La obra teatral Bola de Carne se presenta en el Foro A Poco No, situado en República de Cuba No. 49, en el Centro Histórico de la ciudad de México, los martes y miércoles a las 20:30 horas.

En Bola de Carne, Bernardo Gamboa retoma el rapto, violación y mutilación de Lavinia (Tito Andrónico de William Shakespeare), para transformarlos en una cacería de cerdos, evento donde se cometerá un asesinato. Este incidente le proporciona al dramaturgo el pretexto perfecto para exponer su visión de la compleja problemática social que vivimos en la actualidad.

 Por Guillermo Velasco Tapia

Lavinia, noble romana, hija de Tito Andrónico, no es la virginal y virtuosa doncella shakespeariana. Más bien es una desenfadada chica de clase alta que se da el lujo de alternar con sus sirvientes. En el mismo tenor, los godos-indios Quirón y Demetrio no son los malvados y alevosos seres de la tragedia isabelina, sino dos criados promedio con prejuicios, pasiones y pulsiones sexuales a punto de estallar.

 

La dirección de escena y el trabajo actoral corren a cargo de Micaela Gramajo y el propio Bernardo Gamboa. El resultado es excelente: un montaje redondo, bien construido. Los movimientos y las expresiones (corporales, gestuales y auditivas) están bien pensadas y mejor logradas, consiguiendo lo más difícil: gran naturalidad. El intercambio de personajes es muy claro y resulta fácil seguir la historia. Este par de actores se complementan a la perfección. La iluminación apoya a los intérpretes creando la atmósfera adecuada para cada situación.

 

Las escenas fuertes y violentas nunca caen en lo grotesco. La contradicción es patente: la puesta en escena resulta muy agradable y casi divertida, lo que aminora el impacto y la turbación que deben provocarnos asuntos tan profundos y terribles.

 

La caza es interrumpida constantemente por ensoñaciones. En estas visiones se manifiestan los conflictos que forman el núcleo o sustancia de la obra. Así vemos a Tito Andrónico en situación de clásico padre o madre de clase media preguntándole a Lavinia, algo así como: ¿Vas a ir vestida así? ¿Con esos barbajanes? Son precisamente estos escrúpulos de clase, el muy peculiar racismo mexicano, la puritana y mojigata moral con que cubrimos nuestros prejuicios, los que Bernardo Gamboa nos lanza en plena cara.

 

Rompiendo con la secuencia dramática se recrea un diálogo entre dos famosos filósofos: Noam Chomsky y Michel Foucault, ocurrido en 1971, en el cual discutieron sobre el tema de la justicia y afirmaron que la clase dominante manipula todo tipo de instituciones para mantenerse en el poder.

 

De regreso a nuestra historia: se comete el crimen, el asesino es apresado, Andrónico lo juzga y sentencia a muerte. El homicida en un desplante, no temerario, sino cínico responde que acepta su muerte e increpa al público: ¿Por qué no he de matar si tengo la fuerza para hacerlo? ¿Por respetar su moral? (Los diálogos son aproximados).

 

Esto nos trae a la mente Demian de Hermann Hesse. Este personaje siendo todavía niño explica el asesinato de Abel: Yo pienso… …que la historia de Caín se puede interpretar de una manera muy distinta… …El más fuerte mató al más débil… …Tal vez fue un acto heróico, tal vez no lo fue… …los débiles sintieron miedo y empezaron… …a responder cuando alguien les preguntaba “¿por qué no lo matan?” No se puede está marcado por Dios… …en lugar de contestar: “No lo matamos porque somos unos cobardes”…

A lo largo de libro descubrimos que Demian es un ser amoral y trata de ver las cosas desde puntos de vista poco convencionales. Sin embargo, Demian no es un monstruo y más adelante intercambia ideas con su amigo Sinclair. Este último le dice: …hay cosas verdaderamente feas y prohibidas… …y tenemos que renunciar a ellas… Demian contesta: Desde luego, no vas a asesinar o violar muchachas, no.

 

Si Demian no está sujeto a ningún tipo de moral, ni religiosa ni laica, ni se respalda en alguna escala de valores, y, es más, piensa que su sociedad es decadente y pronto se destruirá para que surja una mejor ¿por qué no está de acuerdo con el asesinato? Sin duda por un impulso ético. Dentro de él sabe que hay cosas que no deben ni pueden hacerse.

 

Esta es la respuesta que nos pide Demetrio: no debes matar porque, en tu interior, sabes que está mal. La ética tendría que salvarnos como sociedad. Cada uno, por sí mismo, tiene la noción de lo bueno y lo malo. Pero en estos tiempos la realidad, trágicamente, rebasa por mucho a la ficción. No existe moral ni ética alguna que detengan, en México, las ejecuciones, los ajustes de cuentas, los feminicidios. El resto del planeta no sale mejor librado. Pensemos en lo que sucede ahora mismo en Ucrania, en la Franja de Gaza, en el genocidio ocurrido en Ruanda (2010).

 

En fin, Bola de Carne es una provocación. Bernardo Gamboa, prudente como Foucault, busca incomodarnos, sacudirnos, exponiendo nuestros defectos sociales, sin proponer remedios mágicos. Entre todos tendremos que encontrar las soluciones reales.

 

Para no caer en el fatalismo y buscando un lado positivo recordemos algunas frases de la parte final de Cristobal Nonato de Carlos Fuentes: ni yo ni ningún niño por nacer… …toleraría… …un mundo perfecto, un mundo justo: nos horrorizaría… …necesitamos… …un mundo injusto para soñar con que podemos cambiarlo, nosotros mismos, por otro mejor…

 

Por ahora, quedan dos funciones más de Bola de Carne: martes 22 y miércoles 23 de julio y el 18 de noviembre se reanudará la temporada con 10 funciones más.