Por mucho tiempo se ha dado por sentado, pues existe abundante información arqueológica y botánica al respecto, que México es el centro de origen del chile —el de la especie científicamente denominada Capsicum annum y del cual existen numerosas variedades—, como lo es también del maíz, el frijol, la calabaza, el aguacate, el cacao y otras plantas que hoy forman parte de la dieta de muchos millones de personas. Lo que no se ha podido establecer con precisión, es en qué región de México surgieron las plantas silvestres de chile que fueron posteriormente domesticadas por los agricultores.

Por Juan José Morales

Del maíz y el frijol, en cambio, se tienen sólidas evidencias de que su cuna fue el occidente de México, en tanto que la calabaza y el aguacate, según todos los indicios, se originaron en la península de Yucatán, y del cacao se tiene la casi total certeza de que proviene de la región de Tabasco y Chiapas.

Algunas de las numerosas variedades de chile de la especie Capsicum annum. Son resultado de miles de años de cultivo y selección desde que anónimos labriegos del noreste de México y de la región de Tehuacán en Puebla comenzaron a domesticar las plantas silvestres que dan este picante condimento, el más ampliamente cultivado en el mundo.

Sobre el chile había mucha incertidumbre, aunque los datos científicos parecían apuntar hacia el noreste de México como su región de origen. Sin embargo, un reciente estudio permite suponer que el cultivo de este condimento —el más ampliamente utilizado actualmente en todo el mundo— comenzó en la porción oriental del país, en una región que abarca desde el sur de Puebla y el norte de Oaxaca hasta el sureste de Veracruz y que ahí, obviamente, era donde existían las plantas silvestres que fueron domesticadas. Aunque ello no descarta que también hubiera comenzado a cultivarse aproximadamente en la misma época en el noreste.

Así se dice en un informe de investigadores de la Universidad de California encabezados por Paul Gepts, que apareció hace unos días en un número de la edición electrónica de la revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences dedicado especialmente a la historia de la domesticación de plantas y animales.

A la conclusión de que fue en esa región del centro de México donde hace siglos algunos anónimos campesinos indígenas comenzaron a cultivar plantas silvestres de chile, se llegó mediante una investigación que comprendió tanto los usuales aspectos genéticos y arqueológicos —esto es, el estudio de restos de plantas hallados en las excavaciones arqueológicas para identificarlas, trazar su evolución y compararlas con las actuales—, como aspectos ecológicos y lingüísticos.

En apoyo de su hipótesis, los investigadores señalan, en cuanto a los aspectos arqueológicos y botánicos, que se han identificado restos de chile de entre siete mil y nueve mil años de antigüedad en sitios de ocupación humana en Puebla. Y, por lo que toca al factor lingüístico, el lenguaje más antiguo en el cual se ha encontrado una palabra para designar el chile, es el proto-otomangueano, que se hablaba cerca del sitio de los hallazgos arqueobotánicos.

A los científicos les interesa mucho saber cómo y dónde se iniciaron los procesos de selección y cultivo de especies silvestres. No tanto por satisfacer su curiosidad o por un simple prurito académico, sino —como señala Gepts— porque esa información resulta muy útil para entender mejor la evolución genética de las especies cultivadas. Y a partir de ello, se puede planear mejor el establecimiento de programas de mejoramiento agrícola para obtener variedades más productivas y resistentes a las plagas, y otras capaces de adaptarse al cambio climático, cosa esta última de especial importancia.

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