Mucho se ha escrito y hablado sobre los daños que está provocando en los ecosistemas del Golfo de México y Caribe el pez leónPterois volitans si se prefiere el nombre científico—, ese invasor procedente del otro lado del mundo, de los océanos Índico y Pacífico, que fue accidentalmente introducido en el Atlántico.

Por Juan José Morales

La alarma es justificada. El pez león, un agresivo depredador que a su vez no tiene depredadores, está afectando las poblaciones de peces de importancia comercial, tanto comestibles como el pargo, el mero y la cherna, como de ornato. También está afectando indirectamente los arrecifes coralinos, dado que entre sus presas cuentan peces herbívoros que son indispensables para evitar la proliferación de algas que crecen sobre el coral y pueden causarle la muerte al privarlo de luz solar. Y por si lo anterior fuera poco, posee grandes espinas venenosas que constituyen un peligro para los buceadores, lo cual repercute en detrimento de la industria turística.

Este es el pez león. Alcanza casi 40 centímetros de longitud y habita aguas cercanas a la costa, sobre todo zonas de arrecifes coralinos, hasta 175 metros de profundidad. Por su hermoso colorido y bellas formas, es muy apreciado por los acuaristas, pero debe ser manejado con extremo cuidado, pues la picadura de sus grandes espinas venenosas, si bien no resulta mortal, causa intensos dolores.

Este es el pez león. Alcanza casi 40 centímetros de longitud y habita aguas cercanas a la costa, sobre todo zonas de arrecifes coralinos, hasta 175 metros de profundidad. Por su hermoso colorido y bellas formas, es muy apreciado por los acuaristas, pero debe ser manejado con extremo cuidado, pues la picadura de sus grandes espinas venenosas, si bien no resulta mortal, causa intensos dolores.

Combatir a este invasor resulta en extremo difícil, por no decir imposible. Ya está firmemente establecido en la región, se halla en su etapa de expansión, y sus poblaciones son cada vez más nutridas. Lo único que puede hacerse es tratar de mantenerlo bajo control en ciertas áreas prioritarias, como las zonas turísticas donde se practica el buceo recreativo, o las áreas naturales protegidas de especial importancia ecológica.
Pero esto último, el control de sus poblaciones, ofrece una oportunidad que muchos no imaginan: la de crear una nueva pesquería que compense, al menos parcialmente, las pérdidas ocasionadas por su depredación del mero, el huachinango, la cherna, el pargo y otros peces de valor comercial.

Así lo señala el Dr. José Adán Caballero, investigador de la Unidad de Estudios del agua del Centro de Investigación Científica de Yucatán. La carne de pez león tiene características de sabor, firmeza, textura y color que la hacen atractiva, por lo cual existen posibilidades de exportarla, sobre todo a los países europeos. Pescarlo intensivamente, entonces, podría no sólo ser un buen negocio para los pescadores, sino que también permitiría cumplir el objetivo de reducir la magnitud de la invasión y limitar los daños que ocasiona.

Asimismo, como parte de los atractivos de bucear en los arrecifes de áreas naturales protegidas —donde está prohibida la pesca—, se podría expedir permisos especiales para arponear pez león.

Al respecto, y por lo que toca a la pesca comercial, debe señalarse que desde hace algún tiempo se decidió estimular la captura de esa indeseable especie y promover su consumo en los centros turísticos de Quintana Roo. Incluso, alumnos y maestros de la Universidad del Caribe, en Cancún, elaboraron un libro de recetas a base de pez león y organizaron sesiones de degustación para popularizar los nuevos platillos. Y ante la demanda que de esta manera se generó por parte de los restaurantes que incluyeron el pez león en sus menús, varias cooperativas pesqueras del estado comenzaron a capturarlo regularmente. El éxito fue tal, que algunos restauranteros comenzaron a quejarse de que no se les surtía pez león en cantidad suficiente para cubrir sus necesidades.

