Los fabricantes de cosméticos han encontrado una nueva veta para explotar las ansias de las mujeres —y de no pocos hombres— por mantenerse siempre jóvenes, detener el envejecimiento y hacer desaparecer las arrugas: les hacen creer que tales maravillas pueden lograrse con productos que contienen células madre.

Por Juan José Morales

Así, ofrecen cremas que —según su publicidad— “rejuvenecen la piel desde su interior, activan las células cutáneas y producen colágeno y elastina”, con lo cual el cutis adquiere un aspecto terso y juvenil.

Uno de tales productos, pomposamente llamado Stem Cell 100TM, que en español significa Célula Madre 100TM, se presenta como “un suplemento nutracéutico diseñado para rejuvenecer el cuerpo y atenuar el proceso de envejecimiento, para hacerle sentir a usted mejor y lograr que funcione como una persona joven

Uno de tantos cosméticos que mediante una publicidad engañosa, se hacen pasar por medicamentos capaces de estimular la regeneración de tejidos, fortalecer las defensas naturales del cuerpo y mejorar el funcionamiento del organismo.

Y por si eso fuera poco, añaden los anuncios que el menjurje en cuestión también “ayuda” a conservar en buen estado el sistema cardio-vascular, a mantener en niveles normales los niveles de glucosa en la sangre, la presión sanguínea y el colesterol de la sangre, a mejorar la actividad cerebral y la visión, a fortalecer el sistema inmune —del cual depende la resistencia a las enfermedades— a vigorizar el organismo y así poder realizar una actividad física más intensa, y a mejorar el estado de salud del colon, el páncreas, la próstata y los senos femeninos. Esto último —hay que recalcarlo— es una velada sugerencia de que el ungüento de marras también sirve para evitar el cáncer, pues como se sabe esas partes del cuerpo —colon, páncreas, próstata y mamas— son precisamente las más frecuentemente afectadas por dicha enfermedad.

Y para convencer a los incautos compradores de que esa crema puede obrar tales prodigios, sus fabricantes recurren a una explicación seudocientífica: “Todos tenemos células especiales denominadas células madre adultas que son necesarias para rejuvenecer los tejidos viejos y dañados. Sin embargo, tales células también envejecen. Hasta ahora no había mucho que pudiera hacerse al respecto. Pero Stem Cell 100TM rejuvenece las células madre adultas y su microambiente”. O sea, que con sólo untárselo, una persona puede recobrar la juventud, el vigor, la salud, el buen estado de ánimo y todo aquello que se pierde con la edad.

En realidad, nada de lo que promete la publicidad es cierto. Y para no ser acusados de publicidad engañosa, los fabricantes recurren a la triquiñuela de agregar al final de su larga, farragosa y complicada información, una pequeña advertencia legal de dos líneas en el sentido de que ninguna de las afirmaciones que en ella se hace ha sido comprobada por las autoridades sanitarias y que el producto no sirve para prevenir o curar ninguna enfermedad.

Y no se crea que sólo oscuros fabricantes de cosméticos le toman el pelo a las mujeres con publicidad engañosa sobre células madre. Lo hacen también empresas famosas como Lancome, una filial de la no menos famosa compañía L’Oreal, a la cual en septiembre del año pasado la División de Inspección, Verificación, Ejecución e Investigaciones Criminales de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos envió una advertencia sobre la publicidad de una serie de cremas que comercializa bajo la marca general Genefique, de las cuales asegura que “estimulan la actividad de los genes y la producción de proteínas juveniles… mejoran la condición alrededor de las células madre, estimulan la regeneración celular para reconstruir la piel con mejor densidad… reducen significativamente las arrugas de la piel dañada por los rayos ultravioleta… ayudan a restaurar el colágeno”, etc. Tales productos, señala la carta de advertencia, no han sido declarados efectivos y seguros por expertos calificados para los usos que se mencionan, y en todo caso, de ser cierto ello, deberían registrarse como medicamentos y no simplemente como cremas embellecedoras, afeites o maquillajes.

No hay, pues, que creer la mañosa publicidad de cosméticos que afirman tener extraordinarias propiedades rejuvenecedoras que hasta ahora jamás han sido probadas en pruebas clínicas con seres humanos ni comprobadas ante las autoridades sanitarias.

