CarneRojaAlarma mundial provocó el dictamen que recientemente emitió la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde se advierte que las carnes procesadas (embutidos) estarían dentro del tipo de alimentos “carcinógenos para los humanos”. En el mismo anuncio se dijo  que la carne roja (cerdo, vacuno, cordero, cabra) es “probablemente carcinógena”.

Esta clasificación, elaborada por científicos de diez países de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) señala que este tipo de carnes se asocian con una mayor incidencia de cáncer colorrectal y una asociación positiva con el cáncer de estómago.

Sin embargo, no hay que preocuparse demasiado. Esta resolución no debe interpretarse como la prohibición a las carnes roja y procesada, sino como un llamado a la disminución en cantidades y frecuencia de su consumo, señaló la doctora Graciela Caire Juvera, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

Graciela Caire Juvera

Graciela Caire Juvera

La especialista explica que aunque las carnes procesadas estén en el Grupo 1 de la clasificación de la IARC, donde se encuentran las sustancias más peligrosas para la salud, junto con el humo del tabaco, el alcohol, el plutonio, el aire contaminado, el asbesto y las radiaciones ionizantes, ello no significa que tengan la misma peligrosidad.

Se les ubicó en el Grupo 1 porque su consumo diario y en cantidades elevadas sí puede causar riesgo de cáncer de 18% con respecto a las personas que no los ingieren, un porcentaje menor comparado con riesgo que causa el cigarro, el alcohol o el plutonio.

Más información en (Agencia Informativa Conacyt)

Un nuevo mecanismo que permite detener el desarrollo del cáncer de próstata en los hombres ha sido esclarecido por científicos de Mayo Clinic. En el desarrollo de casi todos los casos de cáncer de próstata, es fundamental que ocurran fallas en el receptor de andrógenos, o componente celular que se enlaza a las hormonas masculinas. El equipo de investigación demostró que la proteína SPOP, mutada con mucha frecuencia en el cáncer de próstata humano, es uno de los reguladores principales de la actividad del receptor de andrógenos que previene el crecimiento descontrolado de las células prostáticas y así ayuda a prevenir el cáncer. Los resultados aparecen en la revista Cell Reports (Informes Celulares).
“El descubrimiento de esta nueva e importante vía de la destrucción del receptor de andrógenos, permitirá algún día desarrollar tratamientos más eficaces para una proporción considerable de pacientes con cáncer de próstata que desarrollan resistencia a la terapia antiandrogénica normal”, comenta el Dr. Haojie Huang, bioquímico de Mayo Clinic y autor experto del trabajo.
Las mutaciones de la proteína SPOP se han detectado en aproximadamente 15 por ciento de los casos de cáncer de próstata, y se ha demostrado una presencia anormalmente bajo de la proteína SPOP en alrededor de 35 por ciento de los cánceres de próstata. A pesar de su prevalencia en el cáncer de próstata, el mundo científico no sabía si los defectos de la proteína SPOP contribuían al desarrollo del tumor, ni cómo lo hacían. Este equipo de investigación descubrió que la SPOP es una enzima que destruye selectivamente a las proteínas del receptor de andrógenos; pero cuando no logra hacerlo debido a una alteración en la SPOP, el resultado es una abundancia del receptor de andrógenos, principal regulador del crecimiento de las células del cáncer de próstata.
El equipo de investigación de Mayo Clinic realizó cuatro descubrimientos principales:
• El receptor antiadrógenos es un sustrato de degradación genuino de la SPOP.
• Las variantes de corte y empalme del receptor de andrógenos son refractarias a la degradación mediada por la SPOP.
• Las SPOP mutantes vinculadas al cáncer de próstata no pueden enlazarse al receptor de andrógenos ni promover su degradación.
• Los andrógenos antagonizan, pero los antiandrógenos promueven la degradación del receptor de andrógenos mediada por la SPOP.

El cáncer de próstata ocupa el segundo lugar entre todos los tipos de cáncer masculino y es la segunda causa principal de muerte entre los hombres estadounidenses, con más de 913 000 nuevos casos y 261 000 muertes anuales en todo el mundo. Dada la amplia discapacidad y muerte causada por el cáncer de próstata, uno de los principales objetivos de la salud pública es descubrir nuevos métodos para desarrollar mejores tratamientos.