En fin, al pez león —cuya expansión es ya un hecho inevitable en nuestras aguas— no sólo debe vérsele como una especie nociva, sino también como una oportunidad de diversificar la pesca y obtener ingresos económicos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Como se sabe, hace poco la Asamblea General de la ONU condenó por aplastante mayoría —prácticamente por unanimidad— el bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. Fue la vigésimo tercera ocasión en que el asunto se sometía a votación, y año tras año el número de países que se opone a esa medida ha ido en aumento.

Majuro, capital de la República de las Islas Marshall y única ciudad importante de este país de 71 mil habitantes que vive esencialmente del turismo gracias a la belleza de sus arrecifes coralinos, sus playas de blanca arena y su clima cálido. Durante la Segunda Guerra Mundial fue escenario de feroces combates entre japoneses y norteamericanos y posteriormente Estados Unidos realizó numerosas pruebas atómicas en los atolones de Bikini y Kwajalein, que forman parte del archipiélago.

La primera vez, en 1982, 59 pidieron el fin del bloqueo, tres se opusieron, 71 se abstuvieron y 46 no estuvieron presentes en la votación. Ahora, de los 193 países que integran la Asamblea General de la ONU, 188 condenaron el bloqueo, sólo dos lo apoyaron —Estados Unidos, como era de suponer, e Israel, como también era de esperarse— y tres se abstuvieron.

Hoy, en una breve lección de geografía, vamos a conocer a esas únicas tres naciones que se alinearon con Estados Unidos en la votación. Ellas son Islas Marshall, Palau y Micronesia.

Por Juan José Morales

Si nunca ha oído hablar de ellas, no se sienta culpable de ignorancia. Son una especie de minipaíses insulares, perdidos en la inmensidad del Pacífico, con una reducida población, que hasta tiempos recientes fueron posesiones norteamericanas. Y uno de ellos, Palau, incluso tiene la categoría de estado asociado a Estados Unidos, eufemismo con el que se disfraza su condición de colonia.

Comencemos por este último, Palau. Es un conjunto de 250 diminutas islas en el extremo occidental de las islas Carolinas, a cierta distancia de Indonesia y las Filipinas. En total tiene 21 mil habitantes. El archipiélago ha estado habitado desde hace tres mil años, y en un tiempo fue colonia de España, que lo vendió a Alemania en 1899. Durante la Primera Guerra Mundial, Japón —que en esa ocasión estuvo del lado de Inglaterra, Francia y Estados Unidos contra Alemania y el Imperio Austrohúngaro— se apoderó de las islas. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron ocupadas por las tropas norteamericanas, que las incluyeron en el llamado Fideicomiso del Territorio de las Islas del Pacífico, gobernado desde Washington. Finalmente, en 1994 adquirió una independencia formal en calidad, como decíamos, de estado libre asociado a Estados Unidos.

La República de las Islas Marshall, con 71 mil habitantes repartidos en un grupo de islas, tiene una historia similar. Desde principios del siglo XVI el archipiélago fue colonia española con el nombre de Los Pintados. Inglaterra intentó apoderarse de él, España lo reconquistó, pero en 1885 la cedió a Alemania, Japón lo ocupó durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lo invadió, lo incluyó en el fideicomiso de las islas y realizó una serie de pruebas nucleares en los atolones de Kwajalein y Bikini, que quedaron gravemente contaminados con material radiactivo. En 1990 fue declarado independiente por la ONU.

Finalmente, Micronesia —oficialmente Estados Federados de Micronesia— es otra nación insular, un archipiélago de más de 600 pequeñas islas con una superficie total de apenas 721 kilómetros cuadrados y 112 mil habitantes. Su historia es la misma de las islas Marshall, pues junto con ellas fue también colonia de España, que la cedió a Alemania, Japón se adueñó de ella y luego Estados Unidos, que le otorgó la independencia en 1986.

En anteriores votaciones sobre el asunto del bloqueo norteamericano, estas tres diminutas naciones habían estado del lado de Estados Unidos, lo cual es explicable dados los fuertes lazos que lo unen a él. Pero en esta ocasión prefirieron abstenerse. Y es que seguir insistiendo en el llamado embargo económico es tan absurdo que ya ningún gobernante —salvo los de Israel— quiere seguir apoyándolo.

En fin, esta fue nuestra minilección de geografía sobre tres minipaíses insulares del Pacífico.

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