Durante más de veinte años han venido corriendo versiones en cuanto a que utilizar un teléfono celular conlleva gravísimos riesgos porque, supuestamente, producen radiaciones capaces de causar tumores cerebrales, cáncer en el cuello y lugares próximos a la oreja, dolor de cabeza, migraña, náuseas, mareos, fatiga generalizada y otros trastornos de mayor o menor gravedad. Incluso, hubo algunas demandas legales —que no prosperaron— de personas que dijeron haber desarrollado cáncer cerebral debido a su uso, y llegó a decirse que en África hubo un explosivo aumento en los casos de ese tipo de cáncer desde que comenzaron a usarse los celulares. Igualmente, se dice que vivir cerca de una torre de telefonía celular es exponerse a peligros semejantes.

Por Juan José Morales

No existen, sin embargo, evidencias concluyentes de que así sea, aunque se han hecho no pocas investigaciones al respecto. Ahora, acaba de darse a conocer un estudio de larga duración realizado en la Gran Bretaña cuyas conclusiones son en el sentido opuesto. Es decir, no se encontró ningún elemento que permita suponer que los celulares aumenten el riesgo de sufrir cáncer o algún daño cerebral.

Carteles como este proliferaron durante una época y llegaron a causar alarma. Sin embargo, los diferentes estudios sobre el particular no respaldan tales afirmaciones.

La investigación duró once años. Estuvo a cargo de científicos del Programa de Investigaciones sobre Telecomunicaciones Móviles y Salud (MTHR según su sigla en inglés), encabezado por el Prof. David Coggon, tuvo un costo de fue 13.6 millones de libras esterlinas (más de 300 millones de pesos) y fue financiado por el gobierno británico y la industria de telecomunicaciones. Esto último, desde luego, podría provocar suspicacias y hacer suponer a algunos que fue manipulado para ocultar información. Sin embargo, todo el tiempo fue supervisado por un comité independiente para garantizar que ninguno de sus patrocinadores pudiera influir sobre la forma en que se desarrolló o sobre las conclusiones a que se llegó.

Pues bien, Dice el Prof. Coggon, después de una exhaustiva investigación, no se encontró ninguna evidencia de riesgos a la salud de los usuarios derivados de las ondas de radio producidas por los teléfonos móviles o sus estaciones de base. Tampoco se encontraron pruebas de que, como afirman algunos, los hijos de mujeres embarazadas que viven cerca de una antena de telefonía celular tengan mayores probabilidades de padecer cáncer en la infancia. “Gracias a esta investigación podemos —agregó el Prof. Coggon— estar mucho más confiados respecto a la seguridad de los modernos sistemas de telecomunicaciones.”

No se crea, sin embargo, que le dio carta blanca a la telefonía celular. Añadió que si bien ahora tenemos menos incertidumbre y mucho menos razones para preocuparnos respecto a esos aparatos, se requieren estudios adicionales para tener plena certeza de la inocuidad de los celulares. Y precisó que “no se puede descartar del todo la posibilidad de que haya algunos efectos a muy largo plazo que todavía no se manifiestan, o algunos efectos muy sutiles que no fue posible detectar en nuestros estudios.”

Para no dejar cabos sueltos, se ha decidido realizar un nuevo estudio, también a largo plazo y más refinado, que comprenderá a cien mil usuarios de teléfonos celulares. Pero por lo pronto, todo indica que ponerse uno de esos dispositivos junto a la cabeza, o vivir cerca de una antena de telefonía celular, no tiene las terribles consecuencias que dicen algunos.

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