El receptor de andrógenos es fundamental para el crecimiento y supervivencia normal de las células prostáticas. No obstante, también es importante para el inicio y avance del cáncer de próstata. La terapia de privación de andrógenos, tal como la castración química y/o la terapia antiandrogénica, es el tratamiento principal para el cáncer de próstata avanzado o diseminado; sin embargo, los tumores casi siempre reaparecen dos o tres años después de la respuesta inicial, y dicha recaída se conoce como cáncer de próstata refractario a la castración. El desarrollo de este síntoma refractario a la terapia se vincula a la activación pertinaz del receptor de andrógenos.
Otros autores de este trabajo son el Dr. Jian An, el Dr. Chenji Wang, el Dr. Yibin Deng, y el Dr. Long Yu, todos de Mayo Clinic. La investigación contó con el apoyo de los Institutos Nacionales de Salud y el Centro Oncológico de Mayo Clinic. El Dr. Huang es miembro del Centro Oncológico, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, y del Departamento de Urología de Mayo Clinic.

Descarga aquí el artículo de la revista Cell Reports

Durante más de veinte años han venido corriendo versiones en cuanto a que utilizar un teléfono celular conlleva gravísimos riesgos porque, supuestamente, producen radiaciones capaces de causar tumores cerebrales, cáncer en el cuello y lugares próximos a la oreja, dolor de cabeza, migraña, náuseas, mareos, fatiga generalizada y otros trastornos de mayor o menor gravedad. Incluso, hubo algunas demandas legales —que no prosperaron— de personas que dijeron haber desarrollado cáncer cerebral debido a su uso, y llegó a decirse que en África hubo un explosivo aumento en los casos de ese tipo de cáncer desde que comenzaron a usarse los celulares. Igualmente, se dice que vivir cerca de una torre de telefonía celular es exponerse a peligros semejantes.

Por Juan José Morales

No existen, sin embargo, evidencias concluyentes de que así sea, aunque se han hecho no pocas investigaciones al respecto. Ahora, acaba de darse a conocer un estudio de larga duración realizado en la Gran Bretaña cuyas conclusiones son en el sentido opuesto. Es decir, no se encontró ningún elemento que permita suponer que los celulares aumenten el riesgo de sufrir cáncer o algún daño cerebral.

Carteles como este proliferaron durante una época y llegaron a causar alarma. Sin embargo, los diferentes estudios sobre el particular no respaldan tales afirmaciones.

La investigación duró once años. Estuvo a cargo de científicos del Programa de Investigaciones sobre Telecomunicaciones Móviles y Salud (MTHR según su sigla en inglés), encabezado por el Prof. David Coggon, tuvo un costo de fue 13.6 millones de libras esterlinas (más de 300 millones de pesos) y fue financiado por el gobierno británico y la industria de telecomunicaciones. Esto último, desde luego, podría provocar suspicacias y hacer suponer a algunos que fue manipulado para ocultar información. Sin embargo, todo el tiempo fue supervisado por un comité independiente para garantizar que ninguno de sus patrocinadores pudiera influir sobre la forma en que se desarrolló o sobre las conclusiones a que se llegó.

Pues bien, Dice el Prof. Coggon, después de una exhaustiva investigación, no se encontró ninguna evidencia de riesgos a la salud de los usuarios derivados de las ondas de radio producidas por los teléfonos móviles o sus estaciones de base. Tampoco se encontraron pruebas de que, como afirman algunos, los hijos de mujeres embarazadas que viven cerca de una antena de telefonía celular tengan mayores probabilidades de padecer cáncer en la infancia. “Gracias a esta investigación podemos —agregó el Prof. Coggon— estar mucho más confiados respecto a la seguridad de los modernos sistemas de telecomunicaciones.”

No se crea, sin embargo, que le dio carta blanca a la telefonía celular. Añadió que si bien ahora tenemos menos incertidumbre y mucho menos razones para preocuparnos respecto a esos aparatos, se requieren estudios adicionales para tener plena certeza de la inocuidad de los celulares. Y precisó que “no se puede descartar del todo la posibilidad de que haya algunos efectos a muy largo plazo que todavía no se manifiestan, o algunos efectos muy sutiles que no fue posible detectar en nuestros estudios.”