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El pasado 7 de enero, la Suprema Corte de Estados Unidos tomó una decisión trascendental para la ciencia: rechazó una petición en el sentido de prohibir al gobierno de aquel país financiar investigaciones sobre células madre embrionarias de origen humano.

Pero antes de seguir adelante conviene precisar que tales células son aquellas presentes en los primeros cinco días de vida de un embrión. Son todavía células indiferenciadas y —como dicen los científicos— pluripotenciales. Es decir, tienen la capacidad de convertirse en cualquiera de los 200 tipos diferentes de tejidos que tiene el organismo humano, y por lo tanto en principio a partir de ellas se podría reparar cualquier órgano dañado, e incluso formar uno nuevo.

Por Juan José Morales

Las células madre embrionarias o pluripotenciales se obtienen de los llamados blastómeros o blastocitos, que son embriones de no más de cinco días. En esa etapa son sólo una masa amorfa constituida por entre 50 y 150 células indiferenciadas, como se muestra en la imagen.

No se necesita mucha imaginación para darse cuenta de las inmensas posibilidades que ofrece la manipulación de células madre embrionarias para tratar un sinfín de enfermedades. Lo mismo trastornos cardiovasculares que cáncer, mal de Parkinson, diabetes, enfermedad de Alzheimer y otros muchos padecimientos. Se podría asimismo tratar casos graves de quemaduras haciendo crecer nueva piel, o regenerar nervios destruidos, con lo cual personas paralíticas por esa razón podrían volver a caminar o utilizar miembros inmovilizados. Se podría igualmente olvidarse de los trasplantes de órganos, ya que en lugar de ello se haría crecer uno nuevo.

Sin embargo, ciertos grupos religiosos se oponen al uso de dichas células con el argumento de que un embrión “tiene alma” y por lo tanto debe ser respetado. Aunque aquí cabe precisar que los embriones de los cuales se obtienen las células madre no son producto de abortos deliberados sino espontáneos o sobrantes de prácticas de fecundación artificial. Y aquí conviene precisar también que en esa etapa inicial de su desarrollo, en la cual se conoce como blastómero o blastocisto, el embrión es sólo una masa amorfa de 50 a 150 células, todas iguales, sin la menor apariencia de un ser humano, y ni siquiera con esbozos de nervios o cerebro.

Por presiones de esos grupos, en 1996 un par de congresistas norteamericanos, Roger Wicker y Jay Dickey —este último famoso por asegurar que en su distrito no había homosexuales— introdujeron una enmienda al presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud en la cual se especificaba que no podrían destinarse fondos a actividades que comprendan “la creación de embriones humanos con fines de investigación, ni a investigaciones en las cuales un embrión humano sea destruido, descartado o expuesto a sufrir daño o morir.” La prohibición se había venido manteniendo año tras año sin que los demás congresistas se atrevieran a eliminarla por miedo a los grupos religiosos fundamentalistas.

Eso significó un gran atraso, sobre todo porque la medida estimuló a otros gobernantes en Europa para hacer lo propio. Pero el actual presidente Obama, durante su primer mandato, revirtió la decisión de Bush y volvieron a fluir los fondos gubernamentales para tales estudios.

Los conservadores contratacaron con una demanda ante la Su-prema Corte pidiendo que se reimplantara la prohibición de financiar las investigaciones, argumentando que se violaba lo que se ha dado en llamar Ley Dickey-Wicker, aunque en realidad no es una ley puesto que nunca fue discutida y aprobada como tal, sino un simple añadido al presupuesto. Fue al parecer con base en ello que, como decíamos, el pasado 7 de enero el alto tribunal decidió no aceptar la demanda. Así, el gobierno federal podrá seguir destinando fondos a las investigaciones.

A no dudarlo, ello contribuirá de manera muy importante a lograr grandes avances en materia médica. En una declaración sobre el fallo de la corte, la Asociación de Colegios Médicos de Estados Unidos subrayó que “esta es una muy buena noticia para los pacientes”, pues “la investigación con células madre embrionarias, realizada bajo rigurosas normas y principios éticos, es muy prometedora en la búsqueda de curas y tratamientos para una diversidad de enfermedades que ahora son incurables o intratables. Una vez eliminadas las barreras legislativas, regulatorias y legales para tales investigaciones, podrán materializarse sus grandes posibilidades.”

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