrados, de actitudes impecables e irreprochables. La distancia entre sus ideas y sus acciones es muy grande. Se comporta, con sus semejantes, como un déspota, un soberbio y un arrogante. El oficio y mañas de Molière nos hacen creer que el misántropo alberga sentimientos puros y sinceros. El personaje mismo nos informa sobre su odio por lo superficial, la simulación, la hipocresía y la gran farsa que es la sociedad. Sus condenas son acertadas, pero él no logra ser mejor que sus adversarios pues sus enormes defectos lo dominan. No es posible clasificarlo como un ser virtuoso y lleno de cualidades. Es un excéntrico, un inadaptado.

 

Una persona bondadosa hubiera buscado a sus pares, a sus iguales o, al menos, a seres con sentimientos parecidos a los suyos, y con ellos se hubiera relacionado. Su percepción desequilibrada no sabe diferenciar entre la hermosura física y superficial y la belleza del alma y del espíritu.

 

Alceste confunde la franqueza, la honestidad, la nobleza y la rectitud con la grosería, la necedad, la intolerancia y la saña. Es impensable e inaudito que un verdadero y sincero enamorado insulte, censure y agreda al objeto de su amor. Otelo sólo lo hace cuando Yago ha conseguido desquiciarlo. Alceste sustituye la ternura, la delicadeza y las buenas maneras que le debe a Célimène por dudas injustificadas, caprichos y escandalosos reclamos. Llama la atención que ella, de buen grado, lo soporta todo.

 

¿Cómo concibió, Jean-Baptiste, a su personaje? Muchas veces los grandes autores  transfieren sus problemas personales a la escena, usando al personaje principal como un álter ego. O se pudo inspirar, también, en alguno de los tipos retrógrados que deambulaban por la corte de Luis XIV. Su biografía nos inclina a lo primero: Molière creó El misántropo cuando fue abandonado por su esposa Armande Béjart, quien sirvió de modelo para Célimène.

 

Esta hermosa mujer es agradable, solícita y amable con Alceste. Ser superficial, frívola y banal es su verdadera naturaleza, le encanta ser el centro de atención de un grupo de cortesanos (a los que desprecia en privado). Es la encarnación misma de la sociedad que el misántropo repudia. Célimène, mientras está en compañía de sus pretendientes, profiere y suscribe los comentarios más ácidos, burlones e hirientes. Es criticona, cínica y descarada, oculta muy bien sus verdaderas intenciones. Casi al final se descubre que es una coqueta que disfruta manipulando a todos sus galanes (incluido el misántropo). Lo cierto es que, con los otros, nunca va más allá de un leve flirteo. Con Alceste se permite un acercamiento más íntimo, aunque sin llegar ni a un pequeño beso.

 

Para tratar de entender a Célimène es necesario compararla. Si lo hacemos con Anna Karenina, vemos que en ésta una pasión amorosa auténtica y muy intensa provoca sus “faltas” hasta llevarla al suicidio. Por otro lado Madame Bovary desea fervientemente ocupar un lugar muy parecido a Célimène (ser el punto de atracción en una corte). Al darse cuenta que nunca pasará de ser una modesta provinciana (con nulas posibilidades de éxito) prefiere el suicidio. En contraste cuando Célimène es desenmascarada y exhibida públicamente, el tomar una decisión desesperada ni siquiera pasa por su mente, no sufre el menor remordimiento y menos le llega una iluminación que la haga entrar en razón. Sus pecados son veniales al lado de los de Anna y Bovary, pero su inconsciencia es más alarmante. Su frialdad y maldad son mucho mayores.

 

El desenlace de esta obra es muy peculiar y curioso. Los cuatro aspirantes se percatan de que todo es un juego, donde Célimène se divierte manejándolos. Alceste (confirma que es un cabezadura) le ofrece el perdón siempre y cuando ella se retire a un desierto a vivir con él. Ella rechaza esta propuesta pues poco le importa el misántropo y con desfachatez afirma que no renunciará a la sociedad por él. Alceste amargado, desdeña de manera grotesca a Elianta, que es ya la enamorada de Filinto. Nuestro antihéroe reniega por vez postrera de la raza humana destilando toda su acrimonia.

 

En el público queda un dejo de molestia e incomodidad ¿Realmente presenciaron una comedia? Rieron bastante a causa de las situaciones ridículas que envolvieron a los personajes, pero no por el carácter festivo de los mismos. Aquí hay una diferencia fundamental con la conclusión de Las preciosas ridículas El burgués gentilhombre, donde los protagonistas, puestos en evidencia, aborchornados, vencidos, convertidos en el hazmereír, aceptan tácitamente su derrota agachando la cabeza. Gesto que en automático los salva. En cambio ni el misántropo ni Célimène admiten su fracaso, lo peor de todo, es que ni siquiera se dan cuenta que han fallado. Lo que los pierde para siempre.

 

Lo común en este género es un último cuadro idílico y hermoso donde todo es felicidad. ¿Entonces en El misántropo estamos ante un final abierto muy moderno y contemporáneo? Lo cierto es que el destino de los protagonistas no se cierra: no encuentran su lugar en el mundo. Las posibilidades convencionales serían:

1.-Que reciban un castigo por sus faltas.

2.-Que muy acongojados y humildes aprendan su lección. (Opciones moralinas).

3.-Que una fuerza suprema (Dios o el destino) los cimbre para hacerlos entrar en razón o los arrase definitivamente.

4.-Y por último, lo más loable sería, que Célimène y Alceste, gracias a su consciencia, inteligencia y libre albedrío, descubran y entiendan sus propios errores, los corrijan y rediman sus vidas.

 

Esto es lo más triste y desconsolador, ninguno de los dos aprendió ni entendió nada y siguen empecinados en sus mismas ideas. El mensaje indirecto e inconsciente de Molière es que estamos solos y desvalidos en el universo, nada ni nadie puede ayudarnos, menos salvarnos. Ni siquiera nuestra propia inteligencia. Célimène simplemente cambiará de círculo social y empezará a dejarse cortejar por otro conde, por otro marqués, sin el menor cargo de consciencia. Y el misántropo encaprichado y virulento se alejará todavía más de la sociedad, pensando que ésta lo ha traicionado y que nada relacionado con el Hombre vale la pena.

 

Sólo queda una duda por responder: ¿Molière descargó de manera visceral, en esta pieza, toda la amargura y el desencanto que le produjo el ser abandonado por Armande Béjart? ¿No fue capaz de controlar esos sentimientos? ¿O, por el contrario, fue tan gran dramaturgo que manejando a su gusto este percance lo utilizó como una fuente insuperable de material y así creó una pieza de teatro genial? Lo que se puede afirmar es que El misántropo es un monstruo nacido de las entrañas de Jean-Baptiste Poquelin Molière.