Para no dejar cabos sueltos, se ha decidido realizar un nuevo estudio, también a largo plazo y más refinado, que comprenderá a cien mil usuarios de teléfonos celulares. Pero por lo pronto, todo indica que ponerse uno de esos dispositivos junto a la cabeza, o vivir cerca de una antena de telefonía celular, no tiene las terribles consecuencias que dicen algunos.

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México está siendo azotado por una epidemia que ocasiona más de 65 mil muertes por año —180 diariamente— y cada vez cobra más vidas, pero a la cual mucha gente parece no prestar importancia o, peor aún, contribuye a agravarla.

Por Juan José Morales

Esa epidemia ignorada es el tabaquismo. Ciertamente, no faltarán quienes consideren exagerado tildarlo de epidemia. Sin embargo, en sentido estricto puede decirse que lo es, afirma el Dr. Juan W. Zinser, médico del Instituto Nacional de Cancerología y presidente del Consejo Mexicano Contra el Tabaquismo, en un artículo publicado en la revista Ciencia, de la Academia Mexicana de Ciencias.

Los pulmones de una de las víctimas de esta epidemia (derecha) comparados con los una persona sana. Son reales y fueron presentados en España en una exhibición sobre los peligros del tabaco en 2007.

Las epidemias —explica—, se caracterizan por tener un vector que las transmite. En el caso del paludismo, por ejemplo, el vector es un mosquito; en la tifoidea, el agua contaminada. En el tabaquismo el vector es la industria tabacalera, que hace llegar los cigarros a todos los rincones del mundo. Y que además, podríamos agregar, estimula su consumo por muchos y muy diversos medios.

Así se propaga ese mal que ya actualmente —prosigue el Dr. Zinser— causa cinco millones de fallecimientos en todo el mundo. Para 2025, se estima que la cifra ascenderá al doble. Esto es, diez millones, de los cuales siete millones en los países del Tercer Mundo, que es donde —como señalábamos en estas páginas hace poco más de un año—, las compañías tabacaleras han incrementado su publicidad y sus ventas para compensar la pérdida de ingresos en las naciones más ricas y desarrolladas, donde la presión de la opinión pública ha obligado a los gobiernos a combatir el tabaquismo.

En este excelente artículo, que recomendamos enfáticamente a nuestros lectores —se puede consultar en Internet en el portal de la Academia Mexicana de Ciencias, donde encontrarán la revista Ciencia—, el autor hace hincapié en que fumar, más que un hábito, es una verdadera adicción ocasionada por la nicotina, y pasa revista a los daños a la salud que provoca.

En primer lugar, cánceres. Y si usamos el plural es porque no causa sólo cáncer pulmonar como usualmente se piensa, sino también otros muchos, ya que los compuestos cancerígenos del tabaco se difunden por el organismo a través de la sangre. Los otros tipo de cáncer asociados al tabaquismo, dice el Dr. Zinser, son de la cavidad oral, labios, garganta, esófago, páncreas, estómago, hígado, colon, vejiga, riñón y cervicouterino, leucemias y linfomas diversos.

Además, los carcinógenos del humo alteran el ADN y ello “explica la gran susceptibilidad de los niños, y mayor aun, la de los bebés en gestación, lo que permite entender el incremento en algunos tipos de cáncer en la niñez y adolescencia en hijos de mujeres que, sin ser fumadoras, estaban casadas con fumadores durante el embarazo”.

Desde luego, también el tabaco provoca trastornos cardiovasculares. Esto se debe a que el humo reduce la oxigenación de la sangre y facilita la agregación de las plaquetas —esas pequeñas células de la sangre que al unirse provocan la coagulación— y por lo tanto propicia la formación de trombos o coágulos que pueden bloquear el flujo sanguíneo. “El tabaco —subraya el autor— es la causa del 60% de los aneurismas de la aorta, y en menores de 65 años responsable de más de la cuarta parte de los infartos al corazón.”

Por si lo anterior —que es sólo un recuento parcial de daños— fuera poco, uno de los efectos más notables del tabaquismo es el envejecimiento precoz, que resulta evidente en las arrugas faciales características del fumador.

