Del 16 de julio al 17 de septiembre Riñón de cerdo para el desconsuelo se presenta, todos los miércoles a las 20:30 horas, en el Foro Shakespeare, ubicado en la calle de Zamora No. 7 en la colonia Condesa.

Esta obra teatral de Alejandro Ricaño se puede describir como una “comedia trágica” o una “tragedia cómica”, tiene un desarrollo agradable, casi enternecedor. El final es dramático y triste. La última impresión que nos queda es la de una historia bella y encantadora. Los temas que aborda son muchos: El amor entre Marie y Gustave ¿O el amor no correspondido que Marie siente por Gustave?; este último está enamorado de Lucia, que a su vez sale con un poeta irlandes al que Gustave odia y eventualmente empieza a acosar.

Por Guillermo Velasco Tapia

Otro de los asuntos que toca este montaje es la desazón padecida por un escritor que se ve a sí mismo como un literato mediocre. Sin percatarse de la magnitud de sus actos, corrige, escribe y reescribe, una y otra vez, cada frase cada diálogo de una de las obras teatrales más celebres del siglo XX, hasta dejarla perfectamente pulida.

 

En una lectura superficial, los sucesos de Riñón de cerdo para el desconsuelo son muy divertidos, la excelente narración está llena de enredos e incidentes graciosos. Con más detenimiento se puede decir que los aficionados a la literatura quedan atrapados en un apasionante juego de datos por develar. Las referencias y guiños a la vida de Samuel Becket y a su obra Esperando a Godot son constantes. Se pueden intuir sin necesidad de ser un experto en esta materia. Aún si los espectadores no se percataran de estas muchas alusiones, el montaje resulta muy disfrutable.

 

La primera evocación está en el pequeño sauce que Gustave ha comprado para que cuando crezca, Marie y él, se puedan “colgar”. Una segunda es que Gustave conmemora el Ulises de Joyce comiendo Riñón de cerdo. Marie ni siquiera imagina que Ulises es un libro. Otra más es la mención de Lucia, hija del James Joyce, con la que Becket, en la vida real, sostuvo un pequeño romance.

 

En esta puesta en escena “menos” significa “más”. Su directora Angélica Rogel apenas necesitó un pequeño escenario modular compuesto de dos estantes y dos tarimas; apoyarse en un par de actores: Pilar Cerecedo y Omar Medina; unas cuantas luces como iluminación; otros tantos elementos de utilería y un espacio no mayor a tres metros cuadrados (donde se desarrolla toda la acción) para llevarnos a experimentar un dilatado viaje por las calles del París, por algunas de sus casas, durante los años cuarenta; incluso visitamos otras poblaciones francesas. Convertiéndonos, así, en observadores, en mirones, de las vidas de Marie y Gustave. Al lado de ellos, nos enteramos, poco a poco, de las peripecias ocurridas a Samuel Becket y de algunas de la familia Joyce. Vivimos, con todos ellos, un atentado contra el escritor irlandes, la Segunda Guerra Mundial, persecusiones de la Gestapo y otros sinsabores.

 

Alejandro Ricaño tomó hechos biográficos de Samuel Becket para construir una versión ficticia de como se escribió Esperando a Godot. Especuló con esos sucesos sin buscar la precisión histórica para rendir un profundo homenaje a esta obra y a su autor. Una similitud más, premeditada, sin duda, por Ricaño, son los diálogos cortos y concisos de Riñon de cerdo para el desconsuelo a imitación de la pieza del teatro del absurdo. No hay grandes soliloquios, ni disertaciones filosóficas o psicológicas por parte de los personajes. Más bien, se establece un juego de “ping-pong” activo y constante entre Marie y Gustave, como el que realizan Estragon y Vladimir: cuando el primero suelta un frase, el otro la contesta dando pie a una nueva réplica de su intelocutor. Los personajes de Alejandro son el reflejo de los de Samuel.

 

Marie y Gustave, son dos “perdedores”, dos seres que no merecerían nuestra atención, una sin muchas aspiraciones y el otro con bastantes complejos e inseguridades. Ella es una mujer dependiente que se deja pisotear y humillar por el hombre al que ama, está con él incodicionalmente. El otro es un espíritu pobre, destructivo, obsesivo, al que sólo le importa él mismo. Son un claro ejemplo de relación enfermiza.

 

Los dos se necesitan el uno al otro y se complementan a la perfección. Incluso el amor que siente Marie por Gustave la lleva a hacer cosas extraordinarias para que su amado no sufra ni se deprima. Curiosamente, parlamento a parlamento nos van ganando, nos van convirtiendo en sus complices y así, al final, Marie y Gustave se vuelven dos personajes entrañables para el público.

 

Por justicia mencionemos al resto del equipo creativo:

Diseño de escenografía: Mauricio Ascencio.

Construcción de escenografía: Toño Valle.

Iluminación: Roberto Paredes.

Producción y asistencia: MariCarmen Núñez.

Música original: Hans Warner.

Diseño Gráfico: Daniel García.

 

Riñón de cerdo para el desconsuelo fue pieza finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo 2008”. Se ha representado desde 2009, estuvo en cartelera por más de dos años seguidos en diversos foros de la ciudad de México y se presentó en algunos Festivales Nacionales en el interior de la República.

 

Alejandro Ricaño ha escrito, a sus 31 años, una decena de obras, de las que podemos mencionar: La caja musical; La constante sospecha de un hombre; Silencios; Más pequeños que el Guggenheim; Timboctou; e Idiotas contemplando la nieve. Entre los galardones que ha conquistado está el Premio Nacional de Dramaturgia “Emilio Carballido” 2008. Sus obras han sido representadas en España, Hungría, Bélgica y Miami.

Más pequeños que el Guggenheim, bajo la dirección de Alejandro Ricaño, alarga su temporada a partir del próximo miércoles 7 de agosto hasta el 18 de septiembre.

En su segunda temporada en el Teatro Helénico, la obra ha recibido una respuesta positiva de parte del público, por lo que se anunció que se amplía la temporada,  ahora los miércoles, a las 20:30 hrs.

Esta obra que fue reconocida con el Premio Nacional de Dramaturgia en el 2008 cuenta la historia de cuatro amigos desdichados y desempleados que buscan en el teatro una manera de aliviar su soledad.

Al concluir sus estudios de teatro, Sunday y Gorka deciden probar suerte en Europa. Tres meses les bastan para regresar, no volver a hacer teatro y dejar de verse durante diez años. Ahora se han reunido y planean hacer una obra que les devuelva el sentido a sus vidas. A esta tarea se unirán Al, un albino bizco y huérfano; y Jam, un cajero de mini-súper que sueña con ser actor. Los cuatro emprenden el camino a realizar sus sueños y probarse a sí mismos que no son insignificantes.

La intención de los actores y el director es “re-instituir la fe en el teatro, especialmente el teatro hecho en México. y tratar de traer de regreso al teatro a todos los que lo han abandonado como una opción de entretenimiento divertido y satisfactorio”.