Y lo más grave es que quien fuma no sólo se daña a sí mismo, sino a los demás. Los estudios han demostrado que el 5% de las muertes debidas al tabaquismo, o sea 200 mil por año, se presentan en fumadores pasivos, o sea personas que no fuman pero están expuestas al humo de los fumadores. Las medidas para proteger a los no fumadores del humo ambiental —explica el Dr. Zinser— no derivan de una moda o de una actitud intolerante: el humo del tabaco es uno de los contaminantes más peligrosos que existen, más peligroso aún que las emisiones de los automóviles.

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En varias ocasiones —la primera a través de los bienintencionados consejos de la vecina de una persona enferma— he sabido que como remedio “natural” para el cáncer se recomienda beber caldo de zopilote. Y no faltan quienes hacen negocio vendiendo —a muy alto precio— un brebaje del cual afirman que es precisamente caldo de esa ave carroñera, preparado por alguna afamada curandera de Veracruz o de la sierra norte de Puebla.

Por Juan José Morales

Resulta innecesario decir que las supuestas propiedades anticancerosas del caldo de zopilote son absolutamente falsas. Pero no deja de llamar la atención que en estos tiempos, en versiones que circulan por la Internet o en revistas policiacas, naturistas o esotéricas, se hable de él casi exclusivamente como un remedio contra el cáncer, e incluso contra el sida, sin que se mencionen los otros muchos males contra los cuales se ha recomendado durante siglos.

Todo esto viene a cuento porque en una de sus recientes crónicas de Isla Mujeres, mi buen amigo Fidel Villanueva —acucioso y eficaz cronista de la isla— menciona que todavía en el siglo XIX los habitantes de ese lugar, a falta de médico o boticario, recurrían a las peculiares formas de curación recomendadas en el llamado Libro del Judío, un recetario de oscuro origen cuya primera edición al parecer se remonta al siglo XVI. Cita Villanueva a Alice Le Plongeon, quien en compañía de su esposo Auguste pasó un tiempo en la isla realizando exploraciones arqueológicas, y anotó que la obra en cuestión era muy apreciada por los lugareños y transcribe lo dicho en una parte del libro: “para algunas enfermedades, al paciente le es aconsejado cocinar pavo, buitre, con todo y plumas, y beber el caldo”.

No entra la señora Le Plongeon en mayores detalles sobre los padecimientos que así podían aliviarse o curarse, pero en diversos lugares de México todavía al caldo de zopilote se le considera muy efectivo contra la tuberculosis, la rabia y otras enfermedades.

Doña Ramira es —al decir de la información que acompaña a su fotografía en Internet— una curandera veracruzana a quien mucha gente acude para obtener el caldo de zopilote que prepara y del cual, para demostrar que puede beberse sin vomitar, se echa un vaso al estómago frente a la cámara.

Así, en La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México, producto de una investigación de la UNAM, se dice que los totonacos de Papantla, Veracruz, utilizan el caldo de zopilote para proteger a la persona que ha sido mordida por cualquier animal rabioso, y hay quienes afirman que basta beber la sangre de este animal para lograr el mismo fin, en tanto que en Pátzcuaro, Michoacán, los casos de locura se tratan con caldo de zopilote sin sal.

Igualmente, añade el estudio, entre los indígenas purépechas de la región de Pátzcuaro se atiende la lepra comiendo carne de zopilote guisada, y en Maravatío, también en Michoacán, la ingieren en caldo para atender a los que padecen retraso mental o rabia. En Oaxaca, los indígenas triquis recomiendan comer su carne como un buen remedio contra la roña, mientras los diversos grupos étnicos de los Altos de Chiapas la consideran eficaz para curar la rabia y aseguran que ello es posible porque produce fuertes sudoraciones a quien la ingiere.

Los coras, en Nayarit, emplean el caldo de zopilote como remedio para la tuberculosis y en general como tónico para dar vigor y salud a las personas. Los llamados hierberos espiritualistas coras, se dice en el estudio de la UNAM, preparan el tónico “hirviendo por más de 12 horas un zopilote —con todo y plumas, pero sin las vísceras— hasta que se deshaga, de tal manera que haya ‘soltado sus propiedades’ durante la cocción; el caldo resultante se cuela, y se le agrega azúcar y vainilla para nuevamente hervirlo. Ya frío y embotellado, el terapeuta proporciona el tónico al enfermo, para que él y su familia lo beban durante 15 días, repitiendo la dosis cuantas veces sea necesario.”

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Un apreciado lector, Francisco Villarreal, me escribe desde Mérida renviándome una información que le llegó por Internet acerca de las maravillosas propiedades anticancerosas del limón y que entre otras cosas dice que ese fruto “es un remedio probado contra el cáncer de todo tipo… contra las infecciones bacterianas y hongos, contra los parásitos internos, regula la presión arterial y combate los trastornos nerviosos.”

Por Juan José Morales

Y para que no haya duda de lo anterior, añade el texto: “La fuente de esta información es fascinante: se trata de uno de los mayores fabricantes de drogas en el mundo, dice que después de más de 20 pruebas de laboratorio desde 1970, los extractos revelaron que destruye las células malignas en 12 tipos de cáncer, como el de colon, de mama, próstata, pulmón y páncreas… Los compuestos de este árbol demostraron que es 10.000 veces mejor que el producto Adriamycin fármaco quimiotera-péutico normalmente utilizado en el mundo para frenar el crecimiento de células cancerosas. Y lo que es aún más asombroso: este tipo de terapia con extracto de limón, sólo destruye las células malignas del cáncer y no afecta a las células sanas.”

Asegurar que con jugo o cáscara de limón o de cualquier otra fruta puede curarse cualquier tipo de cáncer es un engaño criminal que atenta contra la salud y la vida de los ingenuos enfermos que lo crean, pero sirve a ciertos timadores para atraer clientes a su negocio de productos milagro.


Escéptico ante tantas maravillas, el amigo Villarreal comenta: “Pienso que esto también es charlatanería, como tantas y tantas recomendaciones que por distintos canales recibimos con harta frecuencia”.

Es muy cierto lo que piensa. En efecto todo esto es puro cuento. Tan prodigiosas cualidades del limón se le han atribuido igualmente a la guanábana y a otras frutas, y los mensajes en los cuales se hacen tales aseveraciones tienen la misma fuente, aunque no se menciona en el caso del mensaje que llegó al amigo Villarreal. Esa fuente es el llamado Instituto de Ciencias de la Salud de Baltimore, Estados Unidos (The Health Sciences Institute en inglés), que a pesar de su rimbombante nombre no es un centro de investigación sino un simple negocio de productos milagro y terapias “alternativas”.

La información —que circula desde hace años— es la misma en todos los casos. Lo único que cambia es el nombre de la fruta. Y el propósito de su difusión es llevar a los incautos lectores que busquen más información, hacia el portal de Internet de esa empresa.

Ya hace más de dos años, en agosto de 2010, escribimos algo al respecto. En concreto sobre las supuestas propiedades curativas de la guanábana, exactamente iguales a las atribuidas al limón, y sobre el dizque instituto que difunde tales informaciones. Decíamos en aquella ocasión:

“En esa especie de mercado de merolico que es en realidad el pomposamente llamado Instituto de Ciencias de la Salud, se puede encontrar también una diversidad de remedios mágicos para curar el cáncer, la artritis o la calvicie, multiplicar el deseo sexual, reducir la presión arterial, bajar de peso sin dejar de comer, tener los mejores orgasmos de su vida, evitar enfermedades hepáticas, proteger la próstata de todo género de enfermedades y muchos etcéteras más, incluso un programa, diseñado por un cierto Cambridge Institute —que nada tiene qué ver con la afamada Universidad de Cambridge sino es un negocio privado—, que en sólo ocho semanas le permitirá corregir —usted solitito, sin tener siquiera que verle la cara a un oculista— cualquier problema de los ojos, lo mismo miopía que hipermetropía, astigmatismo, mala visión nocturna, vista cansada y hasta el estrabismo o bizquera.”

Ciertamente, como dice el Sr. Villarreal —a quien agradecemos su mensaje— eso de las propiedades anticancerosas del limón (o la guanábana, o el durazno, o cualquier otra fruta) es pura charlatanería